Intentarlo y fracasar para aprender sociabilidad

Nadie nace sabiendo. Dentro de nosotros tenemos cierto impulso imitativo que nos sirve para aprender. O sea, nosotros vemos a alguien hacer algo, y tendemos a imitarlo. Pero esta acción imitativa, no suele salir bien a la primera: todos nos peguemos alguna buena leche con la bicicleta cuando aprendíamos a montar en bici. Con el tiempo lo hacemos tan bien, montamos tan bien en bici, que ya se nos olvida que una vez le tuvimos un pánico horrible a montar en bici. Con la sociabilidad pasa algo parecido: se aprende, nosotros vemos cómo la gente habla entre ella, cómo la gente sale junta, cómo la gente comparte momentos; y luego los imitamos. Por supuesto, al principio solemos fracasar en estas imitaciones. Los adolescentes suelen tener una vida social anárquica, desorganizada, llena de conflictos, a veces incluso destructiva… ¿Por qué esto suele ser así, y los adolescentes suelen ser malos en el trato con amigos, con novias, con la “gente mayor”…? Pues por que los adolescentes están “imitando” y están aprendiendo y están practicando la sociabilidad adulta, muy distinta de la sociabilidad de niños, pero con puntos en común con la sociabilidad de niños. Y comúnmente los adolescentes “fracasan” en sus imitaciones de sociabilidad de adultos. Eso les lleva a generar altas dosis de infelicidad (solo menos de un 20% de los adolescentes se consideran felices, frente a un 70% de la población en general que se considera feliz). Pero este fracaso en la sociabilidad del adolescente, es fundamental para aprender sociabilidad adulta, igual que los “hostiones” que nos dábamos con la bici fueron fundamentales para aprender a montar en bici estupendamente. En este artículo, intentarlo y fracasar para aprender sociabilidad.

Hacer el ridículo para aprender sociabilidad

El ciclo de aprender sociabilidad es, como vemos, ascendente: primero aprendemos habilidades sociales de niños, a tratar con otros, a jugar con otros, a empezar a intentar hablar con los adultos de igual a igual (algo que ha veces causa extrañas confusiones entre el niño y el adulto que nos llevan a la risa por ciertas confusiones del niño con el mundo adulto…). Sobre esas habilidades sociales que aprendemos cuando somos niños, se asienta los inicios de la sociabilidad adolescente, que ya es una preparación para la sociabilidad adulta y definitiva. Cuando el adolescente, caótico, inmaduro, irresponsable, poco curtido… evoluciona, va surgiendo el adulto, con la típica sociabilidad adulta y madura, con las típicas formas de tener trato adulto, normal, y maduro con los demás.

Intentarlo y fracasar para aprender sociabilidad

shannontanski

En este ciclo niño-adolescente-hombre hay una línea ascendente, de maduración y aprendizaje, mediante la cual vamos aprendiendo y mejorando nuestra sociabilidad. Si esa línea se rompe, o no evoluciona adecuadamente, llegan los problemas de sociabilidad, como la fobia social, la timidez, la falta de trato social adecuado… Las causas de que esta correcta educación social no se lleve a cabo pueden ser varias: problemas familiares, problemas mentales (autismo, asperger, deficiencias intelectuales o cognitivas…). De cualquier forma el resultado de esta falta de evolución en la adquisición de nuevas habilidades sociales es el mismo: incapacidad para tener trato social con los demás de igual a igual, de forma adulta y productiva.

Con el tiempo, la persona insociable le tiene tanto miedo a las interacciones sociales, que su aprendizaje social se atasca más y más. El miedo al ridículo termina de paralizar los intentos de hacer lo que los demás, y de mejorar la sociabilidad con práctica, saliendo con amigos, hablando con los vecinos… Al final la persona insociable y tímida crea una burbuja de soledad alrededor de ella, que protege a esta persona de su tan temido miedo al ridículo. Pero hacer el ridículo (eso sí, un ridículo controlado…) es uno de los sistemas que tienen los adolescentes para ir mejorando su sociabilidad: digamos que las personas nos vamos sometiendo a distintas “pruebas” sociales, y esas pruebas al principio no suelen salir bien. Total, que igual que cuando intentamos las primeras veces montar en bici, nos terminamos cayendo al suelo y haciendo un gran ridículo, exactamente igual, el aprendizaje social tiene una buena dosis de intentarlo y fracasar (lo que conlleva ridículo, desde luego), igual que cuando aprendemos a montar en bici. Pero por supuesto, este ridículo es positivo, pues nos ayuda a aprender, y el ridículo hecho ayer, y el fracaso del intento de ayer, será la práctica que nos permitirá mañana tener aciertos y al final desarrollar unas buenas habilidades, sean habilidades para montar en bici; o sean habilidades sociales.

Los optimistas sociables y los pesimistas insociables

El mundo se divide en optimistas y pesimistas. Los optimistas creen que la realidad es el 130%; los pesimistas creen que la realidad es el 70%. Pero la realidad es el 100%, como es obvio. Las personas tímidas, retraídas, con carencia de habilidades sociales, suelen ser pesimistas natos. Ellos ven el mundo sólo al 70%. Por eso, ellos sufren más con el ridículo, lo sobrevaloran, y a cambio, se infravaloran ellos mismos. Las personas optimistas, sin carencia de habilidades sociales, sin carencia de autoestima, sobrevaloran el mundo, y se sobrevaloran a ellos mismos. Por eso, se ven a ellos mismos como muy guais, aunque se están sobrevalorando un 30%. Esto lleva a las personas optimistas a carecer casi por completo de miedo al ridículo, y en cambio, las personas pesimistas tienen tanto miedo al ridículo, que al final no hacen nada socialmente hablando, y se encierran en la concha de soledad de la que hemos hablado. Además, los pesimistas tímidos, siempre infravaloran lo que se puede esperar de su vida, y ven oscuridad, soledad, falta de compañía, falta de amor… Porque recordemos que ellos ven la realidad sólo al 70% de lo que en verdad es. Las personas optimistas ya no tienen miedo al ridículo, a pesar de que lo han hecho mucho en su vida, pero como se sobrevaloran, a ellos les da igual el ridículo porque siempre se creerán muy guais. Y además, con ese ridículo inicial, las personas optimistas han ido puliendo desde que son adolescentes sus habilidades sociales y ya son todos unos maestros a la hora de tratar con los demás. En cambio, la persona pesimista, tímida, con carencia de habilidades sociales, apenas ha practicado sus habilidades sociales con los demás debido al miedo al ridículo, que los paraliza incluso durante años, incluso durante décadas.

Cómo aprender sociabilidad mediante el intento y el fracaso

El ridículo es necesario, igual que es necesario que al principio de empezar a montar en bici nos caigamos y la gente se ría de nosotros. Si queremos mejorar nuestras habilidades sociales tenemos que irle perdiendo el miedo al fracaso y al ridículo. Si yo por ejemplo quiero hacer amigos, y se me ocurre irme por ahí de fiesta solo… a lo mejor después de hacerlo un par de  veces, nos damos cuenta que esa no es la mejor forma de hacer amigos. Así que probamos otra cosa, y a lo mejor yo decido hablar con la gente por la calle… Y otra vez a lo mejor fracaso, y así puedo probar luego otra cosa, como apuntarme a cursos… y veo que ahora he estado más cerca de conseguir algo positivo. Y además, me doy cuenta que con todo este proceso de ensayo y error, voy perfeccionado mis habilidades sociales y voy aprendiendo cómo se consigue tener una sociabilidad correcta, como se consigue hacer amigos, cómo se consigue diversión social…

Hay que probar cosas nuevas socialmente hablando. ¡Incluso hay que probarlo todo…! Por supuesto que ahí estará presente siempre el miedo al ridículo y la ansiedad social… pero más nos vale vencerlo con lucha, con trabajo, con mentalización… por que si no nos podemos ver atrapados en el barro de la insaciabilidad durante muchos años. El fracaso es la primera parte hacia el éxito. Aprendemos de los errores, y sí, un error es siempre ridículo, y a nadie nos gusta hacer el ridículo. Pero más nos vale que afrontemos esos miedos tan poderoso a las situaciones sociales, a riesgo de si no hacemos esto que decimos, vernos estancados durante décadas enteras en nuestras propias carencias de habilidades sociales. Errar es avanzar, aunque nos parezca que no. Edison dijo eso de

“no he fallado 1000 veces, simplemente he encontrado 1000 formas distintas de no hacer una bombilla”.

Os propongo, mis queridos tímidos, encontrar las 1000 formas distintas en que no debéis de socializar. Irónicamente, así encontraréis la forma adecuada de socializar. Y cuanto antes las encontréis, mejor, cuanto antes descubráis cómo no hacer las cosas y qué cosas no hacer, mejor. Tic, tac, tic, tac, tic, tac… ¿Oís el reloj que indica que la vida pasa muy rápido?

Para saberlo todo de la sociabilidad, aconsejamos nuestro e-book De poco sociable a seductor

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  • Comments

    • Kevin dice:

      Hola, Erik! Pues es cierto esto que dices de que es necesario fracasar para aprender, pero la mayoría de las veces aceptar esto y lanzarse a la acción se hace muy cuesta arriba.

      Acabo de entrar a la universidad, donde todos saben que soy poco hablador y tengo, debido a eso, pocos amigos. Si intento ser sociable, creo que me van a mirar raro y van a pensar que estoy fingiendo. ¿Cómo le hiciste para empezar?

      Saludos desde Perú

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