Cómo ser un hombre que enamora

En la novela de Marcel Proust “À la recherche du temps perdu», en busca del tiempo perdido, aparece una de los más famosos pasajes de la historia de la literatura. Recuerdo aún la primera vez que leí esta obra (la escena se encuentra en el primer libro, “por el camino de Swann”, cerca del principio). Me estremeció ese momento, entre otras cosas… porque pensé “¡cuantas veces me ha pasado a mí eso…!” Y lo cierto, es que la escena podría parecer de lo más tonto: el protagonista, se lleva una magdalena a la boca, y de repente, parece que el simple sabor de la magdalena lo arranca de su momento presente, y lo lleva de vuelta a los momentos míticos de su infancia. Y es que, el gusto y el olfato son dos sentidos que aparecen conectados, ambos aparecen residir en la misma zona del cerebro. Y son precisamente estos dos sentidos, los que más poder de evocación tienen. Pero no debemos de ningunear el poder de evocación de la vista, del sonido y del tacto. Los sentidos nos dan información respecto al mundo externo. Y esta información, a su vez es procesada por nuestro sistema cognitivo (emociones, sensaciones, sentimientos, recuerdos), con el resultado de que algo proveniente del exterior puede llegar a resucitar algo que estaba en nosotros, aunque pareciese muerto. Los hombres más seductores del mundo no son los discípulos de Mystery y demás frikis de la seducción…. La perspectiva de Mystery me sigue apasionando, y creo que a muchos hombres nos ha aportado mucho (perder nuestros miedos, coger confianza cuando hablamos con los demás y con mujeres…) Pero es una perspectiva incompleta. Para ser verdaderamente seductores, debemos de aprender a jugar con las emociones, con las sensaciones… emociones y sensaciones que son disparadas por algo que perciben nuestros sentidos. En este artículos, cómo ser un hombre que enamora.

La importancia de los detalles

Las mujeres están echas para responder de forma casi inconsciente ante los hombre detallistas… Lo llevan en los genes… Parece que a los hombres lo primero que nos impacta es el físico… pero nosotros también podemos amar a los detalles. Está muy bien conocer a una chica mona y empezar a salir con ella. Pero…¿Qué pasará si nos damos cuenta después de nuestras primeras citas, que esa chica tan mona es aburrida, arisca, poco romántica, y que no es capaz de apreciar los detalles…? Los hombres y mujeres que más enamoran son especialistas en captar esos pequeños detalles…

Y es que, para los hombres y mujeres zafios y burdos, los pequeños detalles no son importantes. Lo que importa es lo que verdaderamente importa… y no merece la pena prestarle atención a esos pequeños detalles. El mundo tiene montañas, mares, grandes bancos, grandes edificios… eso es lo que importa, lo que es verdaderamente grande… No importa, por ejemplo, las pequeñas y femeninas mariposas… Ellas son muy insignificantes, no pueden nada, no tienen fuerza, su miserable aleteo no podría ni mover con su propulsión a una miserable pluma…

cómo ser un hombre que enamora

foto por Philippe Alès

Pero el denominado “efecto mariposa” nos demuestra cuan equivocada es la postura de no prestarle atención a los detalles. El efecto mariposa es una teoría matemática, en donde un pequeño factor al principio de un cálculo, causa enormes estragos en el resultado final, de la misma forma que, si nos ponemos a lanzar durante toda una tarde piedrecitas sobre un enorme roquedal de la falda de una montaña, una de estas insignificantes piedrecitas puede terminar por desencadenar las fuerzas almacenadas en el roquedal, haciéndolo despeñarse ladera abajo, con miles de toneladas que se encuentran de repente liberadas. Por eso las mujeres les prestan tanta atención a los hombres detallistas: un hombre detallista es capaz con su refinado espíritu de captar esos pequeños detalles, que para los hombres insensibles no son importantes… pero para las mujeres, lo son mucho…

Y ellas preferirán siempre a los hombres detallistas… Y ser un hombre detallista, no está reñido con ser a la vez muy hombre,  muy varonil, muy “echado para adelante”, muy masculino… Las mujeres adoran esta combinación entre hombre detallista por un lado; y hombre muy varonil, por otro.

Como creo que por lo general los hombres ya sabemos como ser muy hombres (encontrar sitio para aparcar, hacer de guía de la pareja, elegir restaurante, ser intelectualmente obstinados…) es hora de dar unos cuantos consejos para cultivar nuestro espíritu de hombres detallistas, y de hombres que enamoran.

Cinco momentos en donde sacaremos el hombre detallista que hay en nosotros

1. Lo más importante: recordaremos absolutamente todo de todos los ámbitos, siempre, y en todas las condiciones. Ya está… Podría ahorrarme los otros 4 momentos. La memoria ligada a sentimientos, como en nuestra escena del libro de Proust, es lo más seductor que existe. Y en la memoria intervienen dos factores: 1. la capacidad de almacenamiento físico, como si se tratase de un disco duro; y 2. los sentimientos que hacen de “caña de pescar” de un recuerdo. Por ejemplo, en el momento contado de la novela de Proust, el sabor de la magdalena unió el momento presente a la infancia, a través de la asociación de dicho sabor a los sabores de los dulces que ingeríamos cuando éramos niños.

2. Recordaremos el día más feliz de la vida de esa mujer que queremos enamorar… por ejemplo, cuando nuestra chica en su infancia se pasó todo un largo día de primavera danzando sobre las flores en una verde pradera con sus amigas… Y esto lo recordaremos, en una situación que se parezca a la del feliz recuerdo de nuestra amada.

3. Aparentaremos ser hombres olvidadizos y poco detallistas… Como ese día, en donde nuestra querida novia no pudo por menos de salir casi llorando de esa tienda de vestidos tan cara… por no poder comprar ese vestido que tan bien le quedaba. Y nosotros “querida, sólo es un vestido…” Pero cuando llega a casa, y entra sola en su habitación… se encuentra con ese mismo vestido, perfectamente colocado y estirado sobre su cama…

4. Sonará el timbre de la casa en donde vivimos con nuestra pareja… Y abrirá nuestra novia… para su sorpresa, llama a la puerta un taxista. El taxista, después de saludarla, la dice que tiene órdenes de acompañarla hasta el aeropuerto, pues nosotros la esperamos allí… Cuando llegue al aeropuerto nuestra novia todo preocupada… descubrirá que nosotros la esperamos para pasar todo un fin de semana en París…

5. Y sobre todo: rosas en lugares y en momentos esenciales; besos en lugares y en momentos especiales; caricias en lugares…; melodías de tiempos prohibidos, que se reproducen en el abismo del presente; fragancias que están encadenadas en nuestra memoria directamente con los paraísos de la infancia; trajes y vestidos prohibidos, que nos causan recuerdos que nos pesaban demasiado, pero su ausencia empezaban a pesar aún más… Palabras y frases que oímos en otro tiempo, y al volverla a oír en el presente… los sonidos de la secuencia herciana nos llevan de regreso a la que fue la patria de nuestra felicidad…

Saber usar nuestra memoria es el camino seguro hacia el corazón de muchas féminas. Aprender a educar nuestra memoria es aprender a educar nuestra sensibilidad.

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