La esencia femenina

Las mujeres han evolucionado en un entorno determinado, entorno que las ha hecho adquirir ciertas funciones y ciertas características que son por todos reconocidas como características femeninas. En gran parte, la esencia femenina se puede recrear partiendo desde estas características de las mujeres. La esencia femenina no es un ente abstracto y difuso: más que eso la esencia de las mujeres es algo muy concreto, las mujeres son las nodrizas, son las amantes, son las que consuelan en los malos momentos, son las que se responsabilizan del hogar y del cuidado de las criaturas que quedan bajo su tutela… Pero aún así, las funciones y características femeninas están lejos de ser unívocas y unificadas. Más que eso, las mujeres han desarrollado tradicionalmente una serie de funciones que se adaptan muy bien a sus características biológicas y psicológicas. Así, la evolución misma propició que se fomentasen en las mujeres estas características  y con el tiempo, ellas desarrollaron aún más una esencia propia muy marcada, esencia que se puede expresar en una serie de arquetipos que muestran plásticamente la especialidad del ser mujer, o en otras palabras, la esencia femenina. Con la lista de estos arquetipos típicos femeninos continuamos el artículo, son arquetipos plásticos sacados sobre todo de la Edad Media europea, que exponemos como una forma de intentar ilustrar la esencia femenina.

Cinco arquetipos de la esencia femenina

1. La costurera. El arquetipo de mujer costurera hace referencia a lo que tiene la mujer de laboriosa, de trabajadora, de activa en cuanto a la vida productiva se refiere… Las mujer han desarrollado trabajos más allá de la crianza de los hijos en todas las culturas y en todas las épocas. Por lo general, se le reservaban para ellas trabajos adecuados a su constitución física menos robusta y a su cuerpo más delicado. Pero lejos de que ellas hayan sido trabajadoras de segundas, comúnmente sobre los hombros de ellas han caído grandes responsabilidades laborales, hasta el punto de que en algunos países la economía se ha asentado sobre todo en los hombros de las mujeres: trabajadoras dentro de casa sacando adelante a la progenie; y fuera de casa, atendiendo campos, cuidando negocios, trabajando en la industria… El papel activo y productivo de la mujer ha sido intentado ser minimizado por la derecha tradicional, que le restaba importancia a este importante prototipo femenino como una forma de tener a las mujeres alejadas del ámbito productivo, y por tanto, de su propia independencia económica para así posibilitar el hecho de estar subsumidas bajo un marido tiránico.

2. La amazonas. Las mujeres también son guerreras. Ellas por lo general no tienden a mistificar tanto las ideologías por las que los hombres se enfrentan en guerras terroríficas. Pero eso no significa que ellas no estén dispuestas a coger sus arcos y sus espadas para luchar por su futuro, para luchar por lo que las pertenece, para luchar por conseguir conquistar rayos de esperanza que quedaron ocultos tras el influjo de tiránicas fuerzas. A ellas por lo general no las importa tanto las ideas abstractas, como la libertad, la justicia, la igualdad… Pero a cambio, se centran mucho más en lo concreto, en el bienestar de su familia, en el día a día, en el hogar, en el futuro de ella y de los suyos… Por todo eso, ellas pueden luchar con más valor que el más fornido de todos los príncipes guerreros. Ellas son más resistentes, aguantan más, se rinden más tarde, tienen más valor (de media)… Tienen mayores facilidades para aguantar los problemas y comúnmente, más fuerzas para intentar combatirlos. Los hombres son muy inmediatos, luchan fuerte pero por poco tiempo, enseguida se cansan y se ponen a quejar. Ellas se quejan menos, son capaces de mantener batallas más largas, menos violentas pero más estratégicas. Por lo general ellas luchan en guerras de desgaste, pueden pasarse años enteros incluso luchando por solucionar sus problemas. Los hombres a veces se cansan de ver la tremenda paciencia con la que las mujeres se plantan ante sus conflictos.

3. La amante. La capacidad de amar tan leal, tan fiel, tan entregada y tan devota de una mujer no tiene parangón con la capacidad de amar de sus congéneres masculinos. Ellas se enamoran menos, pero cuando se enamoran, están dispuestas a aguantar fuego y hielo para que esa relación sea próspera y positiva. Hay muchas historias de mujeres que incluso mueren esperando a su amado perdido, después de décadas de aguantar la añoranza de sus hombres extraviados. En ese aspecto son más fieles, al modo de esos perros que años después de que ellos mismos asistieran al entierro de su dueño, todos los días siguen hiendo a la tumba de su antiguo dueño y se acuesta durante unas horas a su lado hasta que se hace de noche y cierran el cementerio. Un poco como el personaje de mi novela “La Reina de los Hielos“, Irinia, que perdió a su amor hace años en una batalla, y cuando se la intenta convencer de que ya es hora de que deje de amar a ese hombre hace tanto tiempo fallecido, ella dice:

soy demasiado mujer como para dejar de amar a un recuerdo

Ellas saben amar como nadie, a sus maridos, a sus hijos, a sus hermanos… Y la humanidad solo permanece viva sobre la Tierra porque muchas mujeres pudieron amar más allá de todos los límites lógicos establecidos.

4. La madre. Ellas también tienen la función de cuidar a la progenie después de haberla parido. Las madres hacen más que alimentar a sus crías, que limpiarlas, que resguardarlas del frío, que ponerlas ropas… Ellas cuidan también con su cariño, con sus mimos, con su aprecio, con su entrega total a esa criatura que salió de sus entrañas. De esta forma los nenes y las nenas lograrán alcanzar en el futuro un desarrollo socio-emocional pleno, que no hubiese sido posible si no es por estas primeras impresiones de cariño y de sentirse cuidado que provienen de la madre, y que son fundamentales para ir adquiriendo una autoestima, una confianza en el futuro, unos hábitos sociales, que nos permitirán crecer y desarrollaron como adultos comprensivos, cariñosos, equilibrados… No es casualidad que buena parte de los psicópatas o misántropos más famosos no tuviesen este cariño de madre tan necesario en la infancia. Ellas fabrican una humanidad a base de cariño, de mimos, de amor…

5. La princesa. Y es que ellas, más allá de seducir a los hombres, seducen a todo el mundo, con sus modales, con su buen trato con los demás, con su fina conversación, con sus hermosas siluetas, con sus finos vestidos, con sus sonrisas siempre relucientes y dispuestas a paralizar el mundo de puro goce… Ellas son la alegría del mundo, las que lo iluminan desde su antigua oscuridad, las que le dan sentido a las cosas, las que sin su presencia la Tierra entera sería un páramo frío y aburrido para cualquier hombre… ¿Alguien se imagina a una humanidad sin mujeres? Nos pasaría entonces a los hombres como a los “ents” de El Señor de los Anillos, que vagan por la Tierra tristes y melancólicos porque han perdido a sus mujeres ents, y desde entonces los bosques del mundo que son sus hogares, están tristes, abatidos, sin saber qué sentido tiene ahora la vida, en un mundo sin mujeres, sin ese espíritu femenino que todo lo alegra, sin esas ganas de vivir que arrasan con los fantasmas de la muerte, sin ese espíritu activo y delicado que nos hace recordar que los peores 14 años de nuestra vida son precisamente los de la infancia, cuando creemos que las mujeres son más que nada un estorbo, o una excusa para poder divertirnos un rato poniéndolas sapos en sus pupitres de clase debajo de los libros…

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