Aprender a vivir valientemente

Seguramente absolutamente todos nos arrepentimos de no haber hecho algo que queríamos hacer en el pasado. La falta de valor, el qué dirán, el miedo al ridículo,… son los motivos por lo qué decidimos no hacer aquello que sabíamos que teníamos que hacer, que queríamos hacer, y con todo esto, dejemos pasar una oportunidad única para conseguir ese trabajo que nos gustaba; esa chica o chico que nos miraba, empezar con esa afición que nos llenaba… En este artículo mostramos todas las claves para aprender a vivir valientemente.

Vivir con valor nuestra única vida

vivir valientementeLo más importante para aprender a vivir valientemente es dejar de pensar lo que pensarán o no pensarán de nosotros los demás. Si ellos se ríen de nosotros, ellos mismos no son menos dignos de reírnos de ellos… La mayoría de la gente es egoísta, usurera, malvada, poco inteligente,… ¿y vamos a consentir que estos con la cantidad de defectos que tienen, con la cantidad de veces que quedan ellos en ridículo, vamos a consentir que se rían de nosotros, o mejor decir, que nos afecte el que se rían de nosotros, o el que digan: “Juanito se lanzó a por esa chica, a por ese trabajo, se puso a estudiar Historia del Arte… a quien se le ocurre” vamos a consentir esto, cuando los demás de por sí son una constante decepción y una absoluta mediocridad?

Es importantísimo actuar como si fuésemos inmunes a la crítica de los demás. Pocas personas conozco a las que hayan criticado tanto como a mí mismo… el resultado, me cogí una fobia social de primera… Por eso, a día de hoy, con diez años de mi vida casi perdidos, me importa muy poco lo que digan o piensen los demás de mí. Y es curioso, porque si antes me criticaban comportándome de forma más o menos cuerda… ahora me comporto como si me hubiesen enchufado a la corriente trifásica… ¿Y qué dirán ahora de mí? Me he prometido ser lo más gamberro que pueda, ser lo más provocador que pueda… Quiero que piensen mal de mí, quiero escandalizarlos saliendo en verano a la calle en calzoncillos, y diciendo que son “pantalones cortos”; quiero que me miren mal cuando entro a un bar todo vestido de negro y con los labios también pintados de negro; quiero llegar a la altura de una familia respetable y decirle a mis amigos bien alto para que lo oigan estos seres tan respetables “de momento no pienso intentar ligar con hombres, aunque tenga muchas ganas de sexo.. como poco travestis…”; quiero poder desafiar con la mirada a todos los que creen tener derecho a criticarme por no ajustarme a sus estúpidas convicciones… A fin y al cabo, estos cabrones me han robado 10 años… incluso toda mi vida. Me queda desde hoy hasta el día de mi muerte para resarcirme, para ser valiente, que no está reñido con ser inteligente.

Una lección para vivir con valor

En un capítulo de esa genial serie llamada “Más allá del límite”, se cuenta la historia de una mujer que tenía una vida genial: un marido muy guapo y con un gran carácter; una casa preciosa en un buen barrio de una hermosa ciudad; unos vecinos encantadores y delicados; una vida social y un trabajo muy sugerentes. Esa mujer era a su vez guapa y encantadora. Hablaba con todos, era simpática, tenía un buen futuro profesional, y le esperaba un resto de su vida de ensueño. Pero un día, algo empezó a pasar: de repente se levantó por la mañana y la gente, no la reconocía. Su jefe, sus amigos, su familia, su guapo y encantador marido… La mujer casi enloquece. No sabe que pasa, nadie dice conocerla, o como mucho, dicen conocerla de vista. El hombre que era su marido dice que él tiene mujer, pero que no es ella.

La trama va avanzando, y al final se descubre el drama: la mujer había inventado toda su genial vida. Su vida real se empezó a mostrar cuando los demás parecieron volverse amnésicos respecto a ella. En el fondo esa era la realidad. Ella era una mujer muy tímida, que se había inventado una vida paralela, que se había inventado que era esposa de ese hombre que le gustaba, que se había inventado que era valiente, y que iba por ahí siendo ella misma, sin miedo a lo que pensarán los demás. Había creado un mundo genial en su imaginación, por el mero hecho de que no se había atrevido a intentar construir esa vida soñada en el mundo real.

Al final la mujer muere de desesperación. Siempre fue una mujer tímida, no se atrevió a encarar el mundo real, y creó una fantasía que se terminó por deshacer ese fatídico día en el que todos parecieron volverse amnésicos. Cuando está la mujer muerta sobre el suelo, el que se supone que era su marido dice: “la conocía de vista, era una mujer que me miraba mucho…”. Esta mujer no tuvo el valor para afrontar la vida con gallardía. Era más fácil recurrir a las ilusiones, a encerrarse todo el día en su cómoda casa y soñar despierta en vez de salir a la calle a echarle valor y conseguir lo que queremos.

Y esa es una lección que tenemos que aprender todos: vivir con valor, vivir, como si ya hubiésemos vivido, pero lo hicimos tan cobardemente como esta mujer del relato. Si los dioses le diesen una segunda oportunidad  a esta mujer, no tengo ninguna duda que la hubiese aprovechado mucho mejor: hubiese hablado con ese hombre que sólo miraba, de lo pura tímida que era; no se hubiese preocupado tanto por el qué dirán; hubiese actuado con valor, con gallardía, con espontaneidad, sin tener en cuenta lo que los demás piensen de ella.

Ella murió y ya no tendrá una nueva oportunidad. Pero en los casos como el mío, tenemos aún tiempo para empezar ahora sí a ser valientes, a actuar como somos, a dejar de importarnos lo que piensen los demás de nosotros. Si queremos algo, desde una chica que nos gusta, a un trabajo que necesitamos, no tenemos más que ser valientes e ir allí a intentar conseguirlo. Los demás pensarán mal, pero no por nosotros, sino porque la gente de media no sabe ni pensar, no están en condiciones de criticar a nadie. Y si nos critican, si se ríen de nosotros, mejor, es preferible eso, que haber vivido como un cobarde y no haber luchado por intentar conseguir que nuestros sueños se conviertan en realidad.

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