Cómo estimular nuestra vida

A veces nuestra vida es aburrida, monótona, insustancial… ¿Qué falla? ¿Por qué ya no logramos divertirnos como antes? Se ha llegado a decir que el hombre no está hecho para ser feliz: si no para perseguir a la felicidad. Así, mientras vamos cumpliendo nuestros proyectos, mientras vamos consiguiendo nuestros anhelos… tenemos la sensación de que cuando alcancemos esos anhelos seremos al fin felices. Y mientras perseguimos nuestros anhelos… pues estamos a gusto con nosotros mismos, aunque este estar “a gusto” no llegue al nivel de la espléndida felicidad que nosotros creemos que alcanzaremos cuando demos caza al fin a nuestros objetivos. Pero dicen que la primera parte de la decepción es alcanzar nuestras ambiciones… Esto no tiene por qué ser así, y mucha gente disfruta durante muchos años después de haber alcanzado sus ambiciones. De cualquier forma, es posible que en algún momento de nuestra vida nos sintamos atascados, aburridos, sin motivaciones, sin estímulos… sin fuerzas ni ganas de vivir incluso. Por esto, en este artículo, enseñamos a estimular nuestra vida.

La importancia de la emoción en nuestra vida

Todos necesitamos algo de emoción en nuestra vida. A veces las propias formas de vida modernas no son siempre un caldo de cultivo para la felicidad humana. Cosas como el elevado paro, las interminables jornadas de trabajo, el desprecio de la inteligencia y de la creatividad, el aprecio de cosas eminentemente prácticas, la falta de habilidades sociales de parte de la población, el encorsamiento en una vida aburrida y predecible, en donde las energías de lo novedoso ya hace mucho tiempo que se gastaron… nos lleva a estar en una vida aburrida, sin fundamento, sin emoción, sin estímulo…

Es cierto que la tecnología moderna nos ha puesto una dosis de estimulación muy fuerte sobre la mesa. Ahora por ejemplo, con el guasap podemos estar todo el día conectados al “chat” con nuestros amigos… eso es una fuerte estimulación, aunque no siempre sea positiva. Con los coches podemos recorrer largas distancias, irnos por ahí de aventuras, con lo que nuestro cerebro genera de nuevo una gran sensación de emoción, eso nos estimula y nos saca del tedio. Los videojuegos nos permiten meternos en papeles de guerreros legendarios, de pilotos de aviones, de personajes de cuentos de hadas… Los medios digitales nos permiten tener al alcance de la mano libros, música, películas… para disfrutar nosotros solos o en compañía.

De cualqeuir forma, sigue siendo el componente social, los demás, lo que más fuertemente estimula nuestra vida. De hecho, esas cosas tecnológicas no se disfrutan de igual manera en solitario que compartiéndolas con los demás… Alguien con todas las posesiones del mundo no podría ser feliz si a su vez le prohibiesen a este muchimillonario el poder tener relaciones sociales con los demás. Hay muchas cosas en nuestro entorno que pueden estimular nuestra vida, para de este modo lograr ser más felices y tener una vida más divertida. Incluso la estimulación se usa como terapia en la lucha contra la depresión y contra la infelicidad, pues a veces caemos en depresión porque tenemos una vida muy aburrida y sin los necesarios estímulos y diversiones. Por eso, para terminar el artículo, hacemos una pequeña lista de cosas que nos estimulan y que nos divierten.

Cinco actividades que nos estimulan y nos divierten

1. El trabajo o el estudio. Trabajar o estudiar, lejos de los tópicos, no solo sirve para ganar más dinero o para saber más: nuestro oficio diario nos llena unas horas de actividad al día que son fundamentales para alcanzar la felicidad y para sentirnos a gusto con nosotros mismos. Necesitamos tener algo que hacer al día, porque así nos programó la evolución, para estar activos, para hacer algo de provecho. Aunque parezca que cuando trabajamos no nos divertimos mucho, el trabajo a veces es una condición necesaria para que cuando salgamos del trabajo, podamos disfrutar de verdad de nuestras horas de ocio. Hay persona a las que las tocó la lotería, que abandonaron sus trabajos para así poder dedicarle toda su vida al ocio… y que al cabo de unos meses, retornaron voluntariamente a sus antiguos trabajos porque se aburrían entre tanto ocio, y porque ya no lo disfrutaban como antes. Y estas personas no retomaron sus antiguos trabajos (a veces escasamente creativos) por necesidad de dinero: si no porque veían que su felicidad y su satisfacción y su estímulo vital ya no era el que antes, se aburrían, se sentían hastiados de no hacer nada. El oficio diario estimula, aunque parezca que es aburrido estar todo el día haciendo hamburguesas o barriendo las calles… y estimula porque evolutivamente estamos hechos para trabajar, y el que no trabaja cae en no mucho tiempo en el hastío más absoluto de la inactividad, hasta el punto que ya ni podrá disfrutar su ocio como las personas que trabajan. Además, así nos sentimos útiles, y no hay peor sensación en el mundo que sentirse inútil.

2. Las personas. Los demás, los amigos, la familia, la pareja, los hijos, los padres… son una fuente de estimulación también muy poderosa. Cuando estamos con los demás, nuestra alma se expande, nos abrimos al mundo, porque los demás generan en nuestros cerebros una serie de reacciones que lo hacen más receptivo ante las sensaciones positivas del mundo. Cuando estamos solo, nuestras almas se cierran, como si fuese una flor que se cierra por la noche tras haber estado receptiva por el día al cálido sol. Y entonces nuestra alma va perdiendo la capacidad de captar el lado positivo del mundo, y las buenas sensaciones del mundo. Por eso mismo a veces necesitamos estar solos: cuando los demás abren nuestra alma en exceso, necesitamos alejarnos de ellos para que esta se cierre un poco porque cuando se abre en exceso nos duele un poquito, ya que somos hiperreceptivos ante todo, y nos entra algo de estrés. Pero las personas que están siempre solos, tienen su alma siempre cerrado, y eso les impide que su alma capte la gran cantidad de emociones que invaden el mundo. No es que sea divertido estar con gente: es que después de estar con gente, disfrutaremos más de nuestra soledad, cuando escuchamos música solos lo disfrutamos más; cuando leemos un libro solos lo disfrutamos más…

3. Las relaciones amorosas. El amor y la sexualidad siguen siendo una fuente de estímulos enorme. Sentirse atado en el mundo a otra persona, sentir que donde quiera que estemos, esa otra persona estará pensando en nosotros; y nosotros en ella. Sentir que hemos encontrado el propio sentido de nuestra vida, y que está en el cuerpo y el alma de otra persona que tenemos localizada y atada a nosotros por fuertes vínculos, es una fuente de emoción y de estímulo enorme en nuestra vida. Nunca somos tan felices como cuando amamos. El problema viene que tampoco somos nunca tan vulnerables como cuando amamos, pues si perdemos a la persona amada, puede que eso nos arrastre de la felicidad a una espiral de dolor insondable. Pero el dolor también estimula quizás hacia la búsqueda de más amor, hacia la búsqueda de otros horizontes vitales.

4. Las aficiones. Tener aficiones es otra fuente de estímulo y de satisfacción fundamental. Se trata de aficionarnos a cosas que nos diviertan, que nos gusten, que nos “enganchen”… Pueden ser mil cosas, la literatura, el baloncesto, la bici de montaña, el senderismo, una serie de la tele, componer canciones, escribir libros, leer y coleccionar comics… Hay mil cosas, yo aconsejo no agobiarse teniendo muchas aficiones y muchos intereses… Yo me he agobiado mucho, quería hacerlo todo a la vez… por eso he ido rebajando mis excesivos intereses, y quedándome con algunas cosas que eran las que yo había elegido. Ya no seguiré por ejemplo interesándome por la programación JAVA… tampoco por los videojuegos, más que alguna partida ocasional a un clásico arcade… eso me sobreestimulaba y me terminaba por agobiar. Hay que elegir, y yo he elegido mis propias aficiones e intereses: algo de música, escribir, algo de deporte, y salir por ahí con mis amigos de vez en cuando… Con eso me vale, tener tantos intereses como yo tenía antes era agobiante… pero no tener ninguno es aburrido y poco estimulante.

5. Las salidas. Por Dios, espero que no se me mal interprete cuando digo que “las salidas estimulan nuestra vida”, creyendo que por “salidas” me refiero a mujeres de deseos sexuales ardorosos… Por lo de “salidas” me refiero a hacer cosas fuera de casa, a salir a cenar con nuestra pareja, a ir al cine con nuestros amigos, a quedar el domingo por la tarde con nuestros amigos para ir de pinchos… Salir de vez en cuando por ahí, nos aporta una ruptura con lo de siempre, el estar siempre en casa viendo la tele, o solos, o con nuestra pareja, o con nuestra familia… Las mujeres con maridos o parejas más insensibles se quejan siempre de que son aburridos, de que son agarrados, de que no quieren nunca salir a ningún lado porque ellos dicen que “qué más da comer en un restaurante que en casa, y así de paso nos ahorramos un poco de dinero”… Romper de vez en cuando con la rutina, saliendo por ahí, o con nuestra pareja, o con nuestros amigos, incluso solos, le da mucha emoción a nuestra vida, hasta cuando regresamos a casa después de una romántica noche de cena, parece que nuestra casa ha cambiado y que ya no es la misma… Eso es porque salir por ahí estimula mucho nuestro cerebro, genera sustancias que luego nos hacen ver el mundo de forma más emocionante y divertida. Incluso aunque sea el mismo mundo de siempre, la casa, el trabajo… parece que vemos estas cosas de forma más placentera que antes. Por eso, cuando salimos por ahí no sólo disfrutamos de la salida; si no que al volver a casa y estar en ella de nuevo, parece que ahora disfrutamos más de lo mismo que antes. Las mujeres siempre captan estas sutilezas mejor que los hombres, por eso no es raro que suelan se ellas las que quieren salir más cuando tienen pareja; en cambio, ellos como ya tienen pareja, parece que se acomodan y ahora ya no quieren salir… El mundo al revés: a ellas las gusta más salir por ahí cuando tienen pareja; y a ellos los gusta más salir por ahí cuando no tienen pareja. Y viceversa: cuando ellas no tienen pareja no las gusta tanto salir por ahí; y cuando ellos tienen pareja, no los gusta tanto salir a divertirse fuera de casa. Ellas parece que siempre necesitan más estímulos, tienen un cerebro más exigente que ellos y aprecian más y mejor la diversión y los placeres de la vida… Por eso ellas aman a los hombres que saben darlas eso que ellas necesitan, diversión, estímulo… (sí, ya sé que parece que me ando pasando de un artículo de vida y felicidad; a uno de seducción… pero es que todo tiene que ver con todo).

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