La esencia masculina

Los hombres han heredado una serie de funciones y de rasgos arquetípicos a lo largo de su inmersión en un proceso evolutivo que los ha moldeado hasta alcanzar las formas y características que muestran estos en la actualidad. Con todo esto, podemos hablar de una especie de “esencia masculina”, que se concretaría en una serie de rasgos y de prototipos que serían característicos y definitorios de lo que es ser hombre. No hay dos hombres iguales, pero la “criba” en que consiste la evolución, hace que los hombres nos tendamos a parecer entre nosotros considerablemente. Siempre hay diferencias, disimilitudes, puntos confrontados… pero mi experiencia personal me dice que los hombres somos menos distintos entre nosotros de lo que se ha creído. Esto es debido a que muchas veces las propia evolución elimina por selección natural las rarezas de los hombres, sobre todo las rarezas no adaptantes (por esto mismo todos tenemos un miedo innato a ser considerados “raros”, y por eso mismo todos tenemos complejos que sacan a relucir nuestras “rarezas”). Así, todos los hombres hemos terminado por generar dentro de nosotros una serie de aptitudes y de formas de ser que definen a grandes rasgos una esencia masculina determinada. Al modo de Jung, estos rasgos se pueden expresar en una serie de arquetipos, en una serie de figuras plásticas que adquieren la forma de reyes, de caballeros, de magos… y que ilustran muy bien esta esencia masculina. Por eso, en este artículo repasamos algunos de estos arquetipos, y en sus análisis intentamos determinar lo más claramente posible en qué consiste la esencia más normal y “pura” de la masculinidad. En este artículo, la esencia masculina.

Cinco arquetipos que definen al hombre

1. El campesino. El hombre es entre otras cosas proveedor. Le corresponde a él en gran parte encontrar el alimento y traer en sustento a casa. Los fuertes cuerpos de los hombres los capacita para realizar pesados trabajos físicos con mucha mayor facilidad que el cuerpo de la mujer. Así el hombre es trabajador incansable, activo, planifica y lleva a cabo las acciones necesarias para proveer de sustento a su mujer y a sus hijos, al modo del campesino de la Edad Media, que se tiraban todo el año trabajando con una canción en el corazón y con una hoz en la mano, para así poder sacar adelante a su familia.

2. El caballero. El hombre es guerrero por naturaleza también. La testosterona hace al hombre más fuerte y agresivo que la mujer, lo hace más combativo, más guerrero, más peleón… El caballero tiene que proteger a la princesa de turno, por encima de todo el caballero sabe que la vida que en realidad hay que proteger, es la de la princesa, y la de sus hijos, en caso de que la princesa tenga hijos del caballero. Los hombres tenemos un instinto innato de sacrificarnos y de morir para proteger a las mujeres y a sus hijos. Este instinto no está por igual en todos los hombres: comúnmente son los hombres de más entidad y los más valorados por las mujeres los que tienen este instinto más desarrollado. El otro día, viendo como un hombre se había suicidado ante el hecho de que su familia, su mujer y sus hijos, iban a ser desahuciados de su vivienda porque no podían pagar la hipoteca, recuerdo que alguien pensó que él hubiese hecho algo distinto: hubiese hecho un seguro de vida; y después hubiese fingido una muerte natural para poder cobrar la indemnización del seguro y que así su mujer y sus hijos pudiesen salir adelante aunque sea acosta de su propio sacrificio. Es muy de hombres pensar en proteger a su mujer y a sus hijos aunque sea a cambio de sacrificar la propia vida. Esto lo podemos ver también en el hundimiento del Titanic: murieron más hombres de primera clase que mujeres y niños de tercera clase. ¿Cómo es posible esto si tenían preferencia para subirse a los botes los hombres de primera clase; frente a las mujeres y los niños de tercera clase? Fácil: hemos visto en la peli de Titanic a unos hombres que, a pesar de que uno de los encargados los apremia para que se suban a los botes salvavidas, ellos dicen que prefieren quedarse jugando su partida de Black Jack, mientras disfrutan de las copas que toman en el juego. Esos hombres en realidad, con flema británica, se sacrificaron ellos para que así las mujeres y los niños de tercera clase pudiesen sobrevivir debido a que como todos sabemos, no había botes suficientes para todos.

3. El rey. Es también muy de hombres el interesarse por la política, por el buen gobierno, por la correcta coordinación de una sociedad. Los hombres a veces tienen un fuerte sentido innato del deber, lo que les lleva a querer ayudar a su sociedad de forma aparentemente altruista para que esta alcance un mejor gobierno y una mejor gestión de los asuntos humanos. Tanto es así, que la mayoría de los hombres estarían dispuesto a obtener ellos una pérdida si a cambo la sociedad como un todo se ve beneficiada. El hombre a veces tiene enclavado dentro de su alma una concepción de justicia muy poderosa, y eso lo lleva a luchar por lo que cree justo y positivo para todos, rebasando este afán a sus propios intereses personales.

4. El mago o el sabio. Y además, el hombre es señor del conocimiento, ha creado la sabiduría, la tecnología, los saberes… desde tiempos inmemorables como una forma de ayudar a la sociedad a sobrevivir y a que alcance el mayor grado de bienestar posible. El hombre tiene un afán innato por saber, no todos ni en igual medida, pero no hay duda de que hombres como Platón, como Euclides, como Newton, como Darwin, se pusieron como principal objetivo de su vida el descubrir esta verdadera magia que es el conocimiento, no por obtener con ello beneficio económico, reconocimiento, etc.; si no simplemente por el hecho de que sus instintos de hombres los instigaban a buscar la verdad que ayudase a la humanidad aunque en ese camino ellos no se viesen recompensados; incluso se viesen castigados (muchos grandes sabios murieron en la pobreza, pero eso no les importaba, sólo les importaba alcanzar la verdad como objetivo instintivo que estaba marcado en sus propios genes).

5. El villano. El villano es el prototipo de hombre sencillo, que sabe divertirse, que sabe amar a su mujer, que sabe moverse con maestría por el ambiente urbano de la villa, que disfruta de una buena cerveza en la bodega, que ama a su mujer y que cuida a sus hijos… El arquetipo de villano nos muestra el lado más vulgar y profano del hombre, y también el más común. Me he dado cuenta de que los hombres que más enamoran a las mujeres se caracterizan sobre todo por ser buenos villanos, hombres que saben divertirse, que saben amar a su mujer, que se interesan por cuestiones más cercanas y pragmáticas, que son personas normales que se insertan sin llamar la atención en ese entramado simbólico que es la antigua villa medieval; y que ahora está transformada en ciudad, en donde trabajamos, en donde nos divertimos, en donde entablamos amistades, en donde entablamos relaciones con mujeres, en donde situamos nuestro hogar, en donde educamos a nuestros hijos y en la que vivimos una vida sencilla y feliz. Por tanto, de todos este es el arquetipo más importante, aunque unas migas aquí y allá de los otros cuatro arquetipos también pueden resultar definitorios de la esencia masculina.

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