Aprovechar el tiempo cuando no tenemos ganas de hacer nada

Es común que los que estén en el paro, o simplemente la vida les haya puesto en la situación de tener mucho tiempo libre (amas de casa; jubilados; etc.) se terminen agobiando por tener tanto tiempo libre, y por tener tan pocas cosas que hacer. Como decimos, las altas cifras de paro sobre todo entre los jóvenes, puede terminar por dar lugar a una vida inactiva, que en poco tiempo, se termina convirtiendo en una vida aburrida, y en un poco más de tiempo, puede terminar por generar una depresión. Con todo, la situación es que, terminamos pasando de una situación en donde teníamos ganas de hacer cosas, de trabajar, etc., a una situación en donde de repente, como por puro aburrimiento, ya apenas ni nos tenemos de pies… La inactividad es uno de los peores demonios de la mente humana, junto a la soledad. Por eso, en este artículo damos las claves para aprovechar el tiempo, y no llegar a esa situación en donde estamos tan cansados (sí, uno se cansa de no hacer nada…) que no tenemos fuerzas ni para tenernos de pies.

Las obligaciones que nos hacen libres

Los estudios clínicos han demostrado que el cerebro de una persona que cae en el abismo de la inactividad, termina por empezar a funcionar de forma anómala. Nos cansamos de no hacer nada, nos estresamos con tanto tiempo libre, nos aburrimos por no tener obligaciones, y terminamos hasta las narices de tanta vida contemplativa… Con todo, un cerebro sano empieza a funcionar mal: estamos apáticos, aburridos, con estrés y ansiedad, no podemos apenas ni mantenernos de pies, nos da pereza hacer casi todo… empezamos a perder la confianza en el futuro.

aprovechar el tiempo cuando no tenemos ganas de hacer nadaNuestra evolución como especie nos puso en un ámbito en donde la actividad diaria era el pan nuestro de cada día: los varones salían a cazar, o simplemente a explorar el territorio; y las mujeres cuidaban a las crías, y salían a recoger vallas silvestres, e incluso a cazar también… Y resulta que para mantener sano a nuestro cerebro, debemos de mantener un tipo de actividad diaria, que de alguna manera sea “natural”, o sea, se ajuste a unos principios que han sido “elegidos” en nuestro largo tránsito a través de la evolución.

A día de hoy, viviendo en un país en donde se excluyen a tantas personas de la actividad ordinaria, que en nuestra forma de civilización tiene lugar sobe todo por medio de la realización de un trabajo remunerado en el seno del sistema de mercado, millones de personas pueden estar cayendo en el abismo de la inactividad.

Y es que, es difícil exigirnos a nosotros mismos hacer cosas. Si lo pensamos, nuestra vida va en buena parte sobre ruedas mientras tenemos unas obligaciones que se nos imponen desde fuera: de pequeños, nuestra obligación es apenas llorar, comer, dormir, y crecer; a partir de los 3 años, empezamos a ir al jardín de infancia, con los típicos berrinches de los niños mientras dicen “yo no quiero tener que hacer nada…”. No sabe ese niño lo terrible que sería su futuro si efectivamente no le obligasen a hacer nada…; y seguimos así, en el colegio, hasta quizás, en algún nos casos, los 29… como un famoso periodista de derechas, que tardó 11 años en sacar la carrera…

En todo esto, nuestras obligaciones se entremezclan con algunos espacios para el ocio, para hacer de verdad lo que tenemos gansa de hacer; y para incluso, estar sin hacer nada, por el mero placer de no hacer nada… placer que irónicamente muere cuando estamos mucho tiempo sin hacer nada. Y posteriormente, cuando terminamos nuestros estudios, sea con la edad que sea, pues nuestra vida empieza a ser guiada por un trabajo… Pero aquí empiezan los problemas: demasiado paro; o bien, jubilaciones anticipadas; o bien, mujeres que se casan y son relegadas al poco gratificante puesto de ama de casa…

Y a partir de aquí, a partir de que nos quedamos sin obligaciones, sin alguien que de alguna manera nos exija que hagamos cosas… (sea el jefe; o bien nuestra pareja, que nos exige que trabajemos, como a Peter Griffin “¿Por qué…?”) resulta que nos encaminamos de lleno hacia el fantasma de la inactividad

La dificultad de hacer cosas sin que nos lo exijan

El nombre que encabeza este título ya es muy explicativo de por sí. Es cierto, de alguna manera, los hombres nos creemos que estamos hechos para ser libres… pero lo cierto es que el fuerte control social que se establece en todas las sociedades, es parte fundamental del buen funcionamiento, no sólo de la sociedad como un todo, si no de la mente individual de los propios individuos.

A veces nos quejamos desde algunos lugares de que “la sociedad nos manipula…” Pero hasta cierto punto, es normal que la sociedad nos exija hacer cosas: lo que no es normal es una manipulación perversa, y puesta al servicio de los intereses de unos pocos, como ha pasado en la denostada sociedad española.

Por tanto, en buena parte hacemos cosas porque la sociedad, benévolamente, nos lo exige: nos levantamos por la mañana, a pesar de que tenemos un sueño de muerte, y a pesar de que si no nos obligasen con graves advertencias, no haríamos similar esfuerzo, porque sabemos que si hacemos caso a nuestros deseos, y nos quedamos en la cama plácidamente, la bronca que nos echara nuestro jefe por no ir a trabajar superará con creces al placer de haber podido quedarnos un ratito más en la cama…

Y es tremendamente curioso lo difícil que es exigirse hacernos cosas a nosotros mismos: si nos proponemos levantarnos por nuestra cuenta, sin que nadie nos lo exija, a la 7 de la mañana… veremos que es normal que no lo consigamos, y que de alguna manera, al no haber la posibilidad de un castigo externo de otras personas, por no habernos levantado a la hora… es común que prefiramos quedarnos plácidamente en la cama, antes de que cumplir nuestro propósito y la promesa echa a nosotros mismos de madrugar.

Consejos para una vida activa

Pero no todo está pedido: el autocontrol es posible, aunque difícil. A partir de ahora, si hemos caído por causa del paro o de lo que sea en inactividad, le pondremos remedio con nuestros consejos. Y así conseguiremos dos grandes cosas: 1. aprovechar el tiempo, por ejemplo, estudiando ese nuevo idioma que teníamos tantas ganas de aprender; y 2. no caer en el abismo de la inactividad, lo que nos puede terminar por generar depresión.

1. Aprende a exigirte hacer cosas a ti mismo. Si no tienes un jefe externo que de alguna manera te diga lo que tienes que hacer, tú mismo debes de ser tu propio jefe… y para ello…

2. Haz planes, por ejemplo, haz el plan del día posterior, escríbelo en un papel, y a partir de ahí, cúmplelo a rajatabla. Cúmplelos como si se tratase de un plan que te ha puesto un jefe externo a ti. Y si no los cumples…autocastígate, por ejemplo, quedándote sin tele una semana…

3. Ten una rutina diaria. Es fundamental tener una rutina, o lo que es lo mismo, un plan típico y preestablecido que se repite más o menos de la misma forma todos los días. Esto automatiza el hacer cosas, y hace que nos cueste mucho menos exigirnos a nosotros mismos estar activos.

4. Ten unos horarios de dormir estrictos, madruga y vete pronto a la cama. El hombre es un ser diurno, y vivir por la noche puede desencadenar problemas psicológicos, y un mayor cansancio vital debido a vivir en unos horarios que no son para los hombres; son para las fantasmas, para los ladrones, para las invasiones de Irak y para los aficionados a ver los canales de tele-tienda…

5. Además de tener una rutina diaria, calcularemos al final del día si de verdad hemos cumplido con esa rutina. Y para ello, análisis mental del día (veremos si realmente hemos sido tan estrictos a la hora de desarrollar nuestros planes, como lo hubiese sido un jefe externo…); además de planificación del día posterior, a su vez, respetando en lo posible la rutina estándar que nos hemos puesto. A su vez, planificaremos la semana, si descansamos de nuestra rutina el domingo, etc. Y es muy importante, mantener el plan original, a pesar de que creamos que un cambio sería muy beneficioso para nosotros… los cambios en los planes sólo si son imprescindibles.

6. Y además de lo anterior, haremos cálculos de los rendimientos, por ejemplo, de las horas que le hemos dedicado en ese día a lo que tengamos que hacer. Por ejemplo, 2 horas dedicadas  a estudiar francés; 1 hora dedicada a practicar con el piano; 1 hora dedicada a escribir en un blog; 2 horas dedicadas a estudiar esa oposición; 1 hora dedicada a hacer deporte, 1 hora dedicada a buscar trabajo… Y al final, las sumamos, en este caso, nos dan 8 horas justas. Esta rutina, de 8 horas de tiempo productivo al día, la podríamos establecer como estándar. Aunque a veces es bueno centrarse en una única cosa… e ir por temporadas: un mes entero dedicado a estudiar francés,… Como te resulte más efectivo.

7. Y por supuesto, con este sistema de autocontrol somos nuestros propios jefes… pero también tenemos tiempo para el ocio, que será el espacio que queda entre esos intersticios de nuestro plan. No hay en principio que planificar el ocio… es ahí cuando sentimos que somos libres, y sobre todo, que tenemos ganas de hacer cosa… porque siguiendo este método, habremos evitado caer en el sopor que genera la inactividad extrema.

Seguir este sistema durante una sola semana, puede llegar a cambiar completamente el ánimo de una persona. Como decimos, es difícil autocontrolarse, pero más nos vale conseguir hacerlo si no queremos caer en el dolor que provoca el sopor mental. Además, aprovecharemos el tiempo, aunque creo que esto último es menos importante que evitar caer en el abismo de la inactividad…

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