Grandes formas de ver el mundo y el amor por la Edad Media

Nuestras percepciones están controladas por nuestra biología. Desde luego esto no quiere decir que la visión del mundo que tenemos sea completamente subjetiva: hay un estrato de carácter físico que es completamente objetivo. Este mundo físico está compuesto de cargas eléctricas, átomos con sus divisiones, reacciones y demás conceptos sacados de la física clásica y de la cuántica. Nosotros no percibimos ese mundo físico, lo que percibimos es una ilusión. Por ejemplo, el carácter del tiempo no es objetivo. Para nosotros mil años es mucho tiempo, pero si nuestro cerebro estuviese compuesto de otra forma biológicamente distinta, mil años nos podría parecer menos de un minuto. Una mosca sólo viven un puñado de días, pero para ella cada día es como un año para nosotros. En definitiva: es nuestra mente la que la da al mundo un barniz que no es objetivo, pues la realidad física está compuesta de átomos, partículas, reacciones,… que nosotros no vemos en absoluto. Sin ir más lejos, la materia no es sólida como creemos ver. Esa solidez es simplemente producto de reacciones provocadas por electrones que interactúan entre si, por ejemplo, impidiendo que nuestro cuerpo atraviese una puerta que está cerrada.Grandes formas del ver el mundo y el amor por la edad media Por eso mismo se cree que todo el universo pudo empezar en es especie de “bola” que explotó en el “big ban”: se calcula que si cogiésemos toda la “materia real” del mundo y la juntásemos, sólo nos daría para llenar esa pequeña bola de pin pon (dejando a un lado complejas teorías sobre si entones ya existía el espacio y el tiempo, y por tanto algo podría tener un tamaño u otro). Las hermosas o terribles percepciones que tenemos del mundo externo, están por tanto condicionadas por nuestra psicología. De alguna forma, este es para nosotros el mundo verdadero… Pero aún así, no todos los hombres vemos el mundo de igual forma: nuestro temperamento hace que veamos el mundo de una u otra forma. Y esto a veces causa conflictos: alguien de temperamento colérico, por ejemplo, no es capaz de apreciar la belleza de la naturaleza. Cuando un colérico camina por un bosque no piensa “qué bonito es esto”. Más bien piensa “joder, la cantidad de terreno que hay aquí para construir urbanizaciones”. Aznar era un hombre (por llamarlo de alguna manera) de un temperamento colérico evidente, y ya todos sabemos que fue al que se le ocurrió la mala idea de liberalizar el suelo. Desde entonces los melancólicos arrastramos un pesar, una incertidumbre por la “luz del mundo que muere”, que me recuerda mucho a la incertidumbre de los elfos de Tolkien cuando abandonan la Tierra Media. Los melancólicos sí apreciamos el arte, y sobre todo, la belleza de la naturaleza como arte. Moriríamos antes de ver el mundo natural destruido, y esto también lo refleja magníficamente Tolkien, con la partida de los elfos de la Tierra Media, antes que ver un mundo que ha perdido su primigenia belleza natural en los fuegos de una industria mal entendida y hecho por coléricos (ojo, no la ciencia, que es producto de melancólicos pues, como los elfos de Tolkien son “los más sabios de todos los seres”). En este artículo, grandes formas de ver el mundo y nuestro amor por la Edad Media.

Cuando la Edad Media vuelve…

Y ya que estamos en la Tierra Media… podemos seguir ahí, e ilustrar por qué esa pasión y ese amor por la Edad Media. Está muy de moda últimamente todo lo medieval. Desde hace alguna década ya empezó esa fiebre por los “dragones y las mazmorras”, por los elfos, por los castillos, por las princesas cuyos

suspiros se escapan por su boca de fresa

Ahora esa fiebre parece acrecentarse. Series como Juego de Tronos, o libros como el que se inspira la serie (Canción de Hielo y Fuego), videojuegos, películas,… han hecho que de alguna manera el mundo medieval esté más vivo que nunca. ¿Por qué, por qué esa pasión por el mundo medieval)

Podemos explicar esto atendiendo al proceso de maduración histórica, un poco en la línea de Hegel. Si estamos hechos para ser felices en el entorno evolutivo en el que hemos sido creados como productos de la evolución; y si este entorno evolutivo es evidentemente el mundo natural, pues es obvio que la naturaleza puede ser el lugar en donde seamos felices. No es casualidad: se dice que nos gustan las flores porque allí donde hay flores el mundo es fértil, hay posibilidad de futuro, hay posibilidad de tener una mujer, de engendrar hijos,… Por el mismo motivo nos gusta el agua, los árboles, la hierba: eso nos causa felicidad porque nuestro organismo sabe que esa es una tierra con futuro.

Por tanto, somos muy felices en la naturaleza, llena de frutas, de ramas de árboles llenas de flores,… en un hermoso día que termina bajo un cielo naranja. Eso es señal de que hay futuro y de que hay vida. Pero cuando la naturaleza es tan brutal que esta amenaza con aniquilar por completo nuestra vida (lo malo de lo sublime kantiano), dejamos de ver belleza ninguna en el mundo natural. Esto pasaba por ejemplo en las selvas, de donde es originario el hombre: allí sólo teníamos un pequeño espacio en las copas de los árboles en donde podríamos sentirnos a gusto. El resto del mundo natural era algo abominable en donde no veíamos belleza porque la muerte acechaba hasta detrás de la última rama.

Y con el tiempo terminaron llegando las ciudades, el cemento, después llegó Aznar con su “ley del suelo”… Y ahora nos libramos de la naturaleza, pero nos libramos de tal forma que ahora hasta los jardines están encementados. Nuestras ciudades son enormes avispero en donde hay pequeños compartimentos y celdas que son los pisos donde vivimos. Podemos salir a las calles que a modo de filas y columnas de una matriz, comunican las celdas entre sí. A veces hay celdas que son públicas, tomando estos la forma de bares, restaurantes, cines,… Así perdemos nuestra esencia natural; pero a su vez nos libramos de los terribles peligros de vivir en una selva. Precisamente, la Edad Media europea fue una época en donde el hombre adquirió cierto equilibrio, entre la ciudad y el campo, entre la selva y el asfalto, entre lo natural y lo cultural, entre los Dioses del Deseo y los Dioses de la Civilización. El amor por la Edad Media Europea de alguna forma es completamente explicable desde estos parámetros: fue la tierra del equilibrio entre una naturaleza que nos come; o una naturaleza que es aniquilada por la mano del hombre. Los elfos, aun protestando por lo segundo, no pretendemos volver a la selva, no pretendemos hacernos salvajes, ni siquiera hippies… ¿Por qué os creéis que los hippies duraron tan poco? Pues porque eran hijos de papá, y cuando se les pasó la bobada de ir a hacer el gilipollas a Ibiza, entonces ya no les interesaba seguir viviendo como chimpancés en el Congo. No venceremos al cemento haciéndonos hippies: si no regresando a la Tierra Media, la tierra del equilibrio en donde vivieron nuestros abuelos, ahora una Tierra Media con informática, con ordenadores, con tele, con cines,…

¿Por qué la Tierra Media está en Europa y no de Asia? De esto no va el artículo, pero básicamente porque en Europa, con el precedente de la Antigüedad Clásica, la civilización alcanzó las más altas cotas que ninguna cultura ha conseguido imaginar. Además la naturaleza de Europa era a su vez mansa y bravucona… dándole a los paisajes europeos ese impactante aspecto entre salvajismo extremo; y civilización que doma el paisaje. Un poco es la belleza de los poderosos caballos domados.

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