Aprendiendo de los demás el arte de la seducción

Este sábado hemos salido de fiesta como solemos hacer de costumbre, aunque hemos salido un grupo de gente considerable… en algunos momentos, he estado en un grupo de hasta veinte personas. Es curioso, lo que cambia la experiencia según con la gente con la que sales. Cuando sales con gente que no se mueve, o se mueve mal…, parece que te contagian su estado de ánimo: no bailan, están abúlicos toda la noche, están como asustados… Pero si estás con gente marchosa, que siente la noche, que baila, que vibra, que sabe que esa noche toca celebración, celebramos que estamos aprendiendo de los demas el arte de la seduccionvivos, parece que estas en otro sitio completamente distinto. Hasta te animas más a hacer algunas entradas interactuando con gente de la discoteca en la que estemos que no conozcamos, para intentar conocer a nuevos amigos o a nuevas “amigas”…. y de paso mejorar nuestras habilidades sociales.

Empecemos muy pronto, a las 8 de la tarde quedemos para ir a cenar a un bufete de esos que te puedes comer lo que quieras por una módica cantidad… Quedemos en otro sitio, para dirigirnos luego ahí en coches. Lo primero que me he dado cuenta de esta especial noche, saliendo con muchísima gente, es que hay que aprender a seducir… nadie nace sabiendo tratar con los demás: cuando llegas al sitio en donde habéis quedado, hay que saber saludar, hay que saber moverse y estar quieto; hay luego que entrar en el coche de los demás con estilo, no con miedo… luego hay que llegar al restaurante, saber moverse, saber comer… saber cómo interactuar con los otros durante la comida… Todo esto también se aprende, si lo hacemos al buen tum tum y no lo practicamos, nunca llegaremos a pasar por todo un gentleman… Por eso, los que hemos tenido los terribles problemas de socialización que yo (problemas que me podría haber ahorrado con un ambiente un poco más normal…) es conveniente aprender, reaprender de nuevo a hacer todo esto, aprender a vivir. El método, el típico del mundo de la seducción: leer un poquito artículos como este, leer algo más sobre el tema, libros, artículos… que nos enseñen la teoría básica del arte de la seducción y luego es cuestión de ponerse a practicar, pero no hacer esta práctica de forma casi inconsciente: tienes que monitorizar tu actuación, o sea, vas por ejemplo a pedir un café a un bar, y en tu cerebro te estás viendo a ti mismo como si tuvieses una cámara sobre ti, quizás sostenida por un hada… y dentro de tu cerebro como si tuvieses un monitor en donde te ves. Por tanto, eres el objeto de la acción, pero también el sujeto que visualiza al objeto, nos desdoblamos en una parte que actúa y otra parte que ve la actuación. Este método nos permite reconocer errores y aciertos, rectificar lo que hemos hecho mal y mejorar aún más lo que hemos hecho bien. En casa, podemos pensar un poco más tranquilamente lo que hemos hecho mal y bien, un poco poniendo de nuevo en nuestra mente la cinta de todo lo que hemos grabado con nuestra cámara de vídeo sostenida por un hada…

Pues eso, fuimos al bufete, estuvimos unas dos horas y luego fuimos a los locales de moda de Salamanca. Era un buen momento para interactuar con chicas… Entremos en un local, el grupo se desdoblo, pues era enorme, nos quedemos cuatro o cinco a media pista y los demás se fueron al fondo. Había dos chicas de muy buen ver y como es muy habitual… me miraban… antes me daba miedo hacer entradas con conocidos delante… pues si sale mal… pero es muy importante que te de igual lo que piensen los demás de ti: si entras a unas chicas y te dicen “fuera de aquí capullo” te despides diciendo “otra que tiene la regla”… con esa ironía salvas los mueble y el honor y cuando llegues a tus amigos les dices “se está haciendo la estrecha, pero la tengo en el bote…” y actúas como si no te hubiese aceptado. Tus amigos pensarán que tienes una gran autoestima, algo mucho más valorado que ser o no aceptado por unas chicas. Chicas hay muchas, de nosotros sólo uno. Decía que había dos chicas y nos mirábamos… me retrasé un tanto al entrarlas, es conveniente ser directo, verlas e ir como si nada a por ellas, pero el método de mirarlas como si no nos interesan y de repente, sin mirarlas, dirigirnos hacia ellas y hacer nuestra entrada (por ejemplo, las preguntamos si son turistas en la ciudad… y si les gusta la estatua de la libertad…) es también eficiente. Pero digo, me retrasé al entrarlas hablando con mis amigos y les entró un tío bastante feo, a lo que las chicas reaccionaron saliendo literalmente corriendo, se largaron del local sin mirarlo siquiera… Esta es una buena lección que tenemos que aprender: si no entras tú a esas chicas que sabes que al menos no van a salir corriendo cuando te vean… lo hará otro, seguramente valga mucho menos que tú, pero tiene más agallas… al tío ese que me asustó a mis dos nenas no le afectó ni remotamente la subrrealista escena de la que había sido protagonista. A veces no son los más guapos los que se llevan a las mejores mujeres, sino los más valientes.

Luego me acerqué al grueso del grupo. Había un chico nuevo, de más o menos mi edad. Me sorprendió mucho esa noche, aunque no lo conocía… había dos chicas justo detrás de nosotros, al fondo del local, eran guapas, me dijo otro de los chicos que cuando estaba de espaldas a ella no dejaban de mirarme.. y de reírse… (las mujeres se ríen tanto de los chicos que no les gustan, como de los chicos que les gustan… a ver quien narices adivina por qué se ríen de ti…) Pero yo no me interesé por ellas… Ya lo hizo por mí el nuevo, que se lanzó a por ella siendo muy bien acogido. Una de ellas era muy muy guapa, estuvieron un rato hablando, y al final se despidió de ella ante mi regañina: “pero ¿por qué no la has pedido el número de móvil?” Me oyeron dos chicas que tenía al lado, me miraron y se rieron con una risa fina e irónica. Mientras tanto, la chica guapísima no dejaba de mirarme, también miraba al que no se atrevió a pedirle el número, con la excusa de “luego la llamo y me putea”… lo que me hizo pensar que si conociese el mundo de la seducción otro gallo le hubiese cantado… No sabe cerrar, porque no lo ha aprendido.

Luego fuimos a otro local. Y el nuevo hizo otra buena actuación, habló con dos chicas de la barra también fue muy bien aceptado. El chaval es guapo, lo malo, que era de pueblo, y en los pueblos no saben ligar… En fin, la moraleja de la noche: me miré con la decena de turno de chicas… pero me retrasé a la hora de entrarlas por miedo a lo qué dirán mis nuevos amigos. Pero yo aún estoy aprendiendo, aunque ya me manejo bien como sargeador, pero sigo aprendiendo, por ejemplo de este chaval (lo voy a intentar convencer que vuelva por Salamanca por que con gente así uno se motiva…. No motiva nada el típico soso que no mira ni a la chicas a la cara) Si no entras tú a esa chica que te gusta, lo hará otro, que seguro que valdrá menos que tú. Si no te atreves al final a pedirla el número de móvil, lo hará otro… que seguro que vale menos que tú, pero que tiene más agallas que  tú… Y si te importa lo que dirán tus amigos si te rechaza una tía… despídete de la mujer de tus sueños… Seguramente seas guapo y valioso, pero te tendrás que conformar con la primera neurótica que se te cruce por delante pues no podrás elegir si te importa tanto lo que piensen los demás de ti. El mundo es de los valientes, el amor y el sexo, también son para valientes.

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