La clave de la felicidad: estar a gusto en tu casa

No me canso de denunciar que hay dos grandes tradiciones en lo referente al trato familiar:

-El patriarcado: yo mando, tú obedeces; en mi casa mando yo; cuando seas padre comerás huevos; si no estás a gusto ya sabes donde tienes la puerta,…

-La familia democrática: lo hablamos y luego negociamos; es cuestión de llegar a acuerdos; el cariño está en esta casa por encima de todo, incluso de las disputas,…

Es evidente que en España todas las familias descienden del patriarcado. Pero agraciadamente la familia democrática se ha ido abriendo camino con el tiempo. De alguna manera el cáncer que aún atenaza nuestra sociedad (con el escandaloso caso de la trama de corrupción del PP, que a mi no me sorprende y de lo que ya ni hablo, pues simplemente esa gente aguantará en su tiranía hasta que al fin, alguien logre echarles de la política) tiene su origen en los pueblos de España, que fueron el lugar donde vivieron nuestros abuelos, y casi todo el mundo hasta hace poco. Allí la vida era dura, las circunstancias económicas y sociales hacían que la gente se volviese muy agresiva. Además, la poca educación que recibían nuestros antepasados no ayudaba tampoco a llevar la pobreza con justicia y templanza. Pero las ciudades, con su industria, con su sensación de libertad, con su respeto a los demás, con sus mayores tasas de riqueza, con su mayor cultura, con su apoyo a la gente y con sus ideales democráticos, trajeron un soplo de aire nuevo a los hogares españoles. Aun así, todavía arrastramos el tiránico modelo familiar del patriarcado. Si no estamos a gusto en nuestra propia casa es muy difícil ser feliz. En este artículo, la clave de la felicidad: estar a gusto en tu casa.

Nuestra bienestar dentro de una familia

Y es que decimos por activa y por pasiva que no podemos ser felices si no nos sentimos un miembro querido, respetado, tratado con equidad y con justicia,… en nuestra propia familia. En esta familia podemos ocupar dos posiciones: de padre, o de hijo.La clave de la felicidad estar a gusto en casa Normalmente, primero ocupamos la posición de hijo; y con el tiempo nos independizamos y formamos nuestra propia familia. Antes, cuando había trabajo, uno podía irse de casa a vivir por su cuenta. Pero ahora más les vale a los jóvenes españoles que están en el paro tener un buen trato con sus padres… Si no, mucho me temo que tendrán serios problemas, y que podrán tirar años enteros de felicidad en su vida por el retrete, pues estar en un mal hogar, en un hogar donde uno no se siente querido, respetado, y miembro de una familia, termina por causar incluso enfermedades mentales, la soledad y la sensación de despreció se adueñan de ti, y ves pocas escapatorias. Muchos de estos jóvenes terminan yéndose a vivir a la calle. De hecho, esos “sin techo” jóvenes que a veces vemos cuando paseamos por la calle, normalmente se han quedado en la calle porque no podían convivir con sus padres, a lo que se le añadió la imposibilidad de encontrar un trabajo, debido normalmente a su baja calificación además de a la crisis económica que arrastramos desde que Felipe González vendió España a un modelo neoliberal en cuya venta se incluía la aniquilación de la industria española como pago previo a Alemania y a Francia para que nuestra industria no le hiciese competencia a la germana y a la gala. (se puso la excusa de que “la industria española estaba vieja”)

Cómo crear familias felices, y así ser feliz en nuestra familia

No está de mas repasar un poco los “mandamientos” de la familia democrática. La patriarcal ya la conocemos demasiado bien, y desde luego, en este blog la rechazamos. Por eso no nos queda ninguna duda que el futuro es la familia democrática. Para hacer muchas y muy felices familias democráticas, nada mejor que seguir nuestros cinco consejos fundamentales:

1. Todo el mundo tiene que tener su espacio particular. A veces vale tener una habitación para ti solo, o compartida con un hermano, pero teniendo una relación “de buen rollo”. Lo importante es que en nuestra casa y en nuestro hogar tengamos un sitio donde poder estar de vez en cuando sólo.

2. Los espacios comunes se deben de repartir con equidad. Por ejemplo, no vale que alguien se apropie de la sala de estar, la haga suya, poniendo siempre lo que quiera en la tele, tirándose en el sofá como si fuese un cadáver sobre la mesa del tanatorio, y en general, apropiándose para uso particular por medio de malas maneras un área que debería de ser de todos, y en donde toda la familia debería tener un hueco y disfrutar así todos de la compañía de todos, quizás a la vez que vemos todos juntos la serie “Águila Roja” en la tele.

3. Todo el mundo en la familia debe de tener garantizada la cobertura de sus necesidades vitales: comida, ropa, transporte, Internet,… No hace falta gastarse cada tres meses 500 euros en ropa… Simplemente se trata de tener lo que necesitamos, y cuando se rompe algo, poder repararlo.

4. Todo el mundo en la familia debe de tener garantizada sus necesidades de ocio. Se trata de poder tener dinero para salir al menos dos veces a la semana, o bien al cine, o bien a la discoteca a ligar, o bien a cenar, o bien de excursión,… Como poco lo podemos reducir a una vez a la semana, pero el dinero del ocio no se debe escatimar, pues el ocio es fundamental no sólo para ser feliz y no entrar en depresión; además, la negación del dinero que nos garantiza tener nuestras necesidades de ocio cubiertos, trae consigo sentimientos de desprecio, de humillación y de ser un judío en un campo de concentración de los nazis.

5. La economía de la familia debe de estar financiada de forma democrática. Esto es, cada uno es responsable de sus propias malas inversiones, pero a su vez no se puede responsabilizar a alguien que es trabajador, que ha trabajo, estudiado y echo de todo, de que los políticos incompetentes hallan formado esta estafa que impide a mucha gente valiosa ganarse el pan. O lo que es lo mismo: la gente vaga que tiene que aportar más a la economía familiar, trabajando más, estudiando más,… Pero hay gente que simplemente no puede ayudar a financiar la economía familiar porque por culpa de otros se ha quedado sin empleo. Yo siempre digo lo mismo: nuestra sociedad no necesita solidaridad; necesita justicia. Y la economía familiar no debe de ser solidaria, no es necesario salvo con los niños menores de 18 años, que sí necesitan que se les mantenga. Lo que necesitamos en la familia, igual que en la sociedad, es justicia, que cada uno tenga lo que merezca.

Conclusión sobre la clave de la felicidad, estar a gusto en casa

La idea de este artículo queda clara: diferencia dos tipos de familia, una positiva y otra negativa. Y por supuesto, una vez que sabemos esto no nos queda más remedio que apostar por la familia democrática. Vivir en una familia democrática, pacífica, en donde los miembros de la familia se organizan en el amor, y no en la violencia (la psicológica es una violencia mucho más común que la física), es fundamental para ser feliz. Y además, es idea fundamental de este artículo que ningún miembro de la familia debe de usar la situación de “crisis” actual contra otros miembros para intentar dominarlo, para decirle “yo te mantengo y soy solidario” y para intentar que esas ganas de ser valioso, de ser apreciado, de ser útil, de sentirse integrado en una sociedad, se esfumen como “lágrimas en la lluvia”. Somos simios, le guste a quien le guste, y si no nos sentimos admitidos y aceptados en un grupo, eso nos causará depresión, y esto en última instancia llevará a una disyuntiva que realiza todo simio que ha sido excluido del grupo:

-Abandonar el grupo.

-Dejarse morir.

Esto está documentado por activa y por pasiva por etólogos y biólogos. Y en la especie humana no es muy distinto: o no sentimos valiosos y valorados en nuestro grupo social (lo que incluye sentirse valorado en la familia, y además en el entorno social, esto normalmente se consigue con una actividad diaria en la que las personas demuestran su valía); o entonces la doble disyuntiva se presentará ante nosotros, teniendo que elegir.

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