Comparativa entre El Señor de los Anillos y La Reina de los Hielos

Estoy ojeando los mapeados de estas dos obras de fantasía épica. La costumbre de incluir un mapa para guiarnos por el mundo de fantasía en el que nos sumergimos la popularizó Tolkien en su famosa obra, El Señor de los Anillos. La cultura popular ha terminado por ensalzar a esta obra de Tolkien. En su día, incluso le llegaron a recomendar a Tolkien que no intentase publicar ese libro tan malo que nadie entendería..

. Por supuesto a Tolkien eso le daba igual: él escribió su libro para que le gustase a él. Y yo he hecho lo propio, y he escrito mi Reina de los Hielos para que me guste a mí. Ni que decir tiene que me he inspirado en el trabajo de Tolkien, pero también he ido a las fuentes directas de las que Tolkien sacó la inspiración para su novela: la mitología germánica, la mitología céltica, las filosofías occidentales, la propia historia de occidente…Comparativa entre El Señor de los Anillos y La Reina de los Hielos A todo esto le podemos llamar la “intertextualidad”. La intertextualidad de una obra literaria hace referencia al diálogo del autor de la obra en cuestión con la tradición de letras en la que está inserto. En nuestro caso esa tradición es el humanismo europeo. Precisamente cuanto más fuerte es esta intertextualidad, mas calidad tiene un texto literario. Este es uno de los motivos por los que Carlos Ruiz Zafón no entrará en los libros de historia (algo que se la suda, ya se ha forrado con la literatura y lo demás no creo que le preocupe demasiado…): Zafón no es ni Shakespeare ni Tolkien, realmente para mí es un vulgar cualquiera. Y en la comparativa entre mi novela y El Señor de los Anillos, lo primero que llama la atención es que ambas obras tienen una intertextualidad muy fuerte, cogiendo elementos de la tradición culta de occidente, y adaptándolos para un público masivo y popular. Así surgen las obras de más éxito. Aunque el tiempo es siempre un factor determinante a la hora de que una obra tenga éxito. A Tolkien le llegó el éxito tarde, y mal de alguna manera. No le sentó muy bien la fama, Tolkien, un hombre sencillo, bondadoso, tranquilo… terminó de un día a otro sometido a las dificultades que tiene el ser famoso. Por ejemplo, los “hippis” yankies medio drogados le llamaban al teléfono de casa… como en Inglaterra era de noche cuando en USA era de día, lo despertaban para hacerle preguntas estúpidas sobre los elfos y los hobbits; la gente se metía en su césped para hacerle fotos a través de la ventana de su casa, y por ahí debe de haber alguna que otra curiosa imagen de un Tolkien desayunando y a punto de darle un buen bocado a una magdalena… Vamos, que ser famoso no es tan bueno como lo pintan. Yo no quiero ser famoso, por eso de alguna manera espero que mi novela no tenga el éxito que El Señor de los Anillos… Aunque desde luego estas dos obras tienen muchos elementos comunes. En este artículo, comparativa entre El Señor de los Anillos y La Reina de los Hielos.

El mundo de fantasía

La novela de Tolkien y la mía propia se desarrollan ambas en un mundo de alta fantasía épica. Eso quiere decir que veremos bosques, ciudades, enanos, elfos, “monstruos”, orcos… Yo al igual que Tolkien he creado una mitología que sustenta de alguna manera a este mundo. En el caso de Tolkien, la mitología de la Tierra Media se desarrolla en su obra El Silmarilion, que son más de 30.000 años de historia desde la creación de Arda hasta el “apocalipsis” de la “Guerra del Anillo” narrado en El Señor de los anillos. Como vemos, tanto la cifra de más de 30.000 años, como la guerra final, están inspiradas en la cronología cristiana y bíblica (Tolkien era un ferviente católico). En mi caso, el mundo en donde se sustenta mi novela, llamado la Tierra de las Eras, también tiene una cronología potente detrás. Pero he multiplicado los números con respecto a Tolkien; si Tolkien usa una cosmología de tipo cristiano, yo uso una cosmología de tipo indú y científica. Por tanto, la historia previa que sustenta a mi mundo de la Tierra de las Eras tiene unas cifras de vértigo: 4.500 millones de años de una historia que empezó en el “páramo de fuego” y se desarrolló a lo largo de 7 eones de una duración enorme. Al principio en el páramo de fuego sólo había caos; pero con el tiempo ese mundo se organiza, hasta llegar a la etapa de finales del Séptimo Eón, periodo en donde trascurre mi novela.

La zona central del tamaño del mundo de Tolkien, la Tierra Media, es el equivalente en extensión a lo que es más o menos la Europa actual. En este caso también he multiplicado las cifras, y mi Tierra de las Eras tiene una extensión equivalente a unas 800 veces el tamaño de la Tierra. Esto cambia mucho las cosas: la Tierra de las Eras es inabarcable, tanto en extensión como en tiempo.

Los personajes de fantasía

Tolkien fue un maestro a la hora de crear razas distintas con distintas características y personalidades. Así creó a los elfos, a los enanos, a los hobbits… Para la creación de estos personajes se inspiró por un lado, en la teoría de los temperamentos de los griegos (esa teoría que divide a todos los hombres en coléricos, melancólicos, flemáticos y sanguíneos); y por otro, se inspiró en ciertas características que tenían los hombres de ciertas culturas. Por ejemplo, para crear a los hobbits se inspiró en el carácter tranquilo y bondadoso de los campesinos de la Inglaterra rural que él tanto amaba. Para crear a los enanos se inspiró en los rudos mineros de las montañas; para crear a los guerreros humanos se inspiró en los valientes guerreros anglosajones y otros pueblos germánicos, que combatían a caballo y que eran bravos en la batalla y fieros rivales en la guerra.

Yo he usado en parte alguna de las razas de Tolkien en mi Reina de los Hielos. Pero he creado además otras razas nuevas: los nonos, los gogols, los gonos… son algunas de ellas, las principales en mi novela. Sus características físicas reflejan sus características mentales. Sobre lo que he querido reflejar en sus rasgos físicos… es demasiado profundo, son recuerdos míos, sensaciones de la infancia, intuiciones que tuve en otros tiempos. De alguna manera he querido analizar el alma humana dividiéndola en pequeños sectores, y estos sectores en parte se materializan en las razas de la novela. Pero también en el territorio, en su mitología…

El argumento de fantasía

Se le ha reprochado a Tolkien su maniqueísmo, el hecho de que los buenos son muy buenos y los malos muy malos. Esto no es raro debido a que Tolkien profesaba como ya hemos dicho una fuerte fe católica. Por eso de alguna manera, el argumento de El Señor de los Anillos es una transformación de la historia creída por los cristianos, con Aragorn en el papel de Cristo… pero también Gandalf, que es el guía espiritual que ilumina a la humanidad. Aragorn tiene el atractivo físico de Cristo; y Gandalf tiene su parte espiritual. Gandalf, igual que Cristo, muere y resucita convertido en dios (muere en la lucha contra el Balrog, Gandalf, no Cristo claro está…). Luego vuelve y guía a la humanidad y a la “elfidad” (chiste malo…) en la batalla final, que es de alguna manera la batalla del Apocalipsis contra Sauron. Al final de El Señor de los Anillos, llega la redención, el paraíso, el fin del mal… Por eso mismo Tolkien no puedo escribir una continuación de su obra, pues ya no había mucho que contar una vez que la historia de la redención cristiana llegó a su fin.

En mi novela La Reina de los Hielos, no existe una confrontación final tan radical: la lucha que se establece es sólo una lucha más de tantas otras que se producen en la Tierra de las Eras. Pero a su vez es una lucha que se inserta en acontecimientos más profundos, acontecimientos que se remontan mucho más allá de la Crisis de Varia: se remontan hasta los acontecimientos acaecidos en el “Gran Cataclismo”, que acaeció en los inicios del Séptimo Eón, y que derrumbó el gran imperio humano de los hindin. Desde entonces el mundo se levantó a base de luchar contra esa especie de “invasor” que se cree que llegó del cielo. Pero la naturaleza de aquella bola de fuego sigue siendo una incógnita. Y aunque todo eso pasó hace millones de años, un hilo de temor siempre estuvo latente en lo profundo de los bosques, y sobre todo, en lo profundo del mar, en donde aún yace medio dormida parte de aquella cosa que hay quien cree que llegó de las estrellas. Aunque esa cosa esté dormida, su propio efecto maléfico le pudo dar fuerzas a  las Brujas de Varia, y a su última amenaza en forma del Dragón Podrido, el malo de mi novela, que tomó el dominio del País de Varia 3.000 años después de los acontecimientos de la Crisis de Varia.

Conclusión sobre El Señor de los Anillos y La Reina de los Hielos

No me corresponde a mí juzgar el producto de mi propio ingenio. Tampoco me importa absolutamente nada lo que piensen los demás de mi obra, tanto de ficción como de no ficción (aunque los halagos siempre me encantan…). Yo escribo para gustarme a mí, y yo a mí ya me encanto. Si gusto a los demás quizás pueda vivir de esto; y si no no me preocupa no gustar. Yo empecé en la literatura no por amor a la literatura: si no como una forma de usar a esta para mejorar como persona. Y eso ya lo conseguí, ya soy la mejor versión de mi mismo posible. Por eso mismo mis fines actuales son algo más pragmáticos, aspiro a un buen trabajo, a un buen hogar… No me importa que se diga de mí que soy tan bueno como Tolkien o como Nietzsche: me importa conseguir trabajo, me importa conseguir una vida que me guste… Sigo adorando a mis escritos, pero sé que eso ahora ha pasado a un segundo plano. En su lugar, yo y mi vida ahora sí real, pasa a primer plano. Aunque desde luego serán los demás y la aceptación de los demás sobre mi obra lo que termine decidiendo si llego a ser escritor profesional.

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