La Lucha contra la Depresión (serie relatos para transformar nuestra vida 1 de 10)

(basado en el personaje literario de Erik360, Alexa, y posible fundamento de la novela de terror existencialista El Despertar de Alexa).

1. Helena y Alexa

Mi nombres es Helena. Apenas tengo treinta años. Vivo con mi primita Alexa en una casa señorial situada en una pequeña villa del centro de España, cerca de Matriz, la gran ciudad del país. Yo he pasado por una larga enfermedad… tantos años, tantos años llevo ya luchando contra estos demonios que aparecieron en mitad de la noche… Pero yo no lloro, e intento sufrir lo menos posible. Al fin y al cabo ahora tengo bajo mi custodia a mi querida primita Alexa, que como digo, vive conmigo en mi casa de campo. A veces vamos a la gran ciudad de Matriz, en donde yo tengo un hermano que nos acoge, y por unos días podemos disfrutar del espectáculo que es para nosotros esa populosa y colorida urbe. Otras veces vamos al piso que tengo en la cercana y más tranquila ciudad de Salmántica, una ciudad provincial que queda a menos de veinte minutos de aquí. Sobre todo vamos a Salmántica cuando yo tengo una nueva revisión en el hospital; o cuando se acerca un nuevo ciclo de la dolorosa quimioterapia. Pero yo no me quejo… ahora tengo una gran responsabilidad sobre mis hombros: Alexa, mi prima, mi amor, mi cielo…

Pues lo cierto es que estoy preocupada. Mi prima Alexa sólo tiene once años de edad. Ella perdió a sus padres en la tierna edad de cuatro años, y desde entonces el gran colapso mental que la causó este drama la ha perseguido y la ha hecho sufrir un sufrimiento incontable para una niña de tan corta edad. A todo este sufrimiento producido por una pérdida tan grande se le sumó las idas y venidas que ha tenido su vida, hiendo de una casa de acogida a otra, de un centro a otro… con resultados muy negativos, ella nunca se ha sentido bien en estos sitios de acogimiento de niños huérfanos. De cualquier forma, desde hace unos meses vive conmigo en mi casa de campo como digo, y desde entonces parece que su ánimo ha mejorado, su psiquiatra y los médicos que la tratan han notado una mejoría en su estado de ánimo desde que ella está conmigo en esta tranquila villa del centro de España. Su enfermedad, esa terrible enfermedad del alma que es la depresión, parece haber retrocedido un poco. Pero los médicos dicen que su cerebro tiene una herida, y que no debemos de bajar la guardia porque si no esa herida se podría abrir de nuevo. Por eso yo estoy especialmente preocupada por lo que está pasando en los últimos días. Alexa es ahora una niña que cada día es más feliz, vuelve a conseguir disfrutar de la vida como antes de su gran catástrofe, cuando sus padres fallecieron. Pero estos últimos días… Alexa está rara, dice cosas raras y actúa de forma rara.

No quiero especular, y antes de nada tengo pensado ir el lunes a hablar con el médico de cabecera, para ver qué le parece a él. Supongo que se lo consultará a nuestro psiquiatra, pues es amigo suyo y él mismo nos lo asignó. Hay ahora mismo muchas personas que están pendientes de la salud de Alexa, hay muchas personas intentando que se cure al fin de su terrible enfermedad, la depresión, y supongo que eso es todo lo que podemos hacer por ella. A partir de ahí, es ella, es su cerebro, el que se debe de aferrar a la vida. Nosotros estamos aquí para echarla una mano. Pero a veces creo que hay luchas internas, cuya resolución dependen de ella, de su fortaleza, de sus ganas de vivir, y de su capacidad para aguantar el dolor que le causa la depresión. Como digo, no quiero especular con nada… pero he llegado a creer que mi sobrina Alexa se está volviendo loca. A veces temo que la depresión pueda degenerar en una enfermedad mental de mayor calado. Hasta diría que ya tiene alguna visión y alguna alucinación. Esto me da miedo, me da miedo que la herida de su cerebro se esté haciendo cada vez más grande en vez de más pequeña. Me da miedo decirlo, pero diría que Alexa está teniendo delirios psicóticos… Me voy a dormir, mañana a estas horas seguiré escribiendo un rato… al menos me consuelo, no puedo hablar de estas cosas con alguien pues no las entenderían. Y escribir supongo que es un poco como contarle las cosas a alguien que nunca se irá de la lengua… y así nos consolamos sintiéndonos escuchados aunque sólo nos escuche un miserable papel en donde yo pongo mis pensamientos de estos días tan extraños. ¡Hasta mañana, mi querido papel…!

2. El perro negro

Ya ha pasado un nuevo día, la noche se fue, y llegó de nuevo la mañana. Y la mañana pasó, y llegó de nuevo la tarde, que es la antesala de la noche. Otra vez es de noche, y sigo muy preocupada por mi primita. No quiere dormir en su habitación. Creo que tiene un delirio paranoico, está encerrada en uno de los desvanes de la casa de campo, tiene los pestillos de la puerta echados por dentro, sólo admite comer si la llevo la comida al desván, y ha preparado una cama en el propio desván con un colchón viejo, en donde duerme por las noches. El resto del día, ella no quiere salir del desván. La he intentado pedir explicaciones por su irresponsable y alocado comportamiento. La he mirado a los ojos… y con gran pena, la he preguntado eso que tanto temía preguntarla.

-Alexa -la dije-. Dime, ¿qué pasa en tu cabeza… ? ¿Qué te pasa mi querida niña de Dios? ¿Ves fantasmas, ves cosas extrañas…? ¿Por qué no quieres dormir en tu hermosa habitación…? Dime mi niña, ¿crees que ves cosas, crees que te persiguen, crees que te quieren hacer daño?

-Verás prima Helena -me contestó ella-. No me pasa nada, no veo fantasmas, no veo cosas extrañas… es sólo que me persiguen, que me persiguen. Por eso no puedo dormir en mi habitación… me temo que algo extraño quiera saber mi paradero… no sé qué quiere, pero yo lo oigo. No sé de donde salió, pero yo lo siento. No sé cuando se irá, y sobre todo, no sé por qué ha vuelto, porque ya estuvo cerca de mí…

Estas palabras de mi querida primita Alexa me dejaron estupefactas… pero algo en sus palabras me tranquilizaron, porque sé que Alexa es una niña muy inteligente, y estas palabras, a pesar de lo grotescas que pudieron parecerme, son coherentes, están estructuradas, son congruentes, son hermosas incluso… Ella seguía siendo Alexa, seguía estando cuerda… más o menos.

-Pero dime -la contesté yo-. Dime, Alexa, ¿qué has visto, qué te persigue…? Sabes mi querida niña que estás enferma, que tienes una enfermedad del alma que se llama depresión. Sabes que te curarás, pero que tardarás en ponerte bien del todo. Y a lo mejor hasta entonces ves cosas raras, ves cosas que no deberían de estar ahí… yo no entiendo mucho de eso, pero es importante aferrarnos fuertemente a los salientes de la cordura. Caer por el abismo de la locura es un mal tan grande como no hay otro igual en el mundo. Mi querida niña Alexa, por favor, vuelve a tu habitación, allí no hay nada, nada te persigue… solo son cosas de tu mente, aún algo dolorida, aún algo enferma…

-Mi querida primita Helena -dijo Alexa con una sonrisa de oreja a oreja con la que le trataba de quitarle importancia a mi creencia de que algo malo estaba pasando en el interior de su cabeza, ella es muy lista y se ha dado cuenta de mi preocupación…-, no te preocupes por mí… o bueno, al menos no te creas que estoy loca… Pero aún así, es importante que tengas fe en mí. Es importante que me sigas apoyando, que sigas estando cerca de mí, que sigas subiendo todos los días al desván para hablar conmigo… pero no olvides cerrar las puertas que vallas dejando a tus espaldas… Es lo más seguro. Si algo empezase ahora mismo a aporrear la puerta del desván… eso nos alertaría y podríamos bajar por la escalera que conduce al garaje. Siempre hay que tener una escapatoria extra por si acaso… Y es que… tienes que confiar en mí, mi querida primita. Algo me persigue… no sé por qué viene a mí. Pero yo ya lo vi antes… es un perro, un perro negro… Yo ya lo vi antes.

-Mi primita Alexa -dije yo con gran conmoción-. Yo no he visto ningún perro como ese que dices por aquí últimamente. Y aunque hayas visto tú ese perro negro que dices que te persigue… seguro que será de alguno de los vecinos, o a lo mejor de algún pastor del pueblo. Ese perro negro no te hará daño, por favor, querida primita… vuelve a tu habitación… yo me estoy empezando a asustar con todo esto…

Alexa me miró de nuevo con una gran sonrisa en su boca. Ella parecía completamente cuerda, parecía que creía en serio lo que decía. Pero es evidente para cualqeuir mente sana, que no es racional actuar así, encerrarse en un desván y no querer salir de allí porque crees que te persigue un perro negro.

-Mi primita Helena -dijo Alexa con la sonrisa todavía en la cara y con gran tranquilidad-. Sé que suena raro, sé que parece una locura… Pero…

-Pero ¿qué..? -interrumpí yo-. Dime, ¿has visto a ese perro negro al menos?

-Bueno… -dijo Alexa-. Sí y no. Es difícil de explicar… Pero te diré… te diré querida primita, que hace como un par de semanas, cuando ya me había ido a la cama y ya debería de haber dormido durante tres o cuatro horas, algo me despertó. Eran unos ladridos, unos ladridos de un perro. Yo al principio no les presté importancia… En este pueblo hay muchos perros… Pero esos ladridos, que yo supuse que eran de un perro… no cesaban, y total, pasaron horas, y un perro que parecía que no estaba muy lejos de la ventana de mi habitación que da a la calle, no dejaba de emitir ladridos una y otra vez, de forma insistente… Al final yo me asusté porque recordé algo parecido que me pasó hace años, justo antes de la muerte de mis queridos padres. Recordé que un perro se pasó semanas enteras ladrando enfrente de mi cuarto. Con el tiempo, yo terminé por creer que aquél perro era un enviado oscuro, un ser de mal agüero que me vino a anunciar la desgracia… Cuando la desgracia pasó, el perro ya nunca volvió a aparecer… hasta hace un par de semanas…

-Pero Alexa -dije yo conmocionada, pero tranquilizada por que el discurso de mi primita seguía pareciendo coherente-. Seguro que esos dos perros no tienen relación. No te pueden haber perseguido por medio país hasta que te ha localizado en este pueblo perdido de la mano de díos en mitad de los campos…

-Querida primita -dijo Alexa-. Tienes que confía en mí. No estoy loca… aunque a veces creo que a ese perro sólo lo puedo ver y oír yo… Pero es real, está ahí, es peligroso… Me temo que haya venido para verme. Yo debí de morir el día que mis padres se mataron en el accidente de tráfico, cuando los embistió ese camión que atravesó la mediana de la autopista, estaba previsto que yo fuese con ellos, pero no fui porque yo tenía fiebre. Y creo… creo que ha venido para completar su misión. No sé qué es. No sé de donde ha venido. Ese perro negro que ladra todas las noches enfrente de la ventana de mi habitación. Nadie sabe de donde ha salido. Y nadie sabe cuando se irá. Pero es real, ha venido, a venido a por mí… ¡Primita… no dejes que me lleve con él…!

Al final yo casi me desmayo con estas palabras… vuelve a ser muy de noche. Es hora de dejar de escribir por hoy. Mañana Alexa ha aceptado acompañarme al médico de cabecera. Lleva varios días sin dormir, está completamente paranoica, cree que un perro negro va a venir para devorarla… Mañana seguiré escribiendo, a ver qué nos dice el médico del pueblo.

3. La imagen de una bestia

Vuelve a ser de noche tras pasar un día más. Hoy hemos estado a la consulta del médico. Alexa ha aceptado que yo la cuente a don José lo que ella me ha contado de ese perro negro que la persigue… Después, ella ha entrado en la consulta del médico y se ha sentado, ante la inquisidora mirada de don José.

-Y dime Alexa -dijo don José-, ¿por qué crees que te persigue un perro negro? ¿Realmente le has visto, dime, qué has visto?

-Bueno… -dijo Alexa-. Es difícil de explicar. Yo lo oigo todas las noches, todas las noches, cuando llega más o menos las doce de la noche, él sale y empieza a ladrar en la calle justo al lado de la ventana de mi habitación. Yo aguanté estos horribles ladridos hasta que no pude más, y desde hace unos días duermo y vivo en el desván. Y sí, yo un día levanté la persiana de mi habitación… y lo vi, vi una sombra negra que se escondía en las tinieblas de la noche. Es curioso, que en ese momento en el que estaba mirándolo él se calló, se sentó en el suelo y no ladró hasta que no lo dejé de mirar.

-Pero mi niña -dije yo-. Yo duermo cerca de ti y ni he visto ni he oído nada… Dime, ¿es que solo lo ves tú?

-Yo creía que ese perro negro estaba sólo en mi mente -dijo mi prima Alexa con cierta mueca de duda-. Creía que el dolor de mi mente, creía que mi enfermedad… creía que mi enfermedad me hacía ver y oír esas cosas. Pero eso no explica por qué este se parece tanto a ese perro que yo oí hace años, justo antes de que muriesen mis padres… Además…

-Además qué, dinos niña -dijo el médico con gran inquietud.

-Además… he hecho un experimento. En mi habitación tengo el ordenador, y este es programable, tiene webcam… Bien, alguna de las noches en las que ladraba este perro cerca de mi ventana, a veces, el sonido de los ladridos paraba por unos momentos… Yo en estos momentos es cuando más miedo pasaba, me metía debajo de las sábanas, y apretaba a estas muy fuertemente sobre mí. Y a veces… a veces, completamente aterrorizada, creí oír como un susurro en la oscuridad de mi habitación… un susurro casi imperceptible… un susurro que parecía corresponder a un ligero jadeo de un perro… ¡Era como si hubiese entrado en mi habitación y estuviese olisqueándome bajo las mantas…!

-Querida primita -dije yo espantada de horror-. Eso no puede ser… nuestra casa es cerrada por dentro todas las noches… nada ni nadie puede entrar ahí.

-Eso creía yo -dijo Alexa con una madurez impropia para su edad-. Pero como decía… tengo esa webcam en mi ordenador que tú mi querida primita me compraste… Y esa cámara tiene una función que consiste en que si la activas, la webcam se pone a grabar cuando el sensor de movimiento que tiene incorporado detecta movimiento… Yo un día, dejé encendido el ordenador toda la noche, con la webcam programada para que grabase en caso de que detectase movimiento… La dejé así dos, tres días… y no pasó nada. La webcam no había grabado. Pero al cuarto… la cámara se había activado y había grabado unos escasos fotogramas, durante unos breves segundos que duró el movimiento en mi habitación.

-¿Qué vistes Alexa? -dije yo muy inquieta y medio histérica, mientras el médico no daba crédito a lo que oía-. ¿Era el perro negro? ¿Aún conservas ese archivo en el ordenador, qué vistes.. ? ¡Vamos a casa… ! Tengo que ver lo que vistes…

Explicación del relato La lucha contra la depresión

La depresión es una enfermedad que ha veces se puede ver venir, un poco como vio venir Alexa al perro negro, justo antes de la muerte de sus padres. A veces el laberinto de nuestra vida nos lleva a lugares peligrosos, por los que no deberíamos transitar. Malos hábitos, una vida desordenada, relaciones de pareja conflictivas, soledad, deterioro vital en general… Otras veces, son motivos internos los que nos hacen caer en depresión. Por eso Alexa no sabe si el perro negro es algo interno a ella, o externo. La depresión de cualquier forma, se puede comparar a un perro negro que no deja de ladrar un día tras otro, todas las noches, a la de la puerta de la habitación donde dormimos. Quizás es precisamente la noche los peores momentos del depresivo, cuando se fue el sol y cuando una oscuridad inquietante parece caer sobre el mundo. Este perro negro, como dice Alexa, nadie sabe de donde vino, a veces nadie lo ve venir, y aunque lo veamos venir, no le damos importancia… pero cuando uno lleva años enteros soportando los interminables ladridos de este perro negro que es la metáfora de la depresión, entonces uno se da cuenta del túnel tan profundo en el que hemos caído.

Precisamente lo mejor del relato y lo que en realidad quiero transmitir al lector, es que este perro negro que es la metáfora de la depresión, un día se cansará, y dejará de ladrar para siempre. A lo mejor se ha tirado años enteros ladrando a nuestro lado. Pero al final se irá, se callará, e igual que nadie sabe de donde salió y por qué vino; nadie sabe por qué se fue y a donde se fue. Pero lo importante es que se irá. La depresión se cura y el perro negro que ladra todas las noches a nuestro lado y que nos sume en un mar de desesperación, se irá para no volver, y entonces sólo quedará el recuerdo del dolor pasado entre estas penumbras de desesperanza y de terror debido al dolor psíquico que causa esta enfermedad llamada la depresión. Por supuesto que no vale con esperar. A lo mejor esperando el perro negro se va solo. Pero nada mejor que hacer cosas, que movernos, que activarnos, esta es la mejor forma de alejar a este terrible perro negro que es la depresión y que nos arruina años enteros de vida. Por supuesto, nada mejor que contar con aliados para poder espantar definitivamente a este perro negro que es la depresión de nuestra vida. Helena y el médico ayudarán a Alexa a espantar este perro negro, a huir al fin de ese insoportable sopor que es el tener a un perro aullando y ladrando una noche tras otra, tras otra… a tu lado mientras tú intentas dormir.

De cualqeuir forma este perro negro se irá. Algunos no lo soportan, y se termina suicidando. Entonces el perro negro habrá ganado la partida. Luchemos para que este perro negro no pueda cantar victoria.

El fin de la insociabilidad (anticipo de serie relatos para transformar nuestra vida 2 de 10)

Mi nombre es Aitor, y soy el mejor tío del mundo. Tengo la puntuación récord en el pac man a nivel mundial. Me costó cinco años de mi vida conseguir similar reto, pero ahora tengo algo de lo que sentirme orgulloso. Me gusta el heavi, el rock gótico, los juegos de rol y las pelis de ciencia ficción o terror. No tengo mucha vida social, y los demás de normal no me comprenden, yo al final termino haciendo el ridículo en público, y por eso he decidido que lo mío no es la gente, las fiestas, los amigos… Supongo que es algo que tengo que aceptar, pasar años y años solo en casa, hablando solo con mi madre… Podría ser peor supongo, y al fin y al cabo yo tengo muchos intereses y eso llena el abundante tiempo que me deja mi trabajo como administrativo. Pero una cosa, solo una cosa me quita el sueño, me estremece, me hace desear no haber nacido nunca… O mejor dicho: me hace desear el no haber sido fóbico social y tímido (continuará en El fin de la insociabilidad (serie relatos para transformar nuestra vida 2 de 10)

P.D: son las dos de la noche, cuando casi estaba terminando de corregir este artículo, para mi incredulidad, un perro, no sé si negro o no, se acaba de poner a ladrar cerca de mi habitación…

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