Cinco secretos para hacer feliz a tu pareja en la convivencia

La vida en pareja puede ser desde un oasis de felicidad; hasta un mar de odio y de infelicidad. A veces las parejas se desgastan con el tiempo, cuando vamos conociendo a nuestra pareja nos damos cuenta de que no somos tan compatibles con ella como nos creímos al principio. El amor es ciego y sobre todo, ciega. Por eso es normal que en la convivencia no podamos alcanzar esas dosis de felicidad tan elevadas que alcancemos en la fase de noviazgo en donde sólo nos veíamos de vez en cuando y al terminar la cita, cada uno nos íbamos por nuestro lado con un precioso recuerdo en nuestra memoria de nuestra pareja. Pero no es lo mismo el recuerdo que la realidad. Ya Freud se dio cuenta de que nuestros recuerdos estaban alterados por situaciones posteriores. Es normal que si dejamos mucho tiempo un saco de patatas en un almacén, con el tiempo haya cambios en este saco de patatas, se alteren, las salgan tallos… Con los recuerdos pasa algo similar, son traicioneros, a veces recordamos a las personas peores de lo que fueron; a veces mejores. El amor nos hace “recordar” a nuestra pareja como si fuese una diosa o un dios. Pero desgraciadamente los recuerdos son traicioneros… Cuando una pareja empiezan a convivir, después de un corto o largo noviazgo, es posible que nos demos cuenta de que el gran recuerdo que teníamos de nuestra pareja era falso y habíamos idealizado en exceso a nuestra pareja. Para que esto no pase, enseñamos cinco secretos para hacer feliz a nuestra pareja en la convivencia.

Cinco consejos para ser feliz en la vida en pareja

1. Las parejas de doble núcleo. Una pareja es una pareja. Pero una pareja, para aumentar la felicidad en ella y para que no muera la sensación de misterio y de fascinación, debe de ser una “pareja de doble núcleo”. Y eso quiere decir que no debemos de estar casi “cosidos” a nuestra pareja, debemos de tener también nuestra vida, nuestras aficiones propias, nuestros amigos propios… Por supuesto que también tenemos que tener amigos comunes con nuestra pareja, vida común con nuestra pareja, aficiones comunes con nuestra pareja… Pero las parejas de doble núcleo siempre mantienen durante más tiempo la pasión, porque en ellas sus miembros no están cosidos y así no se desgasta tanto la relación.

2. La conversación y el misterio. Curiosamente me he dado cuenta que la clave de mi propio carisma personal es una mezcla entre ser un gran conversador; con el ser un gran administrador de silencios. Aún recuerdo que hace no mucho me encontré con un antiguo compañero de trabajo que no veía desde hace 4 años… pero me dijo algo que me sorprendió: “nos acordamos mucho de ti, el otro día mismo estuvimos hablando de ti”. ¿Qué hice yo para causar tan buena impresión a una gente con la que sólo pasé 3 meses en los que estábamos todo el tiempo juntos? Pues por un lado yo era misterioso en mis silencios; y por otro yo era un gran conversador, pero no abusaba de la conversación, no es más carismático ni más agradable quien más habla, como yo creí erróneamente en otra época de mi vida. Yo era el que menos hablaba de todos los compañeros, pero eso, al mezclarlo con conversaciones interesantes, me daba un aura de carisma y de misterio con el que yo me gané a mis compañeros de trabajo… Quien sepa usar esta técnica de conversación y misterio en su vida de pareja, se ganará para siempre a su pareja y la felicidad en pareja.

3. La seriedad y el sentido del humor. Las mujeres que dicen tener un marido con sentido del humor, son de media más felices que las que dicen que su marido no tiene un humor especialmente destacado. Todos sabemos que se puede y se suele ligar con sentido del humor. Pero a su vez si nos pasamos de graciosos, todos sabemos que caeremos en el papel de “bufón”, que es uno de los grandes antiseductores que existen. El humor es un arma de doble núcleo, hay personas graciosas que son muy poco seductoras porque no saben tomarse nada en serio. Por eso, para hacer feliz a nuestra pareja en la convivencia, hay que mezclar el saber estar serios, en plan “normal” la mayor parte del tiempo; con el saber estar en plan de “cachondeo” en esos momentos en donde nos apetece reírnos un rato, en donde estamos de especial buen humor, quizás un viernes por la noche antes de empezar el fin de semana… Además, podemos romper de vez en cuando la seriedad del día a día con alguna broma ocasional que siempre aporta un toque de picante a la vida de pareja.

4. La rutina y los momentos de salir. No os podéis ni llegar a imaginar lo desgraciados que puede llegar a ser la gente de pueblo (no todos y ojo, yo tampoco idealiza a la gente de ciudad…). Hace no mucho oí a un hombre decir que si este año le salían bien las patatas, llevaba a su mujer a cenar, y de paso invitaba a unos amigos que tenía por ahí… Vamos, que este tipo saca a su mujer por ahí una vez al año, y sólo si las patatas están bien de precio y se venden bien… ¿A alguna chica le apetece entrar en una relación con un auténtico pueblerino como este…? A las mujeres las encantan que las saquen por ahí a dar una vuelta, no una vez al año si las patatas tienen buen precio; si no más bien un par de veces por semana al menos: a cenar, al cine, de pinchos, de bares, a bailar, a tomar un café, a tomar un helado al parque, de excursión a la sierra, de turismo rural, de acampada… Eso rompe con la rutina, incluso hace la propia rutina más interesante al ser “rota” por salidas y por momentos de salir como estos.

5. Lo de siempre y las novedades. Me he dado cuenta de que lo novedoso, por sí mismo, se nos hace muy agradable y muy atractivo. Si nos damos cuenta, en el super muchas veces vamos a la novedad porque eso nos excita y le pone aliciente en nuestra vida. Pero a veces también tenemos nuestros productos preferidos de siempre, que no faltan nunca en la bolsa de la compra. En la vida en pareja debe de pasar algo parecido: mezclar cosas de siempre que dan buen resultado; con novedades que le ponen aliciente y picante a nuestra vida en pareja y a nuestra convivencia. Por ejemplo: cambiar de planes los finde pero mantener el café de los domingos por la tarde; cambiar de vestuario de vez en cuando, pero mantener esos vaqueros azules que dan tanto juego; cambiar de vez en cuando de colonia, pero de vez en cuando recuperamos nuestro perfume de siempre que nos identifica; probar nuevos juego sexuales; probar nuevas cosas en general, nuevas aficiones, en una temporada nos enganchamos a jugar con nuestra pareja a la consola; en otra temporada nos compramos uno de esos juegos de mesa tipo “Risk” o Monopoly y así la novedad estimula la relación de pareja y la convivencia en pareja, a su vez que podemos mantener, o recuperar de vez en cuando, esas cosas que ya sabemos que nos dan buen rendimiento y que nos gustan a los dos.

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