Escribir como forma de expresión

Los primeros recuerdos de la infancia se suelen volatilizar. Dicen los neurólogos que tiene que ver con la inmadurez del cerebro humano. De ahí viene ese vacío de recuerdos de cuando tenemos 1, 2, y hasta 3 años. Yo puedo recordar algunas cosas de cuando aún dormía en mi cuna… Sobre todo recuerdo un recuerdo muy concreto, cuando yo estaba en la cuna, cuando el día algo nublado se iba apagando, y recuerdo la sensación de cómo el sol que se filtraba a través de la ventana se oscurecía; y cómo el juego entre luz y la oscuridad estremecía mi infantil espíritu. Y puede resultar extraño a mis lectores que no fuese por tanto el arte lo primero que me conmovió de este universo: fuera la naturaleza, la luz, la oscuridad, la piedra, la hierva, los árboles,… Por eso yo de pequeño nunca fui un lector empedernido, estuve muy lejos de ser ese niño solitario que devoraba libros en un ático apartado del mundo…. Aunque me encantaban los áticos, desvanes, trasteros, y demás lugares apartados en medio de los poblados humanos. Ahí no leía, pero imaginaba, soñaba, sentía,… Los libros se me atragantaron hasta hace poco. Siempre he compadecido a esos chavales que se quedan todo el día en su cuarto encerrado, disfrutando de una “buena lectura”. En esta sociedad hay hasta gente que se ha terminado por creer que la escritura lo es todo; y el que sea un buen escritor será en el fondo un hombre profundo. Nada más lejos, hay que vivir para poder escribir. Pero hay que vivir en dos mundos. En este artículo, escribir como forma de expresión.

Arte y naturaleza

Y es que el impacto que me produjo la naturaleza en mis retinas nunca se podrá comparar con el posterior impacto del arte: la naturaleza no imita al arte, como decían algunos románticos: es al revés, el arte aspira a poder causar unos míseros retazos de esas sensaciones que sólo nos puede causar la naturaleza. Caminar por senderos profundos; correr a través de las sombras de los pinos al anochecer; escalar hasta empinadas colinas y cuando nos damos la vuelta, ver detrás de nosotros  el valle entre una ligera neblina de mediodía. Eso es lo único que a mi me parecía hermoso antes. Pero, ¿y entonces, por qué me dio con el tiempo por escribir?

De alguna manera todo empieza con la materia. Están los árboles, los campos, los bosques, incluso la propia naturaleza de la ciudad… Todo eso me impresionó como nada. Pero esta fuerza bruta de la materia más fundamental estaba como si se tratase de la visión de Hegel del mundo, falta de espíritu, falta de palabra.la literatura como forma de expresion Aquél mundo bello natural estaba incivilizado, era expresión de belleza primigenia, pero era una belleza salvaje, como la belleza de los caballos de colores que corren por praderas completamente indómitos.

Así, la fuerza del mundo natural nos impacta por primera vez en nuestra alma; pero con el tiempo sentimos que hay que domar esa belleza. Así surge el arte: primero es un arte básico, sobre todo dibujos, pequeñas oraciones, pequeñas historias, pequeñas melodías, pequeños cómics, pequeñas películas… Pero con el tiempo quieres ir más allá en ese mundo espiritual que acabas de descubrir. Y es entonces cuando llegas a lo grande: grandes obras de la literatura universal; grandes obras de la ciencia; grandes obras de la filosofía; grandes obras musicales,…

De este modo, aunque la belleza de la naturaleza será para mí siempre incomparable, creo que una naturaleza pura, virgen, es una naturaleza carente de espíritu. Por eso mismo muchos hemos encontrado en el arte y en la escritura nuestro otro lado: nuestro lado espiritual, civilizado, ciudadano, que se contrapone a nuestro lado salvaje, natural, en donde el artificio no existe, sólo existen sentimientos, sensaciones, materia sin moldear por el arte. Es el espacio de la naturaleza, que se confronta con el espacio de la cultura. Y ambos son los dos mundos que separó Descartes hace varios siglos el mundo de la materia; y el mundo del espíritu.

Por qué las humanidades nos van a sacar de la crisis económica…

Por eso en la escritura yo no busco una forma de hacerme hombre: sólo busco mi otra mitad, mi otra humanidad. El mundo de la materia la agoté hace tiempo. Sí, siempre me seguirán estremeciendo los olores de los bosques, el aroma que queda después de la tormenta, la añoranza que se respira en antiguos desvanes, aparatados del estúpido mundo moderno… Pero uno no crece a base de sentir. Al menos poder sentir fuerte es algo genético: crece a base de arte, de cultura, de literatura. Eso lo podemos cultivar.

De alguna manera esto significa rechazar los dos grandes metarrelatos de la modernidad: el que dice que el progreso consiste en la materia, en la industria, en el trabajar; y el que dice que el progreso de la humanidad consiste en que esta crezca espiritualmente. El verdadero desarrollo de la humanidad se dará sólo en un lugar intermedio entre estos dos puntos. Y a día de hoy el mundo del espíritu pide a gritos más protagonismo. Es un poco como un nuevo pacto entre los dioses Ases y Vanes, los dioses germánicos: unos, dioses de lo salvaje, de lo natural, de lo femenino, o sea, del deseo; y los otros, dioses de lo civilizado, de la ciudad, de lo masculino, o sea, de la cultura. Visión machista del mundo donde la halla, pero los germanos no consideraban a sus mujeres como inferiores. Para ellos el deseo valía demasiado.

Y hasta la crisis en España ha tenido que ver con este equívoco: no nos falta trabajar mas, ni más “flexibilidad laboral” (o sea hacer a los trabajadores trabajar hasta que caigan extenuados), ni una educación más técnica… Hemos fallado en muchas cosas, de hecho, como nación somos una nación fallida, caciquil, paleta, pueblerina,… Y esto sólo lo solucionaremos con materia y con espíritu. O lo que es lo mismo; necesitamos más industria, pero también necesitamos más gente inteligente. A todos los charlatanes les pediría que demuestren algún tipo de habilidad mental si quieren que en el nuevo siglo alguien confíe en ellos. El ser un descerebrado y merecer respeto por eso es cosa ya pasada.

La escritura se convierte así en la mejor forma que tenemos de fomentar nuestra parte espiritual, nuestra cultura, nuestra inteligencia, nuestras capacidades cognitivas. Luego queda el otro lado, lo salvaje. Pero la escritura puede unir ambos lados, escribiendo sobre sensaciones que nadie nunca había podido transmitir con palabras; escribiendo sobre lugares del alma que antes estaban vetados a la civilización; escribiendo sobre mundos en donde se enfrentan previamente en batalla terminal los dos lados de un viejo conflicto,… La escritura une nuestros dos mundos. Supongo que por eso yo de entre todas las artes elegí la literatura. Ella une extremos imposibles. La música motiva y pone la banda sonora, pero sin un sentido, la música como arte, desde luego, arte espléndido, sólo servirá para amenizar un funeral, el funeral del espíritu.

Share Button
Print Friendly
Para ver los productos desarrollados excluvisamente por Erik360 para nuestro blog no olvides pasarte por nuestra Tienda SyA

ARTÍCULOS RELACIONADOS
  • Sobre Alemania y sobre-vivir en Alemania (6)
  • Cómo aprender a escribir novela (5)
  • Los poetas depresivos y suicidas (4)
  • Los distintos tipos de inteligencia y la felicidad (4)
  • Cómo valorar una novela u otra obra narrativa y literaria (4)
  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

    Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>