La literatura como forma de autoayuda

Lo cierto es que el polémico y famoso mundo de la autoayuda se ha hecho muy popular en los últimos tiempos. Sus detractores lo acusan de ser excesivamente simple y de ser máximamente ineficaz. La verdad es que cuando uno lee un libro de autoayuda puro y duro, tiene esa sensación como de “yo esto ya lo sabía, de hecho es algo de sentido común”. Pero aun así yo no dudo de la eficacia de la autoayuda… aunque tampoco dudo de su limitación, si no lo mezclamos con ese otro ingrediente, que es de verdad el único ingrediente que puede dar a nuestra vida un giro decisivo.

Los libros de autoayuda

Lo cierto es que yo me quedo con el arte antes que con la autoayuda. Mejor dicho, me quedo con el arte como forma de autoayuda. Eso no quita que tengamos que recopilar una buena dosis de fórmulas teóricas que nos indiquen como comportarnos en determinadas situaciones… eso siempre ayuda. Yo he estado aislado del mundo durante unos 10 años aprox. Desde agosto del año pasado he empezado a intentar volver a estar con gente, ahora que parece que el miedo a la gente se ha ido… Y lo cierto, es que antes de mi primera salida fuera del nido, me leí unas cuantas decenas de obras de autoayuda, un sinfín de artículos de Internet, y reflexioné sobre todo ello durante meses… Aproximadamente me tuve que preparar durante un años para atreverme el afrontar el salir a la calle…

la literatura como forma de autoayuda

El echo de que no he tenido problemas a la hora de encarar las relaciones sociales durante este medio año que llevo saliendo de casa, me ha convencido de que yo no tenía ningún problema de sociabilidad: mi problema era simplemente la fobia social, producida por haber estado rodeado de mediocres durante buena parte de mi vida, mediocres que proyectaban sobe mí sus limitaciones: por ejemplo, si ellos eran tontos, querían proyectar su estupidez sobre mí… como no me podían achacar una estupidez equiparable a la suya, pues decían eso de “es que eres raro”, o “es que no hablas”, o “es que tienes el pelo demasiado rubio, eso no es de buenos españoles… te vamos a machacar un poco, porque eres casi alemán… tú no eres español, eres raro, los españoles son morenos…”. Aunque suene a guasa, es totalmente verídico esto que cuento… Esta puta sociedad protege a los miserables, protege a los que no respetan, protege a los gilipollas, y por el contrario, ataca a las personas inteligentes, a las personas creativas,… en el fondo porque son personas peligrosas: ellos podrían sacar a España de su espantosa cultura de gitaneo y pandereta…

Pues eso digo: la autoayuda funciona… si no te dedicas a leer sólo. El método para aplicar lo que aprendemos en los libros de autoayuda es precisamente la “monitorización” o sea, en nuestras interacciones sociales, actuaremos como si nos estuviésemos viendo a nosotros mismos en esas mismas actuaciones por un monitor alojado en nuestra conciencia. Estamos actuando socialmente, pero también estamos visualizando cómo es nuestra actuación, intentando aplicar las técnicas que hemos aprendido en los libros de autoayuda. Si no se hace así, la autoayuda no sirve para nada. Debemos reflexionar sobre nuestra interacciones sociales, y cambiar hábitos que de otra forma, nunca seríamos capaces de cambiar. No hay duda de que la autoayuda funciona. Pero tampoco hay duda, de que si no vamos más allá de la autoayuda, si nos quedamos ahí… en seguida veremos que se convierte en un conjunto de técnicas muertas… Para que esto no pase, no hay más que convertir nuestras interacciones sociales en una especie de intento de construir una obra de arte: intentaremos comportarnos, intentaremos someter nuestro cuerpo a acciones que en el fondo, recuerden un poco al arte, nos moveremos estéticamente, vestiremos con estilo, hablaremos como si fuésemos un dramaturgo… Desde esta perspectiva, la autoayuda desemboca en el propio arte. El arte es lo único que nos puede incentivar a cambiar, a ser más estéticos, a hacer de nuestra vida un artefacto estético, a hacer de nosotros una persona hermosa…

La literatura como autoayuda

He aquí una forma de usar a la literatura como una forma de perfeccionar nuestro carácter a la hora de abordar nuestras interacciones sociales. Todos sabemos que hay tres grandes géneros teatrales: la comedia; el drama o tragicomedia; y la tragedia.

Ya sabemos qué es la comedia, no tenemos más que recordad esas comedias de la tele que nos gustan tanto, como “aquí no hay quien viva”. Básicamente nos ponen encima del escenario las alocadas y cómicas peripecias de unos personajes arquetípicos. La tragedia ya nos suena menos: en la tragedia se nos muestra el lado malo de la vida: asesinatos, muertes prematuras, enfermedades incurables,… Y luego está el drama o tragicomedia, que es algo así como un punto intermedio entre la comedia y la tragedia. Por eso a veces decimos que “la vida es un drama” o sea, momentos de risas y momentos de llantos. Una montaña rusa ene el fondo, momentos buenos y malos. Este género intermedio sería el más realista, pues nadie está toda su vida riendo, ni nadie está toda su vida llorando…

Y se puede decir, que nosotros a la hora de interactuar en contextos sociales, es un poco como si fuésemos actores, que actuamos  en comedias, unas veces, en tragedias, otras  veces, y en dramas, la mayoría de las veces.

Por eso, qué mejor que practicar estos tres tipos de papeles distintos en que nos pueden poner las distintas situaciones de la vida: esos momentos de fiesta, de cachondeo absoluto, de humor desbocado… nos ponen en un papel de actor cómico: los momentos tristes, cuando acudimos a funerales, cuando tenemos que consolar a nuestra pareja por haber perdido el trabajo;… actuamos un poco como actores trágicos. La gran mayoría del tiempo haríamos de actores de dramas, en el día a día en el trabajo; en las comidas diarias con nuestra familia,… y en general, en todas esas situaciones que no son ni muy tristes, ni muy alegres… simplemente son esos momentos de la vida cotidiana, en donde no pasa nada de especial, ni bueno ni malo…

Y qué mejor ejercicio para poder desarrollar todo nuestro potencial como hombres, como hombres estéticos y seductores, que practicar un poco nuestros tres yoes: nuestro yo cómico, trágico y dramático. ¿Sabes ya como eres cuando estás alegre, cómo eres en esos momentos de dolor, cómo eres en el día a día, por ejemplo, cuando llegas casa después de trabajar… para reunirte con tu familia? Piensa cómo eres en estas situaciones, luego practícalo, somételo a consolidación empírica, con el método que ya hemos dicho de la “visualización”. Y sobre todo, piensa, piensa y piensa… piensa cómo puedes hacer de ti un hombre que pueda llegar a ser toda una obra de arte, un hombre seductor, alegre unas veces, triste otras, normal la mayoría del tiempo… Con todo esto, terminamos descubriendo en el propio arte, la cima de ese polémico género de la autoayuda. Alguien puede dudar de la eficacia de la autoayuda, pero nadie puede dudar de la eficacia del arte.

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