La importancia de las pequeñas cosas

la importancia de las pequeñas cosas

foto por User Xulin on fr.wikipedia / Xavier Bonnafous

Lo cierto es que he tenido problemas toda mi vida debido a mi carácter… aparentemente tímido, pero por dentro, se esconden mil tempestades. Y es que, nunca estaba de acuerdo sobre la percepción de los demás del mundo: al cura, más que espiritual, lo veía feo, estúpido, desagradable y con mal olor; a los profesores, los veía ignorantes (no a todos, pero sí a bastantes); al alcalde, lo veía corrupto y con cara de miserable… Es muy difícil enfrentarte a casi todo el mundo… Aunque tengas razón, no te la van a dar. La razón no se otorga, se conquista en las batallas. Yo estoy muy cansado de luchar… Y es precisamente en estos momentos, que me gustaría abandonar la batalla de la razón (la gente por lo general no se entera de nada en temas intelectuales, quieren tener más razón que tú, aunque no se hallan leído un libro en su vida…) cuando vuelvo a apreciar las pequeñas cosas: ya dijo Freud que todo lo más grande debe de estar muy conectado a lo más pequeño. Freud creía que la sexualidad, la vida cotidiana, la alimentación, el hogar y las pequeñas necesidades del día a día eran los elementos básicos a los que era reductible todas las supuestas grandes ideas. Por ejemplo, un ortodoxo religioso, pongamos el caso de un antiabortista, va por ahí dando sermones sobre lo malo que es abortar, sobre lo bueno que es su religión, y sobre lo felices que vamos a ser todos cuando nos unamos a su credo… Estas personas son muy desagradables. Yo ya no intercambio razones con ellos, simplemente les insto a que se mantengan lejos de mí. Constantemente me queda la sensación sobre estos predicadores… que si por algún motivo, encontrasen una inmensa mina de oro… aunque hubiese oro para todos no irían por ahí predicando eso de “¡venid todos.. he encontrado oro para todos…!” Creo que se callarían como cabrones… Si nos predican su religión y nos animan, con amenazas de condenación al infierno para la eternidad, a unirnos a su religión, es porque saben que es algo sin valor. En el fondo, si hubiesen encontrado la veta de oro… la querrían para sí mismos toda. Pero de su religión, de su mierda si nos dan: religión para todos… En fin, a lo que iba, los supuestos grandes ideales de este predicador, según Freud, se reducirían simplemente a cosas muy pequeñas: por ejemplo, querrían dominar con la ideología de su religión para simplemente obtener poder e influencia con ello, y así obtener mejores alimentos, mejor hogar, más sexo… En este artículo, la importancia de las pequeñas cosas.

Aprender a hacer grande lo pequeño

Pero no todo está perdido. Todo el mundo conoce a Platón, a Aristóteles… Pero muy pocos conocen los primeros materialistas de la historia, los presocráticos (con permiso de los pensadores hindúes): Leucipo, Demócrito o el romano Lucrecio, son hombres que creyeron que todo estaba compuesto por cosas muy pequeñas: los átomos (“todo está compuesto por átomos y vacío”). Y a pesar de esto… estos hombres, mis amados materialistas  y atomistas griegos, creyeron siempre en lo grande… De echo, nunca fueron ateos, aunque no adoptaron ante Dios una actitud de llorar como nenas para que se apiade de nosotros y nos haga dejar de sufrir… Ellos creyeron que nosotros, desde lo más pequeño, deberíamos construir lo grande. Creyeron que el hombre debería de construir su propio destino, y no arrodillarse y humillarse ante dioses supuestamente muy grandes. Por eso atacaron a los dioses, por eso atacaron las corrientes de misticismo orientales, que prometían salvación para los que se amedrentasen ante el poder de dioses terribles. Si hasta las grandes montañas están compuestas de minúsculos átomos ¿no demuestra eso que, desde lo más pequeño se puede construir lo más grande?

Y como decimos, podemos hacernos grande desde lo más pequeño. De echo, no nos queda otra alternativa… la otra alternativa es humillarnos ante dioses crueles y dictatoriales, como pretende el predicador del que hemos hablado arriba. Y para aprender a ser verdaderamente grandes, dejamos para terminar una lista de cosas que podemos hacer ya… A veces para hacer algo grande no hace falta dedicarle muchos años de esfuerzo. Y esto lo digo, con plena convicción y es que…

Cosas que son pequeñas pero nos pueden hacer grande

1. Los mejores músicos no suelen ser los que más años de estudio tienen, normalmente la genialidad musical tiene poco que ver con la dedicación… pues la genialidad es algo sobre todo genético, y la dedicación es algo cultural (quizá nos obligaron nuestros padres a ser violinistas… pero a nosotros ni nos gusta…) Por eso… desempolva ese viejo teclado de apenas dos octavas que tienes desde que te lo regalaron de pequeño… Con un instrumento tan ínfimo, jurado queda que se puede componer la mejor melodía de la historia…

2. Hablando de música… también podemos aprender a tocar un instrumento de forma un poco más concienzuda que el tocar un teclado de dos octavas con dos dedos… Y para ello, ¿qué necesitamos, años en el conservatorio…? Jaja… yo toco melodías de buen nivel (me las tengo que aprender primero…) con un teclado de 5 octavas… y no he ido precisamente al conservatorio… aprendí en Youtube… En una sociedad donde la gente se cree intelectual por criticar la Wikipedia o tus faltas de ortografía, esto debe de ser todo un delito…

3. Y ahora… yo estaba pensando en escribir un cómic… Pero no se dibujar… No problema. Podemos hacer un cómic con fotos (con el programa Comic Book Creator se puede facilitar el trabajo). Escribe un guión, y después, haz decorados, o bien reales, con amigos; o bien en miniatura. En este último caso, debes de crear los personajes del cómic y deben de estar articulados, para poder adoptar distintas posiciones en el decorado… La cámara con la que haremos las fotos debe de estar situada al lado de la mesa que nos servirá de “plató”… A partir de ahí, con nuestros personajes, con nuestros trenecitos de juguete de la infancia, y con nuestra imaginación, que es capaz de crear lo más grande de lo más pequeño, podemos hacer una obra de arte a la altura de las películas de Steven Spielver… y con un presupuesto total que no supera lo que tengamos ahora mismo en el bolsillo…

4. Y ese día en donde la tempestad de la tormenta de primavera nos pilló desprevenidos… y un diluvio entero se nos vino encima… Y nosotros “qué mala suerte, ahora estoy mojado y voy a llorar como una maricona…” Pero cuando llegamos a casa… nos encontramos a nuestra abuela… que al vernos mojados y frustrados… nos da un abrazo, nos seca, nos prepara la ducha y cuando salimos de la ducha… vemos que nos ha preparado toda una supermerienda, a base de chocolate, bizcochos, magdalenas… mientras siguen los arrumacos hacia el héroe…

5. Y ese día que hemos quedado para una cita con esa chica que nos gustaba… la primera vez sólos… En la cervecería, con los nervios de la espera… Y aparece, está espléndida. Nos sentamos, los nervios no nos impiden pedir algo. Nos sentamos con dos cervezas… y hablamos, nerviosamente con esa chica que nos gusta. El mundo parece que se ha detenido, y nosotros, sobre la marea en donde todo el resto de la existencia se hunde, vamos en mitad del abismo de la nada, vamos en una balsa, pues hemos naufragado junto con la única mujer que amamos en esa tarde de primavera… Las miradas, los olores de las caras colonias, los sabores del amargo licor de la cerveza… y sobre todo, la incertidumbre, la incertidumbre de que terminará pasando entre ese ángel caído, y nosotros, el demonio levantado…

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