La personalidad de Tolkien

El autor de El Señor de los Anillos tenía una personalidad privilegiada. J.R.R. Tolkien no era un tío flipado o simplemente imaginativo: era alguien con una inteligencia que podríamos llamar de superdotado. Además de su inteligencia, su espíritu compasivo y su amor por la naturaleza y por el arte configuraban una muy especial forma de ser. Aunque nació originalmente en Sudáfrica, su madre se trasladó siendo Tolkién aún pequeño a Inglaterra, donde se estableció tras enviudar de su marido y padre de Tolkien, en una pequeña localidad inglesa rodeada de naturaleza por todos los lados. Este ambiente le terminaría inspirando a Tolkien posteriormente la famosa “comarca” de El Señor de los Anillos, con su colinas, sus bosques, sus verdes praderas y su tranquilo espíritu rústico. Este ambiente configuró el amor a la naturaleza por parte de Tolkien. Una naturaleza agestre y salvaje, pero en donde el espíritu de la civilización humana había dejado su huella de miles de años. Será este grito del poder civilizatorio de los hombres el que terminaría llegando hasta los oídos de Tolkien mientras paseaba por los espesos bosques. Así, las ruinas de las antiguas civilizaciones británicas se unían a la hermosa naturaleza creando el fermento original de la reinvención del género del cuento por parte de Tolkien. Y es que los cuentos no son precisamente “cosas de niños”… En este artículo, la personalidad de Tolkien.

¿Qué es el cuento?

La parábola es un tipo de cuento que tiene una importante característica: lo que nos narra en una parábola no es lo más importante; lo más importante es la historia simbólica que hay detrás. Por ejemplo, tras la parábola del “hijo pródigo” subyace el simbolismo de un hombre que tras renegar de padre-dios vuelve a él por el mismo camino por el que se fue pero ahora avergonzado por su falta de sumisión al dios tiránico del Viejo Testamento.La personalidad de Tolkien O lo que es lo mismo: es un relato simbólico, que simboliza la vuelta al “amor a Dios” tras el abandono de la fe, quizás debido a las tentaciones que supone la vida terrena.

Todos los grandes cuentos son algo más que cuentos: son parábolas. El cuento de Caperucita Roja no es precisamente un relato para niños más que en su superficie: se lo inventaron los clérigos medievales como una forma de intentar disuadir a jovencitas de que fuesen a fornicar con hombres desconocidos a ciertos rincones de los bosques, pues esa práctica terminó siendo frecuente en ciertos momentos de la Edad Media, en donde quedaban en ciertos lugares hombres y mujeres jóvenes para disfrutar de los placeres de la carne. El “lobo” sería el depredador sexual hombre que amenaza el futuro de la doncella ignorante, pues estar podría quedar embarazada del depredador y arruinar así sus ya de por sí vidas de míseras habitantes del medievo.

La esencia del cuento sólo es infantil en su superficie: en su interior, es algo más que para adultos: es algo para hombres inteligentes. Tolkien era un hombre inteligente. Y por supuesto, para él el cuento sólo era algo infantil en su superficie. Pero Tolkien no pretendía entretener: pretendía crear una nueva Inglaterra y quizás un nuevo mundo, en donde se uniría cierto polémico componente nacionalista; con un componente ecologista y de amor a la naturaleza.

La ideología de Tolkien

La mezcla entre la ideología nacionalista y la ideología ecologista puede resultar muy rara en nuestros tiempos. A día dé hoy los nacionalistas no suelen ser ecologistas; y los ecologistas no suelen ser nacionalistas. Pero Tolkien era un nacionalista ecologista. Y su ópera magna “El Silmarilion” junto con El Señor de los Anillos, es en gran parte la historia de una nación que va civilizando la tierra; a la vez de que la tierra va “naturalizando” a la nación. Así los castillos de grandes reinos despuntan al aire quedando sus siluetas recortadas sobre algunas de las montañas más altas de toda la Tierra Media. Esta idea es muy antigua, se remonta a la mitología germánica con sus ases y sus vanes; y esta es heredera de las mitologías de las culturas indoeuropeas, que están emparentadas con la gran civilización del hinduismo.

Precisamente, Tolkien pretendía usar su obra como una forma de modelar a la nueva Inglaterra: una Inglaterra nacionalista, ecologista, guerrera, pero compasiva, victoriosa pero pacífica. Tolkien prefería usar la parábola y el relato antes que la crítica y la filosofía. La crítica actual usa ataques directos contra los vicios de nuestra sociedad para intentar cambiar el mundo. Pero Tolkien prefería usar el relato, la parábola, el cuento, como una forma de ejemplificar todas aquellas virtudes que él deseaba para las personas de la nueva Inglaterra: hombres sencillos pero leales; hombres alegres pero comprometidos; hombres amables pero guerreros e indomables. Estos sencillos valores los aprendió Tolkien en buena parte de su paso por las trincheras de la Primera Guerra Mundial, en donde perdió a casi todos sus amigos muertos en combate. En el fragor de estas batallas Tolkien pudo sentir muy bien lo que se siente en una de esas batallas contra los orcos, en la que sólo queda matar a espada o morir a hierro y fuego. Tolkien es muy consciente de que el arte, y más el arte literario, sirve para moldear a civilizaciones enteras. Por eso, para él el cuento es una forma de educar a una ciudadanía forjada en valores que se nos antojan algo anticuados (aunque muy superiores a los actuales valores hedonistas y egoístas que nos atenazan).

Conclusión sobre la personalidad de Tolkien

Tolkien era un hombre con carácter. Y también era un hombre con unos férreos valores que siempre defendió: amor a la naturaleza, amor a la familia, a la cultura, a la literatura, a la patria… Sus valores quedaron perfectamente reflejados en su obra literaria. Además, aportó ciertas ideas políticas que pueden ser muy interesantes para un mundo que sólo sobrevivirá si es capaz de tornar hacia formas de vida más armónicas y menos destructivas y explotadoras de la naturaleza. Su “nacionalismo de izquierdas” no es tan nuevo. Se dice que en España el nacionalismo españolista es de derechas; pero que en Francia es de izquierdas. Hay algo de verdad en eso. En el Reino Unido el nacionalismo también ha sido más de derechas que de izquierdas. Por eso, y aunque Tolkien fue una persona conservadora en su vida (era lo que podíamos llamar “más papista que el papa”), su obra y su personalidad no se debe de entender de forma simplificada. Tolkien fue un hombre complejo que como tantos otros, intentó cambiar el mundo. Y aunque desde nuestra posición rechazamos algunas ideas anticuadas que invaden sus textos; adoramos su espíritu natural y su amor a una naturaleza no virgen, pero sí en armonía con la civilización.

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