Hazte el líder de tu propia vida

Las paradojas son frecuentes en las sociedades humanas. Hay algunas paradojas famosas, como la “paradoja de Abilene” y otras. Dentro del tema de la superación humana, del liderazgo, o del simplemente tomar las riendas de nuestra propia vida, hay también alguna paradoja que tiene gran relevancia. La paradoja de Abilene precisamente, incide en lo importante que es que un grupo humano esté liderado por una persona que a su vez sea un buen líder. Si nos damos cuenta, ese movimiento social de España, el “15-M” siempre dice que ahora los ciudadanos deben de ser libres, democráticos, que todos debemos de juntarnos para ahora hacer una mejor sociedad… Pero todo esto es antiilustrado porque no son conscientes de los grandes descubrimientos que se  han hecho en cuanto al funcionamiento de las sociedades humanas. Y es que, aunque el 15-M criminaliza los líderes en beneficio de la sociedad autogobernándose a sí misma, sin nadie que destaque por encima, la realidad es que el ser humano, como dijo ya Freud y ya adelantó Nietzsche, no es un animal de rebaño si no de horda.

El rebaño se autogobierna a sí mismo. Tiene un líder, al que todos siguen, pero es un líder tan tonto como la oveja más tonta de todo el rebaño. El pastor simplemente sustituye a esa obeja dominante y todos le siguen aborregados. Eso es un rebaño.Hazte el líder de tu propia vida En cambio la horda es distinta: en la horda hay un hombre que lidera con carácter, con iniciativa, con fuerza, con inteligencia… al resto de la horda. Una horda sin este líder es algo muy parecido a un rebaño, aborregado, atontado, todos los miembros andan sin rumbo fijo y como vagabundeando. El hombre es un animal de horda y eso significa que los líderes son fundamentales (esto se forjó en nuestra historia evolutiva), a diferencia de lo que pasa en los animales de rebaño, en donde el líder apenas hace nada y el rebaño anda como si no tuviese un rumbo fijo, como si no tuviese fuerza, como si no tuviese un líder. Entonces ¿por qué se queja el 15-M de los líderes? Pues porque nuestros líderes de nuestra horda humana han sido muy malos, pero nadie debería de concluir por eso que los líderes sobran. Mejor que eso es concluir que sobran malos líderes y faltan buenos líderes.

Pero la especie humana necesita los líderes porque no somos ovejas de rebaño. Y es que el beneficio de seguir a un buen líder es incontable: elegir el camino correcto, andar por ese camino, no quedarnos rezagados, el líder nos anima a seguir adelante, a no estancarnos, nos hace trabajar, nos hace conseguir cosas, nos hace madurar y nos lleva a la “tierra prometida”. Si el beneficio de poder seguir a un buen líder, democrático, inteligente, sensato, equilibrado, compasivo (recuérdese Espartaco y su éxito con los esclavos, aunque terminase mal la cosa debido al poderío del Imperio Romano) es enorme, imaginémonos si nosotros mismos nos hacemos líderes de nuestra propia vida, y somos decididos, somos autogobernados, somos buenos e inteligentes a la hora de trazar estrategias adecuadas para conseguir nuestros objetivos. En este artículo hablamos de hacernos líderes de nuestra propia vida.

El liderazgo y la organización como actos de poder

A parte de la paradoja de Abilene, hay otras paradojas que nos enseñan lo importante que es el liderazgo. Por ejemplo, está demostrado que en una sociedad humana en donde hay altos niveles de desorganización, un pequeño grupo que consigue unos altos niveles de organización puede hacerse con el control total de la sociedad, o al menos conseguir grandes resultados a la hora de tomar el control de determinados aspectos de la sociedad. Esto quiere decir que un pequeño grupo muy organizado puede hacerse con el poder del enorme grupo que es una sociedad desorganizada. Hay muchos casos famosos de esto: la burguesía de la Revolución Francesa; los comunistas de la Rusia zarista, los europeos que llegaron a las colonias africanas y que en no mucho tiempo se hicieron con el domino total de los países… Como vemos, estos casos pueden ser malos e inmorales. Pero ilustra muy bien lo importante que es la organización y el liderazgo. La organización y el liderazgo es poder, un poder que por supuesto debemos de usar de forma responsable, a diferencia de lo que hicieron por ejemplo los blancos que usaron su poder organizativo para esclavizar a los negros en sus propios países (y ya no hablaremos de los aún más perversos usos que hizo Hitler y los fascismos del liderazgo y de los beneficios de la organización).

Como decimos, debemos de usar ese poder que nos otorga la capacidad de organización y la capacidad de liderazgo de forma adecuada y responsable. Y para ello, nada mejor que aprender a usar este poder de la organización y del liderazgo en el seno de nosotros mismos y de nuestra propia vida. Aprender un tanto a gobernarnos a nosotros mismos, a ser nuestros propios líderes, a tomar el destino de nuestra propia vida, puede ser una muy buena forma de usar ese poder del liderazgo y de la organización de forma adecuada y responsable.

Cómo tomar el rumbo de nuestra propia vida siendo nuestros propios líderes

Y es que a veces nos quedamos como atontados, no hacemos nada, no tenemos trabajo, no tenemos un jefe que nos diga lo que tenemos que hacer; o simplemente nos quedamos estancados en esas partes de nuestra vida en donde el jefe somos nosotros mismos y no tenemos a nadie que nos diga lo que tenemos que hacer… Y al final nos quedamos así años enteros, aborregados, sin hacer nadas, sin saber lo que tenemos que hacer, sin mover un dedo para salir de esta situación… Esto pasa en múltiples aspectos: no hacemos nada por buscar trabajo, no hacemos nada por buscar novia, no hacemos nada por superar la depresión, o la fobia social, o por mejorar nuestra sociabilidad… Y en ese aborregamiento nos podemos pasar años.

Tenemos que salir de ese aborregamiento haciéndonos a nosotros los líderes de nuestra propia vida, y de ese modo obtener en nuestra vida las grandes ventajas de la organización y del liderazgo de las que ya hemos hablado. Para ello tenemos que aprender a autoexigirnos hacer cosas, cumplir planes, ser activos, organizarnos bien… y todo ello con cierto “halo” de autoexigencia que se podría equipar a que un general dentro de nosotros nos diese órdenes y fuese muy exigente con nosotros.

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