Cómo tener un estilo de vestir estético

En otro artículo distinguimos entre varios estilos de vestir: estilo de calle; estilo de noche; estilo de gala; estilo sport. De alguna manera, seguro que a muchos resulta extraña estas distinciones: la mayoría de la gente cree que tener un estilo definido es vestir siempre igual. Por ejemplo, esa gente muy joven que se viste siempre de gótica, o de friki, o de pija,… Se identifican con su vestuario usan su forma de vestir como un símbolo de su persona. Pero lo que estos jóvenes no saben es que, sin querer, transmiten algo más de ellos con la manía de usar siempre un mismo estilo: son personas unidimensionales, usando el término empleado por Marcuse, usando siempre el mismo estilo transiten sus limitaciones: siempre son iguales, almas planas, sin contradicciones… Una de las cosas que más definen nuestro estilo y nuestra estética es precisamente el cambio, cambio entre distintos estilos, distintas ropas, cambio un tanto de “rollo” en el que estamos… Eso da una sensación de mayor profundidad de nuestra persona. Si nos damos cuenta, las mujeres siempre visten mejor que los hombres: ellas saben adaptar su estilo a las circunstancias; saben cambiar periódicamente de peinado, de complementos, de ropas; son especialistas en evolucionar como seres estéticos, a cotas no necesariamente superiores, pero sí distintas. El estilo y la estética es como una especie de territorio inexplorado, y nosotros, con nuestro cuerpo y con nuestra persona, debemos de explorar aquellos parajes en los que creamos que nos podemos encontrar a nosotros como seres estéticos. No es de personas con estilo ir a un lugar, y quedarnos siempre en ese lugar. Tenemos que movernos, pero sobre todo, por lugares que nos convienen. En este artículo, cómo tener un estilo de vestir estético.

El estilo en la post-modernidad

La post-modernidad es una especie de “corriente de pensamiento”, aunque más que teoría podríamos considerarla como un fenómeno: la fusión del mundo, la fusión de las categorías, mezclarlo todo con todo, sin lógica categorial ninguna; hacer del todo uno, que todo sea parecido, que todos los países sean parecidos, que todos los hombres seamos parecidos… la post-modernidad no es un relato pacifista, universalista, internacionalista, aunque según la hemos definido, podría parecerlo: la post-modernidad no surge de lo mejor del alma humana; más bien del desdén del alma humana por todo. No creer en nada no significa ser buena persona; más bien significa ser un egoísta que sólo nos interesamos por nosotros. Eso es la post-modernidad. Por supuesto, hay mucha gente que creyendo en algo sólo quiere disfrazar una ideología en la que simplemente proyecta sus intereses (franquistas, nacionalistas-separatistas, catolicismo, derecha, comunismo…)

La post-modernidad ya está aquí. Estamos en plena fusión del todo. Y esto no es algo bueno… Si a un químico le dicen, que ahora sus elementos de la tabla periódica van a ser fundidos, que ahora da lo mismo ser plomo que ser un gas noble… no le hará mucha gracia. De alguna manera, el químico siente que las cosas, aunque se puedan mezclar, también tienen que poder separarse. Siente que controla el mundo con sus categorías, que puede juntar dos elementos; pero también puede luego volver a separarlos. Aprender a construir categorías, para luego juntarlas unas con otras en la síntesis; y volver a separarlas, en el análisis, es uno de los modelos más fundamentales del ser inteligente. Pero las categorías del pensamiento son distintas de las de la química: el pensamiento está siempre vivo, a cada minuto una categoría puede cambiar. No hay categorías puras, como en la química: pero en el pensamiento, sí hay categorías poderosas.

Precisamente, todo esto, pensar, analizar, sintetizar… es ser inteligente. Desde las altas esferas de la política, de la economía, se ha hecho todo lo posible por atontar a los ciudadanos de occidente… por que no sean inteligentes. Y es que, ser inteligente es algo eminentemente irreverente. Las mujeres tienen mayor inteligencia emocional que los hombres.cómo tener un estilo de vestir estético Resultado: el 80% de las personas comprometidas con querer cambiar un aspecto de la realidad que no les gusta, son mujeres. Irónicamente, hemos dicho que las mujeres visten mejor que los hombres, dominan mejor la lógica categorial, el pensamiento conceptual, o sea, el tipo de pensamiento más elevado, la química del alma. Por supuesto, la relación es evidente: mayor inteligencia emocional de las mujeres = mayor capacidad para pensar conceptualmente = mayor capacidad para ser personas críticas = mejores eligiendo sus estilos y su estética.

Y es que… vestir no es pensar: pero en el vestir se refleja el pensar. De ahí la importancia del vestir. Las mujeres prefieren hombres con una buena inteligencia emocional. Y precisamente, en el vestir se puede reflejar esa inteligencia emocional de los hombres, por supuesto, también de las mujeres.

De esta forma, en la moda misma se refleja toda una lucha ideológica por la hegemonía: si vistas bien, si vistas con estilo, si eres inteligente y eso se refleja en el vestir; si cambias tu estilo, lo adaptas a las circunstancias, si no usas siempre el “estilo único” estandarizado por los medios de comunicación, por las modas, por la vendida industria de la moda… eres irreverente porque eres estéticamente eficiente. Y el sistema no admite la eficiencia: eso es de Santos, los Santos deben de ser aniquilados, demasiado perfectos, demasiado eficientes… Occidente es especialista en la aniquilación de El Santo. Los demás te envidian, te señala, te denuncian ante el poder establecido… y es que a los demás no les gusta que halla gente con estilo, con inteligencia emocional, en definitiva: con eso que a ellos les falta…

Conclusión sobre cómo tener un estilo de vestir estético

Ya hemos dado las claves para tener un estilo estético: cambiar, evolucionar,… Podemos hacer un experimento mental:

imaginémonos que un día hemos quedado con una amiga para tomar un café, esta llega a la cita de amigos de forma rompedora: con vaqueros ajustadísimos, con una blusa escotada que quita el aliento; con un peinado alucinante, roquero, algo alocado… Nos caeremos de espaldas con nuestra amiga… casí nos entrarán unas ganas locas de intentar ligárnosla…

Pero ahora imaginemos que volvemos a ver a nuestra amiga, dos días a la semana en los próximos dos meses: vamos a una tertulia literaria con nuestra amiga, y ella vista exactamente igual… Nos impresiona, pero menos; quedamos para ir a un entierro de un viejo conocido de ambos; y ella va exactamente igual… Quedamos el domingo por la tarde para ir al cine, y ella va exactamente igual… De alguna manera, empezaremos a sentir que esa chica no era lo que nos había parecido en esa primera cita (de amigos…) con ella. Y nos había parecido que era una mujer con gran inteligencia emocional

Irónicamente, si hubiese sido un hombre el que nos hubiese sorprendido con un aspecto tan rompedor… y luego, ese mismo hombre hubiese sido el que hubiese repetido su estilo en las situaciones arriba expuestas, no nos hubiese extrañado tanto: los hombres de media son emocionalmente más cortitos, por eso no nos hubiese extrañado esta metedura de pata en un hombre, de no saber ajustar su estilo a las circunstancias. Pero en una mujer…

Ahora imaginémonos que la chica rompedora… va cambiando su aspecto en las citas que hemos descrito arriba, va cambiando su peinado, su vestido, sus complementos, e incluso cambia algo su estado de ánimo, para adaptarse a las circunstancias… Esta chica romperá corazones, como rompió el corazón del amigo con el que tenía la cita y en la que ella aparecí tan explosiva…

Los hombres debemos de aprender a imitar en esto a las mujeres, porque por supuesto, también nosotros podemos romper corazones… Comúnmente, aunque por ejemplo, tengamos un peinado muy guay… si usamos siempre el mismo, el efecto de impacto en los demás se gastará muy rápidamente. Por eso lo de tener distintos estilos, que no tienen por que ser sólo 4: esos cuatro (gala, noche, calle, sport) son sólo una especie de columnas, en las cuales se asentarán nuestros diversos estilos. A partir de ahí, debemos de explorar el territorio del estilo y de nuestra propia estética, internándonos por caminos que nos llevarán a nuevos lugares en nuestra estética. Si nos quedamos siempre en el mismo lugar, los demás se acostumbrarán demasiado rápido a nuestro estilo. Por eso, hay que moverse: la vida es movimiento, todo, desde la vibración de las supercuerdas; hasta el movimiento de “deriva” de las galaxias y de los cúmulos de galaxias…

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  • Comments

    • Esteban dice:

      Soy consciente de el enorme beneficio que tiene la inteligencia emocional en cuanto a nuestras relaciones sociales y profesionales. Pero no entiendo que tiene que ver la inteligencia emocional con la forma de vestir, muchas mujeres incluso muchas de las más sexys en como saber vestir también pueden sufrir de enormes crisis emocionales o simplemente tener muy baja inteligencia emocional. Así que no logro entender que conexión tiene una cosa con la otra

      • Erik360 Erik360 dice:

        PUes me parece que lo he contado por ahí arriba. Un poco por ejemplo, cuando vamos de “góticos” eso demuestra que sentimos el mundo de forma profundo, que hemos pensado la vida, la muerte, la luz, la oscuridad,… y que eso nos ha transformado. Además, saber elegir y combinar bien nuestros estilos acorde a la situación, es algo que tiene que ver mcuho con la inteligencia emocional pues esta consiste en saber adaptarse a als circunstancias sociales en gran parte. POr supuesto es dificil ver esa relación. Yo antes no la veía, pero ahora es distinto. El comentario que había antes del tuyo lo he borrado, porque acepto los trolls, yo lo soy en parte en otros lugares; lo que no acepto son los trolls sin inteligencia y que se creen que me conocen. saludos!

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