Cuidar los ritmos circadianos para salir de la depresión

El Universo entero parece a veces una gran coreografía de planetas, de soles, de sistemas, que giran, que se mueven, que parece que bailan una danza que se repite periódicamente cada cierto tiempo. En el Planeta Tierra hay también varias danzas y coreografías que se repiten con regularidad periódica: el paso de los días, el paso de las estaciones, el paso de los años… A su vez, en el Planeta Tierra hay organismos como el de la biología del hombre. Un cuerpo humano tiene un ritmo interno, una coreografía interna, que hace que a lo largo de un periodo regular nuestro cuerpo valla cambiando: por las mañanas estamos muy activos, muy vivos; a mediodía nuestro cuerpo cambia, a veces nuestro ritmo cardiaco se relaja después de la comida; por la tarde todo empieza a moverse más rápido, el ritmo cardiaco se acelera un poco, nuestro organismo se acelera; y al llegar la noche, justo antes de que nos entre sueño, nuestro organismo está en su cenit de actividad máxima: estamos eufóricos, estamos románticos, nos sentimos con más energías que nunca y con muchas ganas de hacer cosas que nunca. Nuestra propia biología interna tiene unos ritmos que se les han llamado ritmos circadianos, que son ritmos que se repiten como un círculo (circa) que se va trazando una vez después de otra como si fuesen las agujas de un reloj, a través de los días (dianos), pero también de los meses, de los años… Por tanto, nosotros vivimos con un ritmo marcado por dos tipos de relojes: los externos, el paso de los días, de los meses, de los años… Y los internos, nuestros propios ritmos circadianos, que hacen que nuestro organismo modifique un tanto su comportamiento en función de si es de mañana, de si es invierno, de si es un día de fiesta o un día laboral… Este ajuste entre los relojes externos que son impuestos por el transcurso de los días, de las estaciones… y nuestros propios relojes internos, impuestos por nuestros ritmos circadianos, se ha considerado una pieza fundamental en la supervivencia de las especies, debido a que las especies que mejor ajustan sus ritmos circadianos internos a los ritmos externos impuestos por las fuerzas de la naturaleza, sobreviven de media más que las que no logran esto. Por supuesto, todo esto tiene mucho que ver con la depresión, porque el enfermo de depresión es de normal una persona que tiene sus ritmos circadianos a su “libre albedrío” (o sea, son un caos), y que no se ajustan para nada al reloj externo marcado por las condiciones ambientales externas. Calculo que cerca del 90% de las depresiones se podrían curar reajustando los ritmos circadianos de una persona con depresión. En este artículo, cuidar los ritmos circadianos para salir de la depresión.

El reloj biológico y la depresión

En la propia coreografía que es el Universo hay un “baile” eterno y que se repite cada cierto tiempo. Los planetas del Sistema Solar por ejemplo, tienen su propia forma de bailar, guiada por una coreografía que se repite. Para que esta coreografía se mantenga en equilibro y las cosas sigan sucediendo más o menos como han sucedido siempre, hay un juego de fuerzas y de equilibro entre fuerzas de una complejidad enorme. Pocos saben por ejemplo que La Luna es fundamental para que la Tierra y su movimiento lento, pausado… sea  posible. La Luna equilibra a La Tierra, la “frena”, porque sin Luna, la Tierra giraría unas tres veces más rápida sobre su eje, con lo que un día sólo duraría unas ocho horas. Con esta nueva “coreografía” de la Tierra, con días de 8 horas, la vida tal como la conocemos aquí abajo sería imposible, porque La Tierra sería una especie de páramo bombardeado constantemente por vientos de miles de kilómetros, por huracanes, por un clima extremo y atroz. Quizás hubiese vida en La Tierra pero nada tendría que ver con la vida que hay ahora mismo sobre la Tierra.

Y en el “baile” diario de una vida de un hombre, también hay elementos “equilibradores” que hacen que nuestro organismo funcione de forma correcta. En la entrada de mi enciclopedia sobre los “ritmos circadianos”, se menciona una vez la palabra depresión. La menciona a raíz de la posibilidad de que en el norte de Europa exista un tipo de depresión asociada a la falta de sol y de luz durante los meses de invierno. Y es que se cree que el sol es un estímulo para nuestro cerebro, necesitamos nuestra ración diaria de sol, de ver el sol, de ver la luz del sol, de sentirla sobre nuestra piel… para qué nuestros propios ritmos circadianos internos se desarrollen de forma correcta. En este caso, un elemento externo como es el sol, puede afectar negativamente al ajuste de nuestros ritmo circadianos internos. De hecho, en nuestro propio cerebro existe una especie de “reloj” que se calibra mediante los rayos del sol: se calibra sobre todo cuando nos levantamos y vemos y sentimos la luz del sol; y en la tarde, cuando los rayos del sol se empiezan a difuminar porque el propio Sol se pone y se esconde por el horizonte. En este caso podemos ver con claridad que es necesario que los elementos externos se ajusten correctamente a nuestros propios ritmos internos, ya que si no nuestros ritmos circadianos internos no funcionan correctamente, eso causa que nuestro organismo esté un tanto “desfasado”, y eso con el tiempo, puede terminar por generar depresión, infelicidad, sentimiento de insatisfacción…

Por ejemplo, las personas que tienen oficios nocturnos, personas como los policías, panaderos, camareros… está demostrado que tienen una esperanza de vida inferior por el hecho de que sus ritmos biológicos no se ajustan a los ritmos del día y de la noche debido a la nocturnidad de su profesión. Con estos ejemplos podemos ver lo importante que es que nuestro reloj biológico interno se ajuste a las circunstancias externas. De esto depende en gran parte nuestra felicidad y nuestro bienestar. Por eso, para terminar el artículo, damos unos consejo que nos ayudarán a ajustar nuestros ritmos circadianos internos a las circunstancias marcadas por factores externos.

Cinco consejos para ajustar nuestro ritmo vital

1. Ten unos horarios de levantarte y de acostarte más o menos fijos y diurnos. Se dice eso de que

“al quien madruga Dios le ayuda”

y no sé si le ayuda Dios exactamente, pero sí le ayuda a ser más feliz que sus ritmos circadianos internos, creados para ajustarse a unas condiciones de luz y de sol diurnas, se ajusten a unas condiciones externas adecuadas. Somos criaturas diurnas, por eso aconsejo levantarse pronto por la mañana; y acostarse no demasiadas horas después de que se meta el último rayo de sol. En la noche, mientras los fantasmas merodean por los castillos; y Bárcenas anda por ahí por los pisos de sus amigotes repartiendo sobres, nosotros descansamos y dormimos en un sueño reparador que en su justa medida (entre 5 y 10 horas, según cada uno), hará posible que al día siguiente nos levantemos como nuevos para contemplar los primeros rayos de sol de un nuevo día. Cuantas más horas diurnas aprovechemos del día, más feliz seremos. Drácula es Drácula porque duerme por el día y vive por la noche.

2. Ten una rutina diaria. Todos necesitamos un “quéhacer” diario, sea el trabajo, sean los estudios, sea el ocio de un jubilado que por la mañana se va a jugar a la petanca al parque; y por la tarde se va al hospital a ver al amigo al que el día pasado le sacudió con una bola de hierro en la cabeza, todos necesitamos algo qué hacer al día, una rutina más o menos establecida y fija, que se repita día tras día. Así además nos sentimos útiles, nos entretenemos, hacemos algo productivo, conseguimos avanzar en la vida, sentimos que llenamos nuestra vida con algo que hacemos y que es positivo para el mundo.

3. Marca los días festivos y especiales. Estas “marcas” consisten sobre todo en lo que hemos llamado tradicionalmente “celebrar los festivos”. Los domingos son domingos porque nos vestimos con nuestras mejores galas, porque el Sol te sonría por la mañana; porque cuando vamos a comer la paella del domingo a casa de nuestros padres, parece que hasta las gambas de la paella te sonríen… Porque por la tarde nos vamos al bar con nuestros amigotes a tomar un café y hablar de nuestras cosas; y porque por la noche nos vamos al cine con nuestra chica para despedirnos de ella e ir así mentalizándonos de que el día de fiesta se acaba y que al día siguiente volveremos otra vez a la rutina. Los días especiales hacen de “señales” en la vía de nuestros ritmos circadianos. Si no marcamos estos días nuestro cerebro puede funcionar de forma extraña al no lograr situarse simbólicamente en el territorio de nuestra vida. Hay muchos tipos de días especiales, que son esos opuestos a los días de rutina: vacaciones, sábados, domingos, carnavales, navidades… Todos esos días se merecen pasarlos de forma “especial”, y así los marcamos, los simbolizamos, y conseguimos ajustar nuestro reloj interno mediante estas simbolizaciones externas.

4. Haz algo de deporte diario. El deporte, pese a los tópicos, no nos hace estar más cansados: al revés, haciendo un poco de deporte diario haremos que nuestras energías vitales aumenten, y así tendremos fuerzas y energías suficientes para pasar un día entero casi como si nuestras piernas fuesen artefactos hidráulicos; y nuestro cuerpo fuese una máquina incansable y que puede con todo. Además, el deporte también aumenta el ritmo de trabajo de nuestra cabeza, pensamos más, pensamos más rápido, activamos el cerebro… Es como si con el deporte nos diésemos cuerda; y luego pudiésemos usar esta “cuerda” para andar por el día a día con más energías. Esto es debido a que nuestro organismo está “diseñado” para realizar ejercicio diario, pues las necesidades externas de conseguir alimento del mundo exterior, de conseguir cobijo, o refugio, crearon unas necesidades internas de movernos, de estar activos, de no parar de hacer cosas en todo el día. Por eso, y aunque ya no necesitemos movernos tanto debido a la industrialización y todo eso, nuestro organismo, forjado en unas condiciones evolutiva determinadas, no se ha dado cuenta, y sigue pidiendo su ración de ejercicio diario para que nuestra alma esté satisfecha y así genere sensación de bienestar.

5. Cuida los encuentros sociales. Exactamente lo mismo pasa en este punto: evolutivamente estamos hechos para estar con gente, con nuestro grupo de gente, rodeado de hombres, de mujeres de niños… Si no hacemos ajustar esta necesidad interna a las condiciones externas, nuestro organismo puede generar en nosotros grandes dosis de infelicidad, incluso llegar a la depresión. La soledad es precisamente una de las grandes o la gran causa de la depresión. Por eso tenemos que saber que la felicidad está en los otros, y hablar todos los días con alguien, en las comidas, en el café, en el trabajo… es fundamental para que así el mundo externo equilibre nuestro propio mundo interno, y de este modo podamos ser felices.

Conclusión sobre cuidar los ritmos circadianos para salir de la depresión

El Universo son círculos que se repiten con cierta frecuencia. Nuestro propio organismo a evolucionado para adaptarse a estos ritmos del Universo. El ajuste entre nuestros propios ritmos circadianos internos; y el mundo externo, es una de las claves para superar la depresión y poder ser al fin felices.

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