Afrontar y aceptar el rechazo de una mujer

Estos días un salmantino está acaparando medios de comunicación. No, no soy yo, y espero que si algún día salgo en las noticias no sea porque tengo demandas por acoso pendientes… El tipo en cuestión es un tío de 28 años con una cara de imbécil más que evidente por las fotos que nos han mostrado, y que está acusado de acoso (valga la redundancia) de varias jóvenes chicas, algunas de las cuales eran acosadas por dicho individuo por no haber querido aceptar sus “proposiciones” amorosas o sexuales. El caso es grave, más teniendo en cuenta que hay alguna mujer que se terminó suicidando, además de otras que han entrado en depresión por tener que sufrir el acoso de este tipo con cara de idiota y seguramente de una inteligencia no muy espabilada… Como decimos, el tipo en cuestión (no lo quiero dar publicidad, porque para eso ya está Telecinco, que si no fuese por los bloggers ya lo habría invitado a su plató para hablar de lo sucedido a cambio de ofrecerle 50.000 euros, y así esa h de p de cadena hace famoso y rico a un estúpido más) procedía con su labor de acoso sobre varis chicas-víctimas suyas, debido a que algunas de estas chicas no habían querido iniciar una relación sentimental con este tarado. Todo eso me ha servido para reflexionar sobre el rechazo de las mujeres sobre los hombres (aunque a este tipo lo de “hombre” hay que aplicárselo entrecomillado), sobre lo común que es, sobre las distintas formas que tenemos los hombres de afrontarlo… En este artículo, hablamos sobre afrontar y aceptar el rechazo de una mujer.

A todos nos rechazan y todos rechazamos

Hemos empezado el artículo con mal pie, hablando de un caso archifamoso ya en España. La violencia, el acoso, la no aceptación, es una de las formas que tienen algunos hombres de afrontar el rechazo por parte de una mujer. Y es que… por lo general somos nosotros los que proponen, cuando vemos a una chica que nos gusta, sea nuestra amiga, sea nuestra compañera, nuestra vecina… pues nosotros sabemos que ella no se nos va a declarar a nosotros… Nos toca echarle valor, y de alguna manera, hacerla ver a ella que nosotros queremos que pasemos a mayores, a empezar una relación de noviazgo, o al menos de “salir”.

Hay muchas formas de declararse a una mujer. Entre las menos aconsejables es hacerlo a través del teléfono, del Facebook, del chat, del WhatsApp… Antes, cuando no había Internet, también se estilaba hacerlo con mensajeros:

“oye, ¿qué te parece mi amigo Juan? Le gustas y a lo mejor podría pasar algo entre vosotros…”

Otras veces estaban las cartas de amor, al más puro estilo Cyrano de Bergerac. Aunque lo más común a día de hoy es preguntárselo directamente a la chica; o simplemente ir tonteando con ella, y si ella entra en nuestro juego pues a veces las palabras directamente sobran.

Pero de cualquier forma, al final la proposición llega a las entendederas de la chica, y ella puede darnos varias respuestasAfrontar y aceptar el rechazo de una mujer, de forma implícita (no clara) o explícita (clara). A veces ella se lo veían venir, y ya más o menos nos tenían guardada la respuesta… Otras veces se quedan más blancas que una pared de gotelé, y en no muchos segundos tienen que buscar la forma más diplomática de decir que no…

El si o el no de una mujer es siempre esperado por el pobre hombre sufridor que desgraciadamente para él, suele recibir el no la mayoría de las veces. Este no puede ser reversible. Yo siempre pongo el ejemplo de las 2 mujeres que me han dicho que no en estos últimos 3 años (una hace tres años; y otra hace poco…), que en ambos casos, yo las terminé convenciendo, y ellas cambiaron su no por un sí. Por supuesto no hay nadie infalible, dicen que el 100% de los hombres sufriremos a lo largo de nuestra vida un rechazo por parte de una mujer. Y eso incluye a todos los hombres, incluidos esos megaguaperas de la tele, incluidos esos superpopulares, incluidos esos ligones que arrasan, incluidos esos sementales que han estado con muchas mujeres… Por supuesto que en este segundo acto, de intentar convencer a una mujer que nos dijo que no, hay que saber muy bien cuando retirarnos por completo… demasiado esfuerzo que a lo mejor nos hace quedar mal ante la mujer, la podemos enfadar, quedamos como gilipollas, sin sentido del ridículo y de la decencia, y además, y lo que es más importante: perderemos fuerzas que podríamos usar para intentar seducir a otra mujer con la que a lo mejor lo tenemos más fácil. Yo creo que hay que luchar hasta el final. Pero hay que saber cuando ha llegado el final. Ni rendirse demasiado pronto, ni ser tan loco que nunca pretendemos rendirnos.

Las mujeres por lo general, suelen ser ellas las que rechazan… Pero no olvidemos nosotros los hombres, que de alguna manera también nosotros rechazamos. Al fin y al cabo, si esto consiste más o menos en un hombre que se tiene que decidir por una mujer y proponerla salir; y a ella la corresponde decir sí o no, es evidente que el hombre será siempre el rechazado porque él adopta una actitud activa; y la mujer pasiva. Pero los hombres también rechazamos. Yo he rechazado a más de 1.000 mujeres en toda mi vida… ¿Me propusieron las 1.000 mujeres algo a mí y yo dije que no? No, simplemente ellas se interesaron por mí, en mayor o menor medida (o al menos yo así lo entendí…), y yo no las hice caso, y negué la posibilidad de hacerlas una proposición para que saliesen conmigo. Los hombres también rechazamos, eso que quede claro. Yo voy 1.000 a 2… sí, parece pretencioso, pero a mí me gusta sentir que yo controlo la situación y que yo soy el premio… Y esas 2 rectificaron… por una de ellas todavía lloro porque al final no pudo ser.

Formas de afrontar el rechazo

Se puede llorar por una mujer. Esa es una forma adecuada de afrontar y aceptar el rechazo. No se puede acosar, instigar, agredir de cualquier forma, incluso ser excesivamente pesado (yo con estas 2 insistí con el permiso previo de ellas y todo… pues al rechazarme estas dos yo las pedí permiso para seguir intentándolo con ellas, y ambas dijeron sí). Se puede estar triste por una mujer, esa es una forma aún más varonil de afrontar el rechazo. Se puede uno emborrachar por una mujer, e irse por lo bares de media comarca haciendo el capullo y consolándose con cualquiera que se nos pone por delante mientras le contamos sobre nuestra desgracia amorosa y que a partir de ahora vamos a ser siempre hombres rotos… y al día siguiente nos despertamos en un campo de remolacha al lado de otro borracho que sigue durmiendo y que aún porta una botella de ron en la mano… esa es una forma aun más varonil y graciosa de afrontar el rechazo… Lo positivo es que cuando se nos pase la resaca empezaremos a ver las cosa de otra manera. Se nos acabó el “pedo llorón”, y ahora las penas están purgadas en parte. A mí los medios de comunicación nunca me pondrán de ejemplo a seguir, y eso es algo de lo que yo me siento muy orgulloso.

Conclusión sobre afrontar y aceptar el rechazo de una mujer

Hemos tenido la gran suerte de llorar mucho por amor. En la Edad Media ya estaríamos muerto cuando apenas acabábamos de nacer. Sintámonos felices de nuestra desdicha. Hemos tenido la suerte de conocer paisajes de ensueño, de vivir experiencias como los hombres de hace unos años sólo soñaban, de poder soñar con un futuro y con el futuro, de poder vivir en un mundo en donde a cada paso que damos nuestras miradas se cruzan con la mirada de una fémina que nos miraba con interés. El rechazo es una de las lecciones más duras que tendrá que afrontar el hombre seductor. ¿Verdad, amadas mujeres, que es muy seductor un hombre que va triste por los rincones arrastrando consigo la pesada lápida del rechazo de una mujer a la que amábamos? Es de hombres muy seductores, no el ser rechazados, pero sí el saber afrontar el rechazo.

Adoro a mis amigas. Ellas cuando les cuento que me han rechazado, me dicen algo así como:

“bua, pero ¿tú eres bobo? ¿Y por una tía estás así? Pero si las tienes a montones…”

Como queriendo decir que yo no debería de llorar por una mujer cuando puedo gemir con muchas… pero no quiero muchas: quiero amar. Por supuesto que el hombre rechazado se siente de forma muy distinta, destrozado por el mal de amores (que la primera vez que yo lo sentí, hace años, yo creía que había entrado en el infierno del dolor), y con la creencia de que ya ninguna mujer nunca más va a llenarnos tanto como esa mujer que se nos ha escapado.

Curiosamente los hombres más seductores se hacen aún más seductores en el rechazo. Y los hombres más capullos, como nuestro ya ilustre salmantino (no lo llamaré charro porque eso sólo se llama desde el cariño) del que empezábamos hablando, se hacen aún más capullos en su no saber encajar el rechazo. Siempre es desagradable, yo en contra de un comentario que me entró los días pasados, yo nunca he dicho que a nadie le guste que le rechacen. Digo que hay que aceptarlo, y que aprender a crecer como hombres seductores en el rechazo A nadie le gusta no poder volver a ver los ojos que lo hicieron estremecer. Yo nunca he dicho que nos guste la oscuridad. Digo que nos incita a caminar hacia la luz. A nadie le gusta la oscuridad, más que para sentir el placer de salir de la oscuridad. A nadie la gusta la soledad, y esa soledad que se produce cuando tú estabas casi seguro que empezarías una vida nueva junto a esa persona que amabas y al final no fue así, es como un páramo de frío helado que se te clavará en los huesos durante mucho tiempo.

 

En tus ojos oscuros

en tu melena al viento

en tu dulce voz sacra

está el fin del invierno

-

Y al final llegaré al mar

de la mano de mi ángel negro

y al final la soledad

se apagará con el fin del invierno

 (fragmento de la letra de mi canción “el fin del invierno”, dedicado a mi ángel negro, que voló muy lejos de mí para no retornar al abismo de mi memoria).

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  • Comments

    • Fer dice:

      Muy interesante lo que escribiste. Soy nuevo en un trabajo y estoy conociendo a una compañera que al principio no me movía ni un pelo pero después de charlar con ella terminó cayéndome interesante al punto de sentir ahora cosas por ella. Mi problema es que ya viene coqueteando desde antes con otro compañero y parece que hay algo entre ellos pero no confirmado. Hice mis acercamientos como para tantear el terreno y a pesar de que obtuve algunas respuestas favorables creo que sólo fueron por cortesía ya que al paso del tiempo no me devuelve el mismo interés que yo tengo por ella, así que aunque no obtuve un no directo, si señales, que entiendo por rechazo, y estoy en el proceso de aceptarlo para no empeorar la situación sabiendo que además la tengo que ver todos los días.

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