Estoy triste

Ya sabéis que si estoy más de tres días sin publicar, es que estoy triste. Pero yo necesito estar triste por tres días para luego poder ser feliz por tres semanas. Yo no entiendo esa mierda del “piensa positivamente”. ¿Y si me apetece estar triste tres días? Yo soy así, estúpidamente compasivo y siempre apenándome de lo que les pasa a otros. Pero yo no puedo cambiar. Todo lo que fuese “cambiar” serían caretas que yo me pondría a mí mismo y que terminarían por caer.

Yo sé muy pocas cosas, pero las sé tan bien, que se puede decir que he llegado al apoteosis de la sabiduría. Y no quiero saber más, y me da igual si cometo faltas de ortografía, y me da igual si soy el escritor peor pagado del mundo (quizás porque no soy escritor y porque no aspiro a ser escritor profesional, si no a encontrar un trabajo “normal” que tarda en llegar por lo que parece).

Y he decidido una cosa más: ya no quiero ser famoso, ya no quiero que la gente me pida autógrafos, ya no quiero que la gente me señale con el dedo cuando paso por la calle. Yo evoluciono, y si antes quería ser una estrella de… bueno no sé exactamente, pero ahora no quiero ser famoso, tengo mi público y eso me vale. Ellos me animan no a enseñarles a ellos, que también: si no sobre todo, a seguir enseñándome a mí mismo que es para lo que sirve este blog. Eso de que no quiero ser famoso no cambiará nada, quizás sólo que todos mis libros y mi obra se firmará con el seudónimo de Erik360 como diciendo que mi yo real es una persona normal que no lo para nadie por la calle para pedirle autógrafos y que siendo así es feliz. Solo me ha hecho falta probar el caviar de la fama de refilón para saber que no me gusta.

¿Que si me creo un filósofo? para mí eso suena pedante. Yo sólo soy un pensador. Y no creo que los demás tuviesen que ser distintos: todo el mundo tenía que ser un pensador, porque todo el mundo es todo el mundo, y si todo el mundo, uno, y luego otro, y luego otro, fuese un pensador, y un buen pensador, entonces otro gallo nos cantaría, y no tendríamos épocas de incluso décadas del más extremista de los mamoneos, de la más ridícula pedantería, de la más insultante sensación de que la gente se ha creído durante años que la falta de clase la iban a solucionar comprando un coche de gama alta. Luego pasa lo que pasa, y luego le echamos las culpas a los políticos, la persona a la que van a desahuciar dice eso de “entre todos podemos”. Pero ¿y qué decía hace una década? Yo os lo digo: “el que vive de alquiler está tirando el dinero”. Todos deberíamos de ser pensadores, por que si eres un buen pensador, eso te servirá para ser un buen trabajador, un buen padre, un buen amigo, un buen ciudadano, un buen consumidor, un buen ingeniero, una buena ama de casa, un buen programador, un buen barrendero, y de paso, un buen ciudadano y una buena persona. Los demonios vienen y van; pero tu mente es lo único que estará siempre contigo. A veces la mente atrae a demonios, que son parecidos a los dioses siendo la terminología a veces sumamente caprichosa. Pero los demonios son buenos porque ellos nos curten las entrañas con sus pruebas; y los dioses son buenos porque ellos nos iluminan en nuestra memoria. Pero luego se van, y quedamos lo que somos. No hay que confundir los demonios con la locura. Irónicamente la persona más cuerda del mundo tiene que haber poseído muchos demonios en su ser, exactamente igual que la persona que tiene menores probabilidades de ahogarse en el mundo tiene que haber estado rodeada de agua durante muchas largas horas de entrenamiento. A mí no me molesta haber estado rodeado de demonios: es más, me enorgullezco de ello, a veces entre la borrasca podemos recordar durante unas décimas lo que en realidad somos y cual es nuestra esencia más allá de la tormenta. Estoy tan puñeteramente orgulloso de ser como soy, que me da igual lo que piense el mundo de mí. Eso sí: que piensen, por piedad.

Estoy triste

FidlerJan

1. El mundo es un mercado. Y una prenda no vale lo mismo en todos los mercados. Si tú vendes una prenda en el mercadillo, vale 2 euros. Si vendes esa misma prenda en H&M, vale 30 euros. Y si vendes esa misma prenda en una boutique de lujo, vale 400 euros. Así nos pasa a los hombres: si nos vendemos en el Badoo, valemos 2 euros; si nos vendemos en la discoteca, valemos 30 euros; y si nos vendemos en la vida cotidiana, en las clases, en el trato diario… valemos mucho más que 400 euros.

2. Sé que a veces estamos atascados en nuestra vida, sé que a veces las cosas parecen no avanzar, sé que a veces todo parece que será siempre igual, y que no podemos esperar más que la cruel y terminal derrota. Entonces a veces nos pasa lo que les ha pasado a algunos marinos, que van con su barquito, en línea siempre recta, siempre a los mismos lugares, siempre ida y luego vuelta… Pero un día, estos marinos, que siempre van a los mismos sitios, que siempre ven a las mismas gentes, que siempre hacen el mismo recorrido, llegarán a un lugar distinto. ¿Cómo es posible esto? La deriva es la respuesta. Y la deriva es cuando haciendo siempre lo mismo, con el tiempo, surgen cosas distintas. Una vez una chica que me encontré por Internet me dijo eso de “no se puede esperar resultados distintos haciendo siempre lo mismo”. Pero yo he hecho siempre lo mismo y empiezan a salir cosas distintas. La deriva es la esperanza. Pero joder, por si acaso, y si quieres cosas distintas en tu vida, intenta cambiar el rumbo del puto barco.

3. Cuando estoy triste me drogo. Pero no nos confundamos: en este blog sólo nos drogamos con Rock and Roll y con cerveza. Y me drogo con grupos magníficos, como Pignoise por ejemplo, y con algunas de sus geniales canciones, como La Gravedad, Al pisar, Piezas, Todo me da igual…

4. El sentido muchas veces es a posteriori. Mucha gente me pregunta que qué creo yo que dicen sus ojos de ellos. Y yo les respondo que primero los tendré que conocer, y luego, yo diré el sentido que yo le puedo atribuir a esos ojos. Los apologetas de Corporación Dermoestética están por lo tanto completamente confundidos.

5. “Voy juntando bien las piezas

de la felicidad

que el tiempo nunca espera

y a todos barrerá

solo por nuestras huellas

se nos recordará”

Pignoise “Piezas”

6. Quiero dejar algo absolutamente claro: no estoy triste por una mujer. Ni siquiera estoy triste por un millón de mujeres. Aunque seguro que si ahora llamase a mi puerta una mujer yo me alegraría muchísimo; y si llamase a mi puerta un millón de mujeres… no sabría por donde tirar para escapar de esa pesadilla… No merece la pena llorar por una mujer cuando puedes gemir con muchas. No merece la pena escapar de un millón de mujeres que llaman a tu puerta si puedes huir del mundanal ruido a las alcobas del amor con una sola.

7. Otra gran canción es “Canción de guerra” de Supersubmarina. Con todo, esto me recuerda que los problemas de parejas pueden llegar a cualquier alcoba. Hasta nuestros queridos príncipes de España, el príncipe Felipe y la princesa Letizia parece que tienen sus redecillas en palacio… Y es que, por lo que parece, nuestra princesita ha salido un poco peleona, un poco progresista, un poco luchadora y comprometida… y hasta le gustan canciones como Canción de guerra del genial grupo Supersubmarina, que dicen cosas como:

“Reina de espectros ausentes

séquito de maniquís

en palacios de occidente

tu trono en un palco vip”

algo que desde luego no le hace demasiada gracia a nuestro principio Felipe, siempre criado entre algodones y en tronos de palcos vip y entre espectros ausentes. Circunstancia que parece que ha causado alguna riña en los palacios de occidente.

Con todo esto ya no me acuerdo de por qué narices estaba triste… No es lo malo estar triste; lo malo es ser gilipollas. No es por una mujer, ni por muchas. No vale la pena llorar por una mujer. Si todavía mañana llegasen los extraterrestres y abdujesen a todas las mujeres de la tierra, entonces a lo mejor sí que valdría la pena llorar por las mujeres… ¡pero por que se habrían acabado todas las mujeres! Y entonces todos los hombres de la Tierra que nos habríamos quedado sin mujeres, sólo tendríamos dos opciones:

1 La castración

2. Explorar nuevas fronteras y abrirse de mente y de lo que no es la mente

Pues eso, que lo dejo ya que ya me pongo en plan gamberro y empiezo a decir burradas… De vez en cuando toca decir alguna burrada y de vez en cuando toca estar triste.

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