Cosas que nos hacen subir el ánimo

Cosas que nos hacen subir el ánimoA veces pasamos por malas épocas en nuestra vida, donde el aburrimiento, el abatimiento, la desesperanza y la desgana se apoderan de nosotros. Son épocas de crisis personal en donde hemos perdido el rumbo, y sobre todo, no somos capaces de enderezar nuestro rumbo debido a que nos faltan energías, nos falta ánimo, nos falta ganas de hacer cosas De este modo, ya no somos tan activos como antes, ya no somos tan soñadores, ya no nos sentimos tan vivos, ya no tenemos tanta esperanza en el futuro, y además, nos falta la energía necesaria para intentar cambiar este rumbo tan negativo. Quizás en estas malas épocas de nuestra vida, en donde nuestros ánimos son muy bajos, recordemos con nostalgia las épocas pasadas, en las que podíamos ser felices, en las que teníamos ilusiones y muchas ganas de vivir y hacer muchas cosas nuevas. ¿Qué nos ha pasado para que nuestros ánimos hayan bajado tanto? Pueden ser muchos factores los que nos hayan quitado nuestros antiguos buenos ánimos, como la inactividad, la soledad, el estrés por problemas que tenemos, el sentirnos atrapados en vidas que no nos gustan y el tener una vida mucho peor de lo que nos hubiésemos imaginado en el pasado. De cualquier forma, como digo, lo peor de tener los ánimos bajos es que no tenemos fuerzas si quiera para intentar revertir esta situación y para intentar salir del pozo profundo en el que nos hemos metido. Lo peor de caerse a un pozo no es el golpe contra el fondo; si no que al estar doloridos nos será muy difícil intentar escapar del pozo. Por eso, en este artículo, damos una pequeña lista de cosas que nos hacen subir el ánimo y los ánimos en los malos momentos, como un intento de hacer subir nuestra moral y de este modo, recuperar las suficientes fuerzas para ahora sí intentar escapar trepando por el pozo hacia arriba.

Cinco actividades que nos hacen subir el ánimo

1. Tener un trabajo. En la lista de nuestras “cosas que nos hacen subir el ánimo”,va a ver unos cuentos puntos aparentemente paradójicos y contradictorios. Pues ¿no debería de estar yo más cansado aún si trabajo y si realizado alguna actividad física? Eso es lo que creemos todos, si trabajas estás cansado, llegas a casa sin ganas de hacer nada, no tienes energías para hacer otras cosas… ¡pero es que el trabajo tiene el efecto justo contrario al descrito! Sí, trabajar cansa, pero también te activa, te activa el cerebro y hace que este funcione con más energías y a pesar de estar cansados por el trabajo, nos entran más ganas de hacer cosas que si estuviésemos todo el día sin hacer nada. De hecho, hace poco han salido unos datos en España sobre las personas que se consideran felices. Antes de la crisis económica el 80% de los españoles se consideran felices. Y después de la crisis económica sólo el 55% de los españoles se consideraban felices… El estudio concluía que lo que nos hacía felices a los españoles es tener un trabajo… Además de los beneficios económicos que aporta y la independencia que aporta, el tener un trabajo te activa la mente, te activa el alma… y luego estás paradójicamente mucho más lleno de energías que tú puedes usar en disfrutar de la vida. Muchas personas a las que les tocó la lotería, dejaron el trabajo porque creían que así iban a disfrutar más de la vida al tener más tiempo para ellos… Pero con el tiempo, muchos de ellos retomaron su antiguo trabajo u otro nuevo porque sentían que su vida, con dinero, con lujos, con riquezas… era mucho más aburrida e insustancial que antes. El trabajo es como una droga, que sabe amarga pero que luego te pone a cien.

2. Estudiar algo. Pues es parecido al punto anterior de “tener un trabajo”. Estudiar es una actividad aparentemente poco placentera, poco divertida y poco ociosa… pero eso nos activa el cerebro, nos sube las energías, causa en nuestra mente sensaciones contradictorias, de por un lado el cansancio ligado al estudiar; pero por otro, el placer ligado a la activación de nuestro cerebro por el estudio. Podemos dedicarle un par de horas al día (en función de nuestra disposición de tiempo) a estudiar alguna disciplina que nos llame la atención. Eso nos activa el cerebro y nos da más energías, aunque pudiese parecer que debería de pasar lo contrario… Además, así aumentamos nuestros conocimientos, algo que nos puede venir bien para encontrar un mejor trabajo, o para autorrealizarnos como personas y ser de este modo más felices.

3. Hacer cursos. Otra vez se produce la contradicción aludida: ¿pero no era una mierda absoluta el tener que ir a clase a aprender…? No exactamente, eso nos activa el cerebro, nos hace paradójicamente tener más energías que si no hiciésemos nada en todo el día. Nuestro tercer punto de hacer cursos se diferencia del anterior de estudiar algo, en que los cursos los hacemos con otra gente, en grupo, tenemos que tener un horario de asistencia al curso que es regular, tenemos que recorrer una distancia hasta el aula en donde se imparte el curso, tenemos que interactuar con nuestros compañeros al llegar, tenemos que sentarnos y entender con mucha atención las explicaciones del profesor, tenemos que aguantar ahí varias horas hasta que al final termina el curso, con quizás un descanso entre medias en el que aprovechamos para socializar con nuestros compañeros de curso. Y al final nos vamos a casa recorriendo el camino de vuelta, y teniendo la sensación de que nos hemos quietado un peso de encima porque al fin terminó el aburrido curso… ¡pero no nos damos cuenta que volvemos a casa con las pilas mentales cargadas! Cuando llegamos a casa, nos damos cuenta que estamos a tope de energías y que podemos disfrutar de la vida mucho más que si no hiciésemos nada en todo el día.

4. Pasar estrés social. El estrés no es necesariamente malo. De hecho, es necesario. Eso es debido a que en nuestra evolución, hemos sido seres sometidos constantemente a unas buenas dosis de estrés debido a nuestro constante trato con otras personas de nuestra “tribu” o de nuestro grupo. Nuestro cerebro necesita el estrés social. El estrés social se produce en nuestra interacción con otras personas, debido a que se nos exige más a nuestro cerebro cuando estamos con gente que cuando estamos solos y no tenemos que preocuparnos de como actuar con respecto a los demás. El estrés social es una sobreestimulación de nuestras capacidades cognitivas, pues se les exige más como acabamos de decir que cuando estamos solos. Esta sobreestimulación genera una serie de reacciones en nuestro cerebro que lo terminan por activar. Aunque la sensación del estrés social sea desagradable, en realidad también es positiva porque nos está activando el cerebro. Yo he comparado el estrés social con una flor: cuando no hay nada de estrés social la flor está completamente cerrada, como si fuese un capullo. Luego el estrés social entra en nuestra vida, y nuestra flor se empieza a abrir. Si se abre mucho, podemos pasarlo mal porque el estrés social es excesivo. Pero si se abre un poco cuando estamos con gente; y luego se vuelve a cerrar cuando estamos solos, la flor de nuestra alma está abriéndose y cerrándose alternativamente, con lo que nunca está tan cerrada ni tan abierta como para que nos produzca daño. Podemos buscar situaciones sociales como un modo de activar nuestro cerebro, y jugar de este modo con esa flor que es nuestra alma.

5. Hacer deporte. Otra vez nuestro consejo para activarnos es otra vez contradictorio: ¿pero no cansa mucho el hacer deporte? A pesar de los tópicos, hacer deporte te aporta unos beneficios tan positivos, que superan al cansancio que se produce al hacer deporte. A veces incluso se le compara con la droga: amargo al principio, pero que cuando nos hemos tomado nuestra “ración”, en nuestro cerebro se generan unas sensaciones muy agradables de las que incluso nos podemos hacer adictos. Esta “adicción” es positiva a diferencia de la adicción a las drogas de verdad. Se ha llegado a decir incluso que una “ración” de deporte es como una pastilla antidepresiva, que nos sube el ánimo y que nos calma los síntomas de la depresión. Por eso, para subir los ánimos y combatir los síntomas depresivos, aconsejo una “ración” diaria de deporte (podemos descansar un día a la semana, por ejemplo) de unos treinta minutos o algo más. El tipo de deporte a realizar depende de cada uno, de sus gustos y de sus posibilidades de salud y físicas (siempre teniendo cuidado con las lesiones y con no exigir a nuestro corazón más de lo que este puede dar). Hay muchas cosas: ir en bici, salir a correr, hacer algo de ejercicio de gimnasio, jugar al baloncesto, al tenis, al “pilla-pilla” (cansa un huevo aunque se nos antoje un juego un poco infantil…), hacer senderismo…

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