Aprender a seducir mediante la conversación

Aprender a hablar es muy importante. Desde eso primer encuentro con alguien que nos han presentado hasta ese reencuentro con ese mismo alguien en donde ya lo saludamos con efusividad y como un verdadero aliado, hay un proceso social que será la clave de que, esa persona pase completamente de nosotros, o en cambio podamos influir en ella y dejar una gran impresión de nosotros mismos en su corazón. Y para conseguir esto, nada mejor que ser un buen conversador. El arte de hablar es el más productivo que puede aprender un hombre. De echo, uno puede intentar autopresentarse a un montón de tías en la discoteca… pero el factor que hará que estas chicas se interesen por nosotros como posibles parejas, será que se sientan a gusto hablando con nosotros. Y esto es así en todo: en el trabajo nos abrirá muchas oportunidades tener una buena conversación; con los amigos; con los vecinos; con la familia… En este artículo, aprendemos a seducir mediante la conversación.

Primeros pasos para entablar una conversación con un desconocido

Cuando, por ejemplo, estamos en un bar con un grupo de gente que acabamos de conocer. Quizás un amigo que ya teníamos nos ha llevado a conocer a sus otros amigos, y resulta que estamos en una mesa el amigo que teníamos, nosotros, y sus otros cinco amigos. En total siete personas, chicos o chicas. Y claro, a la hora de distribuirnos en la mesa del bar nos toca en un lugar alejado de nuestro amigo. Es normal que en estas reuniones multitudinarias (7 personas) se terminen formando subgrupos que hablan entre sí. De vez en cuando, alguien se hace con la conversación de toda la mesa, porque quizás tenga algo muy interesante que contar y los demás no quiten oído de sus palabras. Y de ahí, otra vez se volverán a formar subgrupos de conversación. Por ejemplo, en nuestro grupo de 7 amigos, nosotros somos el nuevo, y tenemos a todos los lados a absolutos desconocidos. Imaginémonos por un momento lo que suele suceder en estos casos: todo el mundo se queda callado debido a los nervios que tenemos por tener que interactuar con gente que no conocemos. Y lo normal suele ser que se produzca un largo e incómodo silencio. Por lo general empezarán a hablar entre sí los amigos que ya se conocían. Es la opción más fácil, hablar con alguien que ya conoces… Pero es la opción equivocada. Para poder sacar el máximo partido de nuestras conversaciones, para poder llevar nuestra capacidad de seducción mediante la palabra a su máxima expresión, nada mejor que practicar las siguientes reglas de nuestra guía para convertirnos en un maestro de la conversación.

Reglas fundamentales para seducir con la conversación

1. Seguimos con nuestro ejemplo de antes. Lo primero que tenemos que hacer cuando ya hallamos tomado asiento para empezar nuestra amena charla, es no caer en la tentación de hablar con la única persona de nuestro grupo de 7 que conocemos. Esta es una genial oportunidad para poder conocer gente nueva y de paso, practicar nuestras habilidades sociales. Por eso, vamos a olvidarnos de las personas que ya conocemos, en este caso, nuestro amigo. Y vamos a empezar a hablar con la gente que tenemos a nuestro lado, puede ser 1, 2, 3,…

Aprender a seducir mediante la conversación2. Y empezamos a hablar por ejemplo, con un chico y una chica que tenemos a nuestro lado. Ya hemos dicho que hay cierta inercia a permanecer callados cuando interactuamos con desconocidos. Las personas más populares son especialistas en combatir esta inercia, son una especie de eje en donde gira el círculo de la amistad. Por eso, nosotros tenemos que ser ese eje. Y para ello, nada mejor que empezar a hablar con estos dos chicos que tienen cara de ser majos… Y empezaremos a hablar nosotros sobre temas aparentemente intranscendentales, por ejemplo, les podemos preguntar sobre donde trabajan. Verás que son renuentes a hablar en exceso, pero eso no significa que le caigas mal, sólo son los nervios del principio.

3. Y precisamente al principio, para evitar silencios desagradables, tendremos que hablar por los codos… A veces es mejor ni pensar, y empezar a hablar a los dos chicos que tenemos a nuestro lado de la cosa más vulgar que nos venga a la cabeza… como sobre lo difícil que es encontrar pareja… Sobre todo tienen que ser temas que les pueda interesar. Y para ello, nada mejor que hablar de ellos mismos… Por ejemplo, les decimos a nuestros dos compañeros de conversación: “¿soy yo aquí el único que está frustrado con el amor…?” Y a partir de ahí, verás en sus caras esa mueca que dice algo así como “por fin, habla alguien y encima dice algo interesante…” Y a partir de aquí, tenemos que guiar nosotros la conversación por esos temas interesantes, resultando que sobre todo, al principio, vamos a hablar nosotros. Tanto es así que nosotros hablaremos un 80% del tiempo, y nuestros dos compañeros de conversación se repartirán entre ellos el 20% restante. Esto es fundamental para romper la inercia de miedo a interactuar con desconocidos de la que ya hemos hablado.

4. Y poco a poco, nuestros dos compañeros de charla, el chico y la chica, verás que se van animando a hablar cada vez más. El echo de que tú hables mucho, les hace coger confianza, y entonces se van animando a hablar ellos también. Y con el tiempo, pasaremos de hablar nosotros el 80% del tiempo total de conversación a hablar mucho menos, quizás sólo el 20%. Poco a poco debemos ir dejando que ellos hablen, y nosotros limitarnos a guiar la conversación sobre todo por medio de preguntas o algún apunte sobre lo que nos dicen.

5. Es importante hablar sobre temas que les interesen a nuestros dos interlocutores, por eso, nada mejor que sea algo relacionado con sus vidas: su trabajo; su vida amorosa; sus aficiones; sus hábitos diarios; su lugar de procedencia; sus gustos musicales;… Siempre al principio temas superficiales, que realmente son los más importantes. De echo, las conversiones más fascinantes las tenemos siempre sobre los temas más pequeños y comunes: amores; trabajos; aficiones,… Nadie empieza enormes y fascinantes charlas sobre el sentido del Cosmos… excepto que alguno de nuestro interlocutor sea una apasionado de la reflexión y de la filosofía… cosa que no suele pasar.

6. Con todo lo dicho, no hace falta hablar de temas trascendentales para entretener. De echo, a la gente le gusta hablar de temas del día a día. No tenemos más que fijando en esas series de la tele que tanto nos fascinan: tratan temas siempre mundanos e intranscendentes. Pero es que eso es precisamente lo más grande: qué vamos a hacer en la próxima semana; nuestras inquietudes de formar una banda de música; nuestro miedo a que nos despidan y nos quedemos en el paro; nuestra forma de vivir día a día, con su rutina entre el trabajo y el ocio… Eso es lo verdaderamente importante.

7. Al final de nuestra charla con nuestro nuevo amigo y nuestra nueva amiga, habrá variado nuestra posición inicial en la conversación: de hablar casi sólo nosotros, a meros guías de la conversación mediante las preguntas oportunas. Es fundamental llevar la charla a 3 a un lugar común, hacia algún sitio que os interesa a los 3, por ejemplo, quizás a los 3 os guste ir al gimnasio… Pues a partir de ahí, suelen surgir interesantísimas anécdotas estando en el gimnasio… Y nuestra posición una vez pasada la fase inicial de la charla, será más de un oyente que un participante activo… De echo, ese es el secreto de los grandes maestros de la charla: saben que es más placentero hablar que escuchar; y que es más placentero hablar de uno mismo que de los demás. Y por eso, los maestros de la socialización, sacrifican su placer, sacrifican el hablar y el hablar de lo que les interesa, a cambio de ganarse la amistad y el aprecio de su conversador. Y esa es una regla de oro de la conversación: aunque nos guste más hablar que escuchar; aunque nos guste más hablar de nosotros que de otra cosa que no nos interesa, es preferible hacer el sacrificio y quedarnos sin este momento de placer en la conversación, a cambio de ganarnos el corazón de nuestro conversador, que de esta forma, se quedará encantado con haber dado con una persona que es comprensiva, que sabe escuchar, y que es divertido conversar con él.

Las ventajas de ser un gran conversador

Una vez analizadas las reglas básicas para ser grandes conversadores, analizamos unos flecos que nos quedan. Es importante hacernos un tanto los misteriosos en nuestras charlas… como una buena novela que se va desvelando poco a poco. Anima mejor a los demás a que hablen de sí mismos. Aunque también tienes que dejarles guardar cosas que no deben de contar tan pronto. Por supuesto, esto hay que practicarlo. Nadie necesita nada más que practicar todas estas reglas para darse cuenta de un cambio fundamental en nuestras habilidades como conversadores. Y es que, con el tiempo nos daremos cuenta que seducimos sobre todo con nuestra conversación. Una mujer termina por elegir como pareja a aquél hombre con quien se siente a gusto hablando con él. Lo mismo los amigos, en el trabajo…

Y como ya hemos dicho, nada mejor para convertirnos en especialistas conversando que imitar a los buenos novelistas: nuestras charlas solo es parte de una novela que se va desvelando poco a poco, con sus cambios de ritmo, con sus cambios de situación, con sus cambios de temas y de personajes… En la naciente amistad que surgirá entre nosotros y los dos conversadores de nuestro ejemplo, habrá mucho tiempo para continuar con nuestras inquietudes en nuestras conversaciones. No hay que tener prisa y querer contar más de la cuenta en esas primeras charlas. Es cuestión de saber que hablar con otra gente sobre inquietudes comunes es uno de las artes más productivas que podemos aprender como hombres; y también, todo un placer terrenal, el hablar con gente que nos comprende y la comprendemos; que escucha lo que tenemos que decir porque le interesa, y nosotros escuchamos sus inquietudes, sus sueños, sus anhelos, sus esperanzas…

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