El deporte como forma de recuperar nuestra esencia masculina

El sedentarismo es un gran enemigo de la masculinidad. A las mujeres tampoco las sienta bien perder la forma, pero parece que ellas pueden estar atractivas igual aunque no hagan mucho deporte. Pero en el caso de los hombres el mantener una forma atlética adecuada es indispensable. Y no sólo para ligar: estar bien con nosotros mismos, estar a gusto, sentirnos hombres, un poco salvajes, un poco guerreros, un poco aventureros,…  ¿Alguien se imagina a Conan hecho una completa maricona, con michelines, gordo, fofo…? ¿Verdad que pierde toda esa fuerza masculina y testosterónica que destila el famoso personaje de cómics y cine? Sí, todos hemos estado en algún momento de nuestra vida con cuerpo de “maricona”… yo el primero. La falta de tiempo, los estudios, el trabajo, la falta de habito de trabajar el cuerpo desde que somos pequeños, hace que terminemos con cuerpos poco masculinos, poco atléticos, poco en forma. Y además, esta dejadez hacia el cuerpo se termina convirtiendo en una dejadez hacia el espíritu: el deporte no sólo nos pone en forma el cuerpo, no sólo aumentamos salud con algo de sano ejercicio; nuestra mente de alguna manera también nos agradece ese deporte purificador que hace que podamos conectar con nuestra esencia ancestral, de cazadores, recolectores, guerreros,… que recorrían incluso medio mundo, andando de aquí para allá, infatigables, incansables, invencibles,… Esta es una esencia masculina muy poderosa, y aunque al día de hoy tengamos coches, trenes, etc., nuestra propia esencia natural de hombres salvajes nos agradecerá que cultivemos nuestro yo de deportista épico. Y vuelvo a decir: con ventajas no sólo en lo físico, si no también en lo mental. En este artículo, el deporte como forma de recuperación de nuestra esencia masculina.

El culturismo y los “tíos cachas”

Lo primero de todo: rechazo el modelo de fabricar “estatuas humanas” del culturismo clásico. Todos recordamos esa imagen que fue más prototípica de los 80, del tío todo cachas luciendo brazos, con el cuerpo desnudo salvo por una especie de calzoncillo ajustado, y completamente embadurnado en grasa. Esa imagen es la prototípica del culturismo clásico. Este culturismo tiene su esencia y raíz en las antiguas prácticas culturista de la Grecia Clásica, en donde el ideal de belleza es muy parecido al modelo de “tío cachas” que tenemos hoy en occidente… Pero es importante saber que los griegos clásicos eran de lo más misógino que había. Ahí tenemos a Platón por ejemplo, que equiparaba a sus enemigos filosóficos con “mujeres”, desde luego para él eso era un insulto terrible. Y en general, la visión de la belleza masculina del mundo de la Grecia Clásica era una visión desde el punto de vista de los hombres: vamos, que no había mujeres que dijesen “los hombres cachas estáis muy bien”. No las dejaron opinar. Y dicho esto, rechazamos el modelo de culturista inspirado en la antigüedad clásica. Mantener un cuerpo tipo “culturista” no sólo que no es muy producente de cara a ligar con chicas; si no que es caro, tanto en términos económicos como en términos de dedicación. Y por supuesto con el mayor respeto para la gente que le gusta ese deporte. Pero en este artículo por “recuperar nuestra esencia masculina con el deporte” no entendemos llegar a ser un “tío cachas”.

El deporte como entrenamiento de nuestra masculinidad

A las mujeres les gustan los cuerpos de hombres normales, pero en forma. Desde este punto de partida, podemos entender la forma en que el deporte puede ayudar a penetrar en nuestra propia esencia masculina. El deporte hace “aflorar” nuestro propio contorno formado por músculos que se insertan en los huesos. Una fina capa de piel con grasa debajo lo recubre todo, dándole así al cuerpo masculino una apariencia angulosa, pero no tanto como si no tuviésemos esa capa de grasa justo debajo de la piel. Un cuerpo masculino resulta atractivo cuando podemos diferenciar los músculos en el cuerpo desnudo sin que parezca todo una enorme “masa amorfa”, típico de los cuerpos fofos y sin forma. Pero no hace falta llegar a ser como Conan. Hay hombres más flacos, hombres con más músculo… A las mujeres no les gusta que cuando un hombre se monte encima de ellas parezca que se le va a caer encima un armario empotrado, eso sí, con la llave puesta… La belleza masculina debe de ser más ágil que todo eso, más liviana.

El hecho de mejorar nuestro tono físico es como ya hemos dicho varias veces, sólo una de las dos grandes ventajas que tiene el hacer deporte. Sobre el tipo de deporte que hacer, yo aconsejo deportes que nos gusten de verdad, aunque el “gustar” no tiene por que estar reñido con el sufrir un poquito.El deporte como forma de recuperar nuestra esencia masculina Al principio, cuando uno se pone a correr por ejemplo, después de haber estado muchos años sin hacer ejercicio (ojo con el corazón y las lesiones) es normal pensar “esto es un infierno, no lo soporto”. Pero con el tiempo desarrollamos altos grados de resistencia al dolor físico que causa el deporte. Hay que tener mucho cuidado con las lesiones. Por eso no debemos de realizar trabajo típico de gimnasio sin asesoramiento, pues ahí las lesiones son muy comunes. Mis deportes preferidos son la bicicleta de montaña (aunque también frecuento carreteras con ella), en donde a la sensación de ponerme en sintonía con mi ser masculino mediante el esfuerzo, se une la sensación de libertad y de sentirme salvaje en el medio natural. Así el cuerpo y el alma parece que se conectan en el dolor del esfuerzo físico, un dolor purificador que en no mucho tiempo te llega a gustar, te llegas a enganchar a esa sensación de reencontrarte con tu esencia salvaje y masculina.

También me gusta correr, normalmente no mucho, no suelo correr más de 7 minutos… eso sí, suelo haber hecho antes algo de “pesas” con mancuernas, algunas abdominales, flexiones,… todo esto con cuidado y si puede ser, con asesoramiento pues las lesiones son frecuentes entre los novatos. La natación es un deporte muy completo y también genial. En él sintonizamos como en pocos lo físico y lo mental. Esa sensación de ir abriéndonos paso entre la resistencia del agua, de ir venciendo a la adversidad con la fuerza de casi todos nuestros masculinos músculos, es una sensación grandiosa, grandiosidad aumentada por el medio en el que practicamos este deporte: es un poco como estar en otra dimensión, una dimensión a la que hemos ido a recuperar nuestra esencia primitiva, salvaje, guerrera, de hombres que sienten cómo su testosterona les permite abrirse caminos inexpugnables.

Recuperar nuestra esencia como hombres

Y como he dicho hasta la saciedad, el deporte nos ayuda a recuperar nuestra esencia masculina tanto en lo físico (poniéndonos así en forma, y más atractivos), como en lo mental. En este último caso esas sensaciones de libertad cuando vamos con la bici de montaña al límite; esa sensación de inmersión cuando por medio de nuestras brazadas avanzamos en la piscina; esa sensación de decir “no puedo más” cuando avanzamos con nuestras zancadas corriendo, pero algo dentro de nosotros nos dice “tienes que  continuar, eso es muy de hombres…” permite recuperar nuestra esencia salvaje masculina. Y como se ha dicho, el deporte genera felicidad. Puede parecer que en el summun del esfuerzo uno diga “qué horror”; pero a su vez nuestro cerebro genera ciertas sustancias que hacen que ese dolor del esfuerzo se compense de sobra, con placenteras sensaciones de armonía, de fuerza, de sentirnos vivos, un poco como tigres salvajes que no tienen miedo a nada, que dejan en el entrenamiento todos sus miedos y todas sus inquietudes, y así recuperan su esencia de hombres fieros y sin miedo, propiciando estas nuevas sensaciones olvidadas una gran sensación de satisfacción con nuestro yo masculino.  

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  • Comments

    • Joako dice:

      De acuerdo con casi todo, el culturismo griego (llamado gimnosofía) era mucho más antiguo que el “periodo filosófico”, que de hecho ya era decadente; también ya se practicaba en la India Vèdica.

      Sobre la misoginia, pues generalizar a toda la Hélade solo al pensamiento Ateniense es una miopía grande, puesto que Esparta, por ejemplo, era “harina de otro costal” (las mujeres debían hacer deporte, su consejo era tan valioso como el de un hombre hasta tal punto que influenciaba la desición de estos, etc.), las ciudades estado griegas que eran marítimas comerciales (talasocracias), como Atenas, tendían a adoptar el pensamiento ‘oriental’, es decir sirio-fenicio, el cual era misógino y matriarcal, el por qué de esta corrupción de su pensamiento es más extenso y habría que tocar temas de geopolítica, cosa que no veo necesario para este blog.

      Saludos!

      • Erik360 Erik360 dice:

        Apuntado queda tu apunte filológico e histórico… yo me pierdo a veces en esas cosas, es posible que no se deba de confundir a los griegos con los atenienses, al fin y al cabo Grecia como bien ves, tenía como dos facciones, una más oriental y otra más occidental.

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