Cómo curar la depresión

En otro artículo me dio por poner un ejemplo muy bueno a raíz del debate de si la depresión es una enfermedad o no. No cabe duda de que existen las “enfermedades mentales”, que no son tan distintas a las enfermedades físicas. Además, está demostrado que una pequeña enfermedad mental te fastidia más la vida y la felicidad que una grave enfermedad física (se puede ser feliz teniendo cáncer; no se puede ser feliz teniendo depresión). No dudo del concepto de “enfermedad mental”. Lo que dudo es de si una afección como la depresión se puede considerar enfermedad. Hablaba del ejemplo que nos ilustrará mi duda: si yo tengo un brazo lesionado porque día tras día me lo pillo con una puerta, ¿eso es una enfermedad en un brazo? ¿O simplemente es un hábito inadecuado que me termina causando daño, que entonces sí, puede ser de segundas considerado como enfermedad? De cualquier forma, sea la depresión una enfermedad o no, la depresión se puede curar. Empezaremos previamente, antes de explicar la terapia para curar la depresión, por intentar explicar algo difícil de explicar, pero muy importante de entender. En este artículo, cómo curar la depresión

La depresión como un alma estropeada

Seguro que más o menos ya sabemos como funciona un coche: es un sistema en donde hay unos cilindros, en donde salta la chispa, y estos cilindros mueven unos pistones que mueven el sistema de biela-manivela, que mueve el eje motor; y a su vez este sistema está abastecido por el sistema del carburador que le lleva la mezcla de agua y gasolina. Y a su vez está abastecido por el sistema eléctrico que hace saltar la chispa en las bujías… Así, el correcto funcionamiento de todos los micro-sistemas de un coche hace que ese coche esté “sano”, no esté averiado. Pero un coche no tiene alma… Los hombres tenemos alma (conciencia de que existimos). Pero igual que un coche, tenemso una serie de sistemas que tienen que estar abastecidos para funcionar correctamente, por ejemplo:

-Necesitamos comer, dormir bien, estar aislados del excesivo frío y del excesivo calor.

-Necesitamos compañía, estar con gente, tener relaciones sexuales, ser comprendidos…

-Necesitamos sentirnos útiles, realizar alguna labor diaria que le de sentido a nuestra vida…

Todo esto hace que nuestra mente esté bien, que seamos felices, que estemos satisfechos de nuestra vida.

Cuando al coche de nuestro ejemplo se le estropea una pieza, por ejemplo, cuando se le pincha una rueda, el coche de alguna manera queda inútil y averiado: cuando arreglamos el pinchazo el coche vuelve a estar como nuevo. Cuando a un hombre se le estropea algo en su vida, por ejemplo, puede que este hombre esté solo y no tenga compañía, a veces nos averiamos, un poco como un coche.

Y claro, siguiendo la comparación entre un coche y un humano podría parecer que es cuestión de “arreglar” la pieza que se nos ha averiado para que nosotros y nuestra alma volvamos a estar como nuevos. Desgraciadamente ya hemos dicho que un coche no tiene alma: si en un coche arreglamos la pieza rota, pues todo el coche queda como nuevo; pero si en nosotros arreglamos esa “pieza rota”, es posible que con eso no valga para volver a estar como nuevos, debido a que podemos habernos causado una herida en el alma. Hay personas que por ejemplo, han entrado en depresión porque perdieron un familiar. Cuando con el tiempo, la persona ya había superado completamente la pérdida de ese familiar, la persona siguió con depresión durante años enteros. Esto es debido a que aunque la pena por la pérdida del ser querido se fue; la herida que nos había causado esto en el alma siguió ahí durante más tiempo. No se puede reducir la depresión a la existencia de factores externos, materiales: una depresión en gran parte es una herida, una herida que está en nuestro cerebro, que es biológica, y que afecta al espíritu, a nuestro estado de ánimo.

La depresión y el suicidio

Para complementar lo anterior, es importante comprender que la felicidad no es un estado objetivo del mundo: es un estado interior del alma de los humanos. Comúnmente el depresivo cae en el error de creer que su dolor es una condición objetiva del mundo; pero no lo es, el dolor y el placer son condiciones subjetivas de percepción de los hombres respecto a un mundo que los rodea y que los acoge. Pero un cerebro normal está de normal, en “estado on”, o sea, tiene activada la sensación de felicidad; o al menos, de satisfacción. El cerebro de un enfermo de depresión está en “estado off”, o sea, tiene apagada la sensación de felicidad y encendida la sensación de dolor.

Desgraciadamente, como el enfermo de depresión no es capaz de ver que su “estado off” es reversible y que el mundo no es tan oscuro como él lo siente, comúnmente el enfermo de depresión piensa en el suicidio como una forma de acabar con un dolor que el cree ya nunca se irá de ahí; y como una forma de escapar de un mundo que él siente como un averno, como una emanación de los efluvios del infierno que lo cubre todo y que todo lo hace triste. El enfermo de depresión tiene esa extraña sensación de “apocalipis”, cree que el mundo está acabando, y siente que su hora está cerca; que ya no podrá ser feliz, y todo lo que queda es esperar la lenta muerte; o darse una muerte rápida por medio del suicidio.

La mente del enfermo de depresión

¿Podemos pasar del “estado off” de nuestro cerebro al “estado on”? Esta es la gran noticia para los enfermos de depresión: en un 90% de los casos, sí. Pero ¿cómo lo hacemos si nuestra alma no se “arreglará” cuando arreglemos la pieza cuyo fallo nos causó la depresión?

Comúnmente la depresión suele empezar por algo que falló en nuestra vida: quizás éramos insociables; quizás se nos murió un familiar; quizás no tengamos una actividad diaria y eso nos causó sensación de inutilidad… Pero aunque superemos estos problemas, la depresión puede seguir ahí durante mucho tiempo. ¿Cómo es posible entonces superar la depresión si aunque reinvertíamos el problema que nos amargó la vida es posible que eso no sea suficiente para devolver el interruptor de nuestro cerebro al “estado on”?

A veces solucionar el problema que nos causó depresión es suficiente para que nuestro cerebro se vuelva a activar. Desde luego es una condición necesaria. Hay otras personas que entraron en depresión sin problemas externos aparentemente: ellos eran felices hasta que sin darse cuenta, su cerebro enfermó. De cualquier forma, en este universo la máquina está al servicio de la conciencia. Esto quiere decir que pulir el artefacto que empuja y que le da fuelle a nuestra vida puede ser una magnífica forma de curar al fin la depresión. Y otra vez insisto: el artefacto que empuja nuestra vida no incluye a nuestra alma: pero nuestra alma recibe fuerza del artefacto que empuja nuestra vida. Para que lo entendamos: si nos vamos un día de camping (parte del artefacto de nuestra vida) y eso nos causa una sensación de bienestar (alma de nuestra vida), entonces es evidente que relacionamos el artefacto del habernos ido un día de camping; con el subidón de felicidad que nos dado en nuestro cerebro: pero es fundamental entender que no es lo mismo el irse de camping que la sensación de felicidad que nos provoca. En el cerebro del depresivo a veces el hacer cosas divertidas no les causa placer; y por contra, la persona sana puede sentir placer aunque no haga cosas especialmente divertidas. Entonces ¿como es posible querer superar la depresión a base de pulir el artefacto de nuestra vida? Pues sencillo: en este universo todo se sustenta en la materia (Íker Jiménez es un hereje entre los físicos). Pero la materia es el viento que sopla sobre un velero: el velero no se empezará a mover hasta que el viento que sopla en sus velas no empiece a tener cierta intensidad. Además, este velero tiene que estar bien cuidado, preparado… Tanto el viento, como el cuidado de nuestro velero, forman parte del artefacto de nuestra vida. No de su alma; pero el movimiento del velero, que se produce por la conjunción entre el buen estado de nuestro velero y el viento a favor, es el equivalente simbólico al alma de nuestra vida, alma que siente placer o dolor (“estado on” o “estado off”).

Por tanto, aunque curar la depresión es devolver al alma a su “estrado off”, y eso no sea reducible a que el artefacto de nuestra vida funciona de forma óptima; pulir este artefacto de nuestra vida hasta que le salga brillo de puro resplandor es un paso fundamental para curar al fin la depresión. Si efectivamente los hombres tenemos una naturaleza semi-divina, y por tanto podemos entender cierto discurso directamente emanado de los dioses…. ¿Qué nos dirían estos si les pidiésemos consejo para curar definitivamente la depresión? O lo que es lo mismo, ¿cómo llevaríamos el artefacto de nuestra vida a su máxima expresión? Esto es muuuy largo, es el arte de la buena vida y de la felicidad. Pero damos unos puntos claves, que deben de ser mandamientos directamente llegados desde nuestros cielos metafísicos.

Cuatro puntos clave para superar la depresión

1. “Al que madruga Dios le ayuda”. Los dioses hicieron a la humanidad criaturas diurnas. Es recomendable levantarse con los primeros rallos del sol; y acostarse no más allá de unas horas después de que se metiese el sol. La mañana revivifica a ciertos tipos de temperamentos alegres y felices. La tarde te pone melancólico; y la noche te prepara para el sueño; o para el dolor de los nocturnos. Además, tenemos que averiguar cuantas horas de sueño necesitamos: dormir más es malo; y menos también. En mi caso son unas 8 horas de sueño la cifra perfecta, eso sí, contando desde que me duermo hasta que me levanto, y siempre y cuando no halla interrupciones. El sueño, a su hora y en sus horas recomendables, es un abrazo de los dioses que luego nos permite ser felices durante el día.

2. “La felicidad está en los otros”. Es necesario tener gente para hablar todos los días con ellos: con nuestra familia en las comidas; con los compañeros de trabajo, al llegar y al despedirnos; con los amigos, cuando quedamos para tomar un café. En el lento balanceo de nuestro día a día tenemos que practicar nuestras  habilidades sociales y nuestra conversación. La felicidad son los demás, por que sin los demás no hay felicidad. Ninguna otra sustancia cósmica te da una sensación de felicidad equiparable a hablar con los demás y equiparable al tener compañía de los demás.

3. “Mente sana en cuerpo sano”. Nuestra alma se mueve, y eso hace que el interruptor de la felicidad se ponga en “on”. Pero el movimiento del cuerpo afecta al del alma: el alma imita el movimiento del cuerpo. Para activar la cabeza a veces vale con activar las piernas. Si hacemos ejercicios el cerebro también se pone en movimiento. Los materialistas invocan esta prueba de que el Universo físico es autosuficiente: es evidente que el movimientos está antes que la conciencia (de felicidad, pues la conciencia nació para ser feliz); por tanto para ellos una piedra puede llegar a tener conciencia sin mayores fuerzas que las físicas. Y efectivamente, los átomos que forma una piedra pueden haber llegado a tener conciencia en el pasado; o la podrán llegar a tener en el futuro. Mueve las piernas, mueve el corazón, y moverás el interruptor de felicidad hacia el “on”.

4. “El hombre feliz es el hombre activo”. Ten una actividad, dale un sentido a tu mundo, haz algo con tu tiempo, algo productivo. Lo de menos de hacer algo productivo es que ganes dinero o reconocimiento con ello: es más importante el hecho de que tu cerebro está sano, está moviéndose como ya hemos hablado antes. Esto crea un “aura” que es tan positivo, que puede llegar a invadir completamente nuestra vida, hasta el punto de que quizás esto sea determinante para curar al fin la depresión.

Conclusión sobre cómo curar la depresión

Hay muchas cosas más, pero estas 4 me parecen muy importantes. Son recetas de los dioses directamente envidas a los hombres para que sean felices y superen la depresión. Hay que insistir, perseverar, luchar… A veces es más importante la insistencia que la calidad de realización: los grandes triunfadores del mundo comúnmente no son personas muy brillantes: son sobre todo, personas muy insistentes. Insiste y vencerás. Los dioses nos miran; miremos nosotros a los dioses e imitémoslos.

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