Cómo entender a los demás

A uno de mis clientes del coach mensual (siempre se mantiene 100% el anonimato del cliente) le comentaba que en gran parte, uno de los grandes problemas que tenemos las personas es que somos un poco autistas. El autismo es una enfermedad que te impide comprender a los demás, y actuar en consecuencia. Todos de alguna manera nos creemos que los demás tienen que ser como nosotros, y que tienen que actuar como actuaríamos nosotros. Pero esto no es así en absoluto. Generalmente, esto trae muchos problemas y complicaciones, en distintos ámbitos: en el proceso de socialización, en el proceso de cortejo y de ligar, en el mundo laboral, en el mundo familiar… Todos tenemos una personalidad distinta, y por eso no podemos esperar que los demás hagan lo que nosotros en la misma situación que nosotros. Entender a los demás consiste en entendernos a nosotros mismos desde los demás; y en entender a los demás desde nosotros mismos. Y entender a los demás es en gran parte, entender la personalidad de estos demás. Pero siempre entenderemos la personalidad de los demás desde nuestra propia personalidad. Esto es un poco como cuando miramos a la Luna en una noche estrellada: ¿estamos viendo realmente como es la Luna? ¿O el como es la Luna está determinado por el como es nuestro ojo? Digamos que lo que vemos está determinado por el con qué lo vemos. Nuestro ojo es distinto al de otras especies animales. Al fin y al cabo, el ciego topo es el que tiene una visión más acorde a la realidad, pues el porcentaje de materia real que hay en el Universo entraría todo en una pequeña esfera del tamaño de una pelota de golf. Tal cantidad de materia distribuida en la bastedad del universo, sería casi nada, invisible, oscuridad… por tanto, la casi ciega visión del topo se ajustaría mucho a la realidad objetiva, desde cierto punto de vista… El ejemplo dado tiene que hacer pensar en lo subjetiva que es nuestra visión del mundo. Podemos poner otro ejemplo: yo tengo un vaso de agua. ¿Cómo mido la temperatura? ¿Será objetiva esa medición de la temperatura? Evidentemente la temperatura se mide con un termómetro. Podemos por ejemplo meter el termómetro en el vaso de agua, y tendremos la temperatura del agua… ¡Mentira! La medición estará alterada, porque al meter el termómetro en el agua, habremos alterado la temperatura del agua debido a que esta tenía de seguro una temperatura distinta de la del termómetro. Es cierto que más o menos, el termómetro nos dará la temperatura del agua. Pero ligeramente alterada por el cambio de temperatura que el termómetro habrá generado en el agua al ser introducido en esta. Estos problemas de percepción son fundamentales en las relaciones con los demás. Comúnmente nuestros conflictos con los demás, el hecho de que no los entendamos, vienen a raíz de que nuestra visión de los demás está sesgada por mirar desde un ojo subjetivo. En este artículo, enseñamos a entender a los demás.

No puedo entender a los demás

Yo mismo he tenido muchos problemas para entender a los demás. Y es que yo creía que los demás eran como yo, delicados, sensibles, detallistas… Pero hay mucha gente que no es así. Por ejemplo, yo cuando recibo un regalo de alguien, casi se me caen las lágrimas de pura alegría… me da igual lo que me regalen, que valga mucho o poco (salvo que sea un regalo con segundas, o con contenido ofensivo…). A mí me emociona que alguien se acordase de mí… Pero me he dado cuenta que para la mayoría de la gente, al recibir un regalo actúa muchas veces de forma poco apasionada, y pragmática: ellos sólo se emocionarán si lo que le regalan es algo verdaderamente bueno… a veces ni siquiera. Y actuarán pragmáticamente, dándole escasa importancia a que alguien les haya regalado algo, a que alguien se haya acordado de ellos… en cambio, valorarán solo el objeto, sin valorar el “detalle”. ¿Es que los demás no son normales y en cambio yo sí…? Más bien es que no hay nadie “normal”.

Las personas normales

Comúnmente, cuando alguien dice que otra persona es “normal”, lo que está queriendo decir es que esa persona se parece a ella. Así, todos los líderes nacionalistas tienden a considerar como atributos “nacionales” y “normales” de la nación, a rasgos que ellos mismos portan, como una forma de proyectar su ego sobre un entramado nacional. Así, los españoles morenos tienden a insistir y requeteinsistir que es muy de españoles ser muy morenos… y que cuanto más moreno eres mejor español… Por supuesto los españoles rubios no estamos de acuerdo. Así, las personas tienden a querer imponer como “lo normal” y lo mejor, a cosas que tienen ellos, rasgos que tienen ellos y que ellos pretenden que sean canónicos de la normalidad o de la nación. El otro día, sin ir más lejos, salió por la tele un documental sobre Salamanca, sobre sus costumbres, sus gentes… Siempre se intenta definir en estos documentales una especie de “espíritu regional”. Y claro, le preguntaban a la gente que cómo eran las personas de Salamanca. Cuando preguntaron a una alegre mujer, ella contestó que los de salamanca éramos alegres, sencillos, comprometidos, divertidos y optimistas… Pero más adelante, en el mismo programa, preguntaron a un hombre más apagado y austero. Y claro, él contestó que los de Salamanca éramos austeros, serios, apagados, taciturnos y reservados… O sea, cada persona tiende a creer que los rasgos que él porta son típicos o bien de la “normalidad”; o bien de la “nación” o de la región. Los españoles a los que les gusta el flamenco siempre están diciendo que no hay nada más español que el flamenco… Pero por supuesto los españoles roqueros a los que no nos gusta el flamenco protestamos, y decimos que no tiene por qué reflejar el espíritu de lo español mejor el flamenco que el Rock and Roll, o que los bailes galaicos y “celtas” del norte, que también nos suelen gustar mucho a los españoles roqueros…

Como decimos, no hay nadie “normal”. Creyéndonos eso no nos entenderemos nunca. Más que eso, hay una serie de arquetipos de personalidad, y para entenderlos hay que entender sus características. Hay teóricos que usan el “eneagrama” para definir estos arquetipos de personalidad. Yo prefiero usar la clásica teoría de los cuatro humores, que dice que todos somos sanguíneos, coléricos, melancólicos o flemáticos. Por supuesto que hay más que estos 4 grandes tipos de personalidades, lo que pasa es que de estos 4 tipos surgen otros tipos que no son tan “puros”, que son mezclas de algunos de estos 4 tipos. Para entender a los demás, no hay nada mejor que entender estas 4 grandes formas de ser hombre o mujer. No son 4 formas aisladas e independientes. Más que eso, es un círculo, círculo que es importante entender para entender a los demás, y con cuya explicación terminamos este artículo.

Un círculo para entender a los demás

Para entender a los demás, tenemos que de alguna manera, trazar un círculo en nuestra imaginación. El círculo no tiene por qué empezar por ningún lado. Todo el mundo sabe donde empieza una línea y donde termina, pero ¿quién sabe por donde empieza un círculo? Pero pongamos que el círculo empieza en el sanguíneo… El sanguíneo es el tipo de personalidad 1. Si consideramos a esto así, entonces, una vez sabido por donde empieza el círculo, sabremos por donde continúa… Entender a las personas que empiezan este círculo de ser humanos, empieza por entender a las personas de carácter sanguíneo. Los sanguíneos forman el tipo de personalidad más simpático, más divertido, más agradable de trato. Son un poco como niños, les importa el pasárselo bien, la diversión, el estar cómodos, el ser felices y el no complicarse la vida con problemas. El problema, es que también tiene lo malo de ser niños: son poco trabajadores, son poco responsables, son superficiales, son algo pesados con el tiempo, porque aunque al principio parezcan muy divertidos, su poca profundidad se puede hacer cargante, y el sanguíneo termina siendo la típica persona que te cayó muy bien al principio; pero que con el tiempo ya no lo soportabas debido a que no tenía demasiadas cosas interesantes en la cabeza. Cuando el sanguíneo es un poco más masculino, un poco menos niño, un poco más hombre y un poco más responsable y productivo, entonces llegamos al colérico. Hemos avanzado en nuestro círculo y hemos llegado a nuestra personalidad 2.

El colérico surge por evolución fisiológica del cerebro del sanguíneo. El colérico es parecido por tanto al sanguíneo, pero ahora este es más hombre, más varonil, menos niño, más responsable. El colérico es como si el sanguíneo hubiese madurado y se hubiese convertido en una persona trabajadora y seria. El colérico es una persona con gran carácter, es trabajador, poco delicado, decidido, arrogante… Tiene mucho carácter, si se enfada tendrás en frente de ti a una persona llena de ira dispuesto a atacarte con intimidatorios palabras pronunciadas en frases de tono y volumen elevado. Incluso es posible que llegue hasta la agresión física, pero el colérico se suele controlar y no suele pasar de la pose intimidatoria creada a base de gestos de ira y de una voz fuera de tono. El colérico tiene tanta confianza en sí mismo y tanto carácter, que es normal que sea un líder natural, que dice lo que hay que hacer, y los demás obedecen en vista de que si no el colérico sacará su carácter… Es un poco el líder de acción de los grupos, el que intimida a los demás para que le sigan, y el que intimida a los demás para que trabajen más y no se queden jugando como haría el sanguíneo, estimulando de este modo la producción y el trabajo. Desgraciadamente, el colérico falla en un punto crítico: no es demasiado inteligente, por lo que su gran iniciativa se puede ver perturbada por sus malos planes y por su chapucera estrategia a la hora de empezar proyectos. Pero el carácter del colérico demuestra que tener iniciativa es muy importante. Aunque no está de más apoyar esa iniciativa y esas grandes energías en algo más de inteligencia… Y es que, cuando el colérico se vuelve más inteligente y sensible, surge el tercer tipo de personalidad, el melancólico.

El melancólico en parte es como si el colérico se hubiese hecho inteligente. Aquí se produce un cambio crítico en nuestro círculo, pues al volverse más inteligente, el melancólico se vuelve hacia sus adentros, se hace introvertido, y le da más importancia a su propio mundo interno que al mundo externo. Así, el melancólico ve el mundo externo reflejado en su mundo interno. Por ejemplo, para él que lo regalen aunque sea una pluma estilográfica, es algo que significa más que el hecho de que alguien quiera que él posea una pluma estilográfica: es una señal de aprecio hacia su persona. Es en su mundo interior donde está esta conexión entre el regalo de la pluma y la muestra de aprecio. A un extrovertido colérico le puedes regalar una pluma estilográfica, y este te puede contestar algo así como “que para qué quiere él esa mierda…”, no siendo capaz de ver el gesto de aprecio que hay en el regalo de la pluma. Pero el melancólico ve más allá del hecho de que él no necesita esa pluma estilográfica porque escribe a ordenador: él ve una señal de aprecio que surge desde su interior. El melancólico ve el mundo a través de emociones, de forma muy parecido a las mujeres, de media todas más melancólicas. Los extrovertidos sanguíneos y coléricos, ven el mundo sólo a través de funciones: ellos quieren divertirse, se van al bar; ellos quieren dinero se van a trabajar… Pero esto no es igual para el melancólico. El melancólico a lo mejor no se vanal bar aunque tengan ganas porque algo dentro de su ser le dirá que a lo mejor los demás lo miran raro cuando llegue al bar y piensan mal de ellos por ir a un bar a divertirse en vez de hacer algo más de provecho, como estudiar o trabajar… Ellos viven en su mundo interno, y creen que los demás también, por eso ellos siempre están pensando de si los demás pensarán mal de ellos por hacer esto o lo otro… Pero los demás no piensan tanto, simplemente hacen lo que tienen ganas, sin tener ese rico mundo interno que modifique el mundo externo hasta dejar a este irreconocible. El melancólico sigue teniendo cierto carácter que ha heredado de cuando el círculo iba por el lado colérico… cuando este carácter se pierde y se reblandece, entonces surge el último temperamento, el flemático.

El flemático es un melancólico de poco carácter y más pragmático. Se pueden confundir con los melancólicos, porque por fuera ambos pueden ser parecidos: lentos, parados, introvertidos, tímidos… Pero por dentro, el melancólico siempre tiene más fuego en su alma. El flemático no suele ser tan tímido como el melancólico. Lo que pasa es que es de normal más cansado, y esa pereza se puede confundir con timidez. Es más desganado que tímido, no tiene tanta vergüenza como el melancólico. A cambio, lo gana a este en pereza… Es una persona que ha perdido la emoción del melancólico, y se muestra más sosa, más calmada, no tiene tantos intereses como el melancólico, no le importa tanto salvar al mundo o salvar las ballenas. La responsabilidad se le difumina, y por lo general a un flemático sólo le importa él mismo, a diferencia del compasivo melancólico. Pero en gran parte, el flemático ha adquirido la buena inteligencia del melancólico, por lo que son personas agradables y racionales, además de más tranquilos y menos violentos que los melancólicos. Quizás no sean tan populares y activos como los sanguíneos, pero a cambio son personas más complejas y racionales, muy agradables de estar a su lado debido a su tranquila compañía y a su inteligente y sensata conversación. Cuando este flemático se vuelve un poco más interesado en lo exterior, un poco menos tranquilo, un poco menos inteligente, un poco más centrado en lo externo en lugar de en lo interno… entonces el flemático rompe con la introversión, sale a fuera, y se convierte en un extrovertido sanguíneo, cerrándose de esta forma el círculo.

Conclusión sobre cómo entender a los demás

No somos todos iguales. Para entender a los demás hay que empezar por saber qué tipo de personalidad tienen esos demás. Y además, tenemos que saber el tipo de personalidad que tenemos nosotros mismos. Luego podemos “triangular” la situación, y entonces podemos hallar una visión bastante objetiva de la realidad, lo que nos permitirá entender mejor a los demás, y de paso a nosotros mismos.

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