Ejemplos de superación

He estado leyendo la historia de Joseph Merrick, mundialmente conocido como “el hombre elefante”. Nació en el año 1862 en Inglaterra, en medio de la dura época victoriana. Su vida estuvo marcada por una terrible enfermedad que le causó profundas deformaciones en su rostro y en el resto de su cuerpo. Su rostro era apenas un amasijo de bultos en donde apenas se intuía su cara; y su  cuerpo también estaba deformado, dificultándole hasta el caminar. Sus manos apenas podían realizar trabajo ninguno, lo que en la época le impedía encontrar un trabajo asalariado. Pero en el caso de Joseph Merrick su rostro no era el reflejo de su alma: por dentro atesoraba una gran sensibilidad, bondad de carácter, además de una gran inteligencia, o sea, todo eso que le falta a los políticos españoles (tampoco suelen ser guapos por lo general…). En este artículo, ejemplos de superación.

La vida de Joseph Merrick

Joseph Merrick nació con un aspecto aparentemente normal. Pero con sólo 18 meses las deformaciones empezaron a apropiarse de su cuerpo (que no de su alma). Debido a la deformación de su esqueleto ni siquiera podía jugar en la escuela con los demás niños. Tanto en el colegio como en la calle la gente se paraba y hacía corros a su alrededor para observarle. Las deformaciones crecían con él, pero Merrick tuvo siempre a su ángel protector: su madre. Esta le protegía de la mirada de los demás, le llevaba y le traía del colegio, le cuidaba, le alimentaba, le vestía, le daba apoyo moral, jugaba con él,… Cuando Joseph Merrick tenía nueve años, se abrió una enorme grieta sobre la tierra, bajo un cielo gris, y de la grieta ascendió un ángel negro. La madre de Joseph Merrick murió.

ejemplos de superaciónMerrick siempre dijo que ese fue el peor suceso de toda su vida, incluso peor que su propia y terrible enfermedad. Desde entonces quedó al cuidado de su padre, pero los hombres no tienen ovarios, y las glándulas suprarrenales escasas veces los compensan. Estar con un padre así era aún peor que estar completamente huérfano (pues en ese caso, seguramente hubiese recibido ayuda). Para más colmo, su padre se casó con una mujer que ya tenía dos hijos. Merrick vio cómo su vida empeoró por momentos: era maltratado por sus hermanastros, y la madre de estos y mujer de su padre tenía constantes gestos de desprecio y de agresión hacia el “hombre elefante”, llegándole incluso a retirar el plato del que comía antes de terminar Merrick su comida, alegando esta que “para lo que trabaja, ya ha comido demasiado”.

Motivado por los maltratos se escapó varias veces de casa. Al final, volvió siempre pero le hacía prometerle a su padre que a partir de ahora le tratarían mejor. A pesar de sus dificultades se tuvo que poner a trabajar. El trabajo le causaba dolor, y era difícil envolver puros con una mano enorme y con unos huesos atrofiados. Pero si quería comer tenía que aguantar el suplicio que era para él trabajar. Al final, su mano adquirió tal grado de deformación que fue despedido de la fábrica de puros.

Después se puso a trabajar como comercial. Lamentablemente, cuando la gente veía quien había llamado a su puerta le cerraban la puerta en su mismísima cara. Pero no desistió y aguantó desarrollando este trabajo durante un tiempo. Como no vendía nada le entregaba a su padre como supuestas ganancias el mismo dinero que este le había dado para su almuerzo, con lo que se quedaba sin comer, pero al menos con alguna ofensa de menos por parte de su padre, de sus hermanastros y de su malvada madrastra. Como así no se puede estar, cogió sus escasísimas pertenencias y se fue definitivamente de casa.

Este vagó durante unos días sin rumbo fijo, pero al final su tío, hermano de su padre, lo fue a rescatar. Lo buscó por las calles y lo encontró, se lo llevó a su casa, y lo cuidó junto con su mujer durante dos años. Al final de esos dos años, el propio Merrick decidió, aún siendo muy joven, abandonar el cuidado de sus tíos. Y es que sentía que tenía que hacer esto, pues sus tíos iban a tener un bebé y creía que ahora, en esta nueva situación, sería una carga demasiado pesada para unos tíos que le habían acogido de forma tan generosa. A pesar de que su tío se negaba a que se fuese de casa, este supo que tenía que marchar hacia ningún lado.

Al final terminó en el circo, pero lejos de encontrar ahí su lugar en el mundo, fue una aventura pasajera, que terminó con Merrick medio abandonado por su compañía en el centro de Europa, lejos de Inglaterra, sin entender el idioma, y sin apenas recursos para poder volver a su país. Al fin logró retornar a Inglaterra. Tuvo algo más de suerte ahora: ante su situación de rechazo y de abandono, se hizo una colecta para sacar dinero para ayudarlo. La colecta fue un éxito y pudo alquilar con ese dinero una habitación en un hospicio. Poco después, con 27 años, murió probablemente por asfixia debido al enorme peso de su cabeza. Dicen que la vez que más feliz fue después de la muerte de su madre, se debió a que una mujer lo cogió las manos y lo trató con cariño y con dignidad.

Los recuerdos de los hombres

La verdad es que ahora mismo ni me acuerdo por qué he terminado leyendo la historia de Joseph Merrick. Unas cosas te llevan a otras y al final terminas leyendo algo distinto de la información que estabas buscando. Pero me ha chocado mucho esta historia, quizás porque si yo mismo hubiese estado en el pellejo de Joseph Merrick, en las mismas situaciones de Merrick, lo hubiese solucionado todo con nueve años, tras la muerte de la que hubiese sido mi madre, con un cuchillo y un corte en las venas del cuello. Pero Merrick no fue así: él quería vivir a pesar de la muerte de su madre (que siempre repetía que fue en su vida mucho peor que su enfermedad, cosa que yo mismo hubiese dicho también sin ninguna duda). Ver las historias de otras personas y ponerse en su lugar, puede ser una buena forma de relativizar nuestra personalidad, y ver que no todos los humanos son como nosotros.

A pesar de los males que atormentaron su vida, Merrick intentó siempre encontrar el lado bueno del mundo. Entre sus pocas pertenencias estaban un puñado de recortes de periódicos, pues este coleccionaba fotos que le gustaban o noticias que le parecían interesantes. Es curioso, pero suelen ser nuestras posesiones más insignificantes en donde se muestra nuestra alma de forma más pura y sutil. Desde una pequeña caja de música, que nos trae melodías pasadas cuando la abrimos; hasta los propios enseres más personales, como nuestra ropa o nuestros utensilios cotidianos. De alguna manera, cuando morimos dejamos aquí todo lo que nos pertenecía, y parece que esas pertenencias siguen manteniendo algo de nuestra alma. Supongo que por eso mismo siempre me han atraído tanto esos pequeños objetos que pertenecieron a personas que ya no están aquí: con ellos veo otras épocas y otras gentes. Joseph Merrick dejó todas sus escasas pertenencias al partir de este mundo, y también nos dejó el recuerdo de su historia que puede servir como ejemplo de superación para todos aquellos que estén pensando en terminar de construir su recuerdo sobre la Tierra demasiado pronto.

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