El amor, la amistad y la fobia social

Hay pocas imágenes tan turbadoras como una hermosa rosa con su tallo lleno de espinas. De alguna manera las sonrisas y las lágrimas siempre han estado cerca en un universo imperfecto. Y es que a veces tenemos que recordar que la perfección es un sueño de los geómetras seguidores de Platón. Ya el propio Platón se negó a aceptar la imperfección del mundo; a cambio, el otro lado, el mundo eidético, el mundo de las ideas, sería la verdadera realidad, pues sólo el “más allá” es perfecto. Este mundo terrenal es sólo una mala copia del otro lado. A Platón se lo tomaron muy en serio, y así llegó a occidente la Cristiandad, que creía que este mundo no debería de tener demasiado valor porque no es perfecto; el valor siempre estará en el cielo libre de imperfecciones. Los hombres y las mujeres también pueden ser más o menos perfectos. Pero la perfección no es una categoría válida para este mundo, quizás hay una perfección relativa, algo es lo mejor para nosotros en tales circunstancias. Eso yo ha veces lo llamo lo apoteósico, que es cuando llega en el momento adecuado el ángel que tú tanto necesitabas. He podido conocer al menos hasta llegar a saber su nombre a unas 300 mujeres en algo más de un año de mi cura anti-fobia social. Es una buena cura, haber conocido a tantas mujeres… Las he podido adorar a todas casi como a ángeles caídos. Yo, que era un “diablo ascendido”… Ellas me han hecho sentir muchas cosas y comprender otras muchas. De alguna manera, ellas me han hecho rejuvenecer hasta los tiempos en que yo iba al parbulario… y jugábamos cogidos de la mano al “corro de la patata”. Yo entonces las miraba a ellas a los ojos sin miedo, las miraba sus vestidos, las miraba sus bellos rostros… y sobre todo, apreciaba sus femeninos caracteres. Esas voces de ángel, esas palabras que te estremecen saliendo de esas bocas celestiales. ¿Y por qué perdí la visión de todo esto? Es difícil de entender, pero llegó la falta de autoestima, la fobia social, la depresión… y simplemente me encerré en mi mundo. Hasta una década alejado de las féminas, alejado de todas las mujeres del mundo menos de mi propia madre. Yo simplemente creía que yo era idiota y que no debería ni siquiera salir a la calle. La fobia social te hace creer eso, y los demás a veces te terminan de convencer.el amor, la amistad y la fobia social Pero con el tiempo descubrí que no tenía nada de idiota: simplemente no  había aceptado mi condición de hombre, no aceptaba el rechazo, no aceptaba la imperfección, no aceptaba que las rosas pudiesen tener espinas…

¿Y cómo acabó mi peculiar década ominosa? Supongo que acepté el dolor que te causa el pasar a lo largo de un pasillo de rosas y espinas. A veces a esto yo lo llamaba “exposición”. Exposición a mis miedos, exposición a mis limitaciones… Recuerdo la última vez en mi vida que me creí un idiota: me llamó una chica de la red de contactos “meetic” y yo me puse a temblar hasta que la tuve que colgar porque no era capaz de articular palabra. Y eso sólo hace dos años. Cuando conocí a la chica, me di cuenta de que la idiota era ella, y que yo, para estar en un mundo tan imperfecto, era un tío de lo más interesante. Desde entonces el dolor es mi maestro, y el placer mis enseñanzas. Hice labores en mi higiene vital que me hacían ver las estrellas de puro dolor, como hablar con desconocidos, o hacer otras cosas para mí antes imposibles. Y sabía que esas cosas por sí mismas no me harían disfrutar, pero encima del tallo de las espinas está la hermosa rosa roja, símbolo de nuestro blog y de nuestro proyecto.

Al final hice amigos de nuevo. El mejor amigo de estos que conservo es una amiga, una chica que a lo mejor lee esto. Sólo decirla que espero que nuestra amistad dure hasta que yo muera con 100 años. Tú seguirás viviendo más allá de esa cifra, las mujeres vivís más. Supongo que yo siempre tuve una concepción sacral de la amistad. Los mejores amigos de la vida nunca se olvidan, están ahí cuando los necesitas, te echan una mano en los problemas, te ayudan a soportar las cargas de la vida… Se dice que cuando una amiga tuya es muy buena amiga entonces esa amistad peligra, porque al final la amistad desemboca en el amor, y aunque el amor sea algo más grande que la amistad, la amistad se puede perder en el amor al modo de que los ríos se pierden en el mar. Para que no pase esto, yo construiré una presa frente al mar. Si necesitas algo de mí sólo grita mi nombre y yo estaré allí para ver tus ojos y ayudarte.

¿Y ahora quién soy yo? ¿Erik360? Bueno… es duro de decir. Erik360 es un personaje. Un personaje extrovertido, bromista, con mucha energía, ligón y mujeriego… Pero yo no soy Erik360…. Es un personaje que yo construí y que está inspirado en una persona real: un vecino mío que ligaba mucho, que era muy popular, que era muy alocado y que tenía mucho éxito social. Yo aprendí a imitarlo y me fue muy bien. Sí soy el chico tímido de los vídeos, ese sí soy yo. Hace tiempo aprendí que ser introvertido o ser extrovertido no tiene nada que ver con ser interesante o no. Hay introvertidos interesantes, no interesantes, y hay extrovertidos interesantes, y no interesantes. Si repasáis la lista de chicos o chicas de los que os habéis enamorado, veréis como hay muchos introvertidos que enamoran con una fuerza abismal. ¿Y quién seré yo en el futuro? Seguro que alguien muy normal y más discreto que lo que ha veces me hace parecer este blog. Como mucho seré como Carlos Ruiz Zafón, que puede ir a un bar a tomar una cerveza y sólo se oye un pequeño ronroneo detrás de él de un chico que lo señala a su espalda y cuchichea a sus amigos sobre que ese tío es alguien interesante. Pero nadie lo pide autógrafos, o al menos no es lo habitual. Eso cuando sea mayor. Aún me gusta sentirme un niño, me gusta esa inocencia y esa sana ingenuidad, pero ahora sí tendré cuidado con las espinas de la vida. Aunque eso no significa que no intente coger rosas entre mis dedos.

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