Dos normas para una vida feliz

Nuestro propio destino como especie se ha forjado en un entorno determinado, que es la superficie del Planeta Tierra. En este entorno hemos podido ser felices con muy poco, sólo es necesario lo esencial para la felicidad. Curiosamente cuando uno se vuelve sabio, se da cuenta que todo lo que ha aprendido le sobra, y sólo importan las cosas sencillas de la vida. Pero aún así ni con todo el oro del mundo uno consigue ser feliz. Y es que hace falta algo más que cosas externas para la felicidad. La felicidad está en buena parte dentro de nosotros. Muchos ricos que fliparon cuando alcanzaron sus riquezas, y que creyeron que a partir de entonces la vida iba a ser una sucesión de placeres uno detrás de otro, con el tiempo se dieron cuenta de que toda esa vida bohemia, desenfrenada, llena de lujos y de fiestas, no les llenaba, ellos ahora ya no podían ser felices. Tener mucho no hace feliz a nadie, aunque es necesario tener lo suficiente. Muchos de estos ricos con el tiempo, se metieron en las drogas porque nada de lo demás, ni el sexo, ni las fiestas, ni los lujos… los llenaba ya, y querían volver a sentir esa sensación de placeres indescriptibles que ellos sentían cuando empezaron con su vida desordenada y bohemia. De alguna manera la riqueza está en buena parte dentro de nuestra cabeza. Recuerdo que antes de que los discos de música, los videojuegos, las películas… cuando yo iba al super y compraba algo de eso, me sentía el hombre más dichoso del mundo con una copia del Collin MacRae Rallye, o con la película en VHS de Gladiator. Pero con el tiempo, todo esto está al alcance de todo el mundo, hay millones de pelis, de videojuegos… que es posible descargarlos gratis sin pagar, cantidad y calidad para aburrir… Pero todo eso ahora no me hace ni la centésima parte de lo feliz que me hacía cuando yo compraba una miserable película, un videojuego, un disco de música… Total, ya ni veo pelis, ni juego a videojuegos… escucho música pero por Youtube y ya no me da placer tener un disco de un grupo que me gusta. Este ejemplo es interesante para ilustrar que buena parte de nuestra felicidad está dentro de nuestra cabeza. Por eso, en este artículo vamos a dar dos normas que nos ayudarán a que esta felicidad que está en nuestra cabeza sea lo más elevada posible. Hablamos de dos normas para una vida feliz.

Norma número 1: respeta las reglas

Hace poco estaba leyendo en una revista de esas del corazón… que los papis Angelina Jolye y su marido Brad Pitt estaban usando un método para educar a sus hijos (adoptados) que consistía en que no hubiese reglas y que cada uno de ellos hiciese a cualquier hora lo que le diese la gana. Así tenemos al hijo pequeño de Jolye y de Pitt viendo la tele a las tres de la mañana; y al hijo mayor haciendo una comida de mediodía a base de golosinas y dulces… Al fin y al cabo, las reglas parecen una mierda, ¿a quien le gusta lavarse los dientes, a quién le gusta irse a la cama pronto, a quién le gusta ducharse todos los días, a quién le gusta hacer los deberes si no tienes ganas…?

Lo cierto es que un gato, por ejemplo, hace siempre lo que le da la gana: cuando quiere comer come, cuando quiere mear mea, cuando quiere dormirse se duerme, cuando tiene que cazar para comer pues lo hace porque es lo que le pide el cuerpo… El gato es feliz así, hace lo que le pide el cuerpo. Entonces, ¿no seremos entonces los hombres más felices si no hay censuras, normas… como creen Angelina Jolye y Brad Pitt? Pues no, porque en el hombre hay un desajuste brutal entre lo que tenemos ganas de hacer, y lo que nos conviene. A nadie le gusta estudiar, pero a veces lo hacemos, aunque nos disguste (yo en su día lloraba delante de los libros…) porque sabemos que aunque sea doloroso y sea poco divertido, eso a su vez nos traerá un bien que supera a este mal que nos provoca el estudiar. Lo mismo pasa con el lavarnos los dientes, puede que sea costoso y desagradable, y uno preferiría no hacerlo, pero al hacerlo, obtenemos un bien a largo plazo, aunque sea a costa de un esfuerzo a corto plazo. Este bien es que así mantenemos la dentadura sana y fuerte (los dientes sucios se pudren por la noche porque no tienen la protección de la saliva, por eso es especialmente importante lavar los dientes antes de irnos a dormir).

En el hombre este desajuste entre lo que tenemos ganas de hacer, y lo que nos conviene, se realzas mediante unos hábitos que nos inculcan desde la cultura. No tenemos ganas de ir al colegio, pero nos obligan porque eso es importante para formarnos como futuros hombres y mujeres hechos y derechos. Pero a veces, esta cultura se difumina, llega el descontrol y empezamos saltarnos las reglas, como acostarnos pronto y levantarnos pronto, como comer equilibradamente, como comer ordenadamente y con unas horas fijas… Vivir solo de hecho es un gran desencadenante de infelicidad, porque al estar solos no tenemos reglas, hacemos lo que queremos cuando queremos, y así nuestra felicidad se resiente. Por eso tenemos que poner normas en nuestra vida, respetarlas, cumplirlas… Esa es una garantía segura de felicidad, aunque parezca paradójico que comer equilibradamente en vez de comer golosinas nos haga felices, cuando es mucho más placentero comer golosinas que comer equilibradamente… pero sólo a corto plazo. A largo plazo, nos da más felicidad comer equilibradamente y tener una vida en general regida por normas, dolorosas de cumplir a corto plazo, pero que nos aseguran la felicidad en poco tiempo desde que empezamos a cumplirlas.

Norma número 2: condiciónate positivamente

El otro día leyendo en la enciclopedia sobre el insomnio, me di cuenta de algo tan importante que es difícil de comprender, tan difícil de comrpender que yo he hablado muchas veces de ello y aún no lo he comprendido en profundidad. El insomnio por ejemplo se puede producir por muchos motivos (pesadez de piernas, estados de nervios, depresión, preocupaciones, dolores musculares…). Pero a veces no hay motivo especial para que se produzca, simplemente el cerebro y la mente del enfermo de insomnio está “condicionada” negativamente para que este no duerma. ¿Cómo es posible esto? Pues el enfermo de insomnio tuvo un día una mala experiencia al dormir. Un perro se puso a ladrar y no lo permitió dormir en toda la noche. Al día siguiente, en su trabajo de mecánico, lo pasó fatal, cuando no duermes estás como drogi y sufres, es peor que estar agotado y encima tienes que trabajar 8, 10 horas al día. Al final esta persona, después de un día de insomnio, duro, terrible, en donde no pudo ni disfrutar del bocadillo, ni de los besos de su mujer al llegar a casa agotado, al final esa persona cena sin ganas, y se va de nuevo a la cama esperando ahora sí conciliar el sueño que le permitiría poder disfrutar de la vida como solía hacer antes de ese día de insomnio por culpa de los ladridos de perro. El insomne se va a la cama con la seguridad de que ese perro ya no le volverá a molestar. Y así es: ningún perro ladra ni hay ningún ruido durante toda la noche. Pero el insomne no se duerme… y vuelve a pasarle lo mismo al día siguiente. Y otra vez al siguiente, y al siguiente… Y así puede llegar a pasar años enteros, entre el infierno del insomnio por condicionamiento ¿Qué paso? ¿Por qué este hombre sano completamente terminó por desarrollar este insomnio? Porque su cerebro se “condicionó”. La experiencia negativa empezó a generar una serie de raciones en su cerebro que fueron a más y a más, hasta que el cerebro empezó a tener una dinámica distinta, teniendo entonces nuestro desgraciado insomne más miedo cada día que pasaba al malestar producido por el insomnio, ya sí el cerebro empezó a generar unas reacciones más adversas aún, como si se tratase de una bolla de nieve que se hace más grande cada vez. Para que veamos lo importante que es el condicionamiento. Lo digo y lo repetiré: si yo me creo bueno, seré bueno; si yo me creo malo, seré malo; si yo me creo tímido, seré tímido; si yo me creo seductor, seré seductor; si yo me creo feliz, seré feliz; si yo me creo afortunado, seré afortunado…

Por eso mismo tenemos que trabajar los pensamientos, sobre todo tenemos que intentar limar los pensamientos negativos (la agresividad del hombre tiene muchos modos muy creativos para ser canalizada, no hace falta que nos convierta en monstruos); e intentar potenciar las sensaciones positivas, aprender a ver el lado bueno del mundo y de nosotros mismos en vez de el malo. Hay que controlar el pensamiento, sobre todo si tenemos depresión o malestar por complejos, por problemas, por situaciones… En el control del pensamiento está la clave de nuestra felicidad. Por tanto, tenemos que intentar trabajar un condicionamiento positivo, que es contrario al condicionamiento negativo de nuestro insomne.

Bueno, pues con esto terminamos el artículo… Ah… ¿qué cómo puede hacer el insomne para “descondicionarse” y poder al fin dormir? Pues luchar, mentalizarse, meditar, darse cuenta de que ese perro ya no volverá a ladrar, tiene que luchar contra la inercia de la bola de nieve que se hace cada vez más grande. Para ello debe de meditar, de reflexionar sobre lo que le pasa, de aprender a relajarse en la cama, de aprender a controlar sus impulsos más agresivos… (esto en la psicología moderna se llama terapia cognitiva y es bueno contar con la ayuda de alguien, por lo que recomiendo mi Coach Mensual en nuestra Tienda SyA).

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