Distintas velocidades para vivir

He estado rememorando un poco esa época ya pasada de las discotecas, de la “Ruta del Bakalao”, de la música mákina, de las luces y del “subidón” que nos ensalzaba el alma… Esta época terminó hace años. Muchos la echan de menos… La música tiene cosas muy buenas, pero también tiene una cosa muy mala: te hace creer lo que no es. Y es que esa música tan espléndida que era la mákina, con ese ambiente tan genial de la disco futurista, con esas luces, con buena compañía, alcohol… te hacía creer que eras grande, que vivíamos en una sociedad muy avanzada, que la fuerza de la música bakalao de alguna manera era sólo una avanzadilla del espléndido presente y futuro que teníamos bajo nuestros pies y delante de nosotros.

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El problema de los sueños como ya vio Freud es que te hacen cumplir de forma alucinatoria ilusiones que tenemos. Y claro, como esas ilusiones ya las hemos cumplido, aunque sea en sueños, ya no tenemos que esforzarnos en el mundo real para cumplir ahora de verdad esas ilusiones. Muchos adoramos esa estética de la “música mákina” de ya otros tiempos. Pero yo en lo personal detesto que se quedase sólo en eso, en estética, en carcasa, en aparentar. Creo que hace ya años no fuimos grandes a pesar de espectáculos del calibre del vídeo que enlazo o cuelgo. De hecho, creo que alucinábamos y cavábamos una tumba de sueños que nos impedirían construir nuestras esperanzas en un mundo real. Vivíamos muy rápido, queríamos la satisfacción inmediata, queríamos disfrutar rápido y sentirnos por unos momentos, por una noche de desfase en la discoteca, grandes e importantes. A veces las personas que sueñan despiertos son personas condenadas a no poder cumplir sus esperanzas en el mundo real. Nos acostumbramos a la satisfacción inmediata y falsa, la satisfacción de la música, de las drogas, del espectáculo audiovisual… No pensábamos en el mañana, porque ya estábamos a gusto en nuestro éxito alucinatorio. Y con todo, nuestra estética “bakalaera” no tuvo nunca por necesidad el ser una estética vacía y vana: pudimos llenarla con algo, con ideales, con ideas de un futuro tecnológico e industrial, con ideas de justicia en nuestra época del “fin de la historia”. Yo lo intenté hace años. Y lo sigo intentando ahora. La estética por sí misma no es mala siempre y cuando se ajuste la representación a lo representado y a lo simbolizado. Otra cosa es que hagamos lo que dicen algunos que propuso Schiller: echarle un fino velo de seda sobre una realidad decadente para cubrirla, aunque debajo del velo siga habiendo un montón de mierda. Yo siempre vi algo vacío en esa vieja estética bakalaera… por eso no me dejaba llevar por el ritmo tan fácilmente. Es precisamente a día de hoy cuando me gusta bailar más que nunca… y creo que es porque yo ya he cumplido objetivos vitales, y ahora sí la representación se ajusta a lo representado, la estética de la mákina se ajusta a mi autorrealización vital. Vivo lento pero seguro. Hay otros caminos. En este artículo distintas velocidades para vivir.

Distintas estrategias para vivir

Como digo, hay que soñar, pero soñar despiertos. Cuantos de los que leen esto han visto una chica mona en la disco, y se han puesto a fantasear que la entrarían,  que luego se harían novios, y que tendrían una vida muy feliz uno junto al otro… Y cuando el ingenuo soñador levanta la vista, ve que esa chica tan mona se ha escabullido en el tiempo en que él, ingenuo soñador, cerró los ojos y se imaginó lo que podría haber sido real echándole más agallas. Soñar a veces es de cobardes. Salvo desde luego que usemos los sueños como un mapa para orientarnos en el mundo real. Esto segundo es precisamente lo que hacen las personas que viven lento.

De alguna manera hay dos estrategias de vida:

-La estrategia de la liebre: vive rápido, corre mucho, pero vive sólo unos 10 años.

-La estrategia de la tortuga: vive lento, corre poco, pero puede vivir hasta los 400 años.

Las personas más extrovertidas suelen adoptar la estrategia de la liebre; las personas más introvertidas suelen adoptar la estrategia de la tortuga: la estrategia de la liebre es una estrategia más masculina, más activa, más agresiva; la estrategia de la tortuga es una estrategia más femenina, más delicada, más suave. ¿Cual de estas dos estrategias es mejor?

La belleza de los rostros de los hombres

Ayer estuve leyendo algún artículo sobre la belleza masculina. Y me encontré un dato chocante, un dato que estaba referido a la percepción de mayor o menor belleza de las mujeres sobre los rostros de los hombres: parece ser que los rostros de hombres que las mujeres ven como especialmente atractivos, son de dos grandes tipos distintos:

-O bien rostros de hombres muy machos, muy activos, algo agresivos e intimidatorios…

-O bien rostros de hombres muy suaves, muy femeninos, delicados y que reflejan dulzura y bondad.

Irónicamente los rostros de hombres que son más atractivos para las mujeres se dividen en dos grandes tipos que casi están en los dos extremos de una posible escala. Y desde luego el primer tipo de rostro de hombre suele corresponder a hombres que adoptan en esta vida la estrategia de la liebre; y el segundo tipo de rostro de hombre suele pertenecer a hombres que adoptan en esta vida la estrategia de la tortuga. Son extremos, pero ambos en sus distintas estrategias son muy atractivos, en su radicalidad profunda de llevar una estrategia a sus límites más insospechados.

Nuestra vida en nuestro rostro

¿Y cual de entre estos dos tipos de hombres-estrategias es más atractivo y mejor? Pues lo cierto es que tenemos datos frescos al respecto. Se han hecho estudios muy esclarecedores con mujeres, en los que se les preguntaba a las mujeres sobre sus gustos respecto a los rostros de hombres. Resulta, que las mujeres africanas, procedentes de países en guerra, suelen preferir rostros de hombres-liebres, que viven rápido, agresivos, muy machos… Y las mujeres del norte de Europa suelen preferir rostros de hombres-tortuga, o sea, hombres que viven más lentos, más tranquilos, mejores en el trato social y menos agresivos. Es evidente que Darwin, una vez más, tenía razón: los hombres-tortuga se ajustan muy bien a las necesidades humanas de los países ricos: son muy sociables, agradables en el trato, son buenos padres de familia, son leales a la mujer y a los hijos; y los hombres-liebre se ajustan muy bien a las necesidades de los países arruinados por la guerra y la pobreza: viven rápido, son activos, son temerarios, valientes, no son fieles pero a cambio engendran a su vez vástagos resistentes, luchadores, que viven rápido en ambientes poco propicios para la superviviencia, y eso hace que las posibilidades de éxito reproductivo de estos hombres-libres sea superiores sobre los hombres-tortuga en un mismo ambiente.

¿Significa esto que los hombres que viven rápido, los hombres-liebre, están destinados a desaparecer en un mundo en donde reinará la paz y la prosperidad…? No exactamente. Muchas de las aptitudes típicas de los hombres que viven rápido son muy adaptables incluso en entornos industriales y de países ricos, como por ejemplo su actividad, su valentía, su capacidad de trabajo, su gusto por el riesgo,… De hecho los hombres-tortuga pueden aprender mucho de los hombres-liebre, a vivir un poquito más rápido y a pensar un poco menos. Además de a vivir en el mundo real y no en el mundo de sueños en donde las ilusiones no salen desde el pensamiento al mundo real.

Conclusión sobre distintas velocidades para vivir

Lo cierto es que cada persona tienes un ritmo propio de vida. Por ejemplo, casi todos mis quintos (compañeros de colegio de mi misma generación) ya están casados y con hijos. Yo vivo un poquito más lento, pero porque soy así, lento, seguro,… Pero yo mismo he aprendido que a veces hay que imitar un poco a otros tipos de temperamento. Por eso a día de hoy un poco estoy imitando al hombre-liebre… Vivir lento está bien, pero llega el momento en donde tenemos que echar a correr…

Aun así no hay que presionar a nadie, ni debemos de compararnos con los demás, ni debemos de dejarnos de presionar por la edad… Las tortugas viven más. Así que a todos esos chicos que tienen entre 25 y 40 años, y que ya se creen muy viejos para hacer cosas como salir con chicas, como disfrutar de la gente, de la amistad… les diré que José Luis Sampedro acaba de morir con casi 100 años, y ha estado disfrutando de esas cosas hasta casi el último día de su vida.

Las cosas son más complicadas que el “más vale tarde que nunca”. A veces simplemente tenemos distintos ritmos vitales. Eso lo tenemos marcado hasta en la constitución biológica y física, como vemos en el caso de que nuestro temperamento de tortuga o de liebre ya se refleja hasta en nuestro tipo de rostro. Se trata simplemente de vivir nuestra vida, de hacer nuestra trayectoria vital. Y por supuesto de vivir una vida en el mundo real, no en alucinaciones incumplidas, ni en sueños que no existen más allá de nuestros pensamientos. Por eso no es que nunca sea tarde, es que a lo mejor es ahora cuando llega nuestro momento. Y desde luego muchas tortugas deben de aprender a correr casi tan rápido como las liebres… Y algunas liebres también deben de aprender a correr un poquito más seguro, como las tortugas.

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