La historia espiritual de occidente: la Razón contra la Fe

Hace 2500 años, en las zonas de las antiguas ciudades griegas, que se extendían desde la península ibérica hasta las costas de Turquía, antes de que Alejandro Magno crease un imperio que llegaba hasta la India, surgió buena parte de lo que luego sería la “mentalidad” y la cultura occidental. Así surgió la filosofía, la ciencia, las matemáticas, la política y la economía que con el tiempo, daría lugar a la actual forma de configuración de occidente. La edad dorada, la época clásica, con Atenas como cabeza más visible, pasó: con Alejandro Magno en política, y con Aristóteles en el mundo del conocimiento, se cierra la edad clásica y se da paso a la edad del Helenismo. Aquí Atenas es sustituida como ciudad símbolo del intelecto de los griegos, por Alejandría.

la historia espiritual de occidente la razón contra la feLos intelectuales de Alejandría practican una filosofía que puede parecer una degeneración de la filosofía de la Grecia Clásica: el neoplatonismo, y otras corrientes filosóficas que parecen demasiado místicas al lado de la belleza y cristalina transparencia de la filosofía de la Grecia Clásica se apoderan del panorama filosófico. Pero aun así, los alejandrinos mantienen un pacto con la verdad cristalina y trasparente, y llevan la ingeniería y las ciencias físicas hasta unas cotas que nunca había visto la humanidad. Son famosos los ingenieros alejandrinos, que por supuesto cultivan las matemática, la física, y las aplican a las necesidades prácticas, naciendo así la ingeniería alejandrina.

De este modo, es normal que un mismo intelectual alejandrino, parezca por un lado demasiado místico, pertenecientes a escuelas de filosofía de tipo místico, como las neoplatónicas; pero a la vez, ese mismo intelectual cultiva las matemáticas, la ingeniería, la física,… haciendo un poco de contrapeso pragmático y cristalino a la difusa verdad que muestran las filosofías místicas. Así, los alejandrinos se alejaron de los atenienses y de los jónicos: partieron el ente (la estructura de la realidad) en dos: la materia y el espíritu, lo que para los griegos clásicos había llegado a ser lo mismo.

Pero los griegos miraban con temor a oriente… Allí habían surgido un nuevo tipo de “sabidurías”, como por ejemplo, el zoroastrismo, y otras corrientes místicas y exotéricas que surgieron de antiguas creencias egipcias, babilónicas, iraníes,… Los griegos sabían que esa “sabiduría” estaba a años luz de su propia obra, tanto en la versión jónica-ateniense; como en la versión alejandrina. Y temían que esas corrientes que arrastraban a masas enteras, pudiesen dar muerte a la grandeza de su propia creación. Los griegos ya eran griegos antes de inventar la filosofía escrita, Y de echo, la filosofía escrita surgió en buena parte como una reacción ante el miedo que tenían los griegos de que la brutalidad del misticismo arrollador y masivo de oriente derrumbase su propia civilización.

Los romanos terminaron por acabar con la autonomía de los griegos sobre sus propios territorios. Los romanos eran un pueblo que había tomado muchos elementos de lo griegos, pues los admiraban. Pero los romanos eran intelectualmente “cortitos” al lado de los griegos, entre otras cosas porque originalmente eran un pueblo de bárbaros, de germanos (los latinos estaban originalmente entre los celtas y los germanos, por supuesto, con toda la zafiedad y estupidez característica de estos dos pueblos…). Se ha dicho que los pensadores griegos reflexionaban sobre la naturaleza; y que los pensadores romanos reflexionaban sobre los pensadores griegos… De echo, parte del gran éxito de los romanos en su conquista del mundo conocido tiene que ver con la racionalidad griega: los galos iban a la batalla con su “poción mágica”; y los romanos, con la racionalidad de las matemáticas y el pensamiento profundo de los griegos. Asterix y Obelix, en la realidad, fueron machacados por la “fórmula mágica” de los griegos: la razón.

Los romanos conquistan occidente… Tienen su propia religión oficial, una sencilla religión con la que el romanismo hace “piña”, sirve de indemnidad nacional (los romanos casi inventaron el concepto de nación), pero muchas otras religiones se “cuelan” en la creencias romanas, a pesar de las persecuciones de religiones orientales no oficiales que termina con la persecución de los cristianos.

El cristianismo, una religión surgida a medio camino entre el judaísmo y el neoplatonismo. Es una religión muy “comercial”, pues todo el mundo la entiende, es sencilla a la vez que llamativa, y tiene cierta calidad, pues surge de elementos muy buenos, como el socialismo judío (los judíos inventaron el comunismo, y funcionó muy bien); y el neoplatonismo, que hacía mística con la filosofía de Platón.

Así, el cristianismo, con el tiempo, terminó por hacer furor en el Imperio. Había otras religiones que eran candidatas a sustituir a la aburrida religión romana, otros derivados del neoplatonismo; incluso el propio neoplatonismo. Pero el Cristianismo era el mejor producto… Arrasó entre la gente por su calidad, por dejar al alcance de todo el mundo una espiritualidad de calidad, que conectaba lo político con lo espiritual, y que era asequible para las masas.

Pero en el Cristianismo hubo un gran problema, un gran imprevisto: sólo hubo un cristiano, y murió en la cruz.

El cristianismo era una religión fácilmente pervertible (algo que ya habían supuesto los antiguos griegos: religión mística = cada uno entenderá lo que le interese entender, a diferencia de la filosofía y la ciencia griega, que es objetiva = fin del conocimiento y vuelta atrás = otra vez nos han jodido algo muy bueno en nombre de un dios falso, un becerro de oro…), quizás porque las masas eran ignorantes, y los señores estaban dispuestos a entender el Cristianismo como les venía en gana. Así, El cristianismo no siguió las enseñanzas de calidad aunque sencillas de Jesús de Nazaret. A cambio, Juan el Bautista parece ser el verdadero fundador del “cristianismo” que terminó por ser la ideología de los señores.

A partir de ahí, el Imperio terminé degenerando por distintas causas. Entre otras, las amenazas de las invasiones bárbaras, que habían aprendido de los romanos, y ahora se habían dejado la “poción mágica” en casa y habían aprendido de racionalidad bélica, hicieron tambalear al imperio hasta que se terminó escindiendo. Constantinopla y Roma se repartieron la capitalidad del imperio ahora escindido.

Roma terminó cayendo, tanto en occidente, en manos de los bárbaros; y posteriormente en oriente, en manos de los árabes y posteriormente, de los turcos, hasta que cayó Constantinopla ya en el siglo XV. El imperio de oriente, Bizancio, se terminó convirtiendo en una de las culturas más grandes de su época, irónicamente, tuvo que dividirse el imperio para que esto fuese así. Y todo debido a que recuperaron la esencia de lo griego y de lo helénico, aunque con un barniz cristiano.

Así, la Edad Media llegó a Europa. Los Reinos empezaron sus luchas, sus conflictos, tanto externos como internos. El cristianismo se oscureció aún más, y oscureció a todo Occidente… Pero la oscuridad es un buen lugar para poder pensar: los medievales fueron pensando a Dios hasta que llegaron a ciertas contradicciones en los dogmas impuestos por la Iglesia. La escolástica despuntó, y en la famosa “cuestión de los universales”, ya se intuía el conflicto entre los partidarios de la fe, y los partidarios de la razón. Una fe que había dominado durante cientos de años, ahora, en el siglo XII, se encontraba amenazada por la rescatada racionalidad griega.

Todo estaba preparado para la llegada del Renacimiento: Europa estalló en llamas en un conflicto predecible. Las guerras de religión escondían detrás de sí la pugna entre distintas fuentes de poder. La Reforma es en gran parte una apuesta por la razón, aunque sin el trance de tener que renunciar de un día para otro a unas creencias que habían sido abrazadas por decenas de generaciones de europeos desde hace más de mil años.

Y en el lado contrario: la contrarreforma, los católicos, los perseguidores de “herejes”. Estos no querían saber nada de la razón, seguían apostando por la fe: al principio, una fe razonable; pero con el tiempo, la propia fe terminó por ser una cuestión completamente irracional (demostrado a través de los increíbles avances científicos de la época, la famosa Revolución Científica, precursora de la Revolución Industrial). La contrarreforma tuvo su éxito principal en España, con su enorme imperio por la época. Aun así, los luteranos y demás aspiraban a un cambio en su mundo: pero no tenían intenciones de que Europa viviese un estallido de libertad similar al que se produjo en El Renacimiento en algunos lugares de Italia. Ellos apostaban por cierta noción de progreso terrenal; pero querían mandar, querían imponer su dictadura sobre unas masas a las que, de cualquier forma, no pensaban dejarlas en libertad.

Y tras pasar la época del Colonialismo y del Imperialismo, en donde la mentalidad occidental se extiende por toda la tierra, llegamos al siglo XX. Un panorama espiritualmente desolador se presentaba en el horizonte: católicos, luteranos, estalinistas, hitlerianos, nacionalistas, y por lo general, ideologías todas autoritarias, que terminarían por hacer saltar por los aires todo el mundo conocido, en un conflicto en dos actos principales (y muchos otros secundarios), que a la larga, terminará por hacer decaer a todas estas ideologías.

Hasta que llegamos a la situación actual: el nihilismo. Puede parecer que si las ideologías y las distintas corrientes espirituales son tan perversas como para causar los acontecimientos mencionadas, lo mejor sería no creer en nada. Pero las cosas no son tan sencillas: las corrientes espirituales de occidente han logrado que esta termine por llegar a ese estado del espíritu hegeliano que es el Espíritu Absoluto (la verdad a secas, objetiva y definitiva; y su materialización en el ordenamiento “racional” de la sociedad), lo que propició muchos avances científicos… y también políticos y sociales.

No fue Hegel precisamente el encargado de llevar a la Tierra a su Espíritu Absoluto. La ciencia, tanto social como natural, del siglo XX, parece que ha sido la verdadera responsable que, a día de hoy, quien se confunde es por que no se ha estudiado la lección: el mundo ahora es objetivo, toda la realidad ahora ya no depende de dogmas, de opiniones… y demás charlatanería.

Pero aun así, arrastramos cierta inercia de nuestro pasado donde el conocimiento intentaba ser visto como algo perverso, especialmente en un país como España, en donde los antiintelectuales incluso dieron un golpe de estado en 1936, como reacción ante el avance de la ciencia, de la verdad, del progreso, y en definitiva, del liberalismo político (al que ha frenado en parte el liberalismo económico).

No deberíamos de considerar como un drama que alguien como Mariano Rajoy sea el actual presidente de España. Rajoy es un completo ignorante… Pero eso no demuestra que el Espíritu Absoluto no tenga la última palabra. La verdad terminará por ser la única espiritualidad aceptada en una tierra que ahora sí será libre. Rajoy y los demás ignorantes, sólo serán como cabañas, que son arrancadas, arrastradas y destrozadas por la impetuosa fuerza de un tornado, que es ni más ni menos que la verdad a secas, y su materialización objetiva en una sociedad en donde ahora ya no prosperan los mentirosos y los ignorantes.

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