El género fantástico como una forma de representar las pasiones

El género literario de la fantasía tiene cada vez más adeptos. Las adaptaciones de El Señor de los Anillos han logrado trasladar el interés por este antes minoritario género de un público cada vez más amplio. Normalmente la novela de género (fantasía, terror, ciencia ficción) era considerada en épocas recientes como algo de frikis insociables que se pasaban el día leyendo cosas de “naves espaciales”, de “marcianitos”, de elfos, de nomos, de vampiros,… Pero el éxito de la adaptación de la obra de Tolkien ha hecho replantear a mucha gente su opinión respecto a la “novela de género”. Antes se consideraba a las novelas de vampiros, de nomos, de extraterrestres,… como algo infantil y para frikis con un gusto literario cuestionable. Pero esta opinión es completamente errónea: la calidad de una obra literaria no tiene nada que ver con su género, como bien ha puesto a la vista el éxito de la obra de Tolkien y sus adaptaciones cinematográficas. En este artículo, el género fantástico como una forma de representar las pasiones humanas.

La competencia de lo audiovisual al libro

Lo cierto es que la literatura tiene que enfrentarse en nuestra época digital con la tremenda competencia que la hace los medios audiovisuales… Sin ir mas lejos, yo mismo ando empezando de nuevo el Final Fantasy XII (me lo ha dejado el comentador de este blog muy ocasional MKN… aprovecho para agradecer a todos los que comentan, eso le da más vida al blog y crece más rápidamente). Y es que lo audiovisual tiene una fuerza que parece no tener el libro: la imagen, el sonido, ese dártelo todo hecho, ese ponerte justo delante de una ventana que da a un mundo de fantasía, o de ficción futurista, o de terror y pánico extremo… Si hace un par de siglos, a un habitante de el 1800 le hubiesen dicho:

“ven, te voy a poner delante de una pantalla, y vas a ver la historia de un anillo de poder, que causa una tremenda guerra entre hombres guiados por brujos, y una raza de demonios, además hay extraños hombrecillos que les gusta comer y beber a todas horas,…”

Hubiese flipado con la propuesta. Y una vez hubiese salido del cine (recordemos, un hombre del 1800) después de 10 horas de película… (le damos palomitas y bebida, y le dejamos ir a mear de vez en cuando…) hubiese salido del cine flipando. Es la fuerza de lo audiovisual. Pero agraciadamente, los libros tienen en su favor también razones muy poderosas: esa sensación de que una obra se representa en tu cerebro; ese hormigueo cuando empiezas a leer las primeras provocadoras palabras; esa sensación de querer continuar, y no ser capaz ni de irte a dormir, porque estás tan atrapado que estás incluso dispuesto a pasarte la noche en vela leyendo, aunque eso te cueste ir al día siguiente al trabajo sin dormir,…

Por tanto, lo audiovisual no podrá reemplazar al libro. El libro morirá con el hombre, de hecho, aunque a los fans de siempre de Tolkien nos han gustado las pelis… casi todos coincidimos y decimos lo mismo:

“las pelis me han gustado… pero es que el libro es incomparable… tiene ese algo que no se describir”.

El realismo y la fantasía en la literatura

Y como decíamos, el antes “género menor” de fantasía parece irse colando poco a poco en las estanterías de los consumidores de literatura. De alguna manera la literatura empezó contando épicas, épicas de alguna sociedad concreta.El género fantástico como una forma de representar las pasiones Por ejemplo, entre los germanos tenemos la Saga de los Volsungos, que nos cuenta las aventuras y desventuras de Sigurd y demás héroes, en su lucha contra dragones, encantamientos, destinos,… Tenemos que mirar esas luchas desde los ojos de los antiguos habitantes de Islandia (de donde creo que es original la saga), de la vida de estos hombres que vivían en plena naturaleza, que guerreaban, que temían a los brujos y los encantamientos…

Pero en nuestros tiempos la épica de asuntos cotidianos sigue existiendo. En nuestro caso, a lo mejor no contamos historias de hombres que luchan contra dragones. En cambio, quizás contemos la historia de una mujer, que es acosada sexualmente por su jefe, y eso la cuesta ser despedida y está cerca de quedare en la calle junto con su hijo de 3 años… Vamos, que la épica ha cambiado, pero sigue siendo en esencia la misma: contar situaciones cotidianas, reales, en donde alguien lucha contra las adversidades…

Pero parece que en la sociedad de los “Volsungos” no debería de haber dragones… O sea, nadie vio uno nunca. Pero quizás la gente creyese en ellos. ¿Eran infantiles los antiguos islandeses? ¿Sería este el motivo de que “lo fantástico” hubiese sido arrojado de los altos cielos literarios y por eso ahora la literatura es realista? De alguna manera no es raro encontrarnos en nuestras “épicas” modernas elementos fantásticos, como en películas como “El Día de la Bestia”, o la también muy recomendable “El Corazón del Guerrero”. Pero parece que las luces eléctricas espantan a los monstruos… y la menor creencia en ellos hace que estos desaparezcan de la literatura, pero no del todo…

Lo fantástico como representación de pasiones

De alguna manera mi opinión en la polémica entre “realismo” o “fantasía” es contraria a la de los “eruditos”. Para ellos el género de fantasía es menor, porque salen dragones, nomos, elfos,… Pero Yo siempre he visto en esos seres una materialización de poderosísimas fuerzas humanas, como si aunque esos seres no hallan existido literalmente, sí han existido las fuerzas y las sensaciones que nos puede provocar un dragón saliendo de improviso ente los ramajes de un bosque. Ese miedo, ese pavor, esa sensación de Apocalipsis… sí es muy real. Por eso, para mi la literatura realista es más limitada que la fantasía, al no poder recurrir a monstruos, a seres mágicos, a lugares de mundos muy lejanos,… carece de un material plástico con el que poder representar las más abismales pasiones humanas y sus más profundos sentimientos inconscientes. Hasta Cervantes recurre a los “gigantes” que al final eran molinos, como una forma de representar a esos titanes del mal contra los que los verdaderos caballeros, con ideales, luchan en el nombre de la justicia, del valor, y de los sentimientos más elevados del hombre. Por eso para mí la fantasía es un género literarios con más posibilidades que el género realista, porque en la fantasía cabe todo lo que cabe en el género realista, y además, cabe más, con esos dragones que representan los grandes miedos del espíritu humano, con esos caballeros de leyenda que representan a los grandes luchadores, con esas princesas hermosísimas que representan el premio de los grandes luchadores para cuando ganen sus batallas,… con esos seres mágicos que representan las fuerzas escondidas de la naturaleza,…

P.D: hablando de El Quijote, (cuya primer aparte recomiendo fervientemente) normalmente se malinterpreta. El problema de España no es que halla muchos “Quijotes”, Cervantes se queja en su novela de que hay pocos, de que hay poca gente que lucha por la justicia, por la belleza, por la verdad,… Tanto es así que para los demás, alguien con ideales como El Quijote, es un hombre loco. Pero no está nada claro si los molinos eran molinos o gigantes al final…

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