Juegos sexuales (segunda parte)

Continuación de Juegos sexuales (primera parte)

Yo dominaba la baraja, yo repartía cartas, primero una a cada uno, y luego, le preguntaba a Andrea que si quería más… Y es que, como hay que llegar a 7 y media sin pasarse… si de primeras sacas ya un 7… lo aconsejable es plantarse, porque las posibilidades de que luego te toque una “media” o sea, un rey, una sota o un caballo, son pocas. Pues eso, después de repartir la primera carta, le pregunté a Andrea que si quería más. Se lo pensó un poco (iba de farol) y dijo que no… Yo tenía sólo un 2, y me pedí otra… me tocó un 6, y me tiré un farol, me lo pensé un poco como si aún no me hubiese pasado… y dije que me plantaba… Pero como sólo éramos dos… el farol no me servía nada más que para afrontar con sentido del humor mi derrota en aquella mano… Al final, descubrimos las cartas, y Andrea se rió al ver que yo me había pasado… Y me preguntó.

–Me parece que vas ha ser el farolero del barrio…

Al dar la vuelta a las cartas, vi que Andrea tenía un 7… Y la dije

–Me parece que no voy a ser yo sólo el único farolero del barrio…

Después, recogí las cartas y embarajé. Andrea me miró, y dijo que aquel juego no estaba tan mal después de todo… A lo que yo contesté

–Querida Andrea, esto no es un juego, esto simplemente es un pasatiempo…

–¿Y qué diferencia hay entre un juego y un pasatiempo?

–Nosotros estamos aquí ahora jugando a siete y media… pero aunque alguien gane y alguien pierda en cada ronda… al final, nadie gana ni pierde. Es simplemente un entretenimiento, pero no es un juego, porque no competimos, simplemente nos divertimos…

–Se me ocurre una cosa… convirtamos el pasatiempos en un juego –dijo Andrea.

–Bien, ¿sabes cómo se hace…?

–Sí, supongo que apostando algo… por ejemplo, podemos coger unas monedas, 10 para ti y 10 para mí. El que se quede antes sin monedas, pierde

–No vas mal encaminada, querida Andrea… Pero yo no tengo monedas por aquí… Tampoco hay6 alubias, garbanzos… piedrecitas…

–Bueno, pues nada, otro día jugaremos…

–Si, parece que lo tendremos que dejar para otro día –dije yo.

Andrea me miró con cierto rostro de pena… se quería divertir. Y yo sabía cómo podíamos darle emoción de verdad a aquél juego… Pero no me atrevía a proponérselo… podría ofenderla, era mi amiga, mujer dicho, era la buenorra de mi amiga… Al final, ya iba a recoger la baraja, mientras decía

–Bueno, pues para otro día, si no tenemos garbanzos no nos vamos a jugar la ropa…

Pero ella, me paró las manos… me miró, y me dijo…

–¿Te atreves…?

Yo la contesté

–Sí, querida, pero ya sabes que el juego es peligroso… y tu yo somos amigos…

–Somos amigos, pero estoy cansada, cansada de todo, cansada de lo aburrida que es la vida… quiero emoción en mi vida… Vamos a jugar… ahora si, cambiamos el pasatiempo por el juego…

Yo me quedé conmocionado… a partir de ahí no pude controlar la erección… y se convirtió en crónica.. casi rompo el pantalón…

Embarajé, y ahora sí, íbamos a jugar de verdad… Quien pierda se quita una prenda… Teníamos más o menos las mismas prendas: Ella vestía un pantalón baquero ajustado, unas zapatillas ligeras, debajo unos calcetines, además de un cinturón que sujetaba el pantalón. Y encima, llevaba una camiseta de tirantes que dejaban sus brazos enteros al aire, y debajo de los tirantes, se podía ver a ratos la existencia del sujetador… Y yo llevaba un pantalón pirata gris, con unas botas negras y claro, también un cinturón sujetando los piratas. Y encima, una camiseta entre naranja y verde… Total, ella llevaba una prenda más que yo: el sujetador.

Una vez que pusimos sobre la mesa claramente las reglas del juego (quien pierda, se quita una prenda, la que quiera y hasta que alguien se plante… Pero eso sí, no vale plantarse justo después de haber perdido: sólo nos podemos plantar al finaliza una ronda…), embarajé y empecé a repartir cartas: una para ella y otra para mí…

Otra vez la pregunté que si quería más. Ella se lo pensó un poco, y dijo que sí. Después, la volví a preguntar que si quería más… Se lo pensó otro poco, y dijo que no. Yo pedí otra.. y me quedé con un 7… Dimos la vueltas a las cartas… y ella se había pasado… por tanto, ella se tenía que quitar una prenda… Se levantó, se puso dentro de la zona en donde habíamos marcado como zona acotada para pagar las deudas de juego… enfrente de la puerta, y fuera del pasillo formado por las dos camas… Allí pusimos una sábana blanca, para que no nos quedásemos fríos al descalzarnos… Andrea se levantó, fue hasta ese espacio acotado del que hemos hablado, y se quitó una zapatilla, no sin casi perder el equilibrio…

–¿Por qué no te sientas en la sábana blanca…? Pregunté yo

Pero ella dijo que no, que de momento no andaba tan mal de equilibrio… volvió hasta su cama en donde jugaba sentada… Recordemos que yo estaba sentado justo en la otra cama, en la de la derecha. Las cartas las echábamos también en su cama… Ella estaba cómoda así.

Yo la dije que seguro que remonta… pero fue cómico verla volver a la pata coja desde la sábana de pagar las deudas hasta la cama de jugar… Empecemos otra ronda… Repartí, y volví a preguntar que si quería más. Ella ahora dijo que no. Yo tenía sólo un uno.. y pedí. Pero me salió un 7… Luego volví a pedir… me estaba tirando un farol… Dimos las vueltas a las cartas… Y ella se había plantado con sólo un 1…

–¿No ves? Ha veces es mejor pájaro en mano que cien volando… –dijo ella

Yo repetí casi la escena anterior de Andrea hiendo hasta la sábana blanca tirada en el suelo para pagar nuestras deudas y quitándome una de las botas. Luego, seguimos con otra mano. Repartí… Y volvió a perder ella. Hizo lo propio, y se quitó el otro zapato encima de la sábana… Ya estaba descalza, pero en calcetines.

Luego otra ronda, perdí yo y pagué mi deuda sobre la sábana. Y luego otra ronda… Más interesante, pues al fin, nuestra ropa iba a ir dando lugar a nuestra piel… Perdió ella, y sobre la sábana, se quitó un calcetín… para mi fue muy excitante este momento, ver cómo se quitaba el calcetín, y aparecía a la vista su hermosa piel de sus pies… En estos momentos, vimos lo adecuado de haber puesto una sábana sobre la zona de pagar las deudas… porque si no, se le hubiese helado el pié desnudo…

Y luego otra ronda. Volvió a perder Andrea… Hizo lo propio, y pagó sus deudas, quedando con sus dos preciosos pies completamente desnudos. Las dos siguiente partidas, las perdí yo, y pagué mis deudas sobre la sábana… No se si la visión de mis pies desnudos pudo conmocionar  a Andrea tanto como a mí me conmocionó la visión de sus pies… Pero lo dudo. Ellas siempre son más sensuales…

Los dos estábamos descalzos… Pero sobre todo, estábamos entrando en la fase peligrosa… Al empezar el juego, lo normal es quitarse las prendas menos problemáticas… nadie empieza quitándose la camiseta. Pero a partir de ahora… nos tocaría elegir qué prenda nos quitamos: los pantalones o la camiseta.

La pregunté que si se quería plantar… Y es que, yo quise parar el juego, yo no quería seguir con aquello adelante. Nos habíamos divertido…, habíamos sido todos unos provocadores…, pero ella era mi amiga, y yo no quería abusar de ella… porque aquello sería abusar de ella si continuaba adelante. Y digo, que yo quise pasar… pero ella, estaba completamente fuera de sí, estaba cachonda, muy caliente… se veía en sus ojos, en su respirar entrecortado, en su piel que había cogido una tonalidad rosácea..… Y digo: quise parar, pero ya no pude parar.

Contestó que por ella seguíamos, y yo no podía parar el juego: yo lo inicié, pero yo sabía que sólo ella decidiría cuando se paraba el juego. Y seguimos, embarajé y otra ronda. Perdí yo… Fui hasta la zona de pagar las deudas, me lo pensé un poco, y me quieté la camiseta, quedando completamente desnudo de cintura para arriba… Y cuando me di la vuelta para volver hasta la cama… vi los ojos de Andrea, mirando mi pecho… tenía unos ojos como si tuviese cara de estar en otro mundo… Me gustó aquél mundo en el que tenía cara de estar Andrea…

Y luego, emabarajé y otra ronda. Cuando fuimos a dar la vuelta a las cartas… Andrea estaba muy nerviosa. Se había pasado… Pero yo también. En este caso… nadie se quitaba nada. Y embarajé, y otra ronda. Andrea se había vuelto a pasar, pero yo tenía un 5 y medio… Muy nerviosa, pero muy cachonda a la vez, se dirigió ha la sábana de pagar las deudas… y se quitó su camiseta sin mangas, quedándose en sujetador. La visión de Andrea de espaldas, con sólo la tira del sujetador cubriéndola de cintura para arriba… hizo que me estremeciese… casi me corro sin ni siquiera tocarme… Luego, Andrea se dio la vuelta, y vi sus pechos contenidos en el sujetador… Y empecé a deshacerme en agua por ahí abajo…

Ahora ya estábamos los dos casi desnudos de cintura para arriba… Y el juego seguía subiendo de ritmo: la próxima jugada sería crítica, pues me quedaría yo en calzoncillos, o ella en bragas…

Embarajé y repartí cartas. A la hora de dar la vuelta  a las cartas… ambos estábamos temblando. Yo di las vueltas a mis cartas en primer lugar. Saqué un 6 y medio… Ella se alegró aparentemente, con lo que creí que había sacado más… Pero no, había sacado un 6, y había perdido… Le tocaba quedare en bragas…

Ella me miró con una sonrisa pícara… Yo empecé a sospechar que el juego nunca debería de haber comenzado… Y es que, aquello empezaba a tomar unas direcciones que eran peligrosas… Y entonces, quise parar el juego… yo lo había comenzado, y yo lo podría parar… Y la dije.

–Querida Andrea, podemos romper las reglas, no tenemos por que seguir jugando si no quieres… Puede ser incómodo la situación. Fíjate que después de lo que pase aquí entre tu y yo, tendremos que seguir siendo amigos…¿Nos podremos seguir mirando a los ojos?

Y ella contestó.

–“Querido” Arthur… tú has empezado el juego, pero sólo yo puedo pararlo… Y yo quiero jugar, quiero divertirme, quiero sentir lo que no había sentido antes en mi vida… Eres mi amigo, pero también eres mi compañero de juegos… No sé que tiene eso de malo… Y ahora, salvo que tú quieras parar, yo quiero seguir…

Y una vez oído esto, supe que el juego seguía adelante… Yo no podía parar el juego. Hacer esto hubiese sido como si Dios, tras crear las reglas que rigen el Universo, hubiese querido pararlo todo porque no había quedado bien… Pero no lo hizo, y no lo hizo porque, es muy de hombres confundirse, pero también es muy de Dioses seguir con lo empezado hasta las últimas consecuencias.

–Pues seguimos por mi parte.

Dije yo con una sonrisa cómplice y pícara

–Querida Andrea, yo disfruto si tu disfrutas, yo estoy para disfrutar con las mujeres…

Ella me miró con una risa cómplice, mientras se levantaba de la cama en donde jugábamos, e iba poco a poco hacia la zona de pagar deudas, en la sábana blanca al lado de la entrada a la habitación. Al llegar, pude ver su figura alta y con unas curvas de infarto, que se le marcaban a través del pantalón baquero… Ella se dio la vuelta, y me miró totalmente de pies. Luego empezó a desabrocharse los botones de sus vaqueros, uno por uno… hasta que llegó el último. Sostuvo por un momento sus pantalones con la mano, me miró con una sonrisa pícara, y los dejó caer al suelo. Al llegar a bajo los pantalones, se sacó de ellos primero un pie y luego otro, y quedó en bragas y sujetador. Llevaba sujetador y bragas a juego, blanco, con algunos dibujitos como estrellas rosas y cubos verdes claros… La imagen era sobrecogedora, nunca había estado tan emocionado salvo aquella vez que fui a un Hamburgo a ver un concierto de Rammstein.

Y se quedó un poco en la zona de castigo… Levantó los brazos, como diciendo, “en fin, esto es lo que hay, no tenemos tanto misterio las mujeres debajo de la ropa…” Al final, cogió y se dio una vuelta sobre sí misma para que la viese… Según iba girando, me empezó a estremecer la llegada del momento que vería sus nalgas marcadas sobre sus bragas… Y el momento llegó… y yo casi me corro vivo… Pero aguanté. Y Andrea, riéndose un poco, volvió a su sitio…

Y la pregunte

–¿Seguimos?

Ella contestó que si. Embarajé y repartí cartas. Ella se plantó con la primera, yo saqué un 1 y después un 6, con lo que me quedé en 7… Dimos la vuelta a las cartas, y ella tenía un 5… Su estrategia conservadora no la estaba funcionando, y le tocaba quedarse sólo con las bragas… Fue hasta la zona de pagar las deudas… Y se quedó allí de pies, mirándome fijamente… Y me dijo.

–Bueno, tengo que elegir…¿No? Lo normal es que elija quitarme el sujetador… Pero me ha gustado el juego… Coge una carta, y tírala hacia arriba: si cae por la zona de las figuras, me quitaré el sujetador; y si cae por la zona plana, me quitaré las bragas…

Yo no quise… la dije que eso no formaba parte del juego… Pero yo sabía que no podía poner más que una objeción. Yo había empezado el juego, yo había puesto las normas iniciales… Pero luego no podía echarme atrás, y parecer un tío débil, estúpido, que no le gusta jugar, que parece un marica que se caga en cuanto ve que el juego se está poniendo peligroso… Así que tras mi objeción, la pregunté que si estaba segura… cogí una carta, y la tiré hacia arriba… No quería ni mirar, pero salí el uno de copas…

–Bueno, me toca   quedarme con las tetas al aire

Dijo Andrea. Se llevó las manos atrás, para mí fue una eternidad esos momentos de vaivén de su brazos, intentando desenganchar el sujetador… Al fin, sus brazos volvieron adelante… Por un momento, quedó todo el sujetador un tanto encorsetado en sus tetas… pero no sujeto por las cintas. Y al fin, cogió una mano, y se quitó el sujetado de encima, tirándolo al suelo, y dejando al descubierto sus pechos. Ella se pasó sus manos por sus pechos, con un gesto entre la lujuria y el cachondeo… Y volvió a su asiento de juego.

La pregunté que si seguíamos… Y me dijo que sí… que de momentos sí, al menos una ronda más… pues será una ronda emocionante… Repartí, me tocó un 7 de primeras… Pero pedí otra carta… y me tocó un 2, por tanto me pase… Por supuesto, fue un intento de evitar la tragedia: el juego no llegaba al “Game Over”, llegaba al “The end of the cataclysm”. Ella dio la vuelta a sus cartas, y había sacado un 6. Por tanto, me tocaba a mí quedarme en calzoncillos… Fui hasta la zona de pagar las deudas, me desabroché el pantalón poco a poco, y una vez que tuve el pantalón en mi mano ya suelto… dudé si dejarlo caer, pero al mirarla, y ver sus ojos expectantes… supe que ya no había vuelta atrás… Y dejé caer mis pantalones al suelo, quedándome en calzoncillos, unos calzoncillos bonitos, entre blanco y naranja fluorescente… Andrea dijo.

–¿Por qué será que una mujer en bragas causa sentimientos de sublimación extrema; y un hombre en calzoncillos causa sentimientos de ridículo extremo…? Pero a mi me gustan los hombres en calzoncillos…

Yo, sintiéndome un poco ridículo estando en calzoncillos, me dirigí otra vez hacia la zona de juego… Y ahora ya no había vuelta atrás… Quedaba la última jugada.

–¿Seguimos?

Pregunté. Y ella… se lo pensó durante interminable segundos… Al final, con cara seria, dijo.

–Mira, estimado Arthur… hemos llegado demasiado lejos… como para no continuar adelante… Seguimos hasta el final, ¿quieres?

A mi no me quedó otro remedio que decir que sí… Cuando los hombres estamos “contentos” y en calzoncillos se nos nota demasiado… Y ella lo notó… parecía ridículo que la cosa no siguiese adelante…

juegos sexuales 2Y seguimos adelante. Embarajé… Ahora nadie quería perder… Ella dio la vuelta a sus cartas, había sacado un 7… Y yo di las vueltas a mis cartas, tenía un 7 y medio… Ella se lamentó… Se levantó de la cama y fue hasta la zona de pagar las deudas de juego… Ya encima de la sábana blanca, tras hacer unos cuantos gestos como diciendo “qué fastidio”… se metió sus dedos dentro de las bragas… y las bajó hasta abajo. Al principio no pude ver nada, porque según se agachó para quitárselas, se tapó. Pero luego se levantó, y dejó al descubierto todo su cuerpo desnudo… Luego me miró con una sonrisa pícara… Y dijo:

–Bueno, no era para tanto, ¿no? Me doy una vuelta para que me contemples bien…

Y se dio la vuelta poco a poco.. cuando mi vista llego a ver su trasero… casi me muero de puro orgasmo… Era un trasero precioso, muy redondo, y grande… Ella terminó de darse la vuelta, y al volver a mirarme descubrió que mis calzoncillos habían sido abducidos por unos extraterrestres… y ahora no estaban… Me abalancé sobre ella… y el resto… es historia…

A la mañana siguiente, un pensamiento me recomía la cabeza. No, no era el remordimientos de haber llegado con mi amiga en el juego hasta el final… Era algo mucho peor… Si yo había echo lo que había echo, con una mujer, con Andrea… ¿Qué habrá estado haciendo el animal de Pedro durante toda la noche con dos mujeres…?

 

P.D: No se crean los lectores que estoy tan cachondo como parezco… pero si alguna lectora quiere hacer la representación teatral de este guión e interpretar a Andrea… pues que cuente conmigo para interpretar a Arthur116… por favor, mandar la solicitud al e-mail de contacto…

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