La convivencia en pareja

Lo cierto es que yo nunca he convivido con una mujer más allá de un fin de semana calentito… Pero sí he convivido con compañeros de piso. He vivido en tres pisos distintos además de en mi casa de toda la vida. Con los que más conviví fue con mis primeros compañeros cuando fui a la universidad. Estuve en ese piso dos años en total y conviví con dos chicos que estaban en el ejército; a lo que con el tiempo se incorporó la novia de uno de ellos. En total, cuatro personas en un piso de tres habitaciones… pero la casa se nos hacía grande (aunque no lo era), porque estábamos a gusto, nos sentíamos en armonía en la convivencia… Esto contrasta con lo que viví en los dos posteriores pisos en donde estuve: en uno de ellos estuve unos meses, pero más que un piso compartido eso parecía unas celdas individuales en donde los compañeros compartíamos cocina, lavabo,… y poco más. Y el último en donde estuve… este fue el peor, tanto que lo dejé en dos meses. Fue poco antes de iniciar este blog, y tengo muy mal recuerdo de dos de los tres compañeros que compartíamos un piso enorme: cuando yo llegaba a la sala de estar estos se molestaban y se iban a su habitación; me miraban de reojo al pasar; se escabullían como si fuese un intruso, incluso me robaron más de miedo bote de “nescafé” (¿!)… Pero lo cierto es que yo soy de fácil convivencia, me adapto bien, soy generoso, interesante, simpático aunque algo misterioso… Aunque nosotros seamos todos unos expertos en sociabilizar, tendremos que lidiar en la vida con muchas personas antipáticas, ariscas, egoístas,… Pero eso no nos debe de preocupar. Si aprendemos a ser todo unos artistas de la sociabilidad eso nos repercutirá en un montón de cosas positivas: mejores parejas, mejores amigos, mejores trabajos,… Y todo esto de recordar mis convivencias en pisos compartidos viene al caso de nuestro artículo: la convivencia en pareja. Aunque no nos lo parezca, compartir piso con compañeros no es tan distinto de compartir piso con nuestra pareja y de convivir con ella. En este artículo, la convivencia en pareja.

Hablar mucho, decir poco; callar mucho, decir mucho

Dicen que el periodo de mayores rupturas de parejas se produce después del verano. Los especialistas achacan  este “boom” de rupturas a la mayor cantidad de horas de convivencia entre los miembros de la pareja debido al mayor tiempo libre que nos deja las vacaciones de verano. Vamos, que hay parejas que si no rompen antes es porque se ven poco;la convivencia en pareja y que si funcionan es por que no conviven demasiado: el trabajo lo absorbe todo, y así uno sale de trabajar cuando el otro entra a trabajar… Es muy triste esta situación, pero mucho me temo que los occidentales han perdido esa capacidad de convivir en armonía que tienen muchas sociedades humanas.

Podríamos irnos a las tribus africanas, para ver si ellos también tienen problemas de convivencia… En las tribus cazadoras-recolectoras suelen pasar unas 20 o 30 horas de su tiempo trabajando. Esto es menos que las sociedades occidentales (no diré industrializadas porque España no es en absoluto un país industrial; vivimos del mojito, de la agricultura y ganadería y hasta hace poco tiempo de la construcción). Por tanto, les queda aún mucho tiempo libre para estar con los otros. ¿Cómo evitan que se produzcan conflictos asociados con la gran cantidad de horas de convivencia que pasan juntos?

Lo cierto es que hay muchas tribus cazadoras-recolectoras. Y cada una de ellas tiene muchas especificidades. Pero lo que sí es seguro es que tienen un pequeño gran secreto para que la convivencia entre sus miembros no se frustre: no hablan tanto como los occidentales. Están simplemente unos al lado de los otros, disfrutando de su compañía, quizás viendo un amanecer juntos, quizás alguien cuente historias y los demás escuchen; quizás se peinen entre ellos o hagan otras cosas juntos. Pero sin esa manía occidental que tenemos de comentarlo absolutamente todo, hasta los programas que estamos viendo por la tele. (conocí a alguien que tenía esa manía, y recuerdo que no lo soportaba, no entendía por qué no era capaz de estar tranquilamente viendo la tele a mi lado sin tener que hacer putos comentarios sobre que “si el asesino estará detrás de la puerta” o “¡qué suerte tiene ese que ha ganado 2000 euros en el concurso!”.

El gran secreto para ser feliz en la convivencia

Me viene ahora a la cabeza el título de una obra literaria En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Es una obra muy larga, pero puedo recomendar su primera parte (creo que tiene siete): Por el camino de Swann. Esta obra siempre me encantó, es algo así como una Biblia de las personas sensibles, que disfrutan de sus propios sentimientos internos, y que disfrutan de su propio mundo interior. La novela entera es enorme, pero curiosamente apenas hay un puñado de conversaciones en ella. Pero hay un mundo enorme, un mundo interior enorme, lleno de sentimientos, de sensaciones, de caricias, de sabores, de olores, de recuerdos, de espíritus de hombres que disfrutaban del silencio, de la soledad, o de la compañía de otros hombres sensibles.

Precisamente esta obra de Proust nos puede dar muchos secretos sobe la convivencia: hablar todo el rato desgasta la relación, hacer comentarios termina por mosquear al que escucha, estar siempre cascando y rajando por los codos, sin ser capaz de disfrutar de la simple compañía en silencio del otro, termina dando con todo el misterio que había al principio entre los dos miembros de la pareja al traste. Tenemos que aprender a ser más delicados, más sutiles, y menos charlatanes. En occidente nos exigen hablar por los codos, y más en un país como España, en donde la gente por lo general habla mucho y piensa poco. Es hora de cultivar nuestro lado sensible, sutil, misterioso. Este es un buen consejo para todas esas parejas que acaban de iniciar su convivencia: aprender a sentir más y a hablar menos. Por supuesto no es cuestión de hacer voto de silencio. Aunque esos frailes que hicieron ese voto, que conviven todos juntos, que trabajan juntos,… saben perfectamente que es más importante la compañía de los demás que el tener que estar comentando todo el rato el si “el sermón de hoy me ha gustado mucho”; o “acabo de plantar las calabazas en el huerto”… Ellos pueden dar perfecto testimonio de que se puede disfrutar de la compañía de los demás sin tener que hablar tanto. Al fin y al cabo, cuando estamos en compañía de alguien es como si a nuestro cerebro hubiese llegado una droga: la compañía de otros nos estimula el cerebro, y por eso es perfectamente posible disfrutar de la compañía ajena sin intercambiar conversaciones vacías y por supuesto, sin habernos drogado previamente…

Por supuesto, aprender a “jugar con los tiempos” del silencio es fundamental. No es cuestión de hacer voto de silencio: es cuestión de saber usar el tiempo en compañía de nuestra pareja, saber cuando toca hablar, saber cuando toca ver una película, saber cuando toca estar abrazados uno al otro sin intercambiar más que pequeños comentarios de ternura, saber cuando toca discutir sobre un libro que nos hemos leído para luego comentarlo, saber cuando toca ir a dar un paseo en silencio, simplemente dejando al invernal paisaje que dejamos atrás y que tenemos delante, hablar.

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