La familia como clave de la felicidad

la familia como clave de la felicidadNo, esto no es un blog de derechas… No pretendo hacer apología de la familia tradicional. Es más, la familia tradicional es agresiva, estúpida, zafia, egoísta, ruin,… Por “familia” entiendo los conocidos allegados a nosotros, con los que convivimos a diario. Y es que acabo de escribir un artículo sobre depresión. Y se me viene a la cabeza la mejor solución que existe para superar la depresión: tener una buena familia, un buen hogar, un lugar en el mundo en donde nos sentimos a gusto y apreciados. No puedo por menos de recordar un capítulo de un viejo programa de televisión de esos de “sucesos”. En él salía un yonkie que acababa de ser pillado por la policía en sus trapicheos. Uno de los policías que lo retenían le recriminaba al yonkie que por qué se había metido en la droga. Este no sabía que contestar. Al final el policía le preguntó al yonkie si sabía cual era la mejor droga que existía. Y ante la falta de respuesta del yonkie, el policía al fin dio la respuesta: la familia, “una buena familia es mejor que todas las drogas del mundo”. Y es cierto: el entorno familiar adecuado hace que nuestro cerebro genere una serie de reacciones que nos causa una gran sensación de felicidad, de tranquilidad, de relajación. Pero parece que en nuestra sociedad se desmorona por momentos el concepto de “familia”. De este modo, ¿son posibles las familias a día de hoy? En este artículo, la familia como clave de la felicidad.

La familia hoy en día

Es evidente que ha día de hoy las familia siguen existiendo. Pero también es evidente la falta de simetría entre las familias de hace sólo unos años, compuestas por padres, varios hijos, abuelos, un señor que andaba por el pasillo que no sabíamos quien era,…; y las familias de hoy, compuestas sobre todo por un novio y una novia, y a los varios años de convivencia, se le termina por añadir un hijo. El concepto de familia ha cambiado considerablemente. Y todos sabemos por qué estos cambios: la forma de vida moderna, en donde trabajan hasta las mujeres; los altos precios de un baby, unos 700 dólares al mes según el inicio de Los Simpson (cuando pasan a Maggie por la lectora de códigos de barras…); la inestabilidad laboral y los medios de control de la natalidad, todo ello, repercute de forma directa en la metamorfosis que ha experimentado la familia en nuestros tiempos.

Lo cierto es que el cambio de modelo de familia no es la antesala del apocalipsis, como intenta convencer a todos los chalados de la tierra el “Papa” de los cojones… Es algo necesario, si siguiéramos teniendo 10 hijos por pareja como antes, es evidente que en poco tiempo no tendríamos ni siquiera alimento para todos, pues antes la esperanza de vida era corta; hoy un niño nacido tiene casi asegurado morir de viejo. Por eso, el fin de la familia tradicional es algo que hay que aceptar, nos guste o no. Y ante este fin de la familia tradicional, ¿podemos seguir apoyándonos en la familia como camino seguro a una tranquilidad y una felicidad garantizada?

Es evidente ante todo que aún colean los últimos retazos de la “familia tradicional”. Todos eso chicos y chicas que viven con sus padres, hermanos, un abuelo,… saben bien que en un hogar así, tranquilo, en donde se les aprecia, en donde se les motiva y en donde se les cuida, es muy fácil ser feliz. Por eso muchos jóvenes no quieren irse de casa e independizarse… Cuando al fin lo hacen, lo hacen con cierta idea en su cabeza de formar una familia. Pero resulta que descubren que no tienen novia… Por eso teclean en el ordenador la palabra “seducción”, y ¡ya nos pueden encontrar a nosotros en la página 17 de google! (12 en autoayuda, y subiendo…). Sea como sea, al final encuentran novia, ¿o era un rollito sólo?

Precisamente en esta disyuntiva los jóvenes terminan viendo que un apoyo como el que tenían en su familia de toda la vida, es imprescindible par encontrar la felicidad. Por eso mismo la mayoría de la gente prefiere tener pareja estable antes que ir de “flor en flor”: en este segundo caso la incertidumbre por no tener allegados, por no tener a alguien que podamos llamar “nuestra familia” termina por causar en el afortunado fornicador masivo sensaciones de desapego del mundo y de falta de un hogar en donde poder encontrar nuestro lugar en el mundo.

Familia y felicidad

Por eso mimo parece que el paso de tener nuestro hueco cuando somos más jóvenes en una “familia tradicional”; hasta llegar a nuestra nueva familia, al lado de una mujer u hombre que es nuestra pareja, puede ser un salto en el vacío. Y es que las familias de hoy están compuestas cada vez más por un novio y una novia, que a veces ni pueden compartir vivienda, como mucho comparten picadero, sea un granero o el cuarto de la calefacción…

Quizás ya no vuelvan más las familias que parecían todo un antiguo clan de la Edad de Hierro… Pero la familia sigue siendo la clave de la felicidad. Aunque ahora se limite muchas veces a una sola persona, siendo algo triste el hecho de cómo lo que podemos llamar nuestra familia está sólo compuesto por una única persona. Pero esta única persona es fundamental para poder sentirnos arraigados en una sociedad determinada. La diferencia entre tener a esta única persona o no tenerla es demasiado grande. Creo que muchas veces las drogas se han cebado con aquellos que estaban desarraigados, que no tenían a nadie en el mundo, y que terminaron por recurrir a las drogas como una forma de poder experimentar sensaciones que se pueden experimentar todos los días en el seno de una buena familia. Quizás los amigos puedan llenar ese vacío que dejó las masivas “familias tradicionales”. Pero el 60% de los españoles dicen no tener ni un solo amigo… Y es que nos educan en el egoísmo, en el desdén hacia los demás, en la falta de habilidades sociales y de sensibilidad para tratar con los demás. Y así es muy difícil mantener amigos a nuestro lado. La mayoría de la gente ve en los amigos a gente que puede aprovechar unas cuantas veces para salir por ahí; pero cuando halla algo mejor en sus planes, mandará a estos amigos a paseo, como cuando usamos un clinex y luego, después de sonarnos la nariz, lo tiramos al cubo de la basura porque ya no nos sirve. Como dijo Cicerón en de amicitia,

 “prefiero renunciar a ir de furfias y tener en su lugar muchos amigos

(la traducción es mía, y no admito a eruditos del latín réplica ninguna…).

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