Cómo motivarse: autohipnosis e hipnosis inducida.

Cuenta la leyenda que Buda era capaz de alcanzar un grado tal de concentración que, un día, estando tan absorto en sus ejercicios de meditación, se llegó a abstraer tanto del mundo exterior que le rodeaba que no de dio cuenta del paso de un tifón. El poder de la mente es de una profundidad considerable. No vamos por eso a caer en mistificaciones idealistas que creen que todo lo controlamos con la mente y que no tenemos más que desear algo con todas nuestras fuerzas para que casi automáticamente nuestro cuerpo sea capaz de conseguirlo… Siempre repito que el tribunal de la razón debe de desenmascarar a farsantes, a predicadores, a líderes de secta, a políticos mediocres o a economistas subnormales…

como motivarseEl método que proponemos aquí para controlar nuestro mundo con nuestra mente está sobradamente probado, a diferencia de otro polémico y “secreto”  método. No hay que confundir con esos patéticos espectáculos de la tele también llamados “hipnosis”, en donde un hombre con supuestos poderes paranormales es capaz de controlar totalmente a otro hombre, haciendo las veces de una especie de Zombie. Para todos los que aún no estén advertidos, este tipo de hipnosis es puro fraude, está todo pactado de antemano. Aunque es por supuesto totalmente posible ser manipulados por otro por medio de la sugestión, pero en ningún momento llegaremos a perder la consciencia de nuestros actos. Y si no, no tenemos más que ver la deplorable manipulación a la que somos sometidos por los informativos de las grandes cadenas de televisión…

Pues como digo, el poder de la sugestión sí es real. Podemos hacer un experimento: vallamos una noche a un descampado, o a alguna casa en un pueblo perdido vacía, por ejemplo, a la antigua casa de nuestros abuelos. Aparcamos enfrente de la casa, cogemos la llave y entramos tranquilamente. Todo está oscuro, buscamos la luz a ciegas. Tardamos un rato en encontrarla. Venimos de la ciudad, nos hemos despedido temporalmente de nuestra familia para pasar una noche en la vieja casa de nuestros abuelos con el fin de hacer este experimento. En nuestro piso de ciudad fuimos todo lo felices que pudimos, comimos con nuestra familia, hablemos de ir de excursión y cuando volvamos sabemos que nuestra maravillosa y feliz vida seguirá como si nada. Durante el trayecto de media hora hasta el pueblo de nuestros abuelos fuimos escuchando la radio, cambiemos varias veces de emisora, un rato escuchábamos los éxitos de moda de la radio musical y otro rato seguíamos ese partido de fútbol que nos causa interés. Con esto, lleguemos al pueblo de nuestros abuelos, cogemos las calles adecuadas para llegar a la casa… El pueblo está más oscuro que la ciudad y parece estar muerto. Aparcamos y entramos en la casa. Como dije, buscamos la luz a ciegas… al final la encontramos y vemos la barroca decoración de la casa de nuestros abuelos. Está todo lleno de polvo, hay telarañas incluso hemos delatado a un ratón que mordía los muebles. El ratón desaparece por un agujero, aunque no nos a asustado en exceso su presencia… Entonces vamos al salón de la casa, hay libros, está todo lleno de polvo, parece una casa salida de otra época.

En todo este tiempo nuestra mente ha estado más en otro lado: en nuestra anterior vida de ciudad. Pero ahora vamos a hacer el experimento. Vamos a limpiar uno de los viejos sillones y nos vamos a sentar con la luz encendida. Y vamos a empezar a pensar. Vamos a empezar a pensar que es posible que no estemos solos en la gran casa de nuestros abuelos. Con la crisis inmobiliaria mucha gente a ocupado casas ajenas y el polvo de la casa parece haber sido removido en ciertos lugares. Además, la pantalla de la vieja tele parece estar totalmente limpia, lo que sólo se explica si alguien se ha molestado en limpiarla para poder verla luego. Ahora imaginemos la posibilidad de que ese supuesto no deseado y no autorizado inquilino esté viviendo en el desván, justo encima de donde estamos nosotros… No es imposible, pues, de repente, parece que dejamos de imaginar y efectivamente, empezamos a oír pasos encima de nosotros… Nos asustamos, entremos a la casa con la luz apagada, estuvimos varios minutos intentando hallar el interruptor completamente a oscuras, y  nos ha entrado un pánico horrible cuando buena parte de la casa está iluminada… El mundo de felicidad en la ciudad en el que vivíamos hace sólo unos minutos se está desvaneciendo. Estamos entrando en un mundo de tinieblas y de seres que nos acechan entre las polvorientas cortinas… Ya no tenemos dudas de que se oyen pasos arriba… nos armamos de valor, cogemos una linterna (pues en el desván no hay luz) y nos dirigimos allí. Apagamos todas las luces menos nuestra pequeña luz eléctrica, pues nos delatarían. Vamos por el pasillo totalmente a oscuras, abrimos la puerta del patio, al final del pasillo. Estamos cerca de la escalera del desván, atravesamos con un gran pavor el gran patio interior de la casa, dejamos la gran cocina a nuestra izquierda, con el miedo de que alguien pueda esconderse ahí y se termine abalanzando sobre nosotros… Subimos, oímos movimiento en el desván… la puerta está abierta… subimos por las escaleras con los ojos pendientes de la posible aparición de una figura antropomorfa en el límite de la puerta… Estamos a punto de echar a correr. No sabemos que es lo que se esconde en el desván… Ya llegamos arriba, antes de entrar en el desván hay una especie de balcón en donde está la puerta de entrada. Esperamos escuchando, y oímos pisadas sobre la paja de lo que era un antiguo granero. Las pisadas parece que se van acercando a la puerta, nos vamos a encontrar de frente con el intruso, sea quien sea… ya lo tenemos de frente, casi estamos cara a cara, las pisadas sobre la paja lo delata, a esa bestia quizás salida del mismísimo infierno, es inevitable, enfrentémonos a nuestros fantasmas, a ese ser antropomorfo de cuernos de ciervo y cara de cabrito, que anda sobre unas piernas también de cabrito y ha venido para llevarnos al mismísimo abismo. Ya nos vamos a encontrar de cara con él, pues las pisadas sobre la paja ya están encima… nosotros estamos de espaldas sobre la pared del granero, justo al lado de la puerta, de repente, ya se empieza a ver la cabeza de la bestia que aparece por la puerta: era el gato de los vecinos, que al vernos sale despavorido escalera abajo hasta salir por donde a entrado, un agujero en la puerta trasera.

El poder de la mente es enorme. Jugando con nuestro pensamientos, sabiendo pensar y abstrayéndonos, podemos inducirnos estados de ánimo que nos ayuden a controlar nuestro mundo externo. Es una cuestión de practicar, por ejemplo, cerremos los ojos e imaginemos toda esta escena, hasta que sea casi real. Hay otras muchas escenas posibles, por ejemplo, que caminamos por un bosque cuando empieza a anochecer… Piensa, siente todo esto hasta que sea todo real. Con el poder de la mente podemos incluso llegar a abstraernos del dolor, pues controlaremos nuestra conciencia hasta que no halla dolor. Pero esto lleva tiempo, es cuestión de practicar todos los días, de hacer que en nuestra mente exista lo que no existe fuera, o mejor, de controlar nuestra mente hasta el punto que se adapta a la perfección a lo que existe fuera. Es ideal practicar esto, la autohipnosis, la técnica del Buda para conseguir con su mente poderes casa paranormales, pero muy reales. También podemos acudir a alguien que nos “hipnotice”, la hipnosis inducida. Con la ayuda de alguien será más fácil alcanzar estos estados, nos guiará a través de sitios que, aunque sólo existan en nuestra imaginación, son muy reales.

Por supuesto todo esto será una gran ventaja a la hora de afrontar las dificultades del día a día. Nos ayudará a afrontar nuestros miedos y a conseguir nuestras metas: perder la fobia social; hacernos más líderes; conseguir el trabajo deseado; perder el miedo a la oscuridad; acabar con nuestra incontrolada ira; o ser capaz de controlar el dolor que nos causa la fibromialgia o la depresión. Es una cuestión de práctica, por ejemplo, visualicemos eso que tenemos tanto miedo de hacer e inmediatamente después, salgamos a hacerlo. Estarás en un estado de consciencia distinto, más propicio. Verás qué diferencia…

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