El macho alfa

Con el macho alfa se hace referencia en etología (ciencia que estudia el comportamiento de los animales) a ciertos individuos macho de determinadas especies que tienen una posición privilegiada en su grupo social, teniendo privilegios como el control sobre los otros machos, o una posición privilegiada a la hora de aparearse con las hembras. Lo primero de todo: ¿existe el macho alfa en la especie humana, o entre nosotros todo es más democrático, hay hembras y poder para todos?

El macho alfa en la especie humana

macho alfaEl hombre es una especie muy extraña, porque además de una naturaleza propia, tiene historia. Hasta hace unos 10.000 años, las sociedades humanas se organizaban acorde a sus capacidades: gobernaban los que valían, no los que eran hijos del jefe. Pero en los últimos 10.000 años, parece que ya no es tan importante tener buenos genes, genes dominantes…. Parece que ahora cuenta más el dinero… Pero estamos en las postrimerías del fin de la historia, en donde la gente volverá a valer lo que valen sus genes y no valdrá por el dinero que les dejaron sus ricos papis… Este es un proceso complejo, muy relacionado con el liberalismo, que se extendió en Europa con la Revolución Francesa, y cuyo ideal máximo era precisamente ese: que los nobles dejasen de acaparar las mejores posiciones, siendo estas otorgadas a aquellos que más se las merezcan.

Es entonces cuando vuelve a ser importante ser un macho dominante. Ha día de hoy a alguien se le respeta más por cómo es como persona, que por el hecho de ser de familia rica, con lo que parece que las cosas vuelven a su estado natural, después de 10.000 años de infierno. Por tanto ¿existe hoy el macho dominante entre la especie humana? Digamos que en parte sí. ¿Lo bueno? Esto no está tan irremediablemente escrito a fuego en los genes como en las otras especies animales, o lo que es lo mismo, podemos aprender a comportarnos como todo un macho alfa, para así prosperar más en nuestro trabajo y en nuestra vida amorosa.

Reglas básicas para ser un alfa

Lo primero de todo. Las mujeres también pueden ser dominantes. Hay mujeres más dominantes que otras. Dedicaremos otro artículo a ellas, que también son reinas, pero de una forma distinta…

1. A las mujeres les encantan los machos dominantes, pero no les gustan los machos violentos. La línea entre la dominancia y la violencia puede ser estrecha. Los hombres verdaderamente dominantes no suelen recurrir a la violencia más que en determinadas ocasiones que así lo exigen, como cuando un borracho en un bar toca el culo a su amiga… Pero en los demás casos, los hombres dominantes se comportan de una forma un tanto juguetona, juegan con el mundo, juegan con la gente, se creen autorizados, por ejemplo, para coger a su amiga en brazos y pasarla a través de un salto por ese charco difícil de atravesar, todo esto desde luego, sin pedir permiso. Hay que ser intrépido, pero no loco y mucho menos agresivo.

2. Habla con autoridad, pero sin imponer nada a nadie. No dudes en tus conversaciones, también hay que saber estar callado cuando sabemos que no es el momento de decir nada. Las mujeres se sienten fascinadas por esos hombres que parecen dominar el mundo con sus palabras y con sus pensamientos, que hablan de las cosas como si fuesen una autoridad en el tema.

3. Toma la iniciativa en tu relación de pareja. Tienes que ser tú el quien esté siempre proponiendo cosas nuevas. Tienen que ser cosas que sepas que le gustan a tu novia-mujer-amiga,… pero no le pidas opinión constantemente. Cuando ya sabes lo que le gusta hacer a tu novia, dedícate a elegir tú los planes, sorpréndela llevándola a esos sitios que sabes que le encantan, pero insisto, no le pidas permiso ni opinión, lo que no está reñido con estar informado sobre los gustos de tu novia. Compórtate de forma muy activa en las relaciones sexuales, no es cuestión de tratar a tu novia como si fuese una muñeca hinchable… pero que se vea que la estás poseyendo…

4. Se un poco atrevido en tus relaciones tanto con los amigos como con las mujeres. Si te encuentras una noche a una chica de frente, no dudes en decirle algo como: “¿me buscabas?”, cosas que te identifiquen con un hombre con carácter. No tengas miedo a nada: ni a quedar en ridículo; ni a que el novio de una tía a las que as entrado te intenta pegar; ni a encontrarte con un navajero cuando caminas sólo por la calle en la noche. Anda siempre con ese alo de autoridad, como si tú controlases el mundo. Pierde todos tus temores; pierde todas tus vergüenzas. Aprende a llevar tú la iniciativa con tus amigas mujeres, elige por los dos, se un poco descarado, se siempre un ser sexual y sensual enorgullécete de tu sexualidad, deja bien claro a tus amigas que, eres su amigo, si, pero también eres un hombre, y ellas son chicas apetecibles. No hace falta que pase de ahí. Pero actúa como si pudiese pasar de ahí, que tu amiga crea que cualquier día la pedirás que se acueste contigo. La sexualidad la esgrimen los hombres dominantes y alfas como una forma de mostrar su dominio sobre el grupo, esto es común a todas las especies animales que se asocian en manadas, sociedades,…

5. Con tus amigos también debes de demostrar dotes de liderazgo. No esperes a que te pidan las cosas para hacerlas, se intrépido, atrevido, un poco temerario incluso. No des de ti la imagen de una persona que pone siempre mucho cuidado al hacer las cosas. Aunque recuerda que ser intrépido no está reñido con ser inteligente. Ve siempre un paso por delante de los demás, organiza todo, haz cosas inesperadas, aprende a ser espontáneo, pierde completamente el miedo a hablar con mujeres,… Haz bromas que muestren tu descaro, no te cortes. Pero también, respeta a todo el mundo, las personas dominantes tienen en la cara esa mueca de dominancia y de traviesos, pero por lo general respetan a todos exceptuando que halla un buen motivo para no respetar a alguien.

En resumen, ser dominante, ser todo un macho alfa, es todo un arte en el que podemos hacernos especialistas mediante la práctica. Es cuestión de dejar de agachar la cabeza todo el rato; dejar de ocultar que somos seres sexuales; dejar de pedir opinión a los demás para todo; en definitiva, afrontar la vida con valor, no ocultando a su vez cierto desdén en cuanto a los resultados de nuestros actos (por supuesto, actos inteligentes, que no están reñidos con ser dominante, si intentamos hacer algo atrevido y sale mal… mala suerte, pero eso sí, lo habremos hecho inteligentemente)

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