Juegos sexuales

Estamos en primavera. Empieza a llegar el calor, con esa sensación que nos causan los rayos del sol de deseos de libertad, de deseos de salir a correr a la calle… a gritar al cielo que queremos ser libres. La primavera es la estación del año más ambigua: algunos días hace calor; y otros hace frío. En el fondo, los deseos de libertad de los hombres llegan a veces hasta querer liberarse de su propia ropa: nos quema la ropa, nos sentimos demasiado cachondos como para llevar tanta ropa encima…. El verano nos pone calentitos, si es que no lo estábamos ya antes… Y es que, el sexo por el sexo se me hace tan aburridojuegos sexuales A mi me gusta más jugar, jugar al juego de la sexualidad… Pero, insisto: no confundir un paseo por el campo con una persecución por el campo: si vamos simplemente a dar un paseo por el campo, vamos tranquilos, no tenemos que conseguir ningún objetivo, no tiene un resultado nuestro paseo; pero si por alguna circunstancia, vamos a sufrir una persecución por el campo, por ejemplo, la policía nos ha dado el alto, y nosotros hemos echado a correr… entonces, hemos entrado de lleno en el terreno del juego. Y en el juego, hay una confrontación entre al menos dos partes. Al final del juego, una gana y otra pierde… Y es que, muchos saben practicar sexo, pero pocos saben jugar al sexo. Y en el juego del sexo, uno gana y otro pierde… En este artículo, los juegos sexuales.

Los juegos y la sexualidad

La vida es maravillosa… cuando después de haber sufrido innumerables pesares, cambian las riendas de la vida y empezamos a disfrutar de los placeres de la condenación. Resulta que yo, Arthur116, y mis amigos hemos salido en esta calurosa primavera a pasar unos días al campo. A todos nos gusta el campo, así que decidimos juntar un poco de dinero, y alquilar una casa rural en mitad de la montaña… Cuando lleguemos, nos empapemos del precioso paisaje que lo inundaba todo… También hacía calor en la montaña, pero era un calor muy agradable… Y como previendo ya lo que iba a pasar, ya me dio por pensar que sería maravilloso poder danzar por las frescas praderas de montaña bajo el sol completamente desnudos…

Lleguemos a la casa rural que habíamos alquilado. Éramos siete personas en total, cuatro chicos y tres chicas… Y había tres habitaciones. Nos repartimos las habitaciones de la forma más razonable posible: la habitación número 1, se la quedaron uno de los chicos, Pedro, junto con otras dos chicas; la habitación número dos se la quedaron un chico y otra de las chicas; y la habitación número tres, nos la quedemos yo y otra de las chicas, Andrea… A las chicas no les hizo mucha gracia esta distribución… pero les recordemos que los hombres nos habíamos jugado el culo por ellas durante milenios, defendiéndolas en las guerras; en los ataques de animales salvajes; en las persecuciones,… nos debían aquella distribución…

En fin, después de haber completado la macabra distribución de las habitaciones, los chicos propusimos ir a dar una vuelta por el campo. Y eso hicimos todos, nos larguemos a caminar un buen rato  por ahí. Atravesemos el bosque que está al lado del pueblo en donde hemos alquilado la casa rural, y salimos a una inmensa explanada, un gran páramo, a partir del cual empiezan a crecer las montañas. La sensación de estar en ese páramo, con el bosque a un lado, y las inmensas montañas al otro… era inigualable, uno sentía que ahí encontraba a su ser, se encontraba consigo mismo. Luego avancemos un poco en dirección de las montañas… pero empezó a anochecer… y es que, no hay que confundir la primavera con el verano: la primavera es ambigua, y un tanto traicionera… Volvimos a casa, no sin antes prometernos, que a la mañana siguiente completaríamos nuestro abandonado recorrido por la montaña… Y es que, todos nos quedemos con ganas de ver qué había detrás de esa montaña que no terminemos de ascender… Lo oculto siempre es lo más fascinante.

Y regresemos a casa, luego cenamos… y cada grupo se fue a su habitación, no sin antes oír unas cuantas protestas más de las chicas, que insistían que aquella distribución de habitaciones no era adecuada… Pero al final, no cambiemos la distribución original… y terminemos Andrea y yo en nuestra habitación común… Había dos camas. La di a elegir, y eligió la cama de la izquierda. Y de broma, la dije “a mi me parece bien, en la de la izquierda pues…”, me miró un poco mal, pero luego se rió…

Aún era muy pronto para los horarios que teníamos los dos de normal (dos parados, al fin y al cabo.. siendo ciudadanos de un país gobernado por hij…), así que decidimos hablar un poco. Las dos camas estaban separadas por un estrecho pasillo, de un metro más o menos. Así que nos sentamos cada uno en la cabecera de nuestra cama, y decidimos empezar una amena charla sobre la vida, sobre los asuntos comunes… Hablemos de todo, de la vida, de si vamos a poder conseguir un trabajo algún día, de lo bonito que era aquél sitio… y de los maravillosos secretos que aún descubriríamos a la mañana siguiente, cuando terminemos de ascender al fin aquella montaña tan hermosa… Y con todo, mientras hablábamos, me dio por abrir los cajones de la mesilla que estaba al final del pasillo que quedaba entre nuestras dos camas… y dio tal la casualidad, que me encontré una baraja, una baraja española…

Cogí la baraja, y me puse a embarajarla… Andrea se inquietó al ver la baraja… las mujeres también aman el juego, pero no menos lo temen…

-¿Sabes jugar a algo?

Al fin me pregunto… Y lo la contesté que sólo a siete y media

-Pues ese no parece un juego muy emocionante… jaja

Contestó ella. Yo al fin, un tanto picado (pues amo ese juego…), la reté a unas cuantas partidas a siete y media… Recordemos, en ese juego se van repartiendo cartas a sus dos jugadores hasta que se plantan los dos. Al final, se dan la vuelta a las cartas, y gana quien se queda más cerca de siete y media y no se pasa. Por tanto, parece que los faroles estarán a la orden del día… Y lo cierto es que, al final mi amiga Andrea se terminó por convencer que el siete y media es un juego de lo más emocionante…

 

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