Cómo expandir nuestras posibilidades vitales

Si por casualidad algún antropólogo descubriese a uno de esos famosos “hombres de cromagnon” u hombres de las cavernas en algún recóndito lugar de la Rusia siberiana… o en la selva del Congo, o en el Amazonas brasileño… y el antropólogo cazase a ese cromagnon y lo trajera hasta la ciudad de Barcelona, el propio hombre de cromagnon nos haría reflexionar un montón. Imaginemos a ese hombre de cromagnon metido de repente en la civilización, en un mundo que no comprende, que es complejo, en donde hay mucho tráfico, en donde hay Internet, en donde hay unas normas sociales mucho más complejas que en su sociedad de la edad de piedra, en donde hay un montón de libros, y en donde hay paginas web en donde se aloja un montón de conocimiento… ¿Podría integrarse este hombre de cromagnon en el urbanita ambiente de la ciudad de Barcelona? Posiblemente no, y para el cromagnon la vida en esa gran ciudad sería un espanto porque no se enteraría de nada, no sabría tratar con la gente, no sabría navegar por Internet… El cromagnon sobreviviría con ayuda a duras penas intentando escapar del ruido de la gran ciudad que a él le parece tan amenazante.

Pero ¿por qué no podría este hombre de cromagnon adaptarse a la vida en la ciudad de Barcelona? ¿Es que acaso el hombre de cromagnon es de una especie distinta a nuestro homo sapiens moderno, y esa diferencia biológica sería la responsable de su falta de adaptación? Contundentemente no, los cromagnones son hombres biológicamente muy parecidos y casi iguales al hombre moderno. ¿Entonces, por qué el cromagnon no podría integrarse en la vida de esta mundanal ciudad? Pues por que su desarrollo se ha producido en un ambiente muy distinto al de la ciudad de Barcelona: se ha desarrollado entre árboles, en los bosques, en los ríos, y no se ha desarrollado entre los edificios, en los barrios, en las escuelas… Su epigenética se ha adaptado a un mundo muy distinto al de la ciudad de Barcelona. Y una vez que los genes tomaron forma mediante el molde que es el ambiente, no hay apenas forma de remoldear esos genes pues es como la arcilla que una vez dada forma y secada al sol, ya no es posible darla de nuevo formas nuevas.

Sin embargo nosotros, alegres o tristes ciudadanos de la Europa sureña, estamos adaptados a las formas de vida de la ciudad moderna y de tipo occidental. Si a nosotros nos hacen lo propio y nos raptan y nos mandan a vivir al Amazonas o a la taiga de Siberia, es posible que tampoco consiguiésemos adaptarnos y pereciésemos rápido, salvo que fuésemos Rambo o Aznar (que no es que sea tan duro como Rambo, a pesar de sus abdominales, pero seguro que hacía buen negocio recalificando el Amazonas o algo así…). Aún así, nosotros los ciudadanos de occidente, tenemos una característica que está acentuada respecto al pobre y poco adaptable cromagnon: somos seres muy plásticos, podemos aprender de todo, podemos aprender informática, podemos aprender a trata con la gente, podemos aprender nuevas rutinas de vida, podemos aprender a arreglar lavadoras o a mejorar nuestra memoria y nuestra creatividad… ¿Y por qué nosotros podemos aprender y el pobre cromagnon no? No se sabe a ciencia cierta, pero sí es seguro que es así, pues se puede decir que lo del “experimento mental” del cromagnon en Europa pasó de verdad ( como demuestra el niño de los lobos de Francia, que era un niño que se crió entre lobos y luego fue “rescatado” e intentado “recivilizar”, al final el niño murió porque no se adaptó. Y también he oído hablar de niños criados entre gorilas y otros simios que tuvieron un destino similar y triste, porque no se pudieron adaptar a las formas de vida del hombre moderno). Sea por lo que sea, la capacidad de aprendizaje que tenemos los hombres y mujeres occidentales nos hace muy adaptables, e incluso esto sirve de mecanismo que nos ayuda a expandir nuestras posibilidades vitales.

La zona de confort y las nuevas posibilidades

A veces se habla en psicología práctica de eso de “zona de confort“. La zona de confort es nuestro trocito de mundo, en el que nosotros nos sentimos muy a gusto y del que no queremos salir. Por tanto estar en nuestra zona de confort tiene una cosa buena: estamos muy a gusto en ella y no necesitamos más… Pero lo malo es que nuestras posibilidades vitales de este modo, al rechaza probar cosas nuevas y al rechazar no salir de nuestra zona de confort, pues se estacan. Para que lo entendamos: es muy fácil seguir usando Windows, haciendo lo mismo de siempre, con los cómodos cuadraditos en donde “picas” y se abren, con los mismos programas para niños de cinco años de siempre…Cómo expandir nuestras posibilidades vitales Lo difícil es pasarse a Linux, aprender a gestionarlo por el lenguaje de comandos, aprender a ir más allá de ejecutar sencillos programas, metiéndose en el código… Windows es más fácil, es más cómodo; pero a su vez, nos quita las posibilidades de expandir nuestro mundo.

Pero lo cierto es que a largo plazo siempre nos arrepentiremos de no haber ampliado y expandido nuestra posibilidades vitales. Sí, se está más cómodo hiendo del trabajo a casa y de casa al trabajo, viendo la tele los findes, tomándose una cerveza en el bar de vez en cuando,… Y hacer esto siempre, un día y otro, o lo que sea que hagamos… Al no probar cosas nuevas, pues no nos complicamos, y estamos más o menos a gusto y en una vida cómoda. Pero a su vez, las posibilidades se limitan, porque así por ejemplo, muchos solteros sin novia que yo conozco, se pasan la vida de este modo, y como no está dentro de su “zona de confort” el moverse un poco más para buscar alguna chica, pues al final se quedan para “vestir santos”, eso sí, cómodamente.

Cómo ampliar nuestras posibilidades vitales

¿Y cómo evitamos esto? ¿Cómo salimos de nuestra zona de confort y ampliamos nuestras posibilidades vitales? Por supuesto, esta ampliación de nuestras posibilidades vitales puede aplicarse en muchos ámbitos (el amor, el trabajo, el aprendizaje de nuevas habilidades de todo tipo, la sociabilidad, las formas de vida, la espiritualidad, la solución de nuestros problemas y la persecución de nuestras ambiciones…). Pues para salir de nuestra zona de confort y ampliar nuestras posibilidades vitales, tenemos que de alguna manera, empezar por aprender nuevas cosas. Yo por ejemplo antes no sabía tratar con gente, no sabía ir a Madrid y volver, no sabía navegar por Internet, no sabía nada de blogs ni de Internet, no sabía nada de chicas y de relaciones… Yo decidí salir de mi zona de confort, porque sentía que mi mundo, aunque cómodo, era muy limitado. ¿Y cómo hice yo para ampliar mis posibilidades vitales e ir saliendo de mi zona de confort poco a poco, en busca de nuevas aventuras y de nuevas experiencias?

Pues aprendiendo habilidades: aprendí a tratar con los demás, aprendí cosas de Internet, aprendí a moverme por la ciudad, aprendí a tratar con mis semejantes y dejé de este modo de ser un tímido esquivo, aprendí a aprender incluso…

Ahora sé que para que mi vida no se estanque y siga ganando experiencias, habilidades, mejoras… tengo que estar constantemente aprendiendo nuevas cosas, de todo tipo: de sociabilidad, de informática, del mundo laboral, de las chicas, de los usos de la ciudad, de formas de vida… Este proceso de aprendizaje es a veces duro y doloroso, porque por ejemplo mi timidez puede hacer que yo intente escabullirme en ese día en el que yo pretendí aprender a sargear (o sea, entrar a tías desconocidas para hablar con ellas y ligármelas…). Por eso a veces no queremos salir de nuestra zona de confort, porque el cambio comúnmente es doloroso, y el aprendizaje es un tipo de cambio (el dolor del cambio se refleja muy bien en los rituales de transición denominados “ritos de paso” que describe la antropología, por ejemplo, un rito de paso es la circuncisión, en donde se simboliza la llegada de los hombres a la edad adulta mediante la amputación del prepucio, que es muy doloroso pues se hace normalmente sin anestesia).

No hace falta llegar a esas burradas… pero aprender, y salir de la zona de confort, y expandir nuestras posibilidades vitales, a veces duele un poco por que cuesta aprender y por que se sufre haciendo cosas nuevas y porque es más fácil pasarnos la vida siendo analfabetos informáticos antes que ponerse a aprender a programar o a usar Linux, y aprender a gestionar los equipos informáticos de forma más profesional. Se sufre un poco por el esfuerzo que hay que realizar, pero el resultado debe de merecer la pena

¿Y cómo aprendemos nuevas habilidades que a su vez son formas de expandir nuestro mundo? Fácil, yo aconsejo el método de “un paso por día”. Y se trata de dejarse de hostias y de excusas, y cada día, sin excusa ninguna, dar un pasito para abrirnos camino a través de ese horizonte vital que pretendemos conquistar. Cuando lo dejamos, aunque solo sea un día, comúnmente nos toca volver a empezar porque se nos termina olvidando todo y porque perdemos el ritmo que habíamos cogido, ritmo que nos motivaba a seguir avanzando hacia adelante. Por eso la constancia es fundamental para abrir estos nuevos horizontes en nuestra vida. Y por supuesto, cuando hayamos conquistado esos horizontes, en no mucho tiempo nos sentiremos muy cómodos de nuevo en el mundo que hemos conquistado, y ahora no tendremos una vida tan limitada como antes de dar el valiente paso de salir de nuestra zona de confort. A veces hay que tener las agallas de hacer lo que tenemos que hacer, como bien sabe el personaje Nunn de mi novela La Reina de los Hielos, que dio un “paso” fundamental en forma de un monumental salto, entregándose de esta forma a las fauces de una terrible bestia, pero él sabía que sin dar ese horrible y espantoso paso-salto, sus sueños y los sueños de sus compañeros de aventuras nunca se convertirían en realidad.

Como ayuda para salir de nuestra zona de confort, aconsejamos el coach por e-mail de Erik360.

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