Cómo evitar que la timidez te paralice

A veces, la timidez te causa una especie de parálisis social, parece que no puedes hablar, parece que no te puedes mover, parece que algo invisible te ha atado y te quedas medio paralizado y sin poder hacer nada. Precisamente, uno de los clientes de coach mensual que tengo ahora mismo, cuenta que le pasa esto. Pero es que a mí también me ha pasado esto en otra época de mi vida. ¿Por qué pasa esto, por qué los tímidos a veces nos paralizamos por puro terror social? Es como si tú pasases de ser una persona más o menos normal; a ser un medio cadáver que no sabe integrarse en las conversaciones con los demás, que no sabe reaccionar con naturalidad y con movimientos espontáneos, que olvida incluso mantener su cuerpo firme y se agacha y encoge como si esperase un ataque de esas otras personas que, incrédulas, no entienden por qué la persona tímida se muestra engarrotada, sin decir nada, como asustada y como si no pudiese empatizar y conectar en absoluto con las conversaciones de los demás. En este artículo hablamos de la parálisis que causa la timidez, y aprendemos a evitar que la timidez nos paralice.

Dos relatos para entender la parálisis por timidez

Para entender buen el fenómeno de la parálisis por timidez, vamos a narrar dos pequeños relatos sobre dos personas distintas, que se comportan de forma distinta en sus interacciones sociales:

1. La timidez de José Mari

Soy Helena, resulta que hoy ha sido el primer día de instituto. He conocido a mis nuevos compañeros para este año, son todos muy simpáticos, chicos y chicas… he hablado ya con muchos de ellos. Y todos me han caído muy bien.. Bueno, me he encontrado también a un chico muy raro. Se llama José Mari. Al principio parecía un chico normal…Cómo evitar que la timidez te paralice en clase todo iba más o menos bien. Pero al salir al patio en el recreó, nos hemos reunido todos los compañeros para hablar entre nosotros y para empezar a conocernos… También estaba José Mari por allí… pero parecía comportarse de forma rara. En un primer momento parecía que era uno más, se acercó al grupo con todos nosotros, y parecía estar muy dispuesto también ha interactuar con nosotros para empezar a conocernos… Pero algo raro pasó después.

Y es que, cuando ya estábamos toda la clase en el patio, hablando unos con otros, resulta que José Mari permanecía como muy rígido, como parado. Además, empezó a hacer cosas raras con su cuerpo, se encogía mucho, se agachaba y agachaba la cabeza, y miraba al suelo. Intentábamos hablar con él, pero él apenas respondía con una sonrisa tímida y con monosílabos del tipo “si” o “no”. A veces contaba algo más, pero su conversación no duraba mucho, y era titubeante y forzada, como si le diese miedo hablar con nosotros.

Al final, él se fue aislando del resto, aunque lo intentábamos meter en el grupo, pero nuestros intentos de integrarlo y de hacerlo hablar y acercarse a nosotros fallaban, porque se seguía mostrando muy asustado y sin lograr apenas articular paraba. Al final, José Mari cada vez estaba más nervioso, hasta que entonces empeoraba sus síntomas, y tartamudeaba al hablar lo poco que hablaba, temblaba su cuerpo, y para colmo, poco a poco se empezó a alejar de nosotros hasta que terminó sólo al lado de la pared del gimnasio del instituto, medio agachado y sin relacionarse ya con nadie.

2. La confianza de Evaristo García

Soy Irene, y resulta que hoy he salido de fiesta por ahí con unos amigos. Y a su vez, estos amigos me han presentado a unos nuevos amigos que ellos tenían. Entre estos amigos había tanto chicos como chicas. Todos me han caído muy bien, son muy simpáticos y el día de hoy me ha servido para hacer nuevas amistades en esta ciudad. Uno de los chicos nuevos que me han presentado me ha llamado especialmente la atención. Se llama Evaristo García. Al principio parecía uno más, aunque ya desde que lo vi me impresionó, por su sensación de confianza y por su mirada y por sus movimientos decididos. Luego me impresiono aún más…

Y es que, ese Evaristo García es un tío con mucha confianza, habla muy bien, te quedas alucinada con la cantidad de cosas interesantes que cuenta. Y además, sabe escuchar, yo le he contado que hace un año murió mi padre, y él me ha consolado, y ha entendido que aún no halla logrado recuperarme del todo. Me ha dicho que el dolor pasado es lo que nos permitirá tener una felicidad futura, y que al final del túnel de la desesperanza está la luz de la esperanza. Dice cosas muy bonitas. Y además se mueve con muchas gracia, y tiene un carácter muy interesante.

Evaristo García es un tío muy decidido, se mueve con una extraña mezcla entre elegancia y confianza en sí mismo. Habla muy bien, bonito, claro… además sabe escuchar, y es tranquilo pero a su vez activo, siempre propone cosas, siempre está animando al grupo si este decae… tienen sentido del humor, pero también tiene un buen estado de ánimo. Desprende una sensación de buen rollo increíble, y solo estar a su lado, ya te anima porque te contagia su optimismo, su sociabilidad, la fuerza de sus movimientos, la fuerza de sus conversaciones animadas e interesantes a más no poder… Se mueve de una forma que no me puedo quitar de la cabeza, con esos movimientos elegantes pero muy vivos a la vez….

La falta de autoestima y la parálisis por timidez

Sí, lo habéis adivinado. Yo soy tanto José Mari (primer relato) como Evaristo García (segundo relato). Yo he sido esas dos personas y los testimonios de Helena e Irene podrían haber sido perfectamente reales. ¿Qué me pasaba en el testimonio número 1 de Helena? ¿Por qué me quedaba yo antes como medio paralizado de terror ante las interacciones sociales? Cualquiera de mi instituto os podría decir que no exagero ni un pelo en el contenido del primer relato, yo era un caos social absoluto. Además, cualquier persona que he conocido en los últimos dos años, os podría también confirmar que ahora soy visto por los demás como una persona agradable, popular, divertida… y como una buena pieza para una chica que me termine cazando… Pero eso es ahora. Antes  yo asustaba a las tías con mi parálisis por timidez.

¿Qué me pasó? Y lo que no es menos importante ¿Cómo pude yo acabar con la parálisis y con la timidez que me causaba esa parálisis? Con una aproximación a intentar contestar estas dos preguntas, terminamos el artículo, no antes sin advertir, que son preguntas largas de contestar y aquí sólo podemos dar unas nociones generales.

¿Qué me pasó? ¿Por qué desarrollé parálisis por timidez?

Yo de pequeño era un chico valiente, decidido, y además noble y que causaba cierta simpatía ente los demás por ser valiente, decidido y cercano a los demás. Pero también era un chico de cierta introversión, con un rico mundo interno, con neurona por decirlo así… Era inteligente e introvertido a la vez. Era muy activo y luchador. ¿Y con todo eso, cómo pude entonces caer en timidez?

Pues no lo tengo claro, pero creo que tiene que ver con ciertos problemas que he tenido siempre debido al mal carácter de alguna persona muy cercana a mí. Eso arruinó mi autoestima, y yo, que me hubiese comido el mundo en la adolescencia; que hubiese podido ser el más popular y ligón del instituto, pues me convertí en una sombra de un fantasma que apenas podía siquiera andar recto. ¿Por qué? Por que yo, como consecuencia de estos malos tratos psicológicos, arruiné mi autoestima y le cogí pánico a la gente, porque para mí la gente era peligro, ellos me podían atacar… Y claro, yo me comportaba con el tiempo como si la gente fuese peligrosa. No conseguí tener trato de igual a igual con los demás por que la falta de autoestima y las malas experiencias con gente me condicionaron para tener esa parálisis que tenemos cuando sabemos que algo en el ambiente es peligroso, o cuando creemos que estamos a punto de ser atacados.

¿Cómo pude acabar con la parálisis y con la timidez que me causaba la parálisis?

Ha sido un proceso largo y complejo, en el que yo he intentado ir poco apoco recuperando la autoestima perdida al final de la infancia y justo antes de empezar la adolescencia, y a lo largo de toda la adolescencia. Mis problemas con personas cercanas han sido graves, y muchas veces me dejaron muy cerca del suicidio, y a día de hoy colean algunos asuntos por ahí. Pero he conseguido completar un desarrollo de adulto normal, maduro, interesante, con perspectivas a largo plazo… Eso lo he conseguido en solitario, a base de luchar, de mejorar mi autoestima, de ir consiguiendo cosas en mi vida que me demostraban que yo valía mucho.

A día de hoy me comporto como una persona popular, alegre, con confianza… Eso sí, cuando está cerca alguno de esos que me fastidiaron la autoestima no logro comportarme de forma “normal” y parece que vuelve el viejo fantasma que ha descrito muy bien el testimonio de Helena. Incluso no logro comportarme de forma normal con conocidos o amigos de las personas que yo digo que me fastidiaron la autoestima… como si ellos me transmitiesen un poco esa crueldad y estupidez de esas personas pasadas. Pero eso no es en absoluto problema: simplemente hay que poner tierra de por medio entre todo ese mundo pasado y mi nueva vida, feliz, madura, adulta… Cuando me comporto de forma “rara” y con parálisis por timidez, esos tíos y tías que están delante de mí se creen que yo soy así, callado, poco simpático, retraído, paralizado… ¡Pero no! Ellos ni se pueden imaginar que cuando cambio de ambiente de me transformó completamente, hasta ser una persona popular, habladora, con confianza, divertida… Seguro que si supiesen mi verdadero yo y las causas de mi parálisis por timidez, alucinarían en colores.

Por tanto a día de hoy soy un hombre completamente recuperado, porque yo logré desconectar la asociación entre “los demás” y el peligro; y porque yo logré recuperar mi autoestima y lograr hacer vínculos con los demás de igual a igual. En este escenario, las oportunidades que te pueda ofrecer la sociedad son fundamentales, porque si no puedes por ejemplo irte lejos de los malos ambientes (para lo que se necesita un trabajo y un futuro en un país que te lo pueda proporcionar), entonces lo tienes jodido y a lo mejor te pasarás así años sin poder hacer nada. Siempre se dice: los pueblos embrutecen, empobrecen y envilecen. El ambiente decadente y agresivo de los pueblos no ayudó a alguien como yo inteligente, pero delicado a la vez.

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