Consejos para entender el lenguaje de nuestro cuerpo

No tenemos más que hacer el experimento de ponernos delante de un espejo e ir pensando en momentos de nuestra vida que nos causen distintos estados de ánimo, para comprobar cómo los rasgos de nuestro rostro se modifican inmediatamente. El lenguaje corporal nos delata, la

cantidad de información de nuestros gestos es muy superior a la que dan nuestras palabras. No sólo el rostro: la posición del cuerpo, el uso de las manos, el tono y la intensidad de nuestra voz, la forma de caminar y de estar de pies…el lenguaje de nuestro cuerpo

Todos estos temas han sido demasiado descuidados en la cultura occidental: en el colegio se nos enseña un montón de materias, pero se descuida la importancia que tiene la educación de nuestros movimientos y del uso de nuestro cuerpo como herramienta comunicativa. Lejos de ser un tema menor o de escasa importancia, aprender a usar correctamente el lenguaje de nuestro cuerpo, es uno de los temas más fundamentales en el arte de la seducción. Comúnmente no nos enamoramos de palabras, si no de movimientos, de gestos, de formas de caminar…

Normas básicas para dominar la situación mediante el lenguaje corporal

Cuando nos acercamos a un grupo de gente, conocidos o no, para interactuar con ellos, lo primero que tenemos que cuidar es la posición de nuestro cuerpo. La forma de andar es fundamental: pasos lentos y vacilantes darán de nosotros una imagen de ser una persona poco decidida y retraída; en cambio, pasos firmes y seguros (sin pasarse), darán a los demás una sensación de seguridad, creerán de esta manera que tenemos una fuerte confianza en nosotros mismos.

Al llegar al grupo con el que pretendemos interactuar, es muy importante la forma de pararse ante ellos: ni demasiado lejos, ni demasiado cerca. Lo primero da la impresión de que somos demasiado tímidos; en el segundo caso, nos pasaremos de extrovertidos. Además, al estar parados ante los demás no debemos mantener una posición demasiado rígida, ni movernos todo el rato, debemos de mantener una posición erguida pero sin pasarse. En general, la posición adoptada al estar estático con un grupo con el que vallamos a interactuar debe de transmitir confianza y seguridad en uno mismo.

Otro tema importante es el movimiento de los brazos. Comúnmente, cuando hablamos, movemos inconscientemente los brazos y las manos, hacemos gestos que parecen ilustrar nuestras palabras y que nos ayudan a hacernos entender mejor. Como hemos dicho, estos gestos son por lo general inconscientes, lo que hace que comúnmente cometamos errores: podemos mover demasiado los brazos, o demasiado poco, movimientos erráticos y poco expresivos y estéticos. Lo ideal es que nuestros brazos sigan el ritmo de nuestras palabras, con movimientos sutiles, haciendo especial hincapié en el movimiento de las manos. Se puede decir que las manos es la zona del cuerpo que mejor ilustra nuestra forma de ser, sólo después del rostro. Se podría llegar a adivinar la personalidad de alguien por sus manos, por lo que termina siendo muy aconsejable cuidar el lenguaje expresivo de nuestras manos.

Aun así, la parte de nuestro cuerpo que transmite más información sobre nuestra forma de ser es, con mucho, el rostro. Los ojos nos delatan: una mirada esquiva transmite sensación de inseguridad. Pestañear demasiado, mordernos los labios, hacer gesto excesivos con el rostro, causan inseguridad a nuestros interlocutores. La boca debe de estar cerrada y se debe sonreír sólo en contadas ocasiones que vienen al caso, a riesgo de que si sonreímos en exceso estaremos comunicando una falta de confianza en nosotros (la sonrisa muchas veces es una forma de defendernos de la agresividad ambiental, nunca te rías ni sonrías si nadie ha hecho una broma que merezca la pena y también para transmitir buenas sensaciones en determinados momentos, a riesgo en caso contrario de quedar como un absoluto capullo)

El camino hacia el éxito pasa por educar nuestro lenguaje corporal

Podemos decir eso de, “una postura vale más que mil palabras”. Si queremos trasmitir a los demás la imagen de una persona con confianza, valiosa, en definitiva, si queremos seducir a los demás con nuestros movimientos, debemos aprender a sentir nuestro cuerpo: sentir la sensualidad de nuestras manos palpando superficies que nos llaman la atención; arreglarnos coquetamente las solapas de las mangas de nuestra camisa; provocar al sexo contrario con sutiles miradas, a veces sostenidas durante muchos segundos, hasta que llega un momento que parece que nos empezamos a derretir de pura sensualidad; con leves sonrisas y con un leve morderse de labios (esto último, sólo para señoritas); miradas y más miradas, miradas sutiles al sexo contrario de arriba abajo, sin llegar a mirar obscenamente; jugar con nuestras caderas, aprender a sentirlas, desplazando el peso del cuerpo suavemente desde una pierna hasta la contraria… Si combinamos esto último con unas piernas apoyadas firmemente en el suelo, y algo separadas, daremos la sensación de que el universo entero se sostiene sobre nuestras piernas.

Por tanto, no enamoran las palabras, enamoran los gestos. Aprender a sentir nuestro cuerpo y enorgullecernos de él, termina siendo un elemento clave en las interacciones con los demás. Sólo es cuestión de práctica. Nuestro cuerpo revela nuestra alma, las palabras mienten constantemente, pero mediante nuestros movimientos le transmitimos a los demás lo que de verdad valemos. Después, claro, vienen las palabras, con un volumen de voz adecuado, ni demasiado alto ni demasiado bajo, los hombres deben combinar esto con la búsqueda de su tono de voz más grave, intentando vocalizar al máximo, con un ritmo al hablar adecuado y que demuestre confianza en uno mismo.

En definitiva, el lenguaje corporal nos delata…  Ser consciente de nuestros movimientos es el primer paso para que no nos manden a la mierda cuando entremos a un grupo de personas en la disco. Con los movimientos mostramos nuestro grado de dominancia, que somos nosotros el “macho alfa” o la “hembra dominante”. Pero lejos de ser el lenguaje corporal un arma exclusiva para ligar, afecta a todo nuestro espectro social: en el trabajo, con nuestros amigos, con nuestra familia…

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