Cosas buenas y malas de los hombres y de las mujeres

Cosas buenas y malas de los hombres y de las mujeresYa sabemos a estas alturas que los hombres y las mujeres tienen cerebros y formas de ser un poco distintos. Los hombres y las mujeres se complementan en su forma de ser: ellos son activos, decididos, arrogantes, valientes, aventureros… Y ellas son tranquilas, hogareñas, maternales, cariñosas… Pero es cierto que la variedad entre los distintos hombres y las distintas mujeres es tal, que no es difícil, encontrarse a hombres poco aventureros; o a mujeres poco cariñosas… Pero a pesar de esta variedad entre los distintos hombres y las distintas mujeres, se puede hablar de cierta esencia de hombre y de cierta esencia de mujer. Desde estas recíprocas esencias de hombres y de mujeres se derivan una serie de características de los mismos y de las mismas, algunas de las cuales pueden ser positivas y otras negativas. De hecho, se puede incluso hablar del patriarcado, como forma de gobierno político que asume características de la esencia masculina; y del matriarcado como forma de gobierno que asume características de la esencia femenina. Incluso se podía asociar el patriarcado a los ideales políticos de derechas; y el matriarcado a los ideales políticos de izquierdas. La derecha es ruda, agresiva, territorial, poco sentimental… Y la izquierda es todo lo contrario: maternal, muy sentimental, generosa, tranquila… Pero no son esto flores a la izquierda por mi parte (no soy ni de derechas ni de izquierdas), entre otras cosas, porque tanto la derecha como la izquierda, tanto los hombres como las mujeres, tienen sus cosas malas. Digamos que por ejemplo, la rudeza de la derecha o de los hombres puede incentivar la producción en vez del estancamiento; y en cambio, la generosidad de la izquierda puede incentivar el mamoneo y que al final cada uno mire por su interés, y “el que no mama no llora”… Quiero decir, que ni las características de los hombres o de la derecha son tan malas como parecen; ni las características de las mujeres o de la izquierda son tan buenas como parecen. Eso sin contar que tanto en la política como en la vida, muchas personas se corrompen por poder y por dinero y anteponen sus intereses a sus ideales. Tanto el patriarcado como el matriarcado tienen cosas buenas y malas. Y eso es más o menos como decir que tanto los hombres como las mujeres tienen sus cosas buenas y malas. En este artículo hablamos de cosas buenas y malas de los hombres y de las mujeres.

Esencia de hombres y mujeres

A veces se tiende a dividir al mundo en dos grandes tipos de sustancias, sea la materia y el espíritu; la razón y la emoción; lo expansivo y lo concentrativo; la carne y el alma; la inteligencia y los sentimientos; la civilización y el salvajismo… Al hombre a veces, como esencia, se le asocia características de una de estas dos grandes sustancias en las que se divide el mundo, de los casos mencionados, serían masculinos la materia, la razón, lo expansivo, la carne, la inteligencia, la civilización. Y serían femeninos el espíritu, la emoción, la concentración, los sentimientos, el salvajismo. Puede parecer políticamente incorrecto asociar el salvajismo a las mujeres… pero es una idea vieja, que ve en las mujeres un caos primigenio e informe que se equipararía a la naturaleza previa a la llegada del hombre que la civiliza y que da forma humana a un entorno salvaje e inhóspito. De hecho esa idea ya está en Aristóteles y en la mitología germánica, con sus ases (dioses de la civilización) y sus vanes (dioses del deseo). Las mujeres son un poco como esa parte irracional del mundo que debe de ser dada forma por la masculina civilización. Ellas actuarían más por emociones a veces incontroladas, a diferencia de sus congéneres masculinos, que tenderían a razonar más y a intentar encurtir la fuerza salvaje de la mujer en una matriz racional, organizada y ya civilizada. Por supuesto que esta teoría es machista en esencia, sobre todo porque digamos que todos nosotros, seamos hombres o mujeres, siempre tenemos dentro de nosotros rasgos más típicos de lo masculino y rasgos más típicos de lo femenino, no siendo por tanto los conceptos masculino y femenino, u hombre y mujer, unívocos. Por ejemplo, las mujeres han demostrado una capacidad de raciocinio similar a los varones; y hay muchos varones que también son muy sentimentales y que demuestran una capacidad emotiva similar a las mujeres. Por lo que los cerebros de hombres y mujeres no siempre son tan distintos.

Especialización funcional de hombres y mujeres

Pero sí es cierto que hay diferencias entre hombres y mujeres. Esto es debido al distintivo desarrollo evolutivo de los mismos. Si lo pensamos bien, hace miles de años, hombres y mujeres tenían funciones distintas: ellos salían a cazar, a explorar el territorio, se tiraban mucho tiempo fuera del hogar, por ahí viviendo aventuras; y ellas se solían quedar en el hogar, cuidando a los niños y a los ancianos, y cuidándose a ellas mismas. Con el tiempo, no es raro que los hombres sean de media más aventureros, más arriesgados, más temerarios incluso; y las mujeres sean de media más habladoras, más dadas a los tratos con los demás, más cariñosas y maternales. Los hombres se especializaron en lo externo, en el cazar, en el producir, en el trabajar; y las mujeres en lo interno, en los sentimientos, en las conversaciones, en la psicología ajena, con lo que ella siempre suelen ser mejores psicólogas naturales que ellos. Esta diferencia de género se suele hacer muy atractiva para el sexo contrario. A los hombres nos gusta esa feminidad de la mujer, esa sutileza, esa forma tan bonita de hablar; y a las mujeres les gusta la actividad masculina, su seguridad, su capacidad de liderazgo. Como nos suele atraer lo que nos falta a nosotros, no es raro que los hombres y las mujeres se sientan atraídos por eso que les falta a ellos.

Pero de cualquier forma, desde estas supuestas esencias masculina y femenina, se puede derivar al final una serie de características de hombres y mujeres. Y por supuesto, estas características tienen sus cosas buenas y sus cosas malas, lo que es tanto como decir que los hombres y las mujeres, por su forma de ser típica, tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. Un poco como la derecha política y la izquierda, de las que hemos empezado hablando, que también tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. Con sendas listas de las cosas buenas y malas de los hombres; y las cosas buenas y mala de las mujeres, terminamos este artículo.

Cosas buenas y malas de los hombres

Los hombres tienen por supuesto sus cosas buenas, que se derivan de ese impulso expansivo, productivo, decidido… del que hemos hablado y que forma la esencia masculina:

1. Son decididos, valientes, líderes… Ellos enamoran a ellas con esa seguridad tan típica de los hombres, con ese liderazgo que le suelen imponer a la relación de pareja, con esa valentía en situaciones algo difíciles, con esa confianza que ellos muestran incluso aunque halla algún problema serios en el horizonte.

2. Son racionales, planificadores, estrategas… Ellos son buenos razonando para encontrar la mejor forma de solucionar un problema; o de conseguir un objetivo. A veces a las mujeres les atrae especialmente esa tranquilidad y esa austeridad del pensamiento del hombre, que se contrapone a la más sentimental mente de la mujer. Los hombres suelen ser buenos estrategas, pues heredaron esa virtud de la época evolutiva en la que ellos tenían que trazar estrategias para conseguir alimento, que normalmente consistía en piezas de caza que eran acosadas y al final abatidas siguiendo estrategias que ya habían dado resultado con anterioridad.

3. Son trabajadores, activos, combativos… La abundante testosterona masculina lo hace a este casi incansable, y muy apto para los oficios de carácter manual. Además, tienen una visión espacial formidable, con lo que pueden ejercer muy eficientemente un montón de oficios en donde el tener una visión global de las circunstancias es fundamental para rendir lo más posible y hacer las cosas de la mejor manera posible. Además, la agresividad extra que le da al hombre sus altas tasas de testosterona, hacen a este algo terco y muy decidido a la hora de alcanzar los objetivo que se ponen, que además suelen ser más ambiciosos que los objetivos de las mujeres, debido a la alta territorialidad que la propia testosterona causa en los machos.

Pero desgraciadamente, no es oro todo lo que reluce, como se suele decir, y desde esa esencia masculina que analizamos, también se siguen una serie de características negativas y perjudiciales que a veces muestran los hombres. Digamos que la masculinidad, tanto como la feminidad, es un arma de doble filo, y tenemos que intentar cortar con el filo bueno; mientras evitamos cortarnos con el filo malo:

1. Son agresivos, testarudos, poco racionales… Los hombres, en la persecución de sus intereses, pueden actuar muchas veces de forma agresiva. Es como si dejasen su capacidad para el raciocinio a un lado y simplemente invocasen la ley del más fuerte. Así, los hombres pueden llegar a arrasar con todo inventándose burdas excusas irracionales, para terminar por conseguir eso que ellos quieren, sea una presa, sea una mujer, sea Polonia, sea un puesto de enchufado en la administración…

2. Son poco sentimentales, poco emotivos, poco refinados. La rudeza de los modales del hombre comúnmente es criticada por la mujer. Ellas a veces se enfadan por que su pareja ya no se cuida, o porque deja restos de la espuma en el servicio después de afeitarse, o por que no le da importancia a los días especiales… Ellos no captan tan bien la esencia sentimental del mundo, y por eso a veces parecen muy burdos y casi máquinas en vez de personas dotadas de alma. Ellas se quejan, las gustan los hombres, pero hombres varoniles a su vez que comprensivos.

3. Son torpes en el trato social, hablan peor que las mujeres, suelen tener más problemas de sociabilidad. Esto es debido a lo que dijimos ya: como los hombres se especializaron evolutivamente en ir a cazar mamuts; y las mujeres se especializaron en tener relaciones sociales en el hogar, pues es normal que ellos sean los que suelen tener más problemas de sociabilidad, y los que suelen tener más dificultades para tratar con los demás y tener relaciones productivas con otras personas. Es normal que en una familia las mujeres hagan la función de pegamento que mantiene a la familia unida; y los hombres hagan el papel de martillo que tiende a disgregar y a destruir a la familia en una vorágine de agresividad y de conflictos.

Cosas buenas y malas de las mujeres

Las mujeres también tienen cosas buenas y malas. Las cosas buenas derivan directamente del espíritu maternal y compasivo de la mujer, y de su gran inteligencia emotiva y social:

1. Son generosas, compasivas, comprometidas. Una mujer tiene una gran capacidad de compasión, sobre todo con los más débiles. Esto es debido a que ellas están programadas para cuidar a las crías, débiles y completamente dependientes. Así, no es raro que ellas apliquen esta “programación”, no sólo a cuidar a sus niños: si no a cuidar a todo el mundo, ancianos, hombres, a su marido, a su hermano enfermo…

2. Son emotivas, sentimentales, buenas psicólogos naturales. Ellas siempre captan mejor ese lado emocional del mundo que ellos, por eso se cuidan tanto, porque siempre quieren dar buena impresión a los demás. Y por eso ellas son mejores para hablar de sentimientos y para consolarnos en los malos momentos, porque ellas captan mejor la psicología ajena, sabiendo siempre cuando alguien está de bajón, y consolándolo, teniendo a veces una capacidad magistral para encontrar las palabras necesarias o las acciones necesarias para el consuelo.

3. Son tranquilas, delicadas, buenas para la convivencia. Como las mujeres cuidaban de sus crías mientras los hombres arponeaban a un búfalo hasta la muerte… no es raro que al final, ellas sean más refinadas, mejores para convivir, más agradables como compañía en el día a día. Ellas son especialistas en el trato diario, mientras que ellos pueden ser difíciles a la hora de convivir con alguien, debido a que ellos a veces parece que están más programados para trabajar y para producir que para ser buenos en el trato con los demás.

Pero desgraciadamente, las mujeres también tienen una serie de cosas malas:

1. Sus excesivos sentimientos se pueden convertir en irracionalismo y en desprecio de la verdad objetiva. Esto pasa con muchas mujeres que llegan a la neurosis o a la histeria, y que ya no razonan, simplemente se dejan llevar por su gran caudal de emociones encontradas, convirtiéndose al final la mujer en un amasijo de emociones contradictorias y de deseos irracionales. Al final la razón se nubla y es aniquilada por el caudal de emociones que arrasan con todo.

2. Pueden ser menos activas, más inmovilistas y menos centradas en empezar nuevos proyectos. La testosterona de los hombres los induce a no estarse quietos ni un solo momento. Como las mujeres tienen menos testosterona, pues no es raro que sean menos iniciadoras de proyectos y que tengan más tendencia a conformarse con lo que tienen. Ellas se suelen tomar todo con más calma, pero la calma puede ser mala como acicate de la creatividad y de el inicio de nuevos proyectos.

3. Pueden ser excesivamente maternales y excesivamente generosas, y así llegar a cierto “reblandecimiento” que no favorece la correcta formación de las mentes de los varones que están bajo su influencia. ¿Cuantas veces hemos oído que en España han empeorado las cosas desde que quitaron la mili? El propio hecho de quitar la mili fue un gesto muy femenino, antibélico, maternal, compasivo… La mili (servicio militar obligatorio de España) era algo muy masculino, muy agresivo, muy guerrero, muy activo… En ella, más que defender al país, se pretendía curtir a hombres en los valores del arrojo, de la lucha, del valor… Así, aniquilando parte de la esencia masculina a manos de la esencia femenina, se consigue cierto “reblandecimiento” de los hombres y de la cultura en general, con lo que ahora se dispara las tasas de pasotismo, de cobardía, se “amaricona” a la sociedad y ahora simplemente no encararemos los problemas: los rehuiremos y esperaremos que las cosas se solucionen por sí mismas. El hombre valiente, que está dispuesto a arriesgar su vida para solucionar los problemas, simplemente desaparece, porque la esencia masculina es aniquilada en parte a manos de la esencia femenina (el maricón es un hombre que ha adquirido ciertos rasgos femeninos). Pero esto es muy negativo, porque y para resumir, podemos decir que cuando muere el último lobo, el cordero más bravucón se empezará a creer él el lobo, y empezará a creerse con derecho a todo, a robar, a matar, a prosperar con métodos como la corrupción, el enchufismo… A este cordero bravucón le seguirán al final los demás, y tendremos un rebaño de corderos que se creen lobos, que se atacan entre ellos, y que al final lleva a la destrucción del propio rebaño debido a que el reblandecimiento suele dar ánimos a los cobardes corderos que como ya no hay lobos ahora ellos se empiezan a creer los lobos.

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