La depresión como enfermedad que impide disfrutar de la vida

La felicidad es algo un tanto caprichoso, y a lo largo de la vida, parece que va y bienes según cambian las circunstancias. Nuestro ánimo sube y baja a lo largo del día, y a lo largo del año. El temperamento es algo fundamental: algunas personas están siempre alegres; otras se amargan con cosas insignificantes. Pero de cualquier manera, la depresión no es un “estado de ánimo”. Es una enfermedad psicológica. Cuando un chaval dice eso de “estoy depre”, lo que en realidad está queriendo decir es que tiene un mal día. Una depresión precisamente se caracteriza porque no es cosa de un día. Para que hablemos de depresión hay que encadenar al menos un par de semanas de estar mal, como de estar aburrido y no tener ganas de hacer nada; o quizás nos empezamos a preocupar en exceso por el futuro, no viendo futuro alguno… Y como decimos, no hay que confundir tener un día triste con estar con depresión: en el primer caso se pasa esa tristeza al día siguiente; en el segundo, dura al menos dos semanas, y comúnmente puede durar meses o años. Lo peor de todo es que muchos enfermos de depresión ni siquiera saben que tienen esta enfermedad. Los médicos de cabecera no contribuyen demasiado, pues saben de psicología casi tan poco como Aznar de economía y de política. Pero detectar esta enfermedad es fundamental para poder ponerla cura. Y se detecta como ya hemos dicho: viendo si llevamos al menos dos semanas de bajón continuado… Una vez una chica de Internet a la que la confesé que tenía depresión, me preguntó que “en qué lo notaba”… Me hizo gracia la ingenua pregunta, pero yo la puse un ejemplo muy gráfico:

“¿No recuerdas esos días de verano en donde estabas tan aburrida que se te quitaban las ganas de hacer cualquier cosa? ¿No recuerdas que incluso las cosas que de normal te gustaban hacer, no te gustaban en ese estado de aburrimiento tan profundo? ¿No recuerdas que el aburrimiento de esas largas tardes de verano se te clavaba muy dentro, y parecía que sólo te apetecía dormir o morir, y que creías que ya nunca se te iba a quitar con nada? Pues la depresión es eso mismo, pero en vez de de durar una tarde de verano es mucho más tiempo.”

En este artículo, la depresión como enfermedad que impide disfrutar de la vida.

El poder de la mente humana para disfrutar de las cosas

Y es que la mente humana ve el mundo de forma subjetiva. Tanto es así que puede que dos amigos que pasean juntos por la calle, aunque vean lo mismo, pueden sentir esas mismas cosas de forma totalmente distinta. Imaginémonos que por ejemplo, a uno de ellos le acaba de tocar la lotería; y al otro le acaban de detectar un cáncer terminal (ejemplo burro como pocos…).La depresión como enfermedad que impide disfrutar de la vida Y que ambos caminan por la calle porque se han encontrado cuando uno de ellos se dirigía al hospital; y el otro de ellos al banco a cobrar el premio… resultando que el camino de ambos iba en la misma dirección y decidieron recorrerlo juntos durante el tramo común.

No hace falta recurrir a ejemplos tan bestias. Sin que nos halla pasado nada, según nuestro temperamento vemos el mundo de una forma muy distinta: para unos el mundo consiste en intentar hacerse rico; otros ven el mundo como una oportunidad de solucionar los problemas que azotan a la humanidad y de ayudar a los demás; quizás otros crean que el mundo consiste en estar por ahí de fiesta desfasando a todas horas; y otros ven el mundo como una oportunidad de leer mucho hasta caer extenuado (como dijo Menéndez Pelayo justo antes de morir: “mira que morirme ahora cuando me queda aún tanto por leer…”)

Pero incluso dentro de una misma persona se producen cambios de ánimo según las circunstancias. Y la depresión es precisamente una enfermedad del ánimo: estás aburrido, estás sin ganas de hacer nada, lo que antes te divertía ahora como mucho te deja indiferente; o incluso te molesta realizar esas actividades que antes amabas.

De este modo el mundo se antoja para el cerebro de enfermo de depresión como carente de diversión. Churchill se dice que dijo justo antes de morir eso de:

“todo es tan aburrido”

Churchill tenía una depresión de tipo bipolar, por lo que alternaba temporadas de euforia con temporadas de profundo abatimiento del ánimo. Pero la frase de Churchill ilustra bien lo que siente un enfermo de depresión: no puede disfrutar con nada. Por ejemplo, si al enfermo de depresión antes le apasionaba salir a la naturaleza a pasear, y disfrutaba con las flores, con el aire, con el sol,… la depresión hace que el enfermo ya no pueda disfrutar de estas cosas que antes amaba. Simplemente estas cosas ahora, en el mejor de los casos, le dejan indiferente.

Y así es en todos los ámbitos de la vida: no disfrutan cuando ven una película, aunque antes hubiesen disfrutado de esa película que tanto les gustaba como niños; no disfrutan cuando escuchan música, aunque escuchen un grupo que antes les encantaba; no disfrutan cuando juegan al fútbol, aunque antes el enfermo disfrutaba un montón jugando los sábados un partido de fútbol con los amigos; no disfrutan cuando salen por ahí a tomar unas cerveza con los amigos, aunque antes de la enfermedad el enfermo de depresión le encantaba salir por ahí a aliviar penas al bar; e incluso no disfrutan cuando hacen el amor con su mujer, pues la depresión comúnmente mata hasta la libido o apetito sexual, impidiendo disfrutar de una vida sexual placentera.

Buenas noticias para el enfermo de depresión

Con todo lo dicho, no nos debe de extrañar que la depresión sea la enfermedad que más tiempo de disfrutar de la vida resta a los ciudadanos de occidente. La depresión aunque no mate siempre (lo hace ha veces) suele arruinar años de vida enteros del enfermo. Si no tienes el ánimo suficiente para hacer cualquier cosa, difícilmente podrán los enfermos disfrutar de la vida. De esta forma los años pasan, pero alguien que llegue a 50 años sufriendo de depresión desde los 30, habrá sentido que durante 20 años ha estado vivo, pero no ha disfrutado de la vida; es más, han sido 20 años sufriendo. Pero agraciadamente de la depresión se puede salir, y así volveremos de nuevo a disfrutar de la vida, y volveremos de nuevo a disfrutar de esas cosa que antes nos apasionaban.

Y es que, se ha demostrado que la enfermedad de la depresión implica modificación física de ciertas partes del cerebro. Vamos, que  la enfermedad anímica tiene una base física perfectamente localizada. Unas zonas de no se qué sitio del cerebro, parece que disminuyen su tamaño cuando se da que el paciente observado con métodos de resonancia y demás, está pasando por una depresión.

Pero lo bueno de esto es que se ha observado que esta zona recupera su forma originaria una vez que el paciente de depresión ha conseguido curarse. Vamos que en la gran mayoría de los casos, los enfermos de depresión se curan y no les quedan secuelas en el cerebro (importantísimo). En algunos casos, sí es cierto que quedan secuelas de por vida, pero agraciadamente, son una minoría.

Por eso, los enfermos de depresión deben de recordar que, aunque no tengan ganas de nada, el tiempo traerá de vuelta aquellos viejos placeres que llevan tanto tiempo sin poder sentir en su cerebro enfermo. Esto ayuda a aguantar. Y sobre la cura de la depresión… hay mil casos de depresivos. Pero sobre todo, lo primero de todo, hay que averiguar cual es la espina que nos está perforando el alma. Y luego se trata de sacar esa espina, y desinfectar la herida de nuestro alma.

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