Cómo recuperar la felicidad perdida

Muchas personas no son felices. Quizás muchas de estas personas que no son felices, fueron felices en otros tiempos. ¿Y qué ha pasado? ¿Por que ahora no podemos ser felices? A veces la terrible enfermedad de la depresión entra en escena. Nuestras emociones se pierden y nuestro cerebro nos genera sensación de dolor. Es hora de entender lo que es la felicidad. Y la felicidad no es un ente estático y siempre igual a sí mismo: la felicidad es dinamismo, es moverse, es andar. Nietzsche decía que “la felicidad está en los hielos”. Pero no sentado sobre el hielo, si no caminando. ¿No os pasa que ha veces cuando estáis mal necesitáis salir a dar un paseo por la calle? ¿No os alivia eso? Salimos a la calle o al campo, y nos ponemos a caminar. Vamos viendo el ambiente que depende de por qué parte de la ciudad o del campo caminemos: vemos las tiendas con gente que va apresurada para aquí o para allá; vemos cómo una abuela le compra un “huevo kinder” a su nieta en un kiosko; vemos a la gente que a primera hora de la mañana se dirige al trabajo con cara de sueño; vemos los campos que ya amarillean al final de la primavera; vemos los charcos del agua de las tormentas de los días pasados… Al andar nos activamos, nos reactivamos. El Universo es actividad. La felicidad es actividad. Hay una enfermedad mental muy asociada a animales en cautiverio. No me acuerdo de su nombre técnico, pero los animales en cautiverio empiezan a sentir todo tipo de sensaciones negativas, al no tener actividad se vuelven abúlicos, se pasan todo el día tristes y durmiendo. Tienen movimientos erráticos, se golpean contra las paredes de su celda, simplemente han pedido las ganas de vivir porque no son capaces de generar el torrente de actividad necesario para que sus almas se integren en ese grana sistema de ruedas dentadas en movimiento que es el Universo. Si nosotros somos animales enfermos, es hora de recordar cómo ser animales sanos y felices. En este artículo, cómo recuperar la felicidad perdida.

Moverse para ser feliz

Como decimos el movimiento es felicidad. Pero no cualquier movimiento: si no el movimiento que nos es propio a nosotros como animal particular. Y somos el hombre, la especie humana…Cómo recuperar la felicidad perdida Pero entre nosotros hay unas fuertes diferencias a pesar de que todos somos hombres, en función de nuestras condiciones biológicas y culturales específicas. Yo por ejemplo, tuve fobia social muy temprano, con unos 10 años ya tenía fuertes síntomas de la enfermedad. Pero no fue hasta mucho después cuando entré en depresión. Cuando era pequeño era yo mismo; y a día de hoy, vuelvo a ser yo mismo, y eso quiere decir estar libre de la depresión y de la fobia social. ¿Y cómo soy yo, cual es mi movimiento particular…? A este respecto, podemos hacer un apartado de cosas buenas mías y un apartado de cosas malas. Así hallaré mi movimiento particular en el que yo soy feliz. Mis cosas malas para mí no son malas: son buenas. Son los demás los que ha veces las ven como malas. Pero de cualquier forma, todo el mundo esconde sus demonios particulares. No conozco a nadie que no tenga algún defecto muy muy gordo. El lector puede hacer una lista con sus cosas buenas y sus cosas malas, y luego así podrá ver qué es lo que está fallando en su vida, que movimiento no puede hacer, que le impide ser feliz. Yo expongo mis cosas buenas y mis cosas malas, a sabiendas de que no se puede ser feliz más que ajustándonos a nuestro movimiento que nos es más propio:

Cosas buenas de mí:

Soy simpático, siempre comprensivo, siempre dispuesto a ayudar. Trato a todo el mundo con equidad, no trato de forma distinta a un mendigo que me pide limosna por la calle; que a un ejecutivo que me hace una entrevista de trabajo. Soy culto, inteligente, siempre aporto soluciones novedosas. Soy gran conversador, sé escuchar, sé dar ánimos. Me gano la confianza de los demás en una mirada de mis potentes ojos. Los demás dicen de mí que soy buena persona, que soy divertido, que soy interesante porque tengo muchos proyectos en mente. Soy compasivo y siempre estoy intentando salvar al mundo. Tengo siempre una gran esperanza en el futuro, y de alguna manera les pego a los demás mi buen rollo…

Cosas malas de mí:

Soy irónico, meto el dedo en la llaga, el otro día sin ir más lejos solté algo así como:

“esas personas que antes se reían de ti por vivir de alquiler diciéndote que tirábamos el dinero, son los mismos que a día de hoy se ahorcan en sus pisos hipotecados y a punto de expropiarlos porque no los pueden pagar”

No es la única bordaría que digo: mis ironías y bordearías son habituales. Y la gente a veces me odia por ello, porque sé dar donde duele; pero no se atreven a exponerlo mucho, porque saben que soy domínate y que si me la hacen me la pagan. Saben que puedo llegar muy lejos y que me gusta el poder. Lo uso para hacer justicia. A veces soy intolerante con los errores ajenos. No me gustan las debilidades, he acusado al movimiento 15 M de ser una organización de mariquitas. En general soy irónico y borde. Un poco como Risto Mejide y a él le va muy bien siendo así… (aunque yo soy mucho más simpático a su vez que Risto Mejide, y más sociable… es un poco como si se junta en mí dos extremos imposibles: ser muy simpático; y ser muy borde).

Recuperar nuestro movimiento natural

Y yo soy feliz siendo así, con mis cosas buenas y mis cosas malas. No me importa tener algo malo, todo el mundo lo tiene como he dicho. Y en mi caso ese algo “malo” a veces divierte a los demás… ellos saben que esas bordarías mías no son malas del todo: soy crítico y eso es bueno también, porque la crítica ayuda a avanzar a la humanidad y a evitar crisis de todo tipo. Normalmente las personas que van de “buen rollo” son unos desgraciados que fingen ser buenos para que nos confiemos y luego clavarte un cuchillo por la espalda. Yo tengo absoluto pánico a la gente que me entra con una sonrisa en la boca: ellos fueron los que me arruinaron la vida y en general los que arruinan este mundo.

En general yo soy feliz siendo como soy. Por eso las personas que han perdido la felicidad tienen que recuperar un poco su esencia natural, su movimiento natural. Yo para tapar mis cosas malas he tenido que intentar un poco la estrategia del “camaleón social”, adaptarme y no ser tan crítico… Pero en el fondo sigo siendo yo mismo, simpático a la vez que mordaz… Y no es malo: simplemente cada uno tiene su cosa mala, la cosa mala mía es muy interesante… (y comúnmente me gano con esta “cosa mala” la simpatía de mucha gente). Para que todos podamos ser felices debemos de recordar cual es nuestro movimiento natural. Imaginad un día de vosotros moviéndoos con vuestro movimiento más natural posible; y luego intentar activaros haciendo recordar a vuestro cerebro cómo erais. Es como cuando un coche no arranca, lo empujamos y así al hacer recordar al coche su movimiento natural, este al fin lo recuerda y arranca. Para dar ejemplo, yo pongo como sería un día de mi vida según mi movimiento natural.

Un día de felicidad en mi vida.

1. Me levanto bastante pronto. La mañana es mi hora de ser más feliz y activo. Mi novia está al lado, en no mucho tiempo ya estoy encima de ella… Cuando terminamos,  nos vamos a desayunar.

2. Desayunamos pan tostado y mantequilla. Tenemos puesta le tele pero sólo para que cree ambiente. No la vemos. Estamos desayunando en nuestra cocina de tipo rústico. Una gata feliz ronronea entre nuestras piernas. Mientras desayunamos nos reímos con algo de cachondeo postcoital… Somos felices, nos hacemos arrumacos mientras disfrutamos de la tranquilidad de nuestro desayuno.

3. Salimos a la calle, y nos despedimos con un beso en la boca. Yo voy hacia mi actividad diaria por la calle. Siempre soy muy observador. Me gusta disfrutar del paseo a la vez que camino con pasos firmes y seguros. Siempre cuido mi aspecto, y luego camino por la calle como un joven señor.

4. Llego a mi trabajo o labor diaria. Soy muy activo, muy trabajador, muy ingenioso… No es raro que riña con alguien porque este alguien de normal es gilipollas y pretende saber la décima parte de lo que sé yo. Las ironías salen de mi boca mientras que yo recuerdo aún el dulce tacto de la piel de mi novia, lo que me da fuerzas para luchar y vencer a mi débil rival sin ningún esfuerzo a penas. Al final, termina el trabajo, la labor. Yo soy simpático con el resto de personas, siempre leal, siempre dispuesto a ayudar… al final soy el mejor amigo de 2/3 partes de la gente; y el mejor enemigo de 1/3 parte de la gente restante. Me gusta ser así, soy el león y el cordero a la vez.

5. Regreso a casa. Doy un “piquito” a mi novia para saludarla. Nos vamos cada uno por nuestro lado a disfrutar de la tarde: ella a la peluquería; yo a correr un rato con la bici. Al regresar, yo estoy exhausto y sudado. Nos duchamos juntos, pero sin sexo, sólo carantoñas. Luego ella hace la cena mientras yo juego a la Play Station (mis amadas feministas talibanes ya se estarán arrancando los pelos de pura rabia…). Pero las tareas de la casa se reparten: luego yo arreglo la lavadora estropeada. Cenamos a la luz de las velas, con finos sentimientos, con encuentros de miradas…

6. Al final regresamos a la cama donde todo empezó. nos abrazamos y luego leemos cada uno un libro. Comentamos algo de vez en cuando, hablamos, nos miramos… Y luego dormimos abrazados (no, no hay sexo esa noche…).

Conclusión sobre cómo recuperar la felicidad perdida

Yo soy así, y ser así es la única forma del mundo que me puede hacer feliz. Por supuesto que nuestra vida cambia, no es lo mismo tener pareja que no tenerla… Cuando era pequeño era más como “Carlitos”, el hijo pequeño de la familia Alcántara en “Cuéntame”, pero mucho más estético e interesante… Quizás me pareciese mucho al personaje de la famosa y genial serie de la tele “Celia” (con sólo seis episodios es una serie de culto), pero en niño claro. En definitiva, que no hay una única forma de movernos, pero siempre debemos de adaptarnos a la forma de movernos y de acción que nos es más natural. Es la única manera de encontrar la felicidad. ¿Significa esto que si hacemos desaparecer nuestro “lado malo” (recuérdese mi ironía y mi sarcasmo…) no podremos ser felices? Hace tiempo en un documental de la tele mostraban las imágenes de un zoo abandonado. Había habido no sé que cataclismo natural. En las jaulas aún habitaban dos leones vivos… estaban abúlicos, apáticos, nada fieros… Eran mansos de puro terror. Ellos sólo pueden ser felices siendo bravos y crueles. Agraciadamente nosotros los hombres podemos modelar un poco nuestro lado malo. Yo lo hice, mis ironías ahora son menos bestias y por lo general ya no me traen problemas con los demás. Aunque cuando yo digo lo que pienso el mundo sigue temblando, ahora he aprendido a ser un poco menos agresivo dialécticamente hablando, algo que antes me costó caro pues me alejé de los demás. Pero yo sólo puedo ser feliz siendo yo.

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