Acabar con el excesivo super-ego para reforzar la autoestima

A veces nos exigimos demasiado a nosotros mismos: estudiar más, trabajar más, encontrar trabajo ya (a pesar de ser difícil),… De alguna manera la sociedad nos mete en la cabeza que si no nos esforzamos más, que si no llegamos más alto que nadie, es que hemos “fracasado”. Y esto lo exige una sociedad abúlica, nihilista, egoísta, poco culta,… En el fondo, el exigirnos a nosotros mismos cosas muy difíciles y casi imposibles, es una forma de tortura: el estrés, la ansiedad, la depresión,… se terminan de esta forma cebando con nosotros. Es muy importante no creer que vamos a valer más por tener un buen trabajo, o una  buena carrera, o mucho dinero,… La sociedad te hace creer esto, pero esta no es precisamente una sociedad modelo, como ya hemos dicho. De alguna forma, es parte de la malicia de la sociedad: exigirte cosas imposibles, que ellos mismos no podrán hacer, para así torturarte, hacerte sufrir y disfrutar viéndote sufrir. La gente por lo general, no le gusta sufrir, pero le gusta ver sufrir a los demás. Este es el secreto del éxito de esos programas de “sucesos”, en donde se ven a hombres que le dan la noticia de que su hermana a muerto a hachazos a mano de su marido;… o cosas parecidas. Y además, por lo general, los demás no te van a reconocer ningún mérito hasta que tengas un éxito claro: luego sí. Verás muchas cara de felicidad a tu lado diciéndote lo bueno que eres, y haciéndote la pelota a más no poder,… Por eso mismo, es imprescindible aceptarnos como somos, mejor dicho, esforzarnos por mejorar y tengamos los resultados que tengamos, luego aceptarnos como somos, gustarnos a nosotros mismos: a los demás, seamos como seamos, nunca les vamos a gustar (salvo a un puñado de gente que nos quiere de verdad; además de un puñado de gente que tiene la capacidad de ser objetiva, y no creer lo que a ellos les interesa). En este artículo, acabar con el excesivo super-ego para reforzar la autoestima.

La exigencia y la infelicidad

El super-ego era una entidad de la mente de la psicología del medio estafador medio filósofo Sigmund Freud. Era la parte del alma que nos exigía hacer cosa, que nos exigía ponernos grandes objetivos, que nos exigía creer en grandes causas, y en general, era la parte del alma que en la que se insertaba todos los grandes ideales, las grandes ambiciones, las grandes metas por cumplir. El propio Freud advirtió ya que el super-ego, sobre todo el de los hombres era tiránico y sádico: nos torturaba, nos torturaba diciéndonos “haz esto y no pares hasta que lo consiguas”, o “aún no eres demasiado bueno, tienes que esforzarte más” o “no vales, porque aún no llegas a mi nivel de exigencia…”.

No estoy muy de acuerdo con que el “super-ego de los hombres sea más exigente que el super-ego de las mujeres”. Creo que las segundas son muy exigentes con ellas mismas también. Lo que pasa es que no mistifican tanto, no creen tanto en las grandes payasadas que suelen creer los hombres, no son tan ignorantes, a la hora de creer, por ejemplo, en naciones, pues ellas de alguna manera, parecen intuir que el “sentimiento nacional” está manipulado por los medios y por los poderes. Ellas, las mujeres, son también muy exigentes con ellas mismas, creo que de media más que los hombres. Pero no alucinan tanto, su super-ego no tiende tanto a creer en mamonadas. Lo podemos ver en el gran circo que se está montando estos días en España, con respecto a la posible independencia de Cataluña: encontraremos en este circo a varios hombres por cada mujer.

acabar con el excesivo super-ego para reforzar la autoestimaPero sí estoy muy de acuerdo con eso que decía Freud de que tenemos que intentar negociar con nuestro propio super-ego, y que este sea menos sádico, que rebaje sus pretensiones. Así, no hace falta para ser todo unos superhombres, que tengamos mil estudios, que tengamos muchos millones, que tengamos muchas posesiones,… o que creamos en muchas grandes causas. Debemos de aprender que lo más valioso que tenemos no es el dinero, o nuestra profesión: somos nosotros mismos. Los grandes hombres que han existido, como Einstein o Goehte, para ellos su éxito fue algo secundario: ellos tenían un gran objetivo en su vida, que era hacer de sí mismos la mejor versión que pudiesen. Su éxito, les llegó después, ha veces ya casi de viejos, y para ellos eso era secundario. Sí, es muy importante intentar mejorar; pero una vez que ya hemos empezado nuestras acciones para mejorar (desde buscar trabajo, a aprender algo nuevo,…) debemos de renunciar a eso que parece que es lo único que les importa a los demás: los resultados, pues no dependen de nosotros. Si no nos aceptamos independientemente como somos ahora, seamos cultos, seamos guapos, seamos altos,… lo que sea, nuestra autoestima se rebajará considerablemente. Da igual que no hallamos conseguido aún todos nuestras metas; lo importante es aceptarnos desde ya, para que no se resienta nuestra autoestima, y con ello nuestra felicidad.

Alcanzar el éxito de tener una buena autoestima

Y esto no lo digo sin conocimiento: yo hace años ni quería salir a la calle, porque me consideraba un fracasado, porque tenía miedo que cuando pasease por la calle, los demás me señalasen, y dijesen: “mira, hay va un fracasado”… Es cómico mirar para atrás años después, y ver que, si alguien me hubiese señalado como fracasado… (y por lo general, a la gente no le interesa que hallas triunfado; le interesa que fracases para poder compararse contigo, ellos, grandes fracasados…), la persona que me hubiese señalado no estaría seguro para nada en condiciones de reírse de otros fracasados, cuando ellos mismos son unos especialistas en el fracaso…

Cerca de un 70% de los grandes hombres, que a todos nos ponen como la marca del éxito, fueron al menos hasta su vejez personas que para los demás eran unos fracasados. Muchos de ellos no consiguieron el éxito más que después de muchos años de intentarlo, por lo general, cuando ya estaban muy entrados en años. Y muchos, no vieron el éxito en vida. A lo mejor una persona que quiere ser novelista se compara a sí mismo con Dostoyevski, como diciendo “él triunfo en la literatura, y yo no”. Pero Dostoyevski es famoso hoy: en su día, tenía que escribir con manos temblorosas unas cuartillas y llevárselas a su editor para que se las pagase, y poder aliviar con esas escasas monedas el hambre que estaba a punto de dejarlo inconsciente.

Conclusión sobre acabar con el excesivo super-ego para reforzar la autoestima

Y precisamente, por eso hemos dicho que lo importante no son los resultados: los resultados están fuera de nuestro control. Lo único que podemos hacer es mejorar nosotros, pero eso no significa que el mundo nos lo valla a reconocer. Y por supuesto, los demás nos dirán cosas odiosas como “para qué estudiaste, si luego no te sirve de nada”. A esta gente hija de puta, por lo general ignorante, es mejor ignorarla, porque sus palabras son pura necedad. El esfuerzo se premia, pero no es lo normal que de forma inmediata. Por eso, aunque los demás sean imbéciles, nosotros no debemos de hacerlos caso. Nosotros debemos de mejorar, y sólo con un objetivo: ser lo mejor como personas que podamos. El éxito, puede llegar o no. Eso no depende de nosotros. Cuando la editorial de Tolkien, que publicó El Señor de los Anillos, sacó la obra al mercado, estaba casi segura que iba a ser un rotundo fracaso. Pero al final, se llevaron la sorpresa literaria del siglo, y el libro arrasó, haciendo a Tolkien, ya sexagenario, muy rico (hasta entonces, tenía que contar las monedas para llegar al final del mes)

Por eso, es importantísimo aceptarnos YA MISMO, HOY MISMO, como somos. Por supuesto, intentar mejorar, pero sin torturarnos, sin tener un super-ego sádico, y sin hacer caso a las sádicas palabras de los demás, que sólo reconocen como éxito el tener una cuenta corriente muy elevada, y el eterno un éxito claro y reconocido por todos. Como decimos, incluso en el caso de los grandes genios como Tolkien, esto no depende de nosotros. Por eso, debemos de reforzar nuestra autoestima dándonos cuenta de esto, dándonos cuenta de que lo importante no son los resultado, que incluso, aunque seamos genios (1 de cada 3000 personas), tardarán en llegar; y por supuesto, no hacer lo que yo: estar orgullosos de nosotros mismos desde ya, sin tener que cumplir los sádicos planes de nuestro super-ego a rajatabla.

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