Aprendiendo a crecer espiritualmente

En el mundo moderno parece no haber espacio para la espiritualidad y cuando este espacio se abre, se pone de normal al servicio de criminales sectas que usan las grandes necesidades de espiritualidad de los humanos para sacar beneficio económico. Pero hay espiritualidad más allá de las palabras del obispo capullo de turnoDe hecho, las necesidades espirituales del hombre no se pueden ignorar: necesitamos ese algo, ese sentirnos con nuestro otro yo, ese unirnos aprendiendo a crecer espiritualmentea la energía absoluta del cosmos, ese caer del “principium individuationis” que corre el velo de lo que es aparente y deja traslucir la verdadera realidad tras los fenómenos que se nos muestran como materiales y objetivos.

Todos necesitamos reconciliarnos con nuestro yo espiritual. Pocas sabidurías humanas, sino ninguna, han indagado tanto en las necesidades espirituales del hombre como las sabidurías del hinduismo. En el hinduismo todo surge de un principio originario. Ese principio se diversifica y termina creando el mundo fenomenológico que todos conocemos. Pero esto de alguna manera es pura apariencia, tras el cambio, tras el movimiento, tras el ritmo de las estaciones, algo queda, un sustrato originario e inmutable. Esta es la verdadera realidad. La sabiduría consiste en ver ese sustrato originario, inmaterial e imperecedero e inmutable tras el aparente cambio del mundo fenoménico. Esto puede parecer pura imbecilidad, pero si nos damos cuenta, la propia ciencia occidental acepta algo parecido: el mundo cambia constantemente, pero esos cambios se ajustan a ciertas leyes de la física y de la química que no cambian, que son siempre iguales.

El hinduismo es más bien monista que dualista. En nuestra tradición católica, también hay dos tendencias: una monista que acepta un único principio originario (Dios) y otra dualista, que mete como principio originario al mal, al demonio. El demonio fue un ser muy productivo para el cristianismo medieval: si Dios es bueno y a creado todo por tanto bueno ¿Cómo explicarnos que ese reo que pretendemos quemarlo vivo, o mejor, arrancarle la piel a tiras con unas buenas tenazas, cómo explicar que se haya comportado mal, si todo viene de Dios, por tanto todo tiene que ser bueno? La respuesta es que el Demonio también interviene con gran poder en esa especie de guerra cósmica que es la cristiana “historia de la salvación” Pero alguien inteligente enseguida verá que si Dios es todopoderoso, el Demonio no puede hacerle sombra… Por tanto, o Dios no es todopoderoso (lo que es una herejía para el cristianismo) o el demonio no existe. Por supuesto los teólogos medievales no pudieron resolver este misterio, entre otras cosas porque les importaba muy poco la verdad: querían alcanzar la Salvación a toda costa, incluso a costa de mentir.

En el hinduismo no hay este problema, no existe el demonio, todo viene de un principio originario que se diversifica hasta dar lugar a todo lo que vemos. Tampoco coinciden el hinduismo y el cristianismo en cuanto a la concepción del tiempo. En el cristianismo prevalece una concepción del tiempo lineal, el mundo, el universo, sólo será una vez y acabará con el “juicio final” en donde unos pocos elegidos conseguirán ir al verdadero mundo, en el paraíso y al lado de Dios, para pasar el resto de la eternidad entre delicias sin fin. Pero en el hinduismo no existe un final del tiempo, todo son ciclos: el universo se creó una vez y efectivamente, terminará siendo destruido…. Pero sólo para crear un nuevo mundo. De hecho, ya ha habido infinitos universos antes de este que contemplamos ahora y habrá infinitos universos después de que este se pierda en el fuego cósmico, para renacer desde sus propias cenizas. La ciencia moderna nos muestra un universo muy parecido a la versión del hinduismo, con quizás interminables ciclos cósmicos: el universo se apagará, efectivamente, para volver a incendiarse y volver a crear vida de lo que antes eran cenizas, vida que volverá a ser cenizas en un ciclo eterno.

Es fácil ver de donde viene esta concepción tan abismal de la existencia en el hinduismo. La India es un semicontintente muy complejo. La meteorología es muy cambiante, hay grandes cambios de tiempo no sólo entre las estaciones, sino unos años pueden ser metereológicamente muy distintos a otros. Parece que todo cambia, las estaciones, los años, hasta dentro del día hay cambios, el universo es eso, aparente movimiento. El hindú ve con espanto que, aquello que ayer le dio la vida, hoy se la quita. El sol que ayer hacia germinar una infinidad de verdes plantas, trayendo con ello alimento abundante, hoy calienta como si fuera un horno, y transforma la antes verde tierra en un infierno en donde todo lo creado parece ser destruido en una espiral brutal y eterna. Parece que el bien y el mal vienen del mismo sitio, el bien no es posible sin el mal, el tigre no comerá si no muere la gacela.

A pesar de eso, tras los aparentes cambios está la verdadera realidad. El sabio hindú aspira a conocer esta verdadera realidad como un medio para liberarse, como en Matrix, conocer el otro lado es clave para empezar a labrar nuestra liberación. El hindú no aspira a vivir para siempre precisamente. Eso parece cosa de occidentales. Los europeos no podrían asimilar fácilmente que en un semicontintente lejano, los hombres no aspiren a vivir para siempre, sino casi lo contrario, a liberarse del dolor de este mundo fenoménico, a apagar el fuego que anima su alma, a morir.

En nuestra época en donde nos entra un miedo inmenso cuando vemos que se nos ha oscurecido un lunar, deberíamos aprender la admirable actitud hacia la vida y hacia la muerte que ha caracterizado durante miles de años a los hombres y mujeres de la India. Ellos también aspiran a ser buenos, pero no para que dios se lo pague con la vida eterna, sino para que el dolor sea el menor posible antes de que acabe el interminable ciclo de reencarnaciones en distintos animales y llegue la ansiada aniquilación, la vuelta a la verdadera realidad más allá de todo lo que parece que existe. Nuestra vida sólo es una brasa que una vez encendida se irá apagando poco a poco. La infancia queda atrás, la felicidad de otros tiempos se marchita rápidamente y la amapola que fue en otros tiempos nuestra vida parece que se va a deshacer en un montón de cenizas… Pero la esperanza no se debe de marchitar, en nuestro mundo moldeado por obra de la técnica, la esperanza al fin se ha hecho un hueco, hoy en día es posible vivir bien y feliz hasta los 100 años. Curiosamente, los que más pueden llegar a disfrutar este mundo que a veces y en determinados lugares parece una utopía hecha realidad, son los que han podido asimilar los grandes secretos del pensamiento de la India, los que saben que todo proviene de un único principio originario, que todo se ha creado y se destruirá, que todo es felicidad e infelicidad a la vez, que todo es hermoso y horrible, que todo a existido siempre y no ha existido nunca y que todo volverá a ser como jamás fue, en un ciclo cósmico que sólo es un mero fantasma de la realidad única y eterna muy lejos de nuestra ciudades, de nuestro planeta y de nuestro Universo.

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