Cómo cautivar con nuestra personalidad

Todos conocemos a personas especiales, especialmente carismáticas, especialmente atractivas, especialmente cautivadoras. Estas personas tienen una serie de características comunes, que las hacen especiales: son personas admiradas por los demás, todo el mundo quiere conocer a estas personas, todo el mundo quiere saber algo más sobre la persona que se esconde detrás de ese aura misteriosa que desprenden… De alguna manera nos cautiva lo que aparente ser sencillo, a pesar de ser complejo. Es un poco como las obras de arte, por ejemplo, las catedrales. Estos inmensos edificios tienen una armonía y una estética que transmite una sensación como de unidad, como si en el fondo la inmensa catedral fuese algo sencillo, un inmenso objeto que se corresponde con un sencillo recuerdo. Pero en el fondo una catedral es algo enorme, algo complejo, algo que está compuesto por una infinidad de partes, aunque a nuestros sentidos se nos aparezca como algo unificado. Así las personas carismáticas y con una personalidad cautivadora, se aparecen ante los demás como algo armónico, sencillo y unificado. Pero detrás de esta aparente armonía hay una complejidad que mantiene de alguna manera todo el edificio de la persona carismática. Trabajar esta complejidad al modo de que el arquitecto trabaja la estructura de la catedral, para terminar aparentando ser pura unidad, igual que aparenta ser pura unidad la catedral que construye nuestro arquitecto, es la clave para poder llegar a cautivar a los demás. En este artículo, cómo cautivar con nuestra personalidad.

Partes de las personalidades cautivadoras

De alguna manera, las personas cautivadoras y carismáticas tienen dos partes en su yo: lo que muestran, lo superficial; y lo profundo, lo que mantiene con su complejidad la parte superficial. Por lo general, las personas carismáticas y cautivadoras no muestran nunca su interior complejo y profundo. En vez de eso, se reservan esta parte…de alguna manera, lo que fascina es lo oculto, y esto las personas cautivadoras lo saben bien. Por eso, renuncian a intentar mostrar su lado más profundo, salvo en algunas ocasiones especiales.

Y como hemos dicho al principio, las personas cautivadoras y carismáticas tienen una personalidad trabajada, su aparente sencillez por fuera en el fondo es una sencillez preparada, una falsa sencillez, como la aparente y falsa unificación que se muestra tras la complejidad de una catedral.

Con todo, para llegar a tener una personalidad cautivadora tendremos que trabajar nuestro yo, y tendremos que incorporar una serie de principios que nos guiarán a la hora de intentar llevar nuestro yo a su máxima expresión.

Reglas de las personas cautivadoras y carismáticas

1. Categorizar nuestra vida. Categorizar es pensar, es meter la estructura empírica de la realidad que nos rodea, en las categorías. Y estas son una especie de cajas mentales en donde vamos metiendo todos los conceptos que hemos elaborado desde el mundo empírico, acorde a una serie de principios por los que se rige dicha categorización. Por ejemplo, yo soy un chico joven que quiere ordenar su mundo. Y puedo pensar: hay invierno, primavera, otoño, verano. En el invierno trabajo todo el día. Se hace de noche enseguida, yo me adapto al entorno triste. Estoy triste… Pero luego llega la primavera, y trabajo menos, y yo me adapto al entorno, me visto con colores más alegres, salgo a pasear bajo el sol, para así consolarme del largo invierno… Y luego llega el verano, y ya hay felicidad absoluta. Visto con menos ropa, adapto mi ropa a la situación, y mi alma también. Todo el mundo me ve como alegre, y yo río bajo las praderas que relucen bajo el sol… pero al fin, llega el otoño, y las hojas caen de los árboles, y yo empiezo a derramar alguna lágrima por la vida que se esconde, y visto con colores pardos, mientras paseo por bosques otoñales y profundos en busca de mi ser….

En este ejemplo, habríamos categorizado las estaciones, el paso del año. Haríamos lo mismo con todos los distintos aspectos de nuestra vida: el día, la noche; estar con los amigos, estar solos, estar con la familia, estar en el trabajo; estar tristes, estar alegres, estar melancólicos, estar cachondos…; ir de fiesta, ir al cine, ir a trabajar, ir de vacaciones; vivir la juventud, vivir la madurez, vivir la vejez;…

Las personas más fascinantes categorizar su vida, trabajan sus categorías por medio del pensamiento, se piensan a sí mismos, y crean una estructura mental, una realidad paralela a la estructura empírica que nos rodea. Es estructura mental sería un poco el armazón de la catedral de nuestro carisma.

cómo cautivar con nuestra personalidad2. Adaptarnos a las circunstancias. No es lo mismo ir a cenar con nuestro amigos, que ir a una cena familiar, que ir a un cena de empresa… Este segundo punto se relaciona con el anterior: ahora que ya tenemos creadas las categorías (y estas se crean a base de pensar) unimos el mundo empírico a estas recién nacidas categorías. Con esto, conseguimos marcar el mundo empírico con las categorías de nuestro ser, como si dejásemos fuera el rastro de nuestra alma. La materialización de esta regla viene en nuestra adaptación a las distintas circunstancias de la vida, y sería las paredes de la catedral de nuestra personalidad carismática y seductora.

3. Tener un algo en nuestra vida que nos apasione. Puede ser un trabajo, una afición, o similar. Desde tener un grupo de rock, a escribir novela de fantasía. Y desde ser directivo de una empresa, a ser médico especialista en cirugía cardiovascular. Sobresalir en algo, y tener un algo, sea profesión o afición con lo que caracterizarnos ante los demás, es fundamental para alcanzar esa personalidad fascinante y cautivadora. Correspondería a la torre de la catedral que es nuestra personalidad carismática.

4. Ser simpáticos, optimistas, interesantes,… Cuando estamos con los demás, esta regla es fundamental. Las personas divertidas, simpáticas, optimista,… son mucho más apreciadas por los demás que las personas sosas, estúpidas, creídas. Además, pensar más en los demás, y en quedar bien nosotros mismos, antes que en hacer lo que tenemos ganas, y antes que disfrutar nosotros mismos en detrimento de los demás, incluso en detrimento de nuestra estética, es una regla de oro fundamental para alcanzar la personalidad cautivadora más poderosa posible. Correspondería a los adornos, gárgolas, relieves,… de la catedral que es nuestra personalidad carismática.

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