La muerte

Somos mortales. Esto es por igual una maldición y una bendición. A algunos les parece una maldición, son los más; pero para algunos la muerte es un mal menor. El envejecimiento termina en los hombres y demás criaturas “superiores” en una muerte irremediable. Algunas bacterias y otros bichos microscópicos parece que, debido a su forma de multiplicación, pueden vivir para siempre. Pero el Sol acabará con toda la vida sobre la tierra dentro de unos cuatro mil millones de años. Por tanto, hasta la bacteria más resistente terminará pereciendo. Todo está hecho para terminar muriendo, como el erizo que atropellé ayer con el coche. Y algunas cosas es mejor que nunca hubiesen nacido. En este artículo, la muerte.

La muerte biológica

Como decíamos, el envejecimiento termina por hacer que todos nosotros las “espichemos”… El envejecimiento se debe a la degradación del ADN contenido en el núcleo de cada célula. Este es cada vez más torpe y con el tiempo, no es capaz ya de generar células con el mismo “tino” o acierto que antes (recordemos que las células se regeneran constantemente; unas mueren y otras se crean siguiendo las instrucciones del ADN).la muerte Pero hasta este envejecimiento del ADN está programado de alguna manera en la propia estructura del ADN. Por eso existe la esperanza de que podamos ser jóvenes para siempre, previamente por supuesto de encontrar los genes responsables del envejecimiento del ADN. Eso plantearía un fuerte dilema ético: “si yo vivo para siempre usaré la energía que podría haber dado vida a miles de seres”. Por tanto vivir para siempre sería egoísta, pues le quitaríamos la oportunidad de poder vivir a otros seres que aprovecharían la energía que nosotros consumiríamos en el “vivir para siempre”…

De cualquier forma ya hay un buen remedio para poder vivir mucho y envejecer lo más lentamente posible: cuidarse, tanto en cuerpo como en mente. De hecho una vez oí que estamos programados para vivir hasta 150 años, pero que tenemos que descontar, por ejemplo: fumar, 10 años menos; unas cuantas fiestas y excesos, 10 años menos; unos cuantos disgustos en la vida, 10 años menos; no cuidar nuestro cuerpo con ejercicio, 10 años menos,…

La muerte psicológica

La muerte tiene efectos psicológicos muy profundos. No es lo mismo el dolor que causa la noticia de que nosotros vamos a morir; al dolor que causa la noticia de que un familiar o ser querido nuestro a muerto. Una mujer americana (creo) estudió las fases que pasamos cuando el médico nos da la noticia de que “la cascamos en dos meses”… Así, pasamos por una serie de fases mentales, que van desde la incredulidad (“yo no voy a morir”), a la negociación con Dios (“si  me salvas ya no robo más fondos del ayuntamiento…”), hasta llegar a la resignación (“en fin, para la cantidad de años de crisis que nos quedan por delante… muero en buen momento”).

Es muy distinto cuando es un familiar nuestro quien va a morir. En ese caso se puede producir un primer sock que termine con nosotros mismo mareados, vomitando, por los suelos. Posteriormente, tras el primer impacto, la cosa no tiene por qué mejorar: una vez que nuestro ser querido, efectivamente, ha muerto, el cerebro empieza a entrar en un estado de dolor. Es el duelo, que tiene un gran efecto sobre las conexiones sinápticas de nuestras neuronas. Tanto es así que muchas veces la muerte de un ser querido nos transforma para siempre. El dolor transforma, y comúnmente para peor. Aunque algo de dolor nos ayudará a afrontar la vida más valientemente, pero mucho dolor puede destruir definitivamente nuestra salud mental. Entonces probablemente dependamos durante el resto de nuestra vida de medicamentos, como antidepresivos y ansiolíticos, para poder sobrellevar una existencia en donde la felicidad ya se ha retirado por completo.

Después de la muerte

Sinceramente, y en lo personal, no tengo miedo a la muerte. Esa misma frase la dijo Darwin en su día: él tuvo que sufrir, entre otras cosas, la pérdida de una hija en plena niñez. Fue para Darwin un mazazo muy duro, pues era una hija encantadora, que disfrutaba con la naturaleza, con los animales, y siempre que ella y Darwin salían al campo, esta se soltaba de la mano de su padre y corría feliz por las verdes praderas.

De cualquier forma, como ya dijeron los atomistas, y demás materialistas griegos “la muerte no existe, porque si ella es nosotros no somos”. Desde la perspectiva de la moderna física cuántica, esto es completamente cierto: nuestra consciencia es sólo una ilusión producida en un espacio-tiempo determinado. El tiempo no es algo objetivo, ni el espacio. Por tanto, los muertos no cumplen años, porque en el mundo de los muertos, sea el que sea, el espacio y el tiempo de nuestro universo no cuenta. Los muertos no duermen. La palabra “cementerio” significa precisamente “dormitorio”. Pero los muertos no duermen. Simplemente ya no están en nuestro continuo espacio-tiempo.

Antes de la muerte…

Y así, todo eso que sucede entre el nacimiento y la muerte lo llamamos vida. Y eso es lo que importa al fin y al cabo, aprovechar el tiempo, como nos enseñó la película “el club de los poetas muertos”. Es curioso, en los estúpidos programas de videncia que dan por la tele después de la media noche, he encontrado algo bueno. Se trata de una “vidente”. Tendrá unos 70 años o así, y suele preguntar siempre la edad de los que llaman para que los “adivine” el futuro. Y esta mujer pregunta siempre “y tú, ¿qué años tienes”. Y la gente contesta, 30, 40, 50, 60,… Y la mujer siempre dice lo mismo “buf, qué suerte tienes, no sabes lo que daría yo por volver a tener 50 años…”. Lo dice de una manera que se ve que lo siente… Y es que la vida tiene un sentido claro: pasárselo bien. Y el tiempo que no aprovechemos para ello será tiempo perdido, y tiempo que ya no podremos recuperar. Pero incluso habiendo pedido el tiempo, tenemos la suerte de seguir teniendo mucho tiempo por delante. Quizás lleguemos algún día hasta la edad de Emilio Lledó. Con sus cerca de 100 años. Pero no es la edad lo que me interesa de Emilio Lledó, si no sus ganas por vivir, sus ganas por seguir aprovechando la vida hasta el último segundo. A parte de ser uno de las mejores mentes de España, en sus entrevistas siempre se le ve lleno de proyectos, aún quiere aprender cosas nuevas, quiere experimentar cosas nuevas, quiere leer nuevos libros, quiere visitar nuevos sitios, quiere disfrutar conociendo a gente interesante… Y eso ya con 95 años, pero sin perder esa ilusión que a veces parece más típica de la juventud.

Es un buen ejemplo para todos. En una entrevista, con algo de pena señaló que ya era un anciano y que a lo mejor no le quedaba mucho de vida… Puso una mueca de lamento porque eso interrumpiría la cantidad de proyectos en los que aún tenía ilusión…. En fin, espero que todos los seres vivos del planeta podamos disfrutar de nuestra estancia por estos lares… incluyendo el erizo que estuve a punto de atropellar ayer noche… Casi vuelco con el coche, pero al final lo pasé entre las ruedas. Joder, yo no sabía que los erizos corrían tanto. Tendría prisa por ir a vivir.

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