Aprender a convivir y a tratar con las personas

Lo cierto es que la mayoría de la gente es muy desagradable a la hora de convivir con ellos… Yo recuerdo que la primera vez que yo me sentí a gusto en un sitio, fue cuando empecé con 18 años a ir a la Universidad, y para ello, claro, tuve que desplazarme desde mi posición donde Chapete perdió las botas a Salamanca capital… Y terminé viviendo en un piso con otros dos compañeros… Tuve mucha suerte con estos compañeros, aún los recuerdo mucho, por no decir que suelo soñar que vuelvo a convivir con ellos… pero me despierto y veo la trágica realidad… Perdí el contacto con ellos hace tiempo… si leen esto… pues me contactáis por aquí… pero no creo que lo lean… Y es que, aprender a convivir es, por supuesto, todo un arte. Estar a gusto con alguien en casa, estar a gusto en tu casa… Y es que recuerdo el último piso en donde he estado viviendo: me robaban el nescafé; me miraban de reojo al pasar; eran pasotas… iban por un lado siempre distinto a donde iba yo, a contrapié mío; llegaba al salón y, parecía que les molestaba… cogían se levantaban y se encerraban en su habitación para cascarse un paj… Eran personas en verdad muy desagradables de convivir con ellos… Y por supuesto, una de las cosas que más hará de nosotros los hombres o mujeres más seductores posibles, es aprender a convivir, no sólo con los compañeros de piso, familia, etc., sino en general, saber tratar con gente con la que estamos. En este artículo, aprenderemos a convivir y a tratar con las personas sin salir mal parado en el intento…

Dos formas de tratar con la gente

Todos creo que somos conscientes de una característica fundamental de los tiempos modernos: el individuo se aísla, se separa del resto de la familia, se encierra en su espacio individual, sea en su habitación, o en sus propios pensamientos… Tanto es así, que es cada vez más normal el ver a personas viviendo solas en un su propio piso…aprende a convivir y a tratar con los demás Pero antes las cosas eran distintas: las familias, amigos, etc., convivían entre sí, hacían de lo privado asuntos públicos, conversaban entre ellos, se daban ánimos, se contaban sus secretos… En definitiva, hemos pasado de estar en hogares comunitarios a estar en hogares individualizados… Esto tiene cosas buenas y malas. Entre las cosas buenas están el echo de que, ahora se respeta más a la gente especial… Antes, si eras un poco raro, ya tenías una buena cruz que arrastrar toda tu vida… No se respetaba la diferencia… y esto terminaba por crear un clima de cierta violencia en las familias tradicionales (aunque el clero y los franquistas sólo le ven cosas buenas a las familias tradicionales… pero estaban también llenas de cosas espantosas).

Y esta es la principal virtud de la nueva forma de convivir, aislados unos de otros: se te respeta en tus diferencias… Pero es evidente que el individualismo moderno extremo también tiene muchas cosas malas: gente sola, sin apoyos emocionales, sin familia, sin referencias, sin amigos, un tanto aislados del mundo y por tanto, un tanto paranoicos, unos pensando de otros un tanto mal… pues ya no nos comunicamos como antes, ya no convivimos…

Y por supuesto, lo ideal es mantener todo lo positivo que tiene la vida individual, intentando limar esas graves imperfecciones que tiene el estar solos en la vida… Y es por esto por lo que yo creo que tenemos que volver los ojos a los demás, ser menos individualistas, empezar a convivir otra vez, un poco como en otros tiempos, en donde siempre teníamos a ese abuelo o ese amigo que nos consolaba en nuestros malos momentos…

Normas básicas para ser un compañero de piso, hijo, amigo, novio, novia… ideal

1. Como se suele decir, hay que ponerle “al mal tiempo, buena cara”. Si tienes un mal día, es preferible que te comas para ti tus pesares antes de intentar amargar al resto con ellos… La gente que se queja suele dar muy mala imagen a los demás. Todos tenemos problemas, pero no todos lloramos como nenas mariconas para quejarnos de lo jodidos que estamos…

2. No hay que ser “oscuro” en la convivencia… La gente con la que convives debe de saber más o menos que haces… Si andas por el piso compartido con tus compañeros como un fantasma, escondiéndote para comer, andando a deshoras en todas tus actividades, encerrándote en tu habitación sin que los demás tengan la más mínima noción de qué estás haciendo, terminarás por ser un inquilino incómodo… Eso no está reñido con un toque de misterio, pero tiene que haber una comunicación fluida y sincera. Tenemos que ser capaces de abrirnos de corazón a las personas con las que convivimos… Pero esto sólo en determinados momentos, no es cuestión de convertir la convivencia diaria en una declaración de ternura y mimos que nos termine por hacer vomitar…

3, Se debe de hablar con las personas que convivimos, pero ni mucho ni poco. Lo ideal es hablar sólo en determinados momentos. Si se habla en exceso, terminaremos hasta las narices de las conversaciones con nuestros compañeros… y de nuestros compañeros mismos… Y si se habla demasiado poco, caeremos en el oscurantismo ya denunciado en el punto anterior…

4. Hay que ser amable, organizado, limpio, con modales… Nuestros compañeros de convivencia deben de tener de nosotros la opinión de que somos todo unos caballeros… aunque ellos se comporten como unos cretinos. Y es que ser elegante, beneficia a los demás, sí, pero aún más, nos beneficia a nosotros…

5. Se debe de tener unos hábitos de vida organizados. Y es que, esos compañeros de vida que, se levantan a la hora que les parece, se acuestan cuando sale el sol; comen cuando les da la gana; y se ponen a escuchar reggaeton a las 4 de la mañana… son personas desagradables. En el fondo, sentimos que no se ajustan a unas convenciones básicas, y eso te hace impopular. No se trata de ser un maniático de los horarios, pero hay que tener un plan de vida diarios más o menos claro, aunque podemos improvisar dentro de ese marco.

Los sentimientos compartidos

Ya hemos hablado de la modernidad. Nos quedamos solos, somos individuos independientes… el mundo, antes común, se divide en pequeños trocitos… tantos como individuos aislados… Una vez que nos hemos desecho de las brutalidades de la familia patriarcal, puede ser hoy día un buen momento para volver los ojos a esa rica convivencia en común. Dejar de ser tan misteriosos, tan apegados a “lo nuestro”, tan desconfiados… y empezar a dar una oportunidad a los demás… intentar convivir con ellos, como si fuesen parte de nosotros, y no meros estorbos en el ascensor, que no sabemos que decirle… Se trata un poco de volver a aquellos tiempos en donde los miembros de la tribu se reunían en torno a la hoguera, y empezaban a intercambiar sentimientos unos con otros, a abrirse de corazón… Y es que, ser un hombre social y socializado es una de las experiencias fundamentales para poder alcanzar la felicidad en este mundo… Y lo digo yo, que nunca he sido un hombre social… entre otras cosas, por las brutalidades de la familia patriarcal, de las que he hablado ya en este blog… Es hoy cuando puedo empezar a descubrir el placer de vivir en comunidad, de tener amigos… y demás. Así que, a partir de ahora, cuando nos encontremos con ese vecino que no sólo conocemos de vista en el ascensor… no nos limitemos a comentar el buen tiempo que hace… En el fondo, el sargeo es aplicable a todos los hábitos de la socialidad humana… Empecemos a “sargear” con él, en este caso, no para sacarle una cita… sino para sacarle una amistad. Cuando seáis amigos tu y ese vecino borde del ascensor, ya verás que sensación más distinta tienes cuando, se abre la puerta del ascensor, y te encuentras a ese, antes molesto vecino con el que había que comentar el tiempo que hace, y ahora un buen amigo, con el que, además de hablar en el ascensor de la fórmula uno, te hace llegar tarde al trabajo, porque os habéis quedado hablando un poco más de lo poco que corre el Renault de Alonso…

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